LLAMADO PARA LLAMAR A OTROS

Lucas, el evangelista, nos cuenta que Jesús le dijo a Mateo o Leví, como también se le conoce: “Sígueme“. Al instante dice que se levantó y dejó la mesa de los tributos y lo siguió. Lo siguiente que nos cuenta es que Mateo ofreció un banquete al Señor donde además de los otros discípulos, también fueron invitados otros recaudadores de impuestos, amigos suyos. A simple vista esto no tiene nada de extraordinario. Al contrario, es lógico pensar que si una persona ofrece una cena a quienes debe invitar son sus amigos. Compañeros de trabajo, familia, etc.

Por supuesto esto no fue bien aceptado por todos. Especialmente por los fariseos y maestros de la Ley. Se escandalizaron a ver a un Rabino sentado con esta clase de gente a quienes se les consideraba de baja calaña, unos viles pecadores. Ante tal escándalo, Jesús hizo una de las declaraciones que a mi consideración particular es una de las más extraordinarias que he leído en la Biblia. Él les dijo: “No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. No he venido a llamar a Justos sino a pecadores para que se arrepientan (Lc 5:31-32)“. Imagino la cara de frustración que pusieron aquellos hombres cuando el Señor dejó de manifiesto cuál era su labor en la tierra. De esto por lo menos 4 Semillas podemos Sembrar en nuestro corazón.

  1. Gracia irresistible. Cuando Jesús vio a Mateo, no leo ningún diálogo entre ellos. Solo una palabra: Sígueme. No sé qué mirada hizo el Señor pero Mateo no pudo resistirse a su voz. Cuando estamos cara con el Señor y nos llama, nadie puede resistirse a Él.
  2. Gratitud. La respuesta de Mateo al llamado del Señor fue un banquete ofrecido en Su honor. Imagino que Mateo no sabía qué hacer con ese gozo que sentía luego que el Señor lo llamó y en lo único que pensó fue ofrecerle un banquete. Una gran lección para nosotros, porque si bien no le podemos ofrecer un banquete, si podemos adorarle con nuestro servicio, obediencia, devoción, etc. El banquete de Mateo fue una expresión de adoración hacia el Maestro.
  3. Comisión. Mateo entendió que Jesús lo había perdonado. Comprendió que el Señor lo había traído de las tinieblas a La Luz. Solo él y el Señor sabían en que condición estaba su corazón cuando Jesús lo llamó. Y solo Mateo podía saber que necesidades tenían también sus compañeros de trabajo, por eso pensó que ellos también debían escuchar el mensaje de Cristo. Pensó que estando presentes en la cena ellos también podían ser llamados al arrepentimiento y experimentar lo que él estaba sintiendo. De igual manera nosotros estamos comisionados para llamar a otros. Familiares, amigos, compañeros de trabajo, de escuela, de universidad, etc., para que conozcan al Señor y experimenten lo que nosotros hemos experimentado.
  4. Reconciliación. Jesús lo tuvo claro desde antes de la fundación del mundo, Él venía a este mundo siendo Dios, para reconciliarnos con
    el Padre. Él sabía que la única manera en que su pueblo, y todos regresemos al Padre, era y es a través de Él. Las personas buscaban la forma de agradar a Dios para encontrarlo. Pero Jesús nos encuentra primero para luego poder agradar al Padre. Jesús vino con una misión que consumó en su muerte y resurrección. Hoy sigue llamando a pecadores, a enfermos espirituales. Él es el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino es por Cristo.

Me despido como siempre diciendo: Haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Dios puede transformarnos!

 

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.” (1 Co 15:10). Uno lee esto y no se imagina que este mismo Pablo fue un día “Saulo el perseguidor De la Iglesia”.

Es indudable que solo el Poder De Dios pudo transformarlo. Lo hizo otro nacer de nuevo para que fuera nueva criatura y dejar las cosas viejas atrás. Cristo hablándole a Ananias dijo: “instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hch 9:15-16). Del cambio y el servicio de Pablo puedo extraer Dos Semillas de Fe:

1. Dios nos transforma para Su Obra. Saulo no imaginó jamás que se convertiría en Cristiano. Menos que sería precursor, Misionero, escritor, etc. El solo quería acabar con la iglesia. No imaginaba que Dios tenía un plan distinto para él. De la misma manera nosotros, antes de Cristo quizás éramos lo más vil y lo más despreciable de este mundo. Pero Dios nos usa como instrumentos de Su Gracia y nos capacita para servirle. Algunos no imaginamos que Dios pudiera un día usarnos para sus fines, pero la Gracia abunda en nosotros. Así la Gloria siempre es De Dios.

2. Dios no miente cuando nos da sus dones. “Instrumento me es dice el Señor pero le es necesario padecer“. Dios no le prometió bonanzas a Pablo, no le dijo: Pablo todo será fácil. Viajarás en camello, en primera clase, comerás hasta reventar, de todas partes tendrás quien sustente tu ministerio. Lejos está de ello. Aunque Pablo explico que el obrero es digno de su salario, no fijó su mirada en lo material. Él solo peleó la buena batalla de la Fe con tal de que todos conocieran a Cristo. Sufrió por la causa, tal y como Cristo le dijo, pero aún así, él pudo decir ya no vivo yo, más Cristo vive en mí.

Así que digamos a Dios en oración: “heme aquí, envíame a mi. Yo quiero ser instrumento en tus manos, cueste lo que cueste, quiero servirte. Tomo el compromiso aunque tenga que padecer como buen soldado, quiero ser colaborador de tu obra, Amén”.

Me despido diciendo: haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Tributemos alabanza al Señor…


Doxología es una expresión verbal de alabanza y adoración a Dios. Es un reconocimiento de la Grandeza y Magnificencia De Dios. Es una expresión en donde se le atribuye a Dios la Gloria y Honor que solo Él merece. El rey David constantemente le expresaba al Señor su alabanza. Los Salmos son una evidencia de ello. También en 1 Crónicas ha quedado registrada una de esas expresiones de adoración.

Dice la Biblia que David hablándoles a los jefes de las tribus de Israel y a los jefes militares, a los administradores de lo bienes, y a otros hombres importantes, que él había mandado a reunir, les dijo: “que el deseaba construir un lugar para que el Arca del Pacto reposara ahí pero Señor le había dicho que no sería él quien le construiría un templo sino que Salomón, su hijo, había sido elegido para ser el sgiuiente rey de Israel y él seria el encargado de construirlo (1Cro 28:1, 4-7).

Si embargo, David les dijo también que él con mucho esfuerzo y habilidad había podido conseguir grandes cantidades de piedras preciosas, oro, plata, etc como preparativo para esta gran obra (1Cro 29:2-4), y luego les preguntó a ellos: ¿Quién, pues, esta dispuesto a dar su ofrenda hoy al Señor? (v.5). Dice que: El pueblo no solo no rehusó dar voluntariamente, sino que ademas dice la Biblia que se alegró al darle de corazón su ofrenda al Señor (vs. 5-9). No pudiendo contenerse David a la respuesta del pueblo, expresó verbalmente su adoración a Dios. La doxología de David dice así:

“Bendito eres, oh Señor, Dios de Israel, nuestro padre por los siglos de los siglos. Tuya es, oh Señor, la grandeza y el poder y la gloria y la victoria y la majestad en verdad, todo lo que hay en los cielos y en la tierra; tuyo es el dominio oh Señor, y tú te exaltas como soberano sobre todo. De ti proceden la riqueza y el honor; tú reinas sobre todo y en tu mano están el poder y la fortaleza, y en tu mano está engrandecer y fortalecer a todos. Ahora pues, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre, (1Cro. 29:10-13).

Tres Semillas de Fe quiero sembrar en tu corazón a partir de esto:

  1. Expresemos alabanza a Dios constantemente. Así como David solía darle adoración a Dios todo el tiempo, nosotros también procuremos expresarle nuestra adoración al Señor de forma continua. No nos cansemos de darle la Gloria y la Honra porque solo Él la merece. Todo lo que escribió el rey, resume el carácter De Dios. Su grandeza, su poder, su majestad, su soberanía, razones suficientes para expresar nuestra alabanza.
  2. Reconozcámoslo en todo lo que hacemos. David dijo: tuyo es el dominio, de ti procede la riqueza y el honor, tu reinas sobre todo, tres formas de decir que nada de lo que nosotros hagamos proviene de nuestras habilidades, nuestras capacidades, sino que procede De Dios. Nuestra vida se la debemos a Dios. El trabajo que tenemos, la casa donde habitamos, la inteligencia para estudiar, etc. todo proviene De Dios. Por ello en nuestra alabanza reconozcámoslo en todo lo que hacemos.
  3. Agradezcamos por lo que Él es. Esto podemos hacerlo de diversas maneras, podemos hacerlo cantándole, escribiendo, orando, levantando nuestras manos, derramando nuestro corazón, siendo buenos empleados, buenos padres, siendo fieles, ofrendando, etc. Cualquier medio que usemos para agradecerle es bueno. Porque Digno Es Él.

 

Me despido diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

LA VOLUNTAD DE DIOS ES MANIFIESTA EN TODO LUGAR

Naamán el general del rey de Siria, además de ser un hombre importante también sufría a causa de la lepra. Un día, una joven sierva, exiliada de Israel, le comentó que en su tierra había un profeta que podría ayudarlo. Luego de algunas confusiones estuvo delante de Eliseo el profeta De Dios. Naamán pese a la enfermedad era orgullos, tanto, que se sintió ofendido cuando el profeta no salió a recibirlo. Aun mas cuando lo mandó sumergirse 7 veces al río Jordan para sanar. Él pensó que en sus territorios habían mejores ríos que el Jordán como para sumergirse ahí. Fue otro siervo quien le hizo ver que sumergirse 7 veces no era un precio tan alto a pagar si el beneficio sería la cura de esa enfermedad tortuosa. Naamán accedió y el resultado fue una piel tan tersa como la de un bebé. A partir de este milagro, Naamán reconoció a Dios como el Dios verdadero. Y afirmó lealtad a Él pese a que tenía que volver a su país, (2Re 5).

Quiero sembrar estas tres Semillas de Fe en tu corazón:

1. NO DEJEMOS DE HABLAR NUNCA DE LAS BONDADES DE DIOS. LOCAL O FUERA DE NUESTRAS FRONTERAS. PUES DIOS SIEMPRE SABE COMO Y DONDE ALCANZARÁ A LAS PERSONAS.
2. NO DEJEMOS QUE EL ORGULLO SEA EL MURO QUE NOS IMPIDA VER LA BONDAD DE DIOS. DIOS SIEMPRE EXALTA LA HUMILDAD, Y A LA ALTIVEZ LA DESECHA.
3. NO DEJEMOS DE ADORAR A DIOS CUANDO EXPERIMENTEMOS SU BONDAD. CUANDO EL RESPONDE NUESTRA ORACION, NUESTRA RESPUESTA ES LA EXALTACION DE SU SANTO NOMBRE.

DE ESTE LADO DE LA ETERNIDAD

Introducción

El concepto teológico: “el ya pero todavía no” clarifica en gran manera la realidad a la que estamos expuestos como pueblo de Dios. Nos expone cual es nuestro estatus como seguidores de Cristo de este lado de la eternidad. Nos pone de manifiesto cuales son las bendiciones que hoy hemos alcanzado y cuales aun todavía no podemos disfrutar. Sin embargo no todos los círculos evangélicos parecen comprenderlo y algunos ni siquiera lo conocen. De esa cuenta es que se escuchan demasiados sermones carentes de verdad bíblica y con el enfoque incorrecto. Dando a los oidores falsas presunciones producto de malas interpretaciones.

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El Reino de Dios inaugurado

La entrada de Cristo en la escena terrenal además de cumplimiento profético trajo también esperanza salvífica. Jesús abrió el telón a una nueva era cuando anunciaba: “El reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). De ahí en adelante la gran mayoría de sus discursos estuvieron basados en este tema. Sus parábolas, el cumplimiento profético como ya se ha dicho anteriormente se vieron envueltos bajo esta premisa: Dios esta cerca de su pueblo y de aquellos que estén dispuestos a depositar su fe en el Hijo de Dios.

La presencia de Jesús en la tierra abrió una puerta y mostró el camino que conduce a la comunión entre Dios y los seres humanos. Ahora ya no limitada solo para el pueblo judío, sino para todo aquel que en el Cree. Ahora, esto es precisamente lo que los teólogos llaman “el ya”. Es decir “ya” podemos gozar de las múltiples bendiciones que conlleva pertenecer al reino celestial. Podemos disfrutar de reconciliación con Dios, podemos tener una conversación abierta y sincera con Él. Podemos confiar en su cuidado, y gozar de su presencia en nuestros corazones porque ahora Él habita en nuestros corazones por medio del Santo Espíritu. Sabemos que en todas nuestras debilidades Él intercede por nosotros. Esas son de las grandes bendiciones que da pertenecer a ese Reino. O en palabras del Apóstol Pablo: ser ciudadano del Reino.

Lo ilustro así: como guatemalteco si deseo viajar a cualquier país mis beneficios son limitados. Si viajo a México por ejemplo, no puedo disfrutar de los mismos privilegios que un ciudadano mexicano. De la misma forma con un estadounidense. Aun si estoy en suelo americano, si camino por sus calles, aun si alquilara o comprara una casa por naturaleza no puedo tener las mismas garantías a menos claro esta, que me convierta en un ciudadano americano. De esa misma manera, cuando no conocía Cristo no pertenecía a su familia, aun siendo criatura de Dios no era ciudadano del Reino. Fue mas bien, hasta que decidí recibir el regalo de la salvación, arrepintiéndome de mis pecados y haciendo de Jesús mi Señor. Hasta ese momento entonces “ya” puedo contar con algunos de los beneficios o bendiciones anteriormente descritos. Pero ese “ya” me remite a este lado de la eternidad. En otras palabras disfruto desde el día que paso a formar parte de los hijos del Reino pero no de todo lo que Dios da.

Viviendo en un mundo caído

Como expuse anteriormente, el Reino de Dios se ha inaugurado, hemos entrado a una nueva dimensión de vida. Sin embargo “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de lo que Dios ha preparado para sus hijos. Lo explico así: la llegada de Jesús trajo muchos cumplimientos, trajo muchas bendiciones –aclaro que esto es para sus seguidores– pero hay circunstancias que todavía tenemos que afrontar mientras estemos de este lado de la eternidad. Quiere decir que “ya he sido perdonado” pero “todavía” tengo que seguir siendo perfeccionado. Porque “todavía” hay áreas de mi vida que no han sido plenamente resueltas. “Todavía” mentimos, “todavía” pecamos, “todavía” nos enfermamos, “todavía” sufrimos, “todavía” lloramos, “todavía” nos preocupamos, “todavía” lamentamos la perdida de un ser querido. “Ya” somos del reino pero “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de todas las bendiciones. Pertenecemos al Reino pero “todavía” estamos sufriendo de las consecuencias del mudo caído en el cual vivimos.

Es tal como si un escultor tenga programado abrir una exposición de sus obras. Tiene una fecha establecida. Mientras eso llega esta trabajando en sus esculturas. No puede abrir antes porque aun no esta listo. Sus obras están inconclusas. “ya” tiene fecha pero “todavía” no ha llegado el cumplimiento. En otras palabras, cada cristiano de este lado de la eternidad es una obra en proceso porque Dios ”todavía” esta perfeccionando. Todavía esta afinando la buena obra que empezó en nosotros y la culminará hasta el día de Jesucristo” (Fil 1:6). Disfruta “ya” de la comunión con Dios pero “todavía” no disfruta de la plenitud de esa bendición que será alcanzada hasta que esté en su presencia.

Las falsas predicaciones

En los prolegómenos dije que comprender este concepto del “ya” pero “todavía no” clarifica cual es el estatus en el que nos encontramos como seguidores comprometidos de Cristo. Porque al tenerlo claro, nos protegemos de falsas predicaciones. Nos protegemos de esa mentira que cada día escuchamos con mas frecuencia y rápidamente se esta propagando, esa que dice que: “Dios nos quiere sanos, Dios nos quiere felices, Dios nos quiere victoriosos, Dios nos quiere millonarios, Dios nos quiere libres del dolor, Dios no quiere que enfrentemos el luto, etc.”. Pero siempre cuando escucho afirmaciones así me pregunto: Si Dios quisiera en verdad todo eso, ¿Qué sentido tendría ir al cielo? ¿Qué sentido tendría que Cristo se haya ido a preparar moradas para nosotros? ¿Qué sentido tiene la Biblia diga: El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21:4-5)?

En el cielo todas las cosas serán hechas nuevas, y lo que hoy experimentamos en este lado de la eternidad no tienen comparación alguna con lo que experimentaremos en el cielo. Por ello es verdad que a Dios no le place ver el dolor del ser humano y por eso planeó antes de la creación del mundo que su Hijo viniera a este mundo, inaugurara su Reino y trajera salvación y vida eterna para sus hijos. Pero vamos en un proceso salvífico y perfeccionador, vamos avanzando hacia la meta donde nos espera un galardón preparado por Dios. Mientras eso llega nos toca enfrentar las diversas circunstancias de la vida, pero no solos porque tenemos la certeza “que Dios está con nosotros”.

Por tanto no nos dejemos llevar por esas falsedades que exponen los comerciantes de la fe, pues por dichas afirmaciones hay personas que prefieren abandonar la iglesia al ver que las falsas promesas hechas no alcanzan cumplimiento. Creámosle a Dios y a Su Palabra pero sobre todo comprendamos que es Soberano sobre todas las cosas y si Él quiere podemos sanar, podemos alcanzar múltiples bendiciones, porque ya pertenecemos al Reino de Su Amado Hijo. Y si debemos enfrentarlas hagámoslo con gozo para la Gloria de Su Nombre.

Me despido como siempre diciéndote: HAZ TU LO POSIBLE Y DEJA QUE DIOS HAGA LO IMPOSIBLE.

 

¿Aun no lo comprenden?

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El apóstol Pablo fue muy tajante con los gálatas al darse cuenta que rápidamente habían dejado de lado sus enseñanzas para volver nuevamente a la observación de las practicas judías. Los llamó insensatos –por decirlo alguna manera ligera– por haber dejado de lado el sacrificio de Cristo por volver a las obras de la Ley. Pablo no comprendía cómo era posible que ellos prefirieran volver a La Ley y abandonar la FE en Cristo Jesús. Al observar tal asombro de Pablo, automáticamente mi mente me remonta a los días del éxodo.  El pueblo De Dios actuando y pensando de la misma manera. Constantemente deseaban volver a Egipto donde fueron duramente esclavizados, donde prácticamente no conocían ni un poco lo que significa libertad. Su anhelo era volver atrás cuando se enfrentaban a lo que no entendían. Tengo que decir que desde este lado de la historia las cosas parecen simples pero en las sandalias de ellos por supuesto que no lo fue. Ellos no comprendían los planes De Dios para sus vidas. No lograban ver el mañana en la tierra prometida porque no creían a Dios. Veían solamente su realidad presente. Nunca entendieron que el desierto era una escuela para ellos.

En una devocional leía acerca de unos arboles que estaban encerrados en una cúpula de vidrio en un desierto y que aun sin estar con viento se habían caído, y que la conclusión de los científicos fue que su poca resistencia se debía a que nunca fueron sometidos a vientos fuertes. No desarrollaron resistencia porque nunca experimentaron una fuerza que los ayudara a desarrollarla. Eso era el desierto la fuerza que los ayudaría a desarrollar resistencia a las dificultades. Y sobre todo les ayudaría a desarrollar su Fe en Dios.

Sumado a que el pueblo de Israel no comprendía lo que Dios hacía porque no se habían podido desprender de la mentalidad de esclavos. Vivieron tantos años en esa condición que no entendían que ahora la Gracia De Dios se encargaba de ellos. Cuando debían recoger Maná o codornices, siempre querían acaparar mas de lo que debían, porque su mentalidad de esclavos no les permitía ver que todos los días Dios se encargaría de ellos. Los esclavos reciben raciones ocasionalmente, los hijos De Dios se sostienen de la provisión del Padre. Entonces, gálatas, judíos o cualquier ser humano siempre va preferir irse a la segura, a lo que puede ver, a lo que puede palpar, como reza un refrán “lo comido es lo seguro”. De ahí que prefiere erigir imágenes de barro, de yeso, de metal, porque le resultan mas fácil adorar lo que ve. Pero en Dios las cosas son diferentes, no por gusto en tres pasajes distintos se escribió “El justo vivirá por la fe”. Y Pablo se lo enseñó a los corintios “porque por fe andamos y no por vista”.

Pero repito, de este lado de la historia las cosas parecen simples pero en las sandalias de ellos por supuesto que no lo fue. Ellos no comprendían los planes De Dios para sus vidas. Como tampoco hoy día muchos no lo reconocen. Dios obra en nuestras vidas aun sin nosotros darnos cuenta, sin notarlo. Él esta trabajando en silencio, esta puliendo nuestras aristas mas agudas. Dios no piensa dejar a sus hijos,  y existe mucha evidencia para demostrarlo. Me remito a dos versículos nada mas. En el AT siempre en el éxodo del pueblo, dice en Números 9 y 10 que la nube y la columna de fuego representaban la presencia De Dios, y que nadie se movía si Ella no lo hacía, y que no se apartaba de ellos en ningún momento. Entonces Dios nunca los dejó solos pese a ellos mismos. En el NT Jesus prometió la llegada del Espíritu Santo para que permaneciera con nosotros. Y un extra: El nombre del Hijo De Dios es Emanuel que significa Dios con nosotros.

Entonces antes de dar un paso atrás y abandonar este precioso camino, antes de volver al vomito como lo hace el perro, antes de volver a revolcarte en el fango como lo hace el cerdo que ha sido limpiado, piensa que solo en Cristo hay libertad. Piensa que solo por medio del poder del Espíritu Santo podemos disfrutar de la verdadera libertad. Y sobre todo meditemos en lo que Pedro le dijo a Jesús, ¿a quién iremos? tu tienes palabras de vida eterna (Jn 6:68).

Me despido diciendo, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

¿A quién iremos?

Introducción.

Mucho se ha escrito sobre el apóstol Pedro antes y después de Cristo. Antes de la ascensión de Cristo se ha dicho que Pedro era un hombre impulsivo, que solía precipitarse ante las circunstancias, también se ha escrito sobre su traición y sobre lo amargamente que lloró cuando se dio cuenta de la falta cometida contra su Maestro. Además de todo ello también se ha escrito sobre las confesiones que hizo sobre Jesús. Pedro fue quien dijo que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mt 16:16), también fue Pedro quien dijo: “¿a quien iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6:68). Y es precisamente sobre estas palabras de Pedro que quiero escribir en este articulo.

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Mis tres razones para hacerlo son: en primer lugar porque puedo observar que Jesús siempre exige una respuesta de parte de aquellos que desean seguirlo. En segundo lugar porque considero que la pregunta y la afirmación que Pedro hace, son de un valor incomparable, y que son oportunos para alimentar nuestra vida cristiana. Y finalmente quiero escribir acerca de esta confesión de Pedro porque percibo cuán importante es tener una relación personal con Cristo para continuar perseverando en la Fe en el Hijo de Dios. Con base en estas razones déjame exponerte este articulo basado en estas tres premisas. (1) Debemos seguir a Cristo por las razones correctas. (2) Debemos tener puesta nuestra absoluta confianza sólo en Él. (3) Debemos creer y conocer a Cristo para sostener una relación sana con Él.

  1. SIGAMOS A CRISTO POR LAS RAZONES CORRECTAS.

Antes que Pedro dijera Señor ¿a quién iremos? muchas cosas ocurrieron. Juan narra que hubo una gran multitud de personas que seguían a Jesús (Jn 6:1a). También  dice que Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea (Jn 6:1b) y todos aquellos comenzaron a seguirle luego de ver todas las señales que realizaba en los enfermos (Jn 6:2). Tanta multitud y cercana la pascua, Jesús realizó el único milagro que aparece en los cuatro evangelios, la alimentación de miles de personas. Esto sin lugar a dudas provocó una reacción mas impetuosa de la multitud, lo cual motivó a Jesús a apartarse nuevamente hacia Capernaúm (Jn 6:5-16). Fue en ese traslado que Jesús aparece en medio de la oscuridad y de fuertes vientos caminando sobre el mar (Jn 6:17-21). Ya al día siguiente toda aquella multitud notó que Jesús no estaba mas entre ellos, y de inmediato decidieron buscar a Jesús hasta que lo encontraron y le preguntaron Rabí, ¿cuándo llegaste acá? (Jn 6:22-25), a manera de paréntesis digo, que mejor hubiese sido no hacer esa pregunta porque la respuesta de Jesús no fue nada simpática. Es más, estoy seguro que la respuesta del Señor tuvo que haberles provocado mucho vergüenza.

Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello” (Jn 6:26-27). He dicho que la premisa que debemos seguir a Cristo por los motivos correctos, y cómo se evidencia en la respuesta de Jesús, las personas ni siquiera buscaban a Jesús por las sanidades hechas a los enfermos, ni ese era un argumento suficiente para seguirlo. Mas bien, lo buscaban porque estaban interesados en saciar su hambre. Vieron en Jesús el fin de sus carencias materiales. Consideraron que si seguían a Jesús posiblemente nunca mas tendrían que volver a trabajar y que seguramente Él se encargaría de alimentarlos mientras permanecieran cerca de Él.

Sin embargo Jesús omniscientemente pone en evidencia sus verdaderas intenciones. Ellos lo buscan por la comida. No conformes exigen de Jesús señales para poder creer en Él. Desean que Jesús les compruebe de alguna manera que Él es quien dice ser. Traen a colación el “Pan del Cielo” que Dios envió a sus antepasados (Jn 6:30-31). De nuevo el tema de la comida, ¿por qué no preguntar sobre el agua de la roca, o del mar rojo, u otro ejemplo? ¿por qué necesariamente la comida? Como dije antes, Jesús ya había puesto en evidencia cuáles eran sus verdaderas intenciones. Esto provocó que Jesús se revelara así mismo como el Pan de Vida. Les explicó que Él era el verdadero pan del cielo, que había descendido del cielo para cumplir la voluntad de Dios, la cual era que ninguno de aquellos que Dios le entregaba en su mano se perdiera y que lo resucitara en el día final. Que la voluntad de Dios era que todo aquel que creyera en Jesús tenga vida eterna (Jn 6:32-40).

Aun así, narra Juan que el gentío murmuraban y se mostraban escépticos, cuestionando el origen de Jesús. De nuevo Jesús atisba sus pensamientos y les ordena a no murmurar. Y hace una fuerte declaración que es vital para entender que a Jesús no se le puede seguir por motivos equivocados. Él les dijo: “nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitare en el día final” (Jn 6:41-44). A partir de ahí Jesús contrasta el Maná recibido por Moisés y así mismo como el Pan de Vida. Les dice que existe una amplia diferencia entre comer aquel pan y comer el Pan de Vida. Si bien es cierto aquel pan sació temporalmente a quienes lo comieron, Cristo, el Pan de Vida, saciaría el hambre espiritual de manera permanente. Jesús invitaba a sus oyentes a que comieran su carne y bebieran su sangre para vivir eternamente. Los judíos se escandalizaron porque no entendían aquellas palabras. El mensaje lo tomaron de forma literal. Pensaban que era necesario convertirse en caníbales para disfrutar las bendiciones de las que Cristo les hablaba (Jn 6:45-59).

Fue precisamente esto lo que motivó que todos aquellos seguidores finalmente desistieran en seguir a Jesús. Dado que su motivos para seguir a Jesús eran errados y tampoco creían en Él verdaderamente, lo mas fácil fue abandonarlo. Pensaron que era demasiado lo que Jesús estaba pidiéndoles. El judío tenía claro que Dios prohibía comer carne humana y tampoco les permitía beber sangre. Pero Jesús no hablaba en términos literales. Jesús hablaba en términos expiatorios. En términos de aceptar su Pasión y hacerla parte de ellos. Fue tal como les dijo alguna vez a sus discípulos Jacobo y Juan, cuando le pidieron sentarse al lado de Él cuando estuviera en Gloria (Mc 10:37-39).

Quizás pudiéramos preguntarnos ¿por qué Jesús no les aclaró sus palabras? En primer lugar porque fue el mismo Jesús quien dijo que a Él vendrían aquellos a quienes el Padre le enviara. Es decir que nadie viene a Cristo si el Padre no lo trae. Similares palabras dijo Juan antes en 1:12-13, a los que reciben a Jesús y creen en Su Nombre, se les da el derecho de convertirse en hijos de Dios, pero estos no nacen por voluntad o merito humano, ni por su propia voluntad, al contrario, nacen por voluntad enteramente de Dios. O como dijo Pablo a la iglesia de Roma: no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Ro 9:16). Y en segundo lugar porque como ya se ha enfatizado, estas personas ni creían ni seguían a Jesús por los motivos correctos. Ellos solo buscaban satisfacer su hambre.

Entonces para cerrar esta primer premisa, déjame sembrarte las siguientes Semillas de Fe.

Primero, agradece e intercede. No podemos asegurar en qué se basa Dios para atraernos a Cristo, pero si ya tu eres parte de esta gran familia de la Fe, puedes dar gracias a Dios por ello y responderle en amor y servicio a Él. Además, estas llamado a orar e interceder por aquellos que aun no le conocen y no son sus hijos, para que Él tenga misericordia de ellos y los atraiga con su amor y su Santo Espíritu a Su Hijo y los resucite en el día postrero.

Segundo, sigue a Jesús por quien es Él. Hoy día se predica mucho en nombre de Dios, pero esto no significa que sea algo que provenga de Él. Es decir, que muchos pastores e iglesias tienen el mote de cristianas pero no predican a Cristo. Crean cortinas de humo, ofrecen sanidades, milagros, ofrecen tantas cosas que no son mas que cebos para cazar a las presas y llenar templos. Es por ello que hay muchas personas que salen de las iglesias peor de cómo entraron. Porque hubo quien les prometió mentiras, cosas que en verdad no se cumplirían y quedan tan decepcionados que ven a Jesús como alguien que en verdad no es. La Teología de la Prosperidad por ejemplo, ofrece cambios de economía, vende la fe, etc., negando la verdad del Evangelio. Despluma a las víctimas y no presenta a Cristo tal como es. Por ello debemos seguir a Jesús por quien es Él. El pan de vida que descendió del cielo y vino para no perder a nadie y resucitarlos en el día final.

Es verdad Aquellas personas no pudieron ver en Jesús al Mesías porque no les fue revelado. Pero el Padre sí revela al Hijo y tu puedes seguirlo porque sabes que Él es aquel que descendió del cielo para darte vida eterna.

En el siguiente articulo veremos las otras dos premisas, mientras tanto, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.