LA BURRA MARTINA (Conclusión)

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Resista los deseos de la carne

En la primera parte de este articulo, hablamos sobre las luchas que cada creyente tiene, dijimos que muchas veces la carne gana la batalla, explicamos que la carne es débil, nos arrastra, pero que tarde o temprano las facturas por nuestros actos pecaminosos se pagan. Así que en esta segunda parte permite hablar sobre como podemos enfrentar estas luchas constantes que tenemos. Permítame ofrecerle algunos breves consejos para ayudarlo con esa difícil tarea que es resistir los deseos de la carne.

  1. Comprenda que hemos muerto al pecado

El apóstol Pablo escribió: “Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? (Ro 6:2b)”. Lo que significa esto es, que un día Dios nos convenció por medio de su Santo Espíritu que el pecado nos había convertido en muertos vivientes. Aunque andábamos en este mundo nuestro espíritu estaba muerto por causa del pecado. Fue así que aceptamos el regalo de la vida que Dios nos ofrecía. Morimos al pecado y resucitamos para vida eterna aun sin que nuestro cuerpo muriera. Decidimos matar esa naturaleza pecaminosa porque entendimos que de esa manera ofendíamos a Dios. Si estamos unidos en la muerte de Cristo, resucitaremos en vida eterna.

  1. Entienda que el dominio del pecado ha sido roto

“Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado, porque el que muere queda liberado del pecado” (Ro 6:6-7). Antes de Cristo teníamos un amo, el diablo, quien nos dominaba, manejaba nuestra vida a su sabor y antojo, él prácticamente hacía de nosotros lo que deseaba. Nos convencía que satisfacer nuestros deseos era lo mejor para nosotros. Pero una vez Cristo se manifestó en nosotros ese dominio se terminó. Cristo rompió las cadenas que nos tenían atados a ese amo cruel. No podemos seguir obedeciendo a un amo que ya no tiene autoridad sobre nuestras vidas. Es como seguir trabajando para una empresa a la cual ya no pertenezco. Por ello en el mismo capitulo dice Pablo: “ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos” (Ro 6:11-12).

  1. Ofrezcan su cuerpo como instrumento de justicia a Dios

“No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse mas bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia. Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están sujetos bajo la ley sino bajo la gracia” (Ro 6:13-14). Como hemos dicho, esto se trata de decisiones. Una persona que entiende que ha muerto al pecado, que ya no existen ataduras con su antiguo amo, debe decidir que hacer con su cuerpo. Debe decidir si quiere utilizarlo para lo que es bueno o para lo que es malo. Quizás para ilustrarlo de mejor manera diría que es tal como si usted compre una súper computadora. Ella en sí misma es amoral, no posee moralidad alguna. Usted decide si la usa para trabajo, o la utiliza para ver pornografía. Puede aprovechar su rendimiento para su trabajo y sacarle todo el jugo a esa maquina, o puede degradar su mente viendo toda clase de basura. De la misma manera con su cuerpo. Usted decide si lo utiliza para alabanza del nombre de Dios o para vergüenza de usted mismo. Si no quiere que el pecado tenga dominio sobre usted presente su cuerpo para lo que es bueno y agradable a Dios.

  1. Ore y manténgase alerta

En el pasaje que citamos de Mateo, Jesús conocía que la carne es débil, que siempre esta indispuesta, siempre quiere hacer lo que gusta, por ello recomendaba que sus discípulos “velaran y oraran para que no entraran en tentación” (Mt 26:41a). Observe con cuidado que Jesús habla de tentación no de pecado. Que estén alertas y orando para ni siquiera caer en tentación. La tentación es la antesala del pecado. Nadie peca de inmediato, previo a hacerlo medita en su corazón. Desea, cavila, maquina las cosas y eso es la tentación. Cuando comienza a considerar que algo o alguien le dará satisfacción esta siendo tentado. Pero Jesús dice, estén alertas, cuando empiecen a darse cuenta que algo que no es bueno para ustedes los atrae demasiado mejor oren. Háblenle a Dios sobre sus debilidades porque de no hacerlo, cuando menos lo sientan estarán pecando. Por ello es necesario hacerse constantemente un auto análisis para observar cuando estamos a punto de caer en tentación. Y así de inmediato someternos a Dios. Eso me lleva a mi siguiente recomendación.

  1. Sométase todo el tiempo a Dios

Santiago 4:7 dice, “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes”. No hay mejor forma que resistir los deseos de la carne cuando nos sometemos a Dios. Cuando le decimos a Dios que Él no permita que nuestros deseos pecaminosos germinen en nuestro corazón. Someterse a Dios es cederle todos los permisos a Él de nuestra vida. Es someter nuestro deseo sexual, someter nuestro deseo mundano, es someter nuestro orgullo, nuestro machismo o feminismo. Es someter nuestra boca, nuestra mano, nuestro cuerpo en general. Es someter nuestros pensamientos pecaminosos a Él. Una vez que estemos bajo la voluntad maravillosa y soberana de Dios al diablo será mas fácil resistirlo. Nada tendrá que hacer con nosotros cuando nos ve siendo obedientes a Dios. Por su puesto que siempre buscará las formas de hacernos caer pero le será imposible mientras sigamos bajo esa cobertura divina.

  1. Evalúe las consecuencias futuras

Finalmente, vuelvo a citar al apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, “El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna” (Gal 6:8). No imagino cómo será el castigo eterno. Lo único que alcanzo a comprender es que la vida eterna será un regocijo. Será increíble poder estar en la presencia de Dios, frente a Cristo, rodeado de multitud de testigos, de hombres que fueron fieles a Dios que sacrificaron sus deseos terrenales y decidieron por los galardones celestiales. Y eso, eso si que me emociona. Evaluar las consecuencias futuras constantemente nos ayudará a saber que perdemos un gozo eterno por una “felicidad” temporal y francamente no vale la pena. La carne siega muerte, el espíritu segará vida eterna en Cristo Jesús. Por esa razón bien vale la pena decirle no a la carne por mas atractiva que parezca lo que esté delante de nosotros.

La burra Martina le dio batalla a su amo. Pasaron varios minutos antes que finalmente Martina obedeciera. No fue fácil porque sin que yo pudiera notarlo, aparecieron mas personas para ayudar a aquel hombre. Solo así Martina se quitó del camino.

7. Busca ayuda con hermanos maduros en la fe 

Lo cual también me lleva a decirte que cuando tú creas que no puedes mas con alguna situación, busca a hombres confiables, que sean espirituales, que sean amorosos y pídeles que te ayuden con esa tentación o ese pecado que esta estorbando tu vida. No dejes que un deseo te convierta en esclavo de una pasión.

Me despido, como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

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