Aprendiendo de la iglesia de Éfeso

Introducción

Muchos han llamado a la carta a los Efesios como “los Alpes del Nuevo Testamento, el Gran Cañón de las Escrituras y la Reina de las Epístolas no solo por su grandioso tema, sino por la majestad de Cristo que aquí se revela”.[1] El apóstol Pablo[2] se dirige a la iglesia de Éfeso, a diferencia de otras epístolas no para corregir alguna herejía naciente sino para instruirla teológicamente. Así mismo les escribe para establecer reglas básicas para la correcta conducta cristiana, su fidelidad y compromiso con Dios.

Efeso

El mensaje de Pablo a través de la carta a la iglesia de Éfeso contiene una vasta riqueza de principios no solo para la iglesia de Éfeso[3], sino también para la iglesia del siglo XXI.

Este escrito pretende conocer esos principios bíblicos y traerlos al contexto actual. Para lograrlo se desarrolla bajo estos dos puntos principales: 1) La correcta instrucción de la iglesia.   2) En segundo lugar la transformación a partir de la instrucción. Para finalmente llegar a las 3) Se concluirá de acuerdo a todo lo anteriormente desarrollado.

Existe un convencimiento personal que, si una iglesia es correctamente instruida, entonces necesariamente debe ser transformada. La instrucción ayuda a conocer el propósito de Dios para la iglesia,  la transformación por ende es el resultado de alcanzar los objetivos en el plan de Dios.

Descubriendo el propósito de Dios para Su iglesia[4]

Generalmente cuando se hace evangelismo personal se le dice a las personas: Dios tiene un plan para tu vida, pero luego de formar parte de alguna institución en particular, pasan años, incluso décadas sin que esa persona sepa realmente cuál era ese plan de Dios para su vida del que tanto le hablaron. Entonces surge una pregunta ¿Será que realmente Dios tiene un plan especifico para la iglesia? Y la respuesta es contundente: por supuesto que sí lo tiene. Lo ha tenido desde antes de la fundación de todo lo creado.

El tema tiene que ver con que gran parte de los dirigentes, sin importar la denominación  que sea, no están sintonizándose con Dios, no están buscando esa dirección porque no están escudriñando las escrituras y por tal razón no han comprendido que es lo que Dios quiere para sus iglesias, no han descubierto hacia donde Dios quiere llevarlos.

Rick Warren en su libro Una Iglesia con Propósito dice: “Dirigir a su congregación a través del descubrimiento de los propósitos del Nuevo Testamento para la iglesia es una aventura excitante. Los líderes sabios comprenden que las personas aceptaran verbal y mentalmente lo que se les dice”.[5]

Dios tiene un plan para bendición

El apóstol Pablo en la carta a los efesios revela los propósitos que Dios tiene para su iglesia. Uno de esos propósitos es: bendecir a la iglesia que ha sido comprada con la sangre de Jesucristo.

Luego de su cálido saludo Pablo en el versículo tres dice:

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, [6]

Por el vocablo griego utilizado por el apóstol Pablo al inicio del verso tres: eúlogethós  puede entenderse que lo que él sugiere es una alabanza a Dios. Más que una doxología es un cántico de adoración al Padre. Una bendición que abarca a las tres personas de la Santa Trinidad. Toda eúlogía, es decir, toda bendición para la iglesia dada por parte de Dios es por medio de su hijo Jesucristo. El origen de todas las bendiciones que la iglesia puede recibir esta en Dios, pero se alcanzan a través de la unión con el Hijo.

La humildad de Pablo se pone de manifiesto en esta declaración, reconociendo a Dios como el autor de las bendiciones y a su vez enseña a la iglesia cual debería ser su actitud ante la primera persona de la Trinidad. La adoración como resultado de la gratitud por las múltiples bendiciones recibidas. La bendición ha estado manifiesta como parte del plan divino en todo tiempo. Desde antes de la fundación del mundo Dios había elegido a Su iglesia. En tiempo presente la redime y en el futuro esta guardada una herencia que ha sido prometida.

La adoración a Dios se da como resultado de la gratitud por las múltiples bendiciones recibidas.

Dios se ha propuesto bendecir a sus hijos y la respuesta debería ser la adoración a Él. John Piper en uno de sus artículos dice respecto de la adoración dice:

La adoración es un sentimiento interno y una acción externa que refleja la excelencia de Dios; y el sentimiento interno es la esencia, porque Jesús dijo, “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, en vano me adoran”. La adoración es vana, vacía, nada, cuando el corazón está insensible; y creo que es posible describir la experiencia del corazón en la adoración. En general, hay tres maneras como el corazón puede responder en adoración a Dios, y usualmente se pueden sobreponer y coexistir.[7]

Las bendiciones de Dios, sigue diciendo el apóstol Pablo son espirituales en los lugares celestiales. Esta clase de bendiciones han de entenderse como lo que se recibe de parte de Dios por medio del Espíritu Santo. No deben verse como bendiciones materiales ni bendiciones venideras, más bien como parte de la vida espiritual que el creyente vive en unión con Cristo.

Así mismo los lugares celestiales no deben entenderse como un lugar físico, “indica que estas bendiciones espirituales son celestiales en cuanto a su origen, y que desde el cielo descienden a los santos y creyentes en la tierra”[8] ya que anteriormente se ha dicho que es Dios la fuente de tales bendiciones. La justicia de Dios, la posición en Cristo, el poder que otorga a Su iglesia es producto de tal bendición.

La justicia de Dios, la posición en Cristo, el poder que otorga a Su iglesia es producto de las bendiciones espirituales.

[1] Biblia de Estudio Plenitud, Reina y Valera revisión del 60, (Editorial Caribe: Nashville, Tennessee, EUA, 1194).

[2] En este escrito no se pretende analizar ni la autoría de la Epístola como tampoco la fecha y el lugar de envío de la misma. Se aceptará a Pablo como el autor de la carta y a la iglesia establecida en Éfeso como sus destinatarios.

[3] En el segundo viaje misionero de Pablo delega a Priscila y Aquila para que permanezcan en Éfeso, presumiendo que fueron ellos los fundadores de aquella iglesia (Hechos 18:26). Luego Pablo durante su tercer viaje misionero después de recorrer varias ciudades de Asia Menor estableció a la iglesia de Éfeso. Siendo Éfeso una de las ciudades donde Pablo permaneció por más tiempo. Éfeso fue una ciudad muy reconocida por ser un importante centro político, educativo y comercial. Además estaba plagada de construcciones impresionantes tales como el templo a Artemisa, el cual es considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. Artemisa para los griegos era la diosa de la fertilidad, lo mismo que para los romanos quienes la llamaban Diana. Era a esta diosa a quienes los efesios rendían cultos paganos, con sacerdotisas quienes se prostituían dando paso a grandes orgías.

[4] La definición que iglesia que será utilizada en este escrito es la que Wayne Grudem describe como: comunidad de todos los verdaderos creyentes de todos los tiempos. Es la comunidad de todos los que son verdaderamente salvados. Según Wilton M. Nelson ekklesi,a es un sustantivo que en la antigüedad se refería a la reunión pública generalmente de orden político de los que respondían al mensaje del heraldo. En LXX es empleada para traducir la palabra hebrea qajal, que significa congregación. Ya en el NT da la idea de ambos significados, y combinado se dice entonces que es el pueblo o congregación de los llamados de Dios.

[5] Rick Warren, Una iglesia con propósito, (Editorial Vida: Miami, Florida, 1998), 102.

[6] Todos los textos bíblicos han sido tomados de la versión Reina-Valera del año 60, a menos que se indique lo contrario.

[7] John Piper, Deseando a Dios, (Recursos teocéntricos del ministerio de John Piper), 12.

[8] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Efesios, (Libros Desafío: Gran Rapids, Michigan, 1984),60.

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TEN FE PESE A LA TORMENTA

Mt 14:30 dice: Pero [Pedro] al ver el fuerte viento, tuvo miedo; y comenzando a hundirse, dio voces, diciendo: ¡Señor, sálvame!

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Esta escena es muy conocida principalmente porque Pedro dudó mientras caminaba sobre el agua hacia Jesus, también porque cuando puso su mirada en la turbulencia empezó a hundirse, pero yo puedo ver tres lecciones (Semillas de Fe) que Pedro experimento y puedo aprender de ellas.

  1. Fue el único de los 11 que tomó el riesgo de salir de la 🚣. Aprendí que no siempre sentirse seguro y cómodo es lo mejor. La Fe debe probarse. Y las tormentas de la vida, los desiertos, las dificultades, son como fuego que nos acrisola hasta sacar lo mejor de nosotros mismos. 
  2. Fue el único de los 11 que pudo saber lo que se siente caminar 🚶🏽 sobre el 💦. Aprendí que las experiencias en Cristo son únicas cuando estas dispuesto a vivirlas. Cuando deseamos cada día mas experimentarlo. Cuando estamos dispuestos a ser trasformados de gloria en gloria.
  3. Fue el único que sintió la mano 🤚 de Jesús salvándolo en medio de la crisis. Aprendí que en medio de la crisis siempre puedo acudir a Jesús y Él será mi pronto auxilio. Que siempre esta a mi lado, que prometió no dejarme solo, que Jesús es amigo que no da la espalda, porque si estuvo dispuesto a darse en la cruz, puedo confiar que siempre me tendrá de su mano.  #Semillas_de_Fe.

La Salvación es un Regalo de Dios (conclusión).

Continuando con la serie: La Salvación es un Regalo de Dios, hablaremos sobre el agente divino de la salvación es decir Dios. Abordaremos el tema de la Gracia y La Fe. Además explicaremos que la salvación no se obtiene por ningún mérito propio o por obras como menciona Pablo, para finalmente concluir con el tema abordado. Para un mejor comprensión ver los artículos anteriores.

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La salvación por Gracia divina

Esta porción ofrece sin lugar a dudas nuevamente una revelación maravillosa respecto al carácter de Dios. Pablo, muestra a través de estos dos versos, una clara explicación de lo que Dios es capaz de hacer solo por el puro afecto de su voluntad. Por ellos se ha analizar cada verso con sumo cuidado para lograr un mejor entendimiento de lo que Pablo esta revelando de Dios.

Dios es el agente de la Salvación

En el verso 8 Pablo dice: 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Ya en el verso 5 Pablo había introducido esta expresión. Por gracia sois salvos. Ahora, Pablo ha de conectar lo dicho en vs. 6 y 7, a través de una palabra que explica o da la razón del cómo el hombre ha pasado de muerte a vida. Y de dónde provino tal bendición, así como también, explicará quién es el autor de gran majestuosa obra. Hay cuatro palabras teológicas que son clave en este pasaje: gracia, salvación, fe y don. Y son clave y teológicas porque son los elementos que explican la obra salvífica de Dios. Revelan como es Dios respecto a lo que ha planeado aun desde la fundación del mundo para los seres humanos.

La Gracia de Dios

“La Gracia es la causa y la razón de la salvación, Pablo destaca aquí que todo lo alcanzado en la experiencia de la salvación y la salvación misma es solamente por la Gracia de Dios”.[1] Existen otros pasajes paralelos a este que hablan acerca de la salvación por la Gracia. Uno de ellos es Hechos 15:11, Lucas dice: antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Tito 2:11 dice: porque por la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, en 3:7 siempre en Tito, Pablo dice: para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Cada pasaje a excepción de las palabras de Pedro en Hechos 15, registra la teología paulina con respecto a la Gracia como los agentes de la Salvación. La razón por la que se hace énfasis en este punto es porque se pretende señalar que la Salvación es una obra absoluta de Dios. El Salmo 3:8 dice: la salvación es de Jehová, la salvación esta vinculada con la Gracia. De principio a fin. En Génesis 3:15, Dios ya advertía sobre la simiente de la mujer que habría de vencer sobre la muerte.

“En todo el proceso desde la dotación del Salvador, en el cumplimiento del tiempo (Jn. 3:16; Ga. 4.4; 1Pe. 1:18-20), pasando por la ejecución del sacrificio expiatorio por el pecado en la Cruz, luego el llamamiento a salvación, la regeneración espiritual y la glorificación final de los redimidos, está comprendido en un todo procedente de la Gracia (Ro. 8:28-30)”. [2]

En la segunda carta a Timoteo, Pablo dice: quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. John MacArthur comenta: “Dios diseñó soberanamente la salvación; la inicia, sostiene y completa soberanamente. Él nos ha perdonado, justificado y librado del pecado y de Satanás, de la muerte y del infierno. En todo sentido y en todo tiempo –pasado, presente y futuro – Dios es nuestro Salvador”.[3]

Por medio de la fe

El Evangelio de Juan revela el propósito por el cual fue escrito: pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y  para que creyendo, tengáis vida en su nombre. Es por ello que otra de las palabras teológicas clave es la Fe. La Fe es el instrumento para alcanzar la salvación. Instrumento es como el medio, no la causa. Es pues la Fe en cristo lo que asegura la Salvación. Creer que Cristo es el hijo de Dios, el Mesías esperado. Pero no es creer de forma somera, sino de todo corazón. Ro. 10:10 dice: porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. En Juan 3:15 dice: para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.  Fe es creer. Todo aquel que escucha el mensaje esta siendo llamado a creer. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Ro.10:17). Es imposible para el hombre que no cree alcanzar la Salvación. Porque todo hombre que no cree ya ha sido condenado, (Jn. 5:24). Así una vez mas puede observarse que el proceso salvífico proviene de Dios, porque sí la fe llega por oír la Palabra de Dios, entonces es Dios el que convence a todo individuo de pecado por medio de Su Santo Espíritu. “La fe tiene una naturaleza adhesiva, vincula al creyente con aquel que es objeto de su fe. La salvación no es el resultado de creer ciertas ideas o de tomar una decisión de carácter emocional, sino de ser unido a Cristo”.[4]

 Es don de Dios

No de vosotros dice Pablo, ni la fe, ni la salvación proviene del corazón humano sino que proviene del amor de Dios. Es un Don divino. El Don debe entenderse como una dadiva, un regalo que Dios da, un donativo, o una entrega que parte del corazón de Dios. Pablo en Ro. 6:23 hace el contraste entre lo que se obtiene como pago por el pecado y lo que se recibe como regalo de parte de Dios, dice: porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro. “Por definición una dadiva es algo gratuito, pero a fin de evitar que alguien subestimara la magnitud de la gracia de Dios, Pablo habla de la dádiva de Dios”[5], para concluir esta sección entonces: la salvación es que la salvación es un regalo de Dios, por medio de la Gracia, es decir por medio de algo por lo cual no trabajas ni haces nada para merecer sino que es Dios quien lo desea hacer. El Don de Dios es solo un motivo por el cual cada día el creyente debe estar agradecido, sujeto a Su Voluntad y perseverando por cada día ser más como Cristo. Esto abre el análisis del verso 9.

La salvación no es por obras

            Obras humanas

Esta sección se vuelve menos complicada habiendo explicado el verso 8. Pablo dice que la Salvación es dada por Dios, pero 9no por obras, para que nadie se gloríe. Pareciera hasta de más este verso porque pareciera que el verso anterior fue demasiado claro, sin embargo, el v.9 solo viene a enfatizar el argumento de Pablo para dejar muy en claro que el hombre no tiene ni la posibilidad de presumir que pudo hacer algo en el proceso de la Salvación. Cuando Pablo expresa que la salvación no es por obras, esta diciendo que ni las obras que se hacen para cumplir la Ley, para el caso de los creyentes que provenían de ese contexto, ni las obras que podían hacer los gentiles en sus rituales anteriores, podrían salvarlos. Generalmente una persona cuando hace mas esfuerzo en una tarea busca ser reconocida. Ese reconocimiento lo lleva a sentirse orgulloso de lo que ha hecho. Como un atleta que busca ser el mejor para ser reconocido de todos. En el tema de la Salvación Pablo esta diciendo que el hombre no tiene nada de que gloriarse porque nada ha hecho para salvarse, y todo lo que pudo hacer, le hubiera servido.

Nadie puede hacer lo bueno

Las obras de una persona no regenerada son por naturaleza mala, incapaces de salvarlo, por eso Pablo cita en Ro. 3, el Salmo 14 que dice: no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. No hay una sola persona que en su condición de maldad sea capaz de pensar en hacer algo lo suficientemente sustancial para conseguir que Dios lo perdone. Las obras, o esfuerzos humanos nunca iban a poder posicionarlo delante de Dios, o llevarlo a ser coheredero con Cristo. Muy probablemente sí el hombre tuviera el deseo de hacer algo para alcanzar su salvación, la misma soberbia que en él existe lo llevaría a la jactancia. En 1Cor 1:27-31, Pablo dice que Dios escogió tanto a débiles como a viles y menospreciados para avergonzar a los sabios, a los fuertes, con la finalidad que nadie se gloríe, y si es que acaso quiera o desee un creyente jactarse de algo, que lo haga pero en el Señor. Otros pasajes similares en el contexto remoto de la Biblia, son el del Evangelio de Lucas, Jesús les dijo a sus discípulos: pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos, (Lucas 10:20).

Y también en Deut. 7 Dios le dice a la nación de Israel que los escogió: no por ser vosotros mas que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el mas insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de faraón rey de Egipto, (Deut. 7:7:8), en el capitulo 9, hace énfasis a esto: no piense en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, (Deut. 9:4-5a). Nunca se trata de lo que el hombre pueda hacer, siempre es por lo que Dios quiere hacer. No es como se ha visto, por su justicia, o por ser mejores o mas capaces es que Dios toma a una persona sino porque Él así lo desea. Tiene misericordia de quien desea tenerla.

Conclusiones finales

La Salvación no puede ganarse por medio de sacrificios, o rituales, por bondad, buenos deseos, ni por medio de rituales religiosos, o por medio de penitencias, la Salvación es en lo absoluto un proceso que Dios lleva a cabo de principio a fin. Dios da a cada uno según Él desea. Si alguno quiere ir en pos de Cristo, debe negarse así mismo, renunciar a su ego, su soberbia. Creer en Cristo, poner su absoluta confianza en Él, y permanecer unido a Él. Pues la fe en Él, lo hace participe de sus bendiciones.

Dios salva, sin necesidad alguna de que el hombre se esfuerce, Él da, provee para cambiar de un estado de muerte espiritual a uno de vida, y vida en abundancia. Pasar de un estado a otro puede alcanzarse por medio de Cristo. Él es el camino al Padre, el único camino. La Salvación es definitiva desde que una persona pone su fe en Cristo, desde ahí ha pasado de muerte a vida. De ahí, solo queda dejar atrás el pecado, vivir en santidad y esperar la glorificación futura. La salvación fue consumada por Cristo en el pasado, pero sus efectos siguen estando vigentes en el presente y así mismo en el futuro. Aunque una persona puede jactarse de sus méritos propios, Pablo deja en claro que el hombre no debe jactarse de nada, y si lo hace debería hacerlo del tipo de comunión que tiene con Dios.

[1] Samuel Pérez Millos, Comentario exegético al griego del Nuevo Testametno: Efesios, (Editorial Clíe: Barcelona, España), 149.

[2] Ibíd. 149.

[3] John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: 2Timoteo, (Editorial Portavoz: Grand Rapids, Michigan, 2012), 30.

[4]Klyne Snodgrass, Comentario de Efesios, Trad. Pedro L. Gómez, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2009), 130.

[5] John MacArthur, Romanos, 397.

La Salvación es un Regalo de Dios (2da Parte)

En este articulo retomamos la serie que iniciamos hace ya tres años y consideramos pertinente retomarla. De antemano mil disculpas y desde ya les comento que estaremos publicándola completa en los próximos días. La Serie de Artículos se titula: La Salvación es un Regalo de Dios, fundamentada en lo escrito por Pablo en la carta a los Efesios, específicamente en el capitulo 2. Para una mejor comprensión de esta segunda parte, les pediría a nuestros lectores ver La salvación es un regalo de Dios (1era Parte).

En este articulo, se abordarán asuntos como: el nuevo estado de vida espiritual que una persona adquiere cuando ha puesto su fe en Jesucristo y es Salvo. Conoceremos dos atributos morales de Dios, La Misericordia y Su Amor. Y finalmente conoceremos que posición ocupa el creyente en su nuevo estado de Gracia.  E

El nuevo estado de vida espiritual

El contraste entre las dos naturalezas se encuentra en el  2:4-5, Pablo escribe: pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), primero hay que destacar del v.4, dos atributos de Dios que el apóstol Pablo señala. Y en segundo lugar, la circunstancia en las cuales muestra Dios estos atributos.

Dios es rico en misericordia y gran amor

La naturaleza o esencia de Dios esta constituida por lo que Él es, no por lo que Él hace, es lo que distingue a Dios, de lo que esta compuesto, es parte de su Ser, de todo aquello que Él posee en sí mismo. Millard Erickson define los atributos de Dios así: “Cuando hablamos de los atributos de Dios, nos referimos a las cualidades de Dios que constituyen lo que es, las características mismas de su naturaleza… Los atributos son cualidades de la Divinidad en su conjunto”.[1] Entre los atributos, de Dios, están los atributos morales[2]. Uno de ellos es es Su Misericordia y otro Su gran amor. Esta misericordia va dirigida a aquellos que están en condiciones de aflicción, angustia, dificultad, o como los dice en el pasaje, aun en la peor de las circunstancias como la muerte espiritual, Dios muestra su misericordia.

 En cuanto al amor como otro atributo moral de Dios, puede decirse que: “Dios se da enteramente a nosotros, el amor como entrega de sí mismo para beneficio de otros. Este atributo de dios muestra que es parte de su naturaleza dar de sí mismo a fin de dar bendición o bien a otros”.[3] Dios se entregó plenamente cuando entregó a Jesucristo. Juan 3:16, la cita por excelencia lo dice: de tal manera amó Dios al mundo, que entregó a su hijo, con el superlativo, de tal manera, puede entenderse que ese amor es incalculable. Es un amor que refleja desinterés hacia algo en particular e interés por un mundo caído. ”En el judaísmo rara vez (o nunca) se hablaba de que Dios amara al mundo aparte de Israel. Dios desea alcanzar este mundo por medio, su hijo. Afirmar que el amor de Dios se extiende mas allá de los limites raciales o nacionales es una idea singularmente cristiana”.[4] Y pudiera agregarse, singularmente maravillosa.

En el contexto paralelo, el apóstol Pablo, dijo en Romanos 5:8:  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun  pecadores, Cristo murió por nosotros. A lo cual John MacArthur comenta: “Esa clase de amor inmerecido y abnegado está por completo fuera de la comprensión humana, pero ese es el amor que el Dios justo e infinitamente santo tuvo para con nosotros siendo aun pecadores”[5] Dios por medio de Cristo ha dado vida a los pecadores. La primera mención de la salvación por Gracia, aparece al final del v.5 y será comentada en párrafos posteriores.

Dios lleva al pecador a una nueva posición

Los vs. 6-7 son la muestra de un estado distinto del creyente en una época presente y posterior a la muerte espiritual. Pablo dice: 6Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con Él en regiones celestes, Ahora es necesario preguntar ¿a qué se refiere Pablo con la resurrección con Cristo? la respuesta estriba en el hecho de considerar el estado espiritual en el cual se encuentra una persona antes de Jesús y que la resurrección es el nuevo nacimiento espiritual con Cristo. El hombre como se ha dicho estaba muerto, pero la unión con Cristo, el acercamiento por medio de la cruz de Cristo, le da vida. Lo resucita a una nueva clase de vida. Justo en el momento que recibe la salvación su estado espiritual cambia. Muere al pecado y resucita a la justicia de Dios. Por ello, es imposible que el hombre que ha sido salvo pueda continuar viviendo como antes cuando estaba muerto en sus delitos.

Al mismo tiempo, ya en el presente el creyente disfruta de las bendiciones espirituales que están en los lugares celestiales. Es decir en la esfera en donde Dios se encuentra, donde todas la bendiciones están reservadas para el que es salvo. Pablo dice: Si, pues, habéis resucitado con Cristo buscad las cosas de arriba, donde esta Cristo sentado a la diestra de Dios (Col. 3:1). Pongan la mirada en aquellas promesas maravillosas que aguardan por ustedes. Y si bien es cierto que hay promesas que han sido dadas ya, otras serán dadas en tiempos postreros. William Hendriksen comenta: “No recibimos toda esta gloria de una sola vez. Sin embargo, el derecho a recibirla en forma plena está asegurado y la nueva vida ya se ha iniciado”.[6] Según el v.7, Dios lo hace: 7para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramo sobre nosotros en Cristo Jesús. El propósito de Dios dar a conocer Su Gracia, para que por medio de Su Iglesia se revele su incomparable riqueza. Es la iglesia el exponente principal de toda esa bondad divina. El Evangelio revela a Jesucristo, quien a su vez muestra al Padre, el creyente revela la acción de Cristo por el amor del Padre. La eternidad será fiel testigo de la gran bondad de Dios que fue derramada sobre los creyentes.

Entonces, habiendo visto que existen dos estados espirituales para cada ser humano, antes y después de Cristo, es decir que sin Cristo los seres humanos están muertos, completamente lejos de Dios, siendo gobernados por el reino de las tinieblas, dominados y esclavizados al pecado, siguiendo sus propias pasiones, pero, ya en Cristo, hay un nuevo estado de vida espiritual. Dios se lo concede a través de su Misericordia y Su gran Amor, dos de sus atributos morales que goce en el presente de grandes bendiciones y que muchas otras aguardan para el día de la resurrección final. Además se vio que la posición del creyente cambia. Pasa del reino de las tinieblas al Reino de Dios. Y, por lo tanto la forma de vida, su actitud, su conducta debe estar basada a su nuevo estado de vida. Ahora puede explicarse y entenderse lo que significa la salvación por Gracia divina. Y, cómo es Dios quien se encarga de realizarla, como Dios muestra cuán grandes y ricas bondades tiene para cada creyente.

[1] Ibíd. 289.

[2] Wayne Grüdem, Teología sistematica, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2007), 206.

[3] Ibíd. 205.

[4] Gary M. Burge, Juan: comentarios bíblicos con aplicación, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2011), 111.

[5] John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Romanos, Trad. John Alfredo Bernal, (Editorial Portavoz: Grand Rapids, Michigan, 2010), 326-7.

[6] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Efesios, (Gran Rapids Michigan: Libros Desafío, 1984), 93.

 

UNA COSA TE HACE FALTA…

Quienes hemos viajado, ya sea localmente en nuestros países o fuera de ellos, sabemos la importancia que tiene no olvidarse de los documentos personales, el pasaporte, el documento de identificación, el boleto de avión, incluso los accesorios básicos personales. Ya que presentarnos en el aeropuerto sin nuestro pasaporte puede ser una terrible experiencia si quien está recibiendo la papelería nos dice: una cosa te hace falta. Nos resultaría imposible poder viajar así.

De igual manera hacer trámites en una oficina pública puede resultar de las peores experiencias de nuestra vida. Hacer colas exageradas, recibir mal atención, y luego de un buen tiempo de hacer una larga fila, llegar a la ventanilla y quien recibe nuestros papeles nos diga: “una cosa te hace falta”, es como para volverse loco.

Sin embargo, esto no puede compararse en lo más mínimo, a la experiencia que vivió un joven adinerado, a quien le inquietaba conocer: ¿cómo se podía heredar la vida eterna? Dice en Marcos 10:17-22, que: estando Jesús en la tierra, éste joven se le acercó a Jesús, le hizo esa pregunta, y ante la primera respuesta de Jesús, él le afirmó que era un fiel observador de La Ley, considerando que con eso ya tenía visada su entrada al cielo.

No obstante, Jesús, siendo Dios, conocía todo lo que existía en el corazón de aquel joven rico. Dice en v.21a que: “Jesús mirándole, le amó, y le dijo: una cosa te hace falta… En otras palabras, si bien es cierto que aquel joven había cumplido con buena parte de las demandas de La Ley, no tenía la papelería completa para gozar de la vida eterna. No le bastaba pues, haber sido un fiel observador de La Ley. Y de hecho, a ningún judío le alcanzaba sólo con observarla.

Porque La Ley fue diseñada para hacernos comprender el pecado, no para salvarnos.

La Ley es una guía que nos conduce a Cristo, a fin de ser justificados por la fe (Ga 3:24). Quebrantar La Ley nos vuelve culpables delante de Dios. Y como nadie, excepto Jesús pudo cumplirla cabalmente, entonces todos según dijo Pablo estamos excluidos de la Gloria de Dios (Ro 3:23) y al ser culpables necesitamos a un mediador Justo, es decir, Cristo.

Dice el pasaje que Jesús le dijo en 21b: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme”.

De primera mano las palabras de Jesús suenan muy fuertes, tajantes, muy estrictas incluso, sin concesiones. No le dijo vende parte, quédate con otra. No le dijo da una buena ofrenda y listo. No le dijo, constrúyele casas a los, pobres y sígueme. No, Él le dijo: vende todo, dalo, y sígueme, entonces si tendrás tesoros en el cielo.

El joven debía decidir entre la paradoja que conlleva seguir a Cristo: perder todo para ganarlo todo.  

La respuesta del joven dice la Biblia que fue la misma que muchos siguen dando hoy día, darle la espalda a Jesús. Se fue triste, porque era demasiado rico como para desprenderse de toda aquella fortuna. Consideró que sus tesoros terrenales tenían más valor que los tesoros celestiales.

Su respuesta evidenció que en verdad no había observado completamente La Ley como afirmaba, porque si había quebrantado un mandamiento, el décimo, que dice en esencia: NO CODICIARÁS.

La codicia por definición es: “el deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas o bienes”. Y Jesús lo supo desde el principio que aquel joven solo en parte había observado La Ley,  por eso dice que  Jesús lo amó antes de responderle.

Cuando ya lo leo varias veces, me doy cuenta que Jesús no hizo concesiones con aquel joven, no porque fuera malo, sino porque

Jesús sabe que si una persona no está dispuesta a cederle el centro mismo de su corazón a Él, entonces no puede ser merecedor de la Vida Eterna.

Jesús debe ser el Señor de nuestras vidas, reinar completamente en nuestro ser.

Jesús debe ser el epicentro de nuestras emociones, nuestras decisiones, nuestras prioridades, de todo. 

Ni las personas más cercanas a nosotros como nuestras familias, ni posesiones materiales, ni posiciones sociales, ni títulos, pueden ocupar el lugar que le corresponde a Jesús en nuestra vida. Si una persona no está dispuesta a cedérselo entonces no aplica para heredar la Vida Eterna. Debe creer que sólo Jesús es necesario para llegar al cielo.

Mientras no muera el yo, y mientras no podamos ver que vale más Cristo que todo lo demás en este mundo, no podremos sellar la visa que nos conduce a la patria celestial.

La codicia fue el impedimento para aquel joven, y para ti querido lector, ¿Cuál es el impedimento para heredar la vida eterna? ¿Qué te hace falta a ti? ¿A qué tienes que renunciar hoy? ¿Qué está siendo el sobre equipaje en tu vida? ¿Qué o quién está ocupando el centro de tu corazón en este tiempo? ¿Qué respuesta darás hoy al Señor Jesús?

Repito, la respuesta de aquel joven es tal cual la misma respuesta que muchas personas siguen dando hoy día al llamado de Jesús.

Les resulta más valiosa, más apetecible, más placentera la vida que llevan en la tierra y por ello desprecian la posibilidad de vivir la vida Eterna con Cristo.

Por esa razón a través de este escrito te exhorto a que no esperes estar parado un día frente al Señor y te diga… UNA COSA TE HACE FALTA… mejor hoy despréndete de todo, y sigue a Cristo, entonces heredarás tesoros en el cielo.

Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

 

 

 

SUFRAMOS POR CAUSAS JUSTAS

1Pedro 3:17 dice: pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad De Dios, que por hacer el mal“.

Tres grandes verdades destaco de este pasaje.

  1. Primera verdad: ningún cristiano está exento de problemas, o sufrimientos. No existe ninguno que pueda decir que vive sin problemas porque mentiría. Todos absolutamente todos, desde el pastor mas reconocido, hasta el hermano más desconocido, puede vivir tiempos de zozobra, y angustia. Por ello, si una persona dice: “ven a Cristo y Él acabará con todos tus problemas”, definitivamente no está siendo sincero. Está vendiendo humo. Porque Jesús mismo dijo: “en el mundo tendrán aflicciones…” Por tanto, que quede claro que mientras no estemos en presencia de Dios, siempre estaremos expuestos al sufrimiento y al dolor.

Sin embargo Pedro está diciendo que si has de sufrir que sea por una causa justa, y esa causa es Cristo. Pedro le escribió a una iglesia perseguida, una iglesia martirizada y alejada de casa. Le escribió a una iglesia que estaba siendo acusada injustamente por el gobernante en turno. Una iglesia que estaba sirviendo de chivo expiatorio de un crimen que no había cometido. De esa cuenta entonces, los sufrimientos eran inevitables.

Pero Pedro deja claro, que por esta clase de circunstancias si vale la pena sufrir. Porque Cristo no es una causa perdida, es la mejor causa que una persona puede seguir. Si tú eres misionero y estas siendo perseguido, te digo, estas sufriendo por hacer el bien. Si eres pastor y estas atravesando tiempos difíciles, animo, estas sufriendo por hacer el bien. Si eres líder y estas experimentado pruebas difíciles, sigue adelante porque es por una buena causa. Sin importar lo que hoy vivas, no te desanimes, Dios está contigo.

  1. Segunda verdad, la Soberanía De Dios es permisiva. Hay circunstancias que parecieran estar fuera del alcance de las manos De Dios, pero no es así. En la Biblia tenemos pasajes que nos demuestran de qué manera la Voluntad de Dios es permisiva. Tenemos el caso de Job, Dios permitió que Satanás lo hiriera con una serie de padecimientos, y no de cualquier tipo, pero en su tiempo lo restauró a causa de su fidelidad. Otro caso, el más importante, Nuestro Señor Jesucristo. Dios permitió que en su pasión el padeciera todo tipo de dolor, burlas, golpes, ofensas, escupitajos, etc., porque esa fue Su Voluntad. De no ser así, jamás hubiera dejado que alguien pudiera hacerle daño, o atentar contra la Vida de su Unigénito Hijo.

 En otras palabras estoy diciendo que Dios permite el sufrimiento de sus hijos si es esa su voluntad. Y no porque sea malo, o injusto, o despiadado, sino porque Él conoce que estas situaciones adversas sirven como crisol para purificar su fe (1Pe 1:6). Y quien más que Pedro para saberlo, pues Jesús mismo le advirtió que al igual que a Job, el diablo había pedido permiso para zarandearlo pero Jesús anticipadamente había orado para que la fe de Pedro no fallara y luego de pasada la prueba fortaleciera a sus hermanos (Lc 22:31-32) y todos sabemos cómo fue transformado Pedro, nada más que se volvió el líder principal de la iglesia primitiva.

Dios también puede permitir circunstancias sociales, puede permitir gobiernos rebeldes, abusivos, puede permitir dictadores como vemos en Latinoamérica y otros países, puede permitir malos gobernantes, puede permitir legisladores que defiendan a los animales pero permitan los abortos como recién ocurre en Chile. Puede permitir que se promulguen leyes que impulsen a los homosexuales a vivir a su manera, como lo vemos en USA y otros países que están a favor de este movimiento.

Dios permite todo eso no porque sea un flojo, o esté de acuerdo. Para nada, ni es flojo y para nada estará de acuerdo con tales aberraciones pues Él es un Dios tres veces Santo. Dios desea que todos los hombres vengan al arrepentimiento y al conocimiento de su verdad, pero esta opción tiene fecha de caducidad. Llegará un día, el día grande, donde Él les aplicara su Ley Justa a cada uno de aquellos que decidieron vivir bajo sus propias normas de conducta y entonces ahí será el lloro y crujir de dientes.

  1. Tercera verdad: también se puede sufrir por causas incorrectas. Así como se puede sufrir por causa del Señor Jesucristo, una buena causa como se dijo previamente, también se puede sufrir por causa de acciones pecaminosas. Es decir, se pueden sufrir las consecuencias de una vida desordenada, o pecaminosa. Judas sufrió por traicionar a Jesús. Ananías y Safira sufrieron por tratar de engañar al Espíritu Santo, en el A.T. vemos a Sansón sufriendo por incumplir su voto, y así tantos y tantos personajes que nos pueden servir de ejemplo que sufrieron las consecuencias de sus malas decisiones. Esto para Pedro es lo que considera causas por las cuales no vale la pena sufrir.

En conclusión, mientras estemos en esta tierra, el sufrimiento será parte de nuestras vidas. Dios puede permitir el sufrimiento en nuestras vidas, si es esa su voluntad. Y creyentes como no creyentes estamos expuestos a sufrir con la única gran diferencia que los creyentes saben que Cristo intercede por ellos, que el Espíritu Santo los consuela y no los deja huérfanos. Y sobre todo que un día ese sufrimiento terminará y se transformará en un gozo eterno cuando estemos en presencia de Dios.

Mi deseo es que si estas atravesando tiempos adversos, sean en Cristo y por Cristo y no a causa del pecado. Recuerda todo sufrimiento es temporal, un día el dolor se convertirá en gozo. La tristeza en alegría. Y la angustia en regocijo por toda la eternidad.

Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.  

 

 

DIOS DEFIENDE A SUS HIJOS

Sé que el título de este articulo suena muy general y en realidad si lo es. Porque la Biblia nos muestra en múltiples pasajes que Dios defiende a sus hijos. Dios los guarda, los protege, pelea por ellos. Dice la Biblia que Él es escudo alrededor de nosotros. Que nos esconde bajo sus alas, y así podría seguir exponiendo tantas otras verdades que nos muestra al Padre celestial como fiel defensor de sus hijos.

Sin embargo, quiero centrarme en un pasaje en específico. Un pasaje donde podemos ver la Mano de Dios resguardando a uno de sus siervos. Veremos en tres partes lo maravilloso que es Dios y cómo actúa a favor de Su Pueblo. La primera parte la denominaremos: el desafío. La segunda la llamaremos: la reacción ante el desafío. Y finalmente al tercer acto le llamaremos: la respuesta de Dios.

Primera parte: el desafío. En el capítulo diecisiete del segundo libro de Reyes, se narra cómo finalmente después de tanta ofensa contra Dios, el ejecutó su juicio contra el reino del Norte. No quiero extenderme mucho en esa descripción, pero el pasaje cuenta que Salmanasar, rey de Asiria, sitió y conquistó Samaria. Llevándolos cautivos y dejando desolada toda aquella región. Nunca más volvieron a ser los mismos después de aquel terrible suceso, producto del abandono a Dios.

Años después Senaquerib rey de Asiria amenazó a Judá. Tomó algunas de sus ciudades, atemorizando a sus habitantes y a Ezequías quien era el rey en turno. Este humildemente accedió a darle tributo. La plata y el oro que se hallaba en la casa de Dios fue quitado de los muros y en los tesoros del rey para ser tributado ante su adversario. Sin embargo esto no sació la ambición del rey de Asiria y envió a tres personajes importantes, acuerpados por un gran ejército para desafiar al rey y su pueblo. El objetivo de esta visita no era otro más que amedrentar al rey y a los pobladores de Judá.

En vs.19-20 dice: “Digan ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es ésta que tú tienes? Tú dices (pero sólo son palabras vanas): Tengo consejo y poder para la guerra. Mas ahora, ¿en quién confías que te has rebelado contra mí? sin duda que las palabras del Rabsacés eran fuertes, desafiantes e intimidantes. Luego siguió diciéndoles que no estuvieran creyendo que Egipto podría librarlos de ellos porque Faraón y sus tropas no eran un rival digno contra ellos. Cada palabra que salía de su boca iba subiendo de tono. En v. 22 ya tocó un punto delicado pues él dijo: pero si me decís: Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitado y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Adoraréis delante de este altar en Jerusalén?  Como vemos empezó a tocar terreno peligroso porque la ofensa ya no era únicamente contra Ezequías, ni contra el pueblo, ya involucraba el bendito nombre de Dios.

Con sus palabras este hombre empezó a sembrar dudas en el pueblo. Comenzó a meter en sus mentes la idea que el rey de Asiria era aún más poderoso que el Dios de ellos. A pesar que trataron de reconvenirlo en cuanto a sus palabras, a él no le importaba injuriar delante de quien fuera. Pero el Rabsacés dijo: ¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras sólo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y beber su propia orina con vosotros? No me queda duda  que este hombre estaba hablando en serio. De frente les estaba diciendo que si llegaban a derrotarlos la humillación sería tan grande que a un el resultado de sus necesidades fisiológicas se comerían. Siguió diciéndoles: Escuchad la palabra del gran rey, rey de Asiria. Así dice el rey: que no os engañe Ezequías, porque él no os podrá librar de mi mano; ni que Ezequías os haga confiar en el Señor diciendo: Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria. (2Re 18:28-29). Y las palabras continuaban cada vez más fuertes e insistentes en lo mismo, nadie podrá librarlos de mi rey. En vs más adelante aquel hombre incluso comparó al Señor con los otros dioses al decir: ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de Hamat y Arfad? ¿Dónde están los dios de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Cuándo han librado ellos a Samaria de mi mano? ¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi mano, para que el Señor libre a Jerusalén de mi mano? Ante tanta vociferación el pueblo por orden del rey no contestó ninguna palabra. (2Re 18:33-36).

No podemos avanzar sin comprender bien lo que aquel hombre pretendía hacer con los habitantes del reino de Judá. Porque este aspecto nos involucra directamente a nosotros también. Dado que la confianza del pueblo estaba puesta en su Dios, lo que el jefe del ejército pretendía era que ellos perdieran por completo la fe en Él. Estaba poniendo a prueba lo que ellos en realidad creían. Mencionó un listado de dioses que los samaritanos tenían por dioses y que estos no habían podido librarlos. Ahora bien, si los judíos consideraban a Yahwéh al nivel de esos dioses por supuesto que estaban perdidos. Pero si ellos creían que Dios era verdadero y no podía ni siquiera compararse con ellos, entonces las posibilidades de salir del problema eran altas.

Segunda parte: la reacción del rey Ezequías al desafío de Senaquerib. En medio de esta serie de amenazas algo debía hacer el rey. Por supuesto que conocía la fama que tenían los asirios y sabían que aquella amenaza era muy seria. Tras lo visto en  otras naciones y conociéndose así mismo sabía que aquello ya había pasado del terreno material al espiritual en cuanto el nombre de Dios salió a luz. En 19:1 dice que Ezequías cuando oyó esto, rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. Además dice los versos siguientes que mandó un mensaje al profeta Isaías exponiéndole la situación. La respuesta del profeta a los siervos del rey fue: Así dice el Señor: No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiria han blasfemado. He aquí pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada (2Re 19:6b-7).

Esta parte es muy importante para nosotros, puesto que  aquí se ve la reacción natural de un hijo de Dios, clamar a Su Padre. Ante los problemas podemos tomar actitudes negativas. Podríamos pensar en darnos por vencidos sin haber peleado. Podemos simplemente renegar, o sentirnos derrotados, o dudar de Dios, o creer en lo que nos están diciendo. O bien adoptar una postura de humillación delante de Dios. Las palabras del profeta Isaías bien pueden consolar y curar nuestras heridas si estamos en una situación donde la salida no se ve tan fácil. Podemos oír esa voz del cielo que nos dice: NO TEMAS.

Pese a las palabras del profeta, las cosas no cambiaron de tónica. Otros mensajeros fueron a Ezequías con un nuevo mensaje: No te engañe tu dios en quien tu confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí, tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones, destruyéndolas por completo, ¿y tú serás librado? ¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva? Nuevamente los mensajeros estaban tratando de intimidarlos, recordándoles que otros pueblos habían confiado en sus dioses y en sus ejércitos pero en realidad no fueron rivales contra ellos.

Ezequías nuevamente recurrió al único lugar donde sabía que podría encontrar consuelo, la Presencia de Dios. Del v.15 al 19 la Biblia nos cuenta la preciosa oración que hizo delante de Dios. Ezequías dijo:

Oh Señor, Dios de Israel, que estas sobre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Señor, tu oído y escucha; abre, oh Señor, tus ojos y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo. En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, y han echado a sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y de piedra; por eso los han destruido. Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, oh Señor eres Dios.

Sin lugar a dudas, fue una preciosa oración la que salió del corazón de Ezequías. No cabe duda que entre más angustiados estamos, más sinceros podemos ser delante de Dios. La primera parte de la oración de Ezequías nos muestra la exaltación del nombre de Dios que él expresó. Luego le atribuye honra a su poder, y hay dos detalles de gran valor. Primero Ezequías deja claro que si bien es cierto aquellos reyes pudieron derrotar a otros pueblo, fue principalmente porque esos eran dioses falsos. Porque no eran el Dios verdadero. No eran más que simples esculturas de piedra y madera. Y en segundo lugar, Ezequías sintió que la ofensa no era contra él ni los habitantes de Judá sino contra Dios. Ezequías comprendió que aquel hombre estaba tratando de hacer dudar de Dios al pueblo. Por ello le pedía que se manifestara para que todos conocieran que Él era Dios. No pedía para que la victoria se le atribuyera a él, sino para que todos entendieran que no hay Dios como Yahwéh, que si salva y defiende a su pueblo.

Desenlace: la respuesta de Dios. Puedo asegurarte querido lector que estoy a punto de escribir lo que Isaías respondió a Ezequías y no dejo de estremecerme ante lo que Dios mandó a decir. El v.20 dice: Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de Israel: “lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado”. Es indudable que Dios vio la sinceridad de Ezequías, vio que lo que le dolía a él era que menospreciaran el Poder de Dios. Por ello su respuesta no se hizo esperar. Cuando Dios ve que nuestra búsqueda es darle la Gloria a Él, Dios nos responde.

Por razones de espacio no puedo escribir todo lo que Dios mandó a decirle pero amigo lector te invito a que leas los vs 21-34 para que descubras que contra Dios nada podemos hacer. Destaco algunos vs. El 31 dice: porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto. Por tanto, así dice el Señor acera del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella. Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad –declara el Señor. “Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David”.

Esas palabras finales son precisamente lo que inspiró este artículo. Dios defiende a sus hijos. La fidelidad de sus hijos es recompensada por el amor y el cuidado de Dios. Amigo que estás leyendo este artículo, no olvides esta respuesta de Dios: defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo. Dios te defenderá por amor de Su Santo y Bendito Nombre. Dios no se adormece delante de tus enemigos. Dios te guarda, te protege, te resguarda a tal punto que puedes estar seguro plenamente. El apóstol Pablo dijo: vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3:3). No sé exactamente que está amenazando tu vida, tu salud, tu familia, tu entorno, no sé exactamente que está haciéndote dudar de Dios, no sé qué pensamientos o que circunstancias están llevándote a pensar que Dios nada puede hacer por ti, pero a través de este artículo, te digo, Dios defenderá tu causa.

Adoptemos la actitud de Ezequías, una actitud de rendición, de humillación, adoptemos una actitud de impotencia delante de Dios y entonces veremos como Él pelea por nosotros. No permitamos que las dudas hagan nido en nuestra mente, no le demos lugar a las amenazas o las intrigas del enemigo y sigamos creyendo que Dios nos defiende. Vistámonos simbólicamente de cilicio y postrémonos delante del Señor, busquémoslo desesperadamente y en todo tiempo démosle la Gloria, y entonces y solo entonces podremos ver como Él nos levanta del lodo cenagoso.

El pasaje termina diciendo que el Ángel del Señor aquella noche hirió de muerte a ciento ochenta y cinco mil en el campamento enemigo, al amanecer solo cadáveres habían en aquel campamento y el rey de Asiria murió adorando a sus dios a manos de dos hombres que luego de matarlo huyeron de aquel lugar. A él sí que su dios no pudo advertirle de su amenaza  y menos pudo librarlo. Así que, no dejes de confíar que Dios defiende a sus hijos. Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.