NO OLVIDEMOS A LOS MISIONEROS

‘Me alegra mucho que, como hermanos en Cristo, al fin hayan vuelto a pensar en mí. Yo estaba seguro de que no me habían olvidado, solo que no habían tenido oportunidad de ayudarme. ‘ (Filipenses 4:10)

Hacedor de tiendas

El apóstol Pablo todo el tiempo procuró no ser una carga para ninguna de las iglesias que fundó. No quería que nada entorpeciera la relación de ellos con Su Señor. Tampoco quería aprovecharse de ninguna de las iglesias ofrendantes. Al contrario, mientras pudo, buscó agenciarse de fondos fabricando tiendas (cp. Hch 18:1-3). Aun cuando Él creía que el siervo era merecedor de su salario (1Ti 5:18), repito, no quería convertirse en carga para nadie. 

En nuestro texto de hoy, Pablo expresa su alegría porque ellos volvían a ocuparse de sus necesidades. Y sin temor a equivocarme, no lo dijo por algún interés económico, creo que en el párrafo anterior lo dejé claro. Y lo confirman los textos posteriores, donde dijo que había aprendido a vivir en cualquier situación, y que Todo lo podía porque Cristo era su fortaleza. Por tanto, se deleitaba por la actitud generosa de la iglesia hacia Él, porque ellos habían querido apoyarlo, pero no habían podido. 

Querido lector, no sé si has tenido la oportunidad de estar cerca de algún misionero, y has notado la angustia que vive cada que llega el momento de pagar las cuentas o el drama que enfrenta cuando la ayuda de sus ofrendantes se atrasa, o cuando dejan de enviárselas, o como sufren viendo a su familia careciendo por falta de los recursos que no llegan. Pues yo si lo he visto, y francamente es dramático por todo lo que pasan, a la vez es conmovedor todo lo que enfrentan por su amor al ministerio que el Señor les ha encomendado. Es admirable también su fe en Dios y la confianza que ponen en el amor de la iglesia que los envía. 

Mi querido profesor Abel Morales (QEPD) amaba las misiones, sus ojos se llenaban de gozo cuando exponía sus clases. De él aprendí a amar este ministerio. Y comprendí que a LOS MISIONEROS NO PODEMOS OLVIDARLOS. En virtud de ello, a finales del 2017, gracias a su influencia y la convicción que el Señor puso en mi, me llevó iniciar un proyecto de apoyo financiero a misioneros y otro de ayuda social. Pero al testificarlo no quiero ni extenderme hablando sobre esto porque esto no se trata de mí, y no pretendo dirigir la atención hacia mí, pues solo somos administradores de los recursos del Señor. Él es el dueño de todo y nosotros solo somos instrumentos. Dios todo el tiempo nos esta llamando para que sirvamos desde nuestra trinchera para el engrandecimiento de Su Reino en la tierra. Y porque no basta solo con que los misioneros vayan, o que la iglesia ore, sino que también es necesario que a través de los recursos que Dios no da, apoyemos las misiones. Que NO OLVIDEMOS A LOS MISIONEROS y procuremos que las ofrendas lleguen hasta el lugar donde están sirviendo al Señor. Pregunto:  

Dios todo el tiempo nos esta llamando para que sirvamos desde nuestra trinchera para el engrandecimiento de Su Reino en la tierra. Y porque no basta solo con que los misioneros vayan, o que la iglesia ore, sino que también es necesario que a través de los recursos que Dios no da, apoyemos las misiones. Que NO OLVIDEMOS A LOS MISIONEROS y procuremos que las ofrendas lleguen hasta el lugar donde están sirviendo al Señor.

¿Te ha estado hablando el Señor para servirle con los recursos que te ha dado? ¿Has faltado a tu compromiso con el Señor para apoyo misionero? ¿Has pedido al Señor que te permita servirle a través de las ofrendas misioneras? Y tu misionero, pastor ¿estás siendo fiel con las ofrendas que estas recibiendo, las agradeces?

Espero que tu corazón sea buena tierra, para que esta Semilla de Fe germine, crezca sanamente y de fruto al ciento por uno. Si te gustó, dale me gusta, compártela y déjanos tus comentarios. Me despido como siempre diciendo, haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Semillas de Fe.

UNA OPORTUNIDAD FALLIDA

Hace un largo tiempo, estaban dos hombres a punto de morir. En plena agonía, viviendo sus ultimas horas con profundo dolor, el peor de todos. Pues la forma en que estaban muriendo no era una forma más de morir, era una muerte además de dolorosa también era vergonzosa e inhumana. Era un castigo atroz que se le aplicaba solo a los peores criminales de la época. Ambos personajes estaban recibiendo lo que se merecían por haber llevado una vida de pillaje y de desorden, y para nadie era extraño que este par de vándalos estuviera pagando sus fechorías. Casi seguro que los pobladores estaban agradeciendo su muerte, pues se quitaban una carga de encima. Sus pertenencias, aunque pocas iban a estar más seguras de ahora en adelante.

Pero por designios divinos, por esas formas misteriosas en que actúa Dios, ambos tuvieron la oportunidad más grande de sus vidas minutos antes de morir, pues aquel día, en medio de ellos había un tercer condenado. Solo que a diferencia de ellos, este había sido acusado injustamente, este no era un criminal, este al contrario era un hombre inocente, alguien que no le había hecho mal a nadie, todo lo opuesto, había ayudado al necesitado, le había devuelto la vista a los ciegos, había limpiado la lepra, había hecho caminar al cojo, había sanado física y espiritualmente, había enseñado con su magnifico ejemplo como vivir de acuerdo al Reino de los Cielos. Este había traído un mensaje de esperanza celestial, y había mostrado el camino que conducía al Padre, este en realidad no debía estar allí, pero que como Él mismo había dicho: ponía su vida para luego volverla a tomar. Él voluntariamente había decidido a darse en sacrificio por muchos.

Sin embargo, y pese a que ambos estaban experimentando las mismas emociones, pese a que ambos sufrían, tuvieron reacciones distintas ante la oportunidad que Dios ponía delante de ellos.

Por un lado, uno de los dos tomó la decisión de injuriar, insultar a aquel gran hombre. Al igual que Satanás, quiso tentarlo al exigirle que se salvara y los salvara a ellos también. Le exigía además que mostrara que en verdad era el hijo de Dios. Que diera una señal para poder creerle. Necesitaba ver para creer. Necesitaba pruebas.

NECESITABA VER PARA CREER.

La reacción del otro pillo no tardó en llegar. Este le hizo ver su realidad y es algo que sinceramente nos da una profunda lección, porque en pocas palabras nos describe el corazón del Evangelio. Nos muestra que para ser hijo de Dios lo primero que es reconocer la culpa, luego arrepentirse del pecado cometido, clamar por perdón y finalmente rendirse a Cristo.

Observa lo que le dice: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? En otras palabras le esta diciendo: NO ERES CAPAZ DE ARREPENTIRTE A PESAR DE LA SITUACION EN LA QUE ESTAS. NO ERES CAPAZ DE RECONOCER A DIOS MIRANDOTE A PUNTO DE MORIR. NO ERES CAPAZ DE DOBLEGARTE ANTE ÉL PESE A QUE ESTAS EN AGONÍA, PESE AL DOLOR, LA INCERTIDUMBRE Y ANGUSTIA EN LA QUE ESTAS.

Luego con gran valentía, como lo hace quien entiende el momento que esta viviendo confiesa sus pecados al decir: nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho. Oh que gran declaración de este personaje. Que enorme reconocimiento hace de la persona de Cristo. En pocas palabras esta diciendo: NO TE DAS CUENTA DE QUE QUIEN ESTA A NUESTRO LADO ES EL HIJO DE DIOS Y QUE EL TIENE EL PODER DE DARTE VIDA ETERNA. ¿A PESAR DE LO QUE ENFRENTAS NO PUEDES CREEN EN ÉL?

Fue tan profunda su convicción que no dudó en pedirle lo mas grande que un hombre puede pedirle a Cristo: PERMITEME QUE YO DISFRUTE LA VIDA ETERNA A TU LADO. YO QUIERO ESTAR DONDE TU ESTES, NO TE OLVIDES DE MI CUANDO ENTRES A MORAR EN ESA GLORIA ETERNA. Observa la petición humillada, desinteresada, esta no fue la clase de petición de los hijos del trueno que deseaban estar uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús, no, esta era la petición de un moribundo que tiene claro que NO EXISTE MEJOR LUGAR QUE EL CIELO Y MEJOR COMPAÑÍA QUE JESÚS. Y en la infinita Misericordia que al Padre le plació tener aquel día para con aquel hombre, Jesús reaccionó conforme a su naturaleza y le hizo una promesa que jamás podría incumplir: EN VERDAD TE DIGO: HOY ESTARAS CONMIGO EN EL PARAISO.

NO EXISTE MEJOR LUGAR QUE EL CIELO Y MEJOR COMPAÑÍA QUE JESÚS.

¡Bendito sea el nombre del Señor! ¡Aleluya!

Esa historia ocurrió en un día como ayer. Como ya dije hace mucho tiempo. Y al igual que aquel día, hoy estamos experimentando también dolor, pánico, amargura, incertidumbre, quizá no de forma personal pero si por el numero grande de personas que están muriendo por la pandemia que experimentamos, por los que están agonizando en los hospitales, por los que están peleando por sus vidas, por los que están luchando porque sus pulmones se recarguen de un poco de oxigeno para sobrevivir y por los que están padeciendo los tantos otros males que ocurren en el mundo.

Sin embargo, con tristeza tengo que decir que leo a diario comentarios en las redes sociales, y he escuchado a amigos que dicen: que hay personas que pese a ver lo cruel que está siendo la pandemia que atravesamos no son capaces de volver su mirada a Cristo. Que aun medio de la mortandad, la crisis, el dolor, la amargura no capaces de rendirse a Él. Pero como ya vimos, esto no tiene porque parecernos extraño, la historia anterior nos enseñó que ni la agonía de la muerte y lo profundo del sufrimiento son suficientes para doblegar el corazón de algunos hombres, que ni el hecho de estar a las puertas de la muerte hace que algunos reconozcan su necesidad de Cristo. Es como si ni lo peor que uno puede vivir sea suficientemente fuerte para despojarlos de ellos mismos, y ¿sabes por qué? porque esto no depende de los seres humanos, esto dice Juan es voluntad de Dios, estos nacen como hijos de Dios porque Él decide engendrarlos, o como dice el apóstol Pablo, depende de quien Dios tiene Misericordia.

Hoy al igual que ellos también nosotros estamos a la puerta de la oportunidad, estamos en el punto exacto donde podemos volver nuestra mirada y nuestro corazón al Señor o bien podemos volverle la espalda. Hoy estamos ante la oportunidad de nuestras vidas donde podemos tomar la oportunidad que Dios esta poniendo delante de nosotros, es decir, arrepentirnos, pedir perdón, y con humildad pedirle que nos haga un espacio en la Gloria Eterna. O bien simplemente volverle la espalda y morir sin ninguna esperanza. La oportunidad esta allí, no dejes que sea una OPORTUNIDAD FALLIDA. Sobre todo, quiera Dios que así sea.

Me despido como siempre diciendo, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Aprendiendo de la iglesia de Éfeso

Introducción

Muchos han llamado a la carta a los Efesios como “los Alpes del Nuevo Testamento, el Gran Cañón de las Escrituras y la Reina de las Epístolas no solo por su grandioso tema, sino por la majestad de Cristo que aquí se revela”.[1] El apóstol Pablo[2] se dirige a la iglesia de Éfeso, a diferencia de otras epístolas no para corregir alguna herejía naciente sino para instruirla teológicamente. Así mismo les escribe para establecer reglas básicas para la correcta conducta cristiana, su fidelidad y compromiso con Dios.

Efeso

El mensaje de Pablo a través de la carta a la iglesia de Éfeso contiene una vasta riqueza de principios no solo para la iglesia de Éfeso[3], sino también para la iglesia del siglo XXI.

Este escrito pretende conocer esos principios bíblicos y traerlos al contexto actual. Para lograrlo se desarrolla bajo estos dos puntos principales: 1) La correcta instrucción de la iglesia.   2) En segundo lugar la transformación a partir de la instrucción. Para finalmente llegar a las 3) Se concluirá de acuerdo a todo lo anteriormente desarrollado.

Existe un convencimiento personal que, si una iglesia es correctamente instruida, entonces necesariamente debe ser transformada. La instrucción ayuda a conocer el propósito de Dios para la iglesia,  la transformación por ende es el resultado de alcanzar los objetivos en el plan de Dios.

Descubriendo el propósito de Dios para Su iglesia[4]

Generalmente cuando se hace evangelismo personal se le dice a las personas: Dios tiene un plan para tu vida, pero luego de formar parte de alguna institución en particular, pasan años, incluso décadas sin que esa persona sepa realmente cuál era ese plan de Dios para su vida del que tanto le hablaron. Entonces surge una pregunta ¿Será que realmente Dios tiene un plan especifico para la iglesia? Y la respuesta es contundente: por supuesto que sí lo tiene. Lo ha tenido desde antes de la fundación de todo lo creado.

El tema tiene que ver con que gran parte de los dirigentes, sin importar la denominación  que sea, no están sintonizándose con Dios, no están buscando esa dirección porque no están escudriñando las escrituras y por tal razón no han comprendido que es lo que Dios quiere para sus iglesias, no han descubierto hacia donde Dios quiere llevarlos.

Rick Warren en su libro Una Iglesia con Propósito dice: “Dirigir a su congregación a través del descubrimiento de los propósitos del Nuevo Testamento para la iglesia es una aventura excitante. Los líderes sabios comprenden que las personas aceptaran verbal y mentalmente lo que se les dice”.[5]

Dios tiene un plan para bendición

El apóstol Pablo en la carta a los efesios revela los propósitos que Dios tiene para su iglesia. Uno de esos propósitos es: bendecir a la iglesia que ha sido comprada con la sangre de Jesucristo.

Luego de su cálido saludo Pablo en el versículo tres dice:

3Bendito sea el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que nos bendijo con toda bendición espiritual en los lugares celestiales en Cristo, [6]

Por el vocablo griego utilizado por el apóstol Pablo al inicio del verso tres: eúlogethós  puede entenderse que lo que él sugiere es una alabanza a Dios. Más que una doxología es un cántico de adoración al Padre. Una bendición que abarca a las tres personas de la Santa Trinidad. Toda eúlogía, es decir, toda bendición para la iglesia dada por parte de Dios es por medio de su hijo Jesucristo. El origen de todas las bendiciones que la iglesia puede recibir esta en Dios, pero se alcanzan a través de la unión con el Hijo.

La humildad de Pablo se pone de manifiesto en esta declaración, reconociendo a Dios como el autor de las bendiciones y a su vez enseña a la iglesia cual debería ser su actitud ante la primera persona de la Trinidad. La adoración como resultado de la gratitud por las múltiples bendiciones recibidas. La bendición ha estado manifiesta como parte del plan divino en todo tiempo. Desde antes de la fundación del mundo Dios había elegido a Su iglesia. En tiempo presente la redime y en el futuro esta guardada una herencia que ha sido prometida.

La adoración a Dios se da como resultado de la gratitud por las múltiples bendiciones recibidas.

Dios se ha propuesto bendecir a sus hijos y la respuesta debería ser la adoración a Él. John Piper en uno de sus artículos dice respecto de la adoración dice:

La adoración es un sentimiento interno y una acción externa que refleja la excelencia de Dios; y el sentimiento interno es la esencia, porque Jesús dijo, “Este pueblo de labios me honra, pero su corazón está lejos de mí, en vano me adoran”. La adoración es vana, vacía, nada, cuando el corazón está insensible; y creo que es posible describir la experiencia del corazón en la adoración. En general, hay tres maneras como el corazón puede responder en adoración a Dios, y usualmente se pueden sobreponer y coexistir.[7]

Las bendiciones de Dios, sigue diciendo el apóstol Pablo son espirituales en los lugares celestiales. Esta clase de bendiciones han de entenderse como lo que se recibe de parte de Dios por medio del Espíritu Santo. No deben verse como bendiciones materiales ni bendiciones venideras, más bien como parte de la vida espiritual que el creyente vive en unión con Cristo.

Así mismo los lugares celestiales no deben entenderse como un lugar físico, “indica que estas bendiciones espirituales son celestiales en cuanto a su origen, y que desde el cielo descienden a los santos y creyentes en la tierra”[8] ya que anteriormente se ha dicho que es Dios la fuente de tales bendiciones. La justicia de Dios, la posición en Cristo, el poder que otorga a Su iglesia es producto de tal bendición.

La justicia de Dios, la posición en Cristo, el poder que otorga a Su iglesia es producto de las bendiciones espirituales.

[1] Biblia de Estudio Plenitud, Reina y Valera revisión del 60, (Editorial Caribe: Nashville, Tennessee, EUA, 1194).

[2] En este escrito no se pretende analizar ni la autoría de la Epístola como tampoco la fecha y el lugar de envío de la misma. Se aceptará a Pablo como el autor de la carta y a la iglesia establecida en Éfeso como sus destinatarios.

[3] En el segundo viaje misionero de Pablo delega a Priscila y Aquila para que permanezcan en Éfeso, presumiendo que fueron ellos los fundadores de aquella iglesia (Hechos 18:26). Luego Pablo durante su tercer viaje misionero después de recorrer varias ciudades de Asia Menor estableció a la iglesia de Éfeso. Siendo Éfeso una de las ciudades donde Pablo permaneció por más tiempo. Éfeso fue una ciudad muy reconocida por ser un importante centro político, educativo y comercial. Además estaba plagada de construcciones impresionantes tales como el templo a Artemisa, el cual es considerado una de las siete maravillas del mundo antiguo. Artemisa para los griegos era la diosa de la fertilidad, lo mismo que para los romanos quienes la llamaban Diana. Era a esta diosa a quienes los efesios rendían cultos paganos, con sacerdotisas quienes se prostituían dando paso a grandes orgías.

[4] La definición que iglesia que será utilizada en este escrito es la que Wayne Grudem describe como: comunidad de todos los verdaderos creyentes de todos los tiempos. Es la comunidad de todos los que son verdaderamente salvados. Según Wilton M. Nelson ekklesi,a es un sustantivo que en la antigüedad se refería a la reunión pública generalmente de orden político de los que respondían al mensaje del heraldo. En LXX es empleada para traducir la palabra hebrea qajal, que significa congregación. Ya en el NT da la idea de ambos significados, y combinado se dice entonces que es el pueblo o congregación de los llamados de Dios.

[5] Rick Warren, Una iglesia con propósito, (Editorial Vida: Miami, Florida, 1998), 102.

[6] Todos los textos bíblicos han sido tomados de la versión Reina-Valera del año 60, a menos que se indique lo contrario.

[7] John Piper, Deseando a Dios, (Recursos teocéntricos del ministerio de John Piper), 12.

[8] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Efesios, (Libros Desafío: Gran Rapids, Michigan, 1984),60.

La Salvación es un Regalo de Dios (conclusión).

Continuando con la serie: La Salvación es un Regalo de Dios, hablaremos sobre el agente divino de la salvación es decir Dios. Abordaremos el tema de la Gracia y La Fe. Además explicaremos que la salvación no se obtiene por ningún mérito propio o por obras como menciona Pablo, para finalmente concluir con el tema abordado. Para un mejor comprensión ver los artículos anteriores.

gracia

La salvación por Gracia divina

Esta porción ofrece sin lugar a dudas nuevamente una revelación maravillosa respecto al carácter de Dios. Pablo, muestra a través de estos dos versos, una clara explicación de lo que Dios es capaz de hacer solo por el puro afecto de su voluntad. Por ellos se ha analizar cada verso con sumo cuidado para lograr un mejor entendimiento de lo que Pablo esta revelando de Dios.

Dios es el agente de la Salvación

En el verso 8 Pablo dice: 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Ya en el verso 5 Pablo había introducido esta expresión. Por gracia sois salvos. Ahora, Pablo ha de conectar lo dicho en vs. 6 y 7, a través de una palabra que explica o da la razón del cómo el hombre ha pasado de muerte a vida. Y de dónde provino tal bendición, así como también, explicará quién es el autor de gran majestuosa obra. Hay cuatro palabras teológicas que son clave en este pasaje: gracia, salvación, fe y don. Y son clave y teológicas porque son los elementos que explican la obra salvífica de Dios. Revelan como es Dios respecto a lo que ha planeado aun desde la fundación del mundo para los seres humanos.

La Gracia de Dios

“La Gracia es la causa y la razón de la salvación, Pablo destaca aquí que todo lo alcanzado en la experiencia de la salvación y la salvación misma es solamente por la Gracia de Dios”.[1] Existen otros pasajes paralelos a este que hablan acerca de la salvación por la Gracia. Uno de ellos es Hechos 15:11, Lucas dice: antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Tito 2:11 dice: porque por la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, en 3:7 siempre en Tito, Pablo dice: para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Cada pasaje a excepción de las palabras de Pedro en Hechos 15, registra la teología paulina con respecto a la Gracia como los agentes de la Salvación. La razón por la que se hace énfasis en este punto es porque se pretende señalar que la Salvación es una obra absoluta de Dios. El Salmo 3:8 dice: la salvación es de Jehová, la salvación esta vinculada con la Gracia. De principio a fin. En Génesis 3:15, Dios ya advertía sobre la simiente de la mujer que habría de vencer sobre la muerte.

“En todo el proceso desde la dotación del Salvador, en el cumplimiento del tiempo (Jn. 3:16; Ga. 4.4; 1Pe. 1:18-20), pasando por la ejecución del sacrificio expiatorio por el pecado en la Cruz, luego el llamamiento a salvación, la regeneración espiritual y la glorificación final de los redimidos, está comprendido en un todo procedente de la Gracia (Ro. 8:28-30)”. [2]

En la segunda carta a Timoteo, Pablo dice: quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. John MacArthur comenta: “Dios diseñó soberanamente la salvación; la inicia, sostiene y completa soberanamente. Él nos ha perdonado, justificado y librado del pecado y de Satanás, de la muerte y del infierno. En todo sentido y en todo tiempo –pasado, presente y futuro – Dios es nuestro Salvador”.[3]

Por medio de la fe

El Evangelio de Juan revela el propósito por el cual fue escrito: pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y  para que creyendo, tengáis vida en su nombre. Es por ello que otra de las palabras teológicas clave es la Fe. La Fe es el instrumento para alcanzar la salvación. Instrumento es como el medio, no la causa. Es pues la Fe en cristo lo que asegura la Salvación. Creer que Cristo es el hijo de Dios, el Mesías esperado. Pero no es creer de forma somera, sino de todo corazón. Ro. 10:10 dice: porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. En Juan 3:15 dice: para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.  Fe es creer. Todo aquel que escucha el mensaje esta siendo llamado a creer. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Ro.10:17). Es imposible para el hombre que no cree alcanzar la Salvación. Porque todo hombre que no cree ya ha sido condenado, (Jn. 5:24). Así una vez mas puede observarse que el proceso salvífico proviene de Dios, porque sí la fe llega por oír la Palabra de Dios, entonces es Dios el que convence a todo individuo de pecado por medio de Su Santo Espíritu. “La fe tiene una naturaleza adhesiva, vincula al creyente con aquel que es objeto de su fe. La salvación no es el resultado de creer ciertas ideas o de tomar una decisión de carácter emocional, sino de ser unido a Cristo”.[4]

 Es don de Dios

No de vosotros dice Pablo, ni la fe, ni la salvación proviene del corazón humano sino que proviene del amor de Dios. Es un Don divino. El Don debe entenderse como una dadiva, un regalo que Dios da, un donativo, o una entrega que parte del corazón de Dios. Pablo en Ro. 6:23 hace el contraste entre lo que se obtiene como pago por el pecado y lo que se recibe como regalo de parte de Dios, dice: porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro. “Por definición una dadiva es algo gratuito, pero a fin de evitar que alguien subestimara la magnitud de la gracia de Dios, Pablo habla de la dádiva de Dios”[5], para concluir esta sección entonces: la salvación es que la salvación es un regalo de Dios, por medio de la Gracia, es decir por medio de algo por lo cual no trabajas ni haces nada para merecer sino que es Dios quien lo desea hacer. El Don de Dios es solo un motivo por el cual cada día el creyente debe estar agradecido, sujeto a Su Voluntad y perseverando por cada día ser más como Cristo. Esto abre el análisis del verso 9.

La salvación no es por obras

            Obras humanas

Esta sección se vuelve menos complicada habiendo explicado el verso 8. Pablo dice que la Salvación es dada por Dios, pero 9no por obras, para que nadie se gloríe. Pareciera hasta de más este verso porque pareciera que el verso anterior fue demasiado claro, sin embargo, el v.9 solo viene a enfatizar el argumento de Pablo para dejar muy en claro que el hombre no tiene ni la posibilidad de presumir que pudo hacer algo en el proceso de la Salvación. Cuando Pablo expresa que la salvación no es por obras, esta diciendo que ni las obras que se hacen para cumplir la Ley, para el caso de los creyentes que provenían de ese contexto, ni las obras que podían hacer los gentiles en sus rituales anteriores, podrían salvarlos. Generalmente una persona cuando hace mas esfuerzo en una tarea busca ser reconocida. Ese reconocimiento lo lleva a sentirse orgulloso de lo que ha hecho. Como un atleta que busca ser el mejor para ser reconocido de todos. En el tema de la Salvación Pablo esta diciendo que el hombre no tiene nada de que gloriarse porque nada ha hecho para salvarse, y todo lo que pudo hacer, le hubiera servido.

Nadie puede hacer lo bueno

Las obras de una persona no regenerada son por naturaleza mala, incapaces de salvarlo, por eso Pablo cita en Ro. 3, el Salmo 14 que dice: no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. No hay una sola persona que en su condición de maldad sea capaz de pensar en hacer algo lo suficientemente sustancial para conseguir que Dios lo perdone. Las obras, o esfuerzos humanos nunca iban a poder posicionarlo delante de Dios, o llevarlo a ser coheredero con Cristo. Muy probablemente sí el hombre tuviera el deseo de hacer algo para alcanzar su salvación, la misma soberbia que en él existe lo llevaría a la jactancia. En 1Cor 1:27-31, Pablo dice que Dios escogió tanto a débiles como a viles y menospreciados para avergonzar a los sabios, a los fuertes, con la finalidad que nadie se gloríe, y si es que acaso quiera o desee un creyente jactarse de algo, que lo haga pero en el Señor. Otros pasajes similares en el contexto remoto de la Biblia, son el del Evangelio de Lucas, Jesús les dijo a sus discípulos: pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos, (Lucas 10:20).

Y también en Deut. 7 Dios le dice a la nación de Israel que los escogió: no por ser vosotros mas que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el mas insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de faraón rey de Egipto, (Deut. 7:7:8), en el capitulo 9, hace énfasis a esto: no piense en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, (Deut. 9:4-5a). Nunca se trata de lo que el hombre pueda hacer, siempre es por lo que Dios quiere hacer. No es como se ha visto, por su justicia, o por ser mejores o mas capaces es que Dios toma a una persona sino porque Él así lo desea. Tiene misericordia de quien desea tenerla.

Conclusiones finales

La Salvación no puede ganarse por medio de sacrificios, o rituales, por bondad, buenos deseos, ni por medio de rituales religiosos, o por medio de penitencias, la Salvación es en lo absoluto un proceso que Dios lleva a cabo de principio a fin. Dios da a cada uno según Él desea. Si alguno quiere ir en pos de Cristo, debe negarse así mismo, renunciar a su ego, su soberbia. Creer en Cristo, poner su absoluta confianza en Él, y permanecer unido a Él. Pues la fe en Él, lo hace participe de sus bendiciones.

Dios salva, sin necesidad alguna de que el hombre se esfuerce, Él da, provee para cambiar de un estado de muerte espiritual a uno de vida, y vida en abundancia. Pasar de un estado a otro puede alcanzarse por medio de Cristo. Él es el camino al Padre, el único camino. La Salvación es definitiva desde que una persona pone su fe en Cristo, desde ahí ha pasado de muerte a vida. De ahí, solo queda dejar atrás el pecado, vivir en santidad y esperar la glorificación futura. La salvación fue consumada por Cristo en el pasado, pero sus efectos siguen estando vigentes en el presente y así mismo en el futuro. Aunque una persona puede jactarse de sus méritos propios, Pablo deja en claro que el hombre no debe jactarse de nada, y si lo hace debería hacerlo del tipo de comunión que tiene con Dios.

[1] Samuel Pérez Millos, Comentario exegético al griego del Nuevo Testametno: Efesios, (Editorial Clíe: Barcelona, España), 149.

[2] Ibíd. 149.

[3] John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: 2Timoteo, (Editorial Portavoz: Grand Rapids, Michigan, 2012), 30.

[4]Klyne Snodgrass, Comentario de Efesios, Trad. Pedro L. Gómez, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2009), 130.

[5] John MacArthur, Romanos, 397.

La Salvación es un Regalo de Dios (2da Parte)

En este articulo retomamos la serie que iniciamos hace ya tres años y consideramos pertinente retomarla. De antemano mil disculpas y desde ya les comento que estaremos publicándola completa en los próximos días. La Serie de Artículos se titula: La Salvación es un Regalo de Dios, fundamentada en lo escrito por Pablo en la carta a los Efesios, específicamente en el capitulo 2. Para una mejor comprensión de esta segunda parte, les pediría a nuestros lectores ver La salvación es un regalo de Dios (1era Parte).

En este articulo, se abordarán asuntos como: el nuevo estado de vida espiritual que una persona adquiere cuando ha puesto su fe en Jesucristo y es Salvo. Conoceremos dos atributos morales de Dios, La Misericordia y Su Amor. Y finalmente conoceremos que posición ocupa el creyente en su nuevo estado de Gracia.  E

El nuevo estado de vida espiritual

El contraste entre las dos naturalezas se encuentra en el  2:4-5, Pablo escribe: pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), primero hay que destacar del v.4, dos atributos de Dios que el apóstol Pablo señala. Y en segundo lugar, la circunstancia en las cuales muestra Dios estos atributos.

Dios es rico en misericordia y gran amor

La naturaleza o esencia de Dios esta constituida por lo que Él es, no por lo que Él hace, es lo que distingue a Dios, de lo que esta compuesto, es parte de su Ser, de todo aquello que Él posee en sí mismo. Millard Erickson define los atributos de Dios así: “Cuando hablamos de los atributos de Dios, nos referimos a las cualidades de Dios que constituyen lo que es, las características mismas de su naturaleza… Los atributos son cualidades de la Divinidad en su conjunto”.[1] Entre los atributos, de Dios, están los atributos morales[2]. Uno de ellos es es Su Misericordia y otro Su gran amor. Esta misericordia va dirigida a aquellos que están en condiciones de aflicción, angustia, dificultad, o como los dice en el pasaje, aun en la peor de las circunstancias como la muerte espiritual, Dios muestra su misericordia.

 En cuanto al amor como otro atributo moral de Dios, puede decirse que: “Dios se da enteramente a nosotros, el amor como entrega de sí mismo para beneficio de otros. Este atributo de dios muestra que es parte de su naturaleza dar de sí mismo a fin de dar bendición o bien a otros”.[3] Dios se entregó plenamente cuando entregó a Jesucristo. Juan 3:16, la cita por excelencia lo dice: de tal manera amó Dios al mundo, que entregó a su hijo, con el superlativo, de tal manera, puede entenderse que ese amor es incalculable. Es un amor que refleja desinterés hacia algo en particular e interés por un mundo caído. ”En el judaísmo rara vez (o nunca) se hablaba de que Dios amara al mundo aparte de Israel. Dios desea alcanzar este mundo por medio, su hijo. Afirmar que el amor de Dios se extiende mas allá de los limites raciales o nacionales es una idea singularmente cristiana”.[4] Y pudiera agregarse, singularmente maravillosa.

En el contexto paralelo, el apóstol Pablo, dijo en Romanos 5:8:  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun  pecadores, Cristo murió por nosotros. A lo cual John MacArthur comenta: “Esa clase de amor inmerecido y abnegado está por completo fuera de la comprensión humana, pero ese es el amor que el Dios justo e infinitamente santo tuvo para con nosotros siendo aun pecadores”[5] Dios por medio de Cristo ha dado vida a los pecadores. La primera mención de la salvación por Gracia, aparece al final del v.5 y será comentada en párrafos posteriores.

Dios lleva al pecador a una nueva posición

Los vs. 6-7 son la muestra de un estado distinto del creyente en una época presente y posterior a la muerte espiritual. Pablo dice: 6Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con Él en regiones celestes, Ahora es necesario preguntar ¿a qué se refiere Pablo con la resurrección con Cristo? la respuesta estriba en el hecho de considerar el estado espiritual en el cual se encuentra una persona antes de Jesús y que la resurrección es el nuevo nacimiento espiritual con Cristo. El hombre como se ha dicho estaba muerto, pero la unión con Cristo, el acercamiento por medio de la cruz de Cristo, le da vida. Lo resucita a una nueva clase de vida. Justo en el momento que recibe la salvación su estado espiritual cambia. Muere al pecado y resucita a la justicia de Dios. Por ello, es imposible que el hombre que ha sido salvo pueda continuar viviendo como antes cuando estaba muerto en sus delitos.

Al mismo tiempo, ya en el presente el creyente disfruta de las bendiciones espirituales que están en los lugares celestiales. Es decir en la esfera en donde Dios se encuentra, donde todas la bendiciones están reservadas para el que es salvo. Pablo dice: Si, pues, habéis resucitado con Cristo buscad las cosas de arriba, donde esta Cristo sentado a la diestra de Dios (Col. 3:1). Pongan la mirada en aquellas promesas maravillosas que aguardan por ustedes. Y si bien es cierto que hay promesas que han sido dadas ya, otras serán dadas en tiempos postreros. William Hendriksen comenta: “No recibimos toda esta gloria de una sola vez. Sin embargo, el derecho a recibirla en forma plena está asegurado y la nueva vida ya se ha iniciado”.[6] Según el v.7, Dios lo hace: 7para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramo sobre nosotros en Cristo Jesús. El propósito de Dios dar a conocer Su Gracia, para que por medio de Su Iglesia se revele su incomparable riqueza. Es la iglesia el exponente principal de toda esa bondad divina. El Evangelio revela a Jesucristo, quien a su vez muestra al Padre, el creyente revela la acción de Cristo por el amor del Padre. La eternidad será fiel testigo de la gran bondad de Dios que fue derramada sobre los creyentes.

Entonces, habiendo visto que existen dos estados espirituales para cada ser humano, antes y después de Cristo, es decir que sin Cristo los seres humanos están muertos, completamente lejos de Dios, siendo gobernados por el reino de las tinieblas, dominados y esclavizados al pecado, siguiendo sus propias pasiones, pero, ya en Cristo, hay un nuevo estado de vida espiritual. Dios se lo concede a través de su Misericordia y Su gran Amor, dos de sus atributos morales que goce en el presente de grandes bendiciones y que muchas otras aguardan para el día de la resurrección final. Además se vio que la posición del creyente cambia. Pasa del reino de las tinieblas al Reino de Dios. Y, por lo tanto la forma de vida, su actitud, su conducta debe estar basada a su nuevo estado de vida. Ahora puede explicarse y entenderse lo que significa la salvación por Gracia divina. Y, cómo es Dios quien se encarga de realizarla, como Dios muestra cuán grandes y ricas bondades tiene para cada creyente.

[1] Ibíd. 289.

[2] Wayne Grüdem, Teología sistematica, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2007), 206.

[3] Ibíd. 205.

[4] Gary M. Burge, Juan: comentarios bíblicos con aplicación, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2011), 111.

[5] John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Romanos, Trad. John Alfredo Bernal, (Editorial Portavoz: Grand Rapids, Michigan, 2010), 326-7.

[6] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Efesios, (Gran Rapids Michigan: Libros Desafío, 1984), 93.

 

UNA COSA TE HACE FALTA…

Quienes hemos viajado, ya sea localmente en nuestros países o fuera de ellos, sabemos la importancia que tiene no olvidarse de los documentos personales, el pasaporte, el documento de identificación, el boleto de avión, incluso los accesorios básicos personales. Ya que presentarnos en el aeropuerto sin nuestro pasaporte puede ser una terrible experiencia si quien está recibiendo la papelería nos dice: una cosa te hace falta. Nos resultaría imposible poder viajar así.

De igual manera hacer trámites en una oficina pública puede resultar de las peores experiencias de nuestra vida. Hacer colas exageradas, recibir mal atención, y luego de un buen tiempo de hacer una larga fila, llegar a la ventanilla y quien recibe nuestros papeles nos diga: “una cosa te hace falta”, es como para volverse loco.

Sin embargo, esto no puede compararse en lo más mínimo, a la experiencia que vivió un joven adinerado, a quien le inquietaba conocer: ¿cómo se podía heredar la vida eterna? Dice en Marcos 10:17-22, que: estando Jesús en la tierra, éste joven se le acercó a Jesús, le hizo esa pregunta, y ante la primera respuesta de Jesús, él le afirmó que era un fiel observador de La Ley, considerando que con eso ya tenía visada su entrada al cielo.

No obstante, Jesús, siendo Dios, conocía todo lo que existía en el corazón de aquel joven rico. Dice en v.21a que: “Jesús mirándole, le amó, y le dijo: una cosa te hace falta… En otras palabras, si bien es cierto que aquel joven había cumplido con buena parte de las demandas de La Ley, no tenía la papelería completa para gozar de la vida eterna. No le bastaba pues, haber sido un fiel observador de La Ley. Y de hecho, a ningún judío le alcanzaba sólo con observarla.

Porque La Ley fue diseñada para hacernos comprender el pecado, no para salvarnos.

La Ley es una guía que nos conduce a Cristo, a fin de ser justificados por la fe (Ga 3:24). Quebrantar La Ley nos vuelve culpables delante de Dios. Y como nadie, excepto Jesús pudo cumplirla cabalmente, entonces todos según dijo Pablo estamos excluidos de la Gloria de Dios (Ro 3:23) y al ser culpables necesitamos a un mediador Justo, es decir, Cristo.

Dice el pasaje que Jesús le dijo en 21b: anda, vende todo lo que tienes, y dalo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo; y ven, y sígueme”.

De primera mano las palabras de Jesús suenan muy fuertes, tajantes, muy estrictas incluso, sin concesiones. No le dijo vende parte, quédate con otra. No le dijo da una buena ofrenda y listo. No le dijo, constrúyele casas a los, pobres y sígueme. No, Él le dijo: vende todo, dalo, y sígueme, entonces si tendrás tesoros en el cielo.

El joven debía decidir entre la paradoja que conlleva seguir a Cristo: perder todo para ganarlo todo.  

La respuesta del joven dice la Biblia que fue la misma que muchos siguen dando hoy día, darle la espalda a Jesús. Se fue triste, porque era demasiado rico como para desprenderse de toda aquella fortuna. Consideró que sus tesoros terrenales tenían más valor que los tesoros celestiales.

Su respuesta evidenció que en verdad no había observado completamente La Ley como afirmaba, porque si había quebrantado un mandamiento, el décimo, que dice en esencia: NO CODICIARÁS.

La codicia por definición es: “el deseo vehemente de poseer muchas cosas, especialmente riquezas o bienes”. Y Jesús lo supo desde el principio que aquel joven solo en parte había observado La Ley,  por eso dice que  Jesús lo amó antes de responderle.

Cuando ya lo leo varias veces, me doy cuenta que Jesús no hizo concesiones con aquel joven, no porque fuera malo, sino porque

Jesús sabe que si una persona no está dispuesta a cederle el centro mismo de su corazón a Él, entonces no puede ser merecedor de la Vida Eterna.

Jesús debe ser el Señor de nuestras vidas, reinar completamente en nuestro ser.

Jesús debe ser el epicentro de nuestras emociones, nuestras decisiones, nuestras prioridades, de todo. 

Ni las personas más cercanas a nosotros como nuestras familias, ni posesiones materiales, ni posiciones sociales, ni títulos, pueden ocupar el lugar que le corresponde a Jesús en nuestra vida. Si una persona no está dispuesta a cedérselo entonces no aplica para heredar la Vida Eterna. Debe creer que sólo Jesús es necesario para llegar al cielo.

Mientras no muera el yo, y mientras no podamos ver que vale más Cristo que todo lo demás en este mundo, no podremos sellar la visa que nos conduce a la patria celestial.

La codicia fue el impedimento para aquel joven, y para ti querido lector, ¿Cuál es el impedimento para heredar la vida eterna? ¿Qué te hace falta a ti? ¿A qué tienes que renunciar hoy? ¿Qué está siendo el sobre equipaje en tu vida? ¿Qué o quién está ocupando el centro de tu corazón en este tiempo? ¿Qué respuesta darás hoy al Señor Jesús?

Repito, la respuesta de aquel joven es tal cual la misma respuesta que muchas personas siguen dando hoy día al llamado de Jesús.

Les resulta más valiosa, más apetecible, más placentera la vida que llevan en la tierra y por ello desprecian la posibilidad de vivir la vida Eterna con Cristo.

Por esa razón a través de este escrito te exhorto a que no esperes estar parado un día frente al Señor y te diga… UNA COSA TE HACE FALTA… mejor hoy despréndete de todo, y sigue a Cristo, entonces heredarás tesoros en el cielo.

Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

 

 

 

DE ESTE LADO DE LA ETERNIDAD

Introducción

El concepto teológico: “el ya pero todavía no” clarifica en gran manera la realidad a la que estamos expuestos como pueblo de Dios. Nos expone cual es nuestro estatus como seguidores de Cristo de este lado de la eternidad. Nos pone de manifiesto cuales son las bendiciones que hoy hemos alcanzado y cuales aun todavía no podemos disfrutar. Sin embargo no todos los círculos evangélicos parecen comprenderlo y algunos ni siquiera lo conocen. De esa cuenta es que se escuchan demasiados sermones carentes de verdad bíblica y con el enfoque incorrecto. Dando a los oidores falsas presunciones producto de malas interpretaciones.

?????????????????????????????????????????????????????????

El Reino de Dios inaugurado

La entrada de Cristo en la escena terrenal además de cumplimiento profético trajo también esperanza salvífica. Jesús abrió el telón a una nueva era cuando anunciaba: “El reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). De ahí en adelante la gran mayoría de sus discursos estuvieron basados en este tema. Sus parábolas, el cumplimiento profético como ya se ha dicho anteriormente se vieron envueltos bajo esta premisa: Dios esta cerca de su pueblo y de aquellos que estén dispuestos a depositar su fe en el Hijo de Dios.

La presencia de Jesús en la tierra abrió una puerta y mostró el camino que conduce a la comunión entre Dios y los seres humanos. Ahora ya no limitada solo para el pueblo judío, sino para todo aquel que en el Cree. Ahora, esto es precisamente lo que los teólogos llaman “el ya”. Es decir “ya” podemos gozar de las múltiples bendiciones que conlleva pertenecer al reino celestial. Podemos disfrutar de reconciliación con Dios, podemos tener una conversación abierta y sincera con Él. Podemos confiar en su cuidado, y gozar de su presencia en nuestros corazones porque ahora Él habita en nuestros corazones por medio del Santo Espíritu. Sabemos que en todas nuestras debilidades Él intercede por nosotros. Esas son de las grandes bendiciones que da pertenecer a ese Reino. O en palabras del Apóstol Pablo: ser ciudadano del Reino.

Lo ilustro así: como guatemalteco si deseo viajar a cualquier país mis beneficios son limitados. Si viajo a México por ejemplo, no puedo disfrutar de los mismos privilegios que un ciudadano mexicano. De la misma forma con un estadounidense. Aun si estoy en suelo americano, si camino por sus calles, aun si alquilara o comprara una casa por naturaleza no puedo tener las mismas garantías a menos claro esta, que me convierta en un ciudadano americano. De esa misma manera, cuando no conocía Cristo no pertenecía a su familia, aun siendo criatura de Dios no era ciudadano del Reino. Fue mas bien, hasta que decidí recibir el regalo de la salvación, arrepintiéndome de mis pecados y haciendo de Jesús mi Señor. Hasta ese momento entonces “ya” puedo contar con algunos de los beneficios o bendiciones anteriormente descritos. Pero ese “ya” me remite a este lado de la eternidad. En otras palabras disfruto desde el día que paso a formar parte de los hijos del Reino pero no de todo lo que Dios da.

Viviendo en un mundo caído

Como expuse anteriormente, el Reino de Dios se ha inaugurado, hemos entrado a una nueva dimensión de vida. Sin embargo “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de lo que Dios ha preparado para sus hijos. Lo explico así: la llegada de Jesús trajo muchos cumplimientos, trajo muchas bendiciones –aclaro que esto es para sus seguidores– pero hay circunstancias que todavía tenemos que afrontar mientras estemos de este lado de la eternidad. Quiere decir que “ya he sido perdonado” pero “todavía” tengo que seguir siendo perfeccionado. Porque “todavía” hay áreas de mi vida que no han sido plenamente resueltas. “Todavía” mentimos, “todavía” pecamos, “todavía” nos enfermamos, “todavía” sufrimos, “todavía” lloramos, “todavía” nos preocupamos, “todavía” lamentamos la perdida de un ser querido. “Ya” somos del reino pero “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de todas las bendiciones. Pertenecemos al Reino pero “todavía” estamos sufriendo de las consecuencias del mudo caído en el cual vivimos.

Es tal como si un escultor tenga programado abrir una exposición de sus obras. Tiene una fecha establecida. Mientras eso llega esta trabajando en sus esculturas. No puede abrir antes porque aun no esta listo. Sus obras están inconclusas. “ya” tiene fecha pero “todavía” no ha llegado el cumplimiento. En otras palabras, cada cristiano de este lado de la eternidad es una obra en proceso porque Dios ”todavía” esta perfeccionando. Todavía esta afinando la buena obra que empezó en nosotros y la culminará hasta el día de Jesucristo” (Fil 1:6). Disfruta “ya” de la comunión con Dios pero “todavía” no disfruta de la plenitud de esa bendición que será alcanzada hasta que esté en su presencia.

Las falsas predicaciones

En los prolegómenos dije que comprender este concepto del “ya” pero “todavía no” clarifica cual es el estatus en el que nos encontramos como seguidores comprometidos de Cristo. Porque al tenerlo claro, nos protegemos de falsas predicaciones. Nos protegemos de esa mentira que cada día escuchamos con mas frecuencia y rápidamente se esta propagando, esa que dice que: “Dios nos quiere sanos, Dios nos quiere felices, Dios nos quiere victoriosos, Dios nos quiere millonarios, Dios nos quiere libres del dolor, Dios no quiere que enfrentemos el luto, etc.”. Pero siempre cuando escucho afirmaciones así me pregunto: Si Dios quisiera en verdad todo eso, ¿Qué sentido tendría ir al cielo? ¿Qué sentido tendría que Cristo se haya ido a preparar moradas para nosotros? ¿Qué sentido tiene la Biblia diga: El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21:4-5)?

En el cielo todas las cosas serán hechas nuevas, y lo que hoy experimentamos en este lado de la eternidad no tienen comparación alguna con lo que experimentaremos en el cielo. Por ello es verdad que a Dios no le place ver el dolor del ser humano y por eso planeó antes de la creación del mundo que su Hijo viniera a este mundo, inaugurara su Reino y trajera salvación y vida eterna para sus hijos. Pero vamos en un proceso salvífico y perfeccionador, vamos avanzando hacia la meta donde nos espera un galardón preparado por Dios. Mientras eso llega nos toca enfrentar las diversas circunstancias de la vida, pero no solos porque tenemos la certeza “que Dios está con nosotros”.

Por tanto no nos dejemos llevar por esas falsedades que exponen los comerciantes de la fe, pues por dichas afirmaciones hay personas que prefieren abandonar la iglesia al ver que las falsas promesas hechas no alcanzan cumplimiento. Creámosle a Dios y a Su Palabra pero sobre todo comprendamos que es Soberano sobre todas las cosas y si Él quiere podemos sanar, podemos alcanzar múltiples bendiciones, porque ya pertenecemos al Reino de Su Amado Hijo. Y si debemos enfrentarlas hagámoslo con gozo para la Gloria de Su Nombre.

Me despido como siempre diciéndote: HAZ TU LO POSIBLE Y DEJA QUE DIOS HAGA LO IMPOSIBLE.

 

NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER Caso 1: El Rey Herodes (Conclusión)

En la primera parte de este articulo explicamos como se habrían de desarrollar cada uno de los casos de personajes que no vieron la Gloria de Dios ante sus ojos. Dijimos que utilizaríamos un bosquejo en cada caso para mantener un orden en cada uno de ellos. Señalamos el pasaje de estudio, identificamos a los personajes principales y secundarios, contextualizamos el escrito y vino cuál fue la situación que originó discordia en el rey Herodes. Ahora veamos, cuál fue la respuesta de los sacerdotes y del rey, así como también veremos la revelación de Dios en este texto y finalmente concluiremos nuestro primer caso.

Ceguera espiritual: respuesta negativa

Ni Herodes ni los sacerdotes fueron capaces de reflexionar ni por un momento en todos aquellos eventos incomparables. Respondieron negativamente ante lo acontecido. Por ello, si habría que hacer algún tipo de reproche ante su reacción negativa, en primer lugar deberíamos reprocharles a los sacerdotes. Porque aun cuando todo el tiempo tuvieron en sus manos los escritos que hablaban del Mesías, no fueron capaces de interpretar nada de lo escrito. No fueron capaces de reflexionar por un momento ante lo que los magos estaban diciéndoles. Quizás no dieron crédito a aquellos sabios de oriente. Quizás menospreciaron a estos hombres y pensaron que ¿cómo Dios habría de revelarles tal cosas a estos hombres paganos, y no a ellos quienes eran los teólogos judíos de su tiempo? Oyeron lo que aquellos hombres dijeron y no reflexionaron o cuestionaron sus palabras. No pensaron en la posibilidad que aquello fuera cierto. No tuvieron la capacidad de ver lo que Dios estaba revelando. Por eso repito, no hay peor ciego que quien no quiere ver.

Kelsey Grammer as Herod the Great, the Roman appointed leader of Judea during Jesus’ birth. He enacts an execution order in Bethlehem for all male children under the age of five based on a belief that one of these children will be the next King of the Jews.??(photo credit:  National Geographic Channels/Kent Eanes)

En segundo lugar, a Herodes hay que reclamarle no solo su incapacidad de comprender este evento majestuoso, sino la monstruosidad de su reacción. Tanta paranoia no es justificable desde ningún punto de vista. Tener que matar a tantos inocentes solo por el hecho de sentirse amenazado. Acaso no imaginó que un día habría de morir y que su trono sería ocupado por otra persona. Acaso no pensó que tarde o temprano algún emperador romano podría destituirlo. La acción de ambos personajes es reprobable. Tuvieron delante de ellos al Mesías esperado y no fueron capaces de verlo. Dios descendió a la tierra en forma corporal y ellos no lograron experimentarlo por su ceguera espiritual.

  1. Revelación divina

Por el contrario, los magos de oriente, pastores de la región y ángeles del cielo tuvieron la posibilidad también pero ellos si que fueron y se humillaron delante del Cristo recién nacido. Dios les reveló todo lo que habría de ocurrir y les dio la posibilidad de que lo experimentaran. Dios envió a su Hijo al mundo como parte de una promesa establecida mucho tiempo atrás. Incluso cuando aun ni siquiera se habían sentado las bases para la creación de este mundo, ya Dios había pensando en un plan para salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado (Ef 1.3,4). Dios puso en un pesebre a su hijo mostrando humildad y sencillez. Con esa sencillez vino al mundo revelándonos que no habría de liberarnos con espada, o con fuerza o con guerras, sino con sumisión, con amor, con ternura y sencillez. Jesús hizo ministerio bajo el concepto teológico conocido como: “La misión desde abajo”. No vino con ínfulas o prepotencias a pesar de ser Rey. Vino al mundo renunciando temporalmente a la gloria del cielo, tomando forma de ciervo, en cuerpo de hombre para morir en nuestro lugar en una cruenta cruz (Cp. Fi 2.6,8). Dios reveló a su hijo pero no pudieron verlo.

  1. Aplicación personal

Quizás tu estarás diciéndote: “que bueno que no viví en aquellos días. Que bueno que no me ocurrió a mi lo que le pasó Herodes y a los sacerdotes. Porque de haberme pasado, no sé lo que habría hecho”. Ciertamente no estamos en aquella época, no estamos ante el nacimiento del Mesías, pero si estamos en una época en la que debemos decidir si creer o no. Estamos ante la posibilidad de decidir si reconocemos a Cristo como el Mesías libertador o no.

Piensa por un momento, sí tu no has hecho tu decisión por Cristo, pero constantemente pasas por una iglesia evangélica donde se esta predicando la Palabra de Dios, y haces caso omiso, te pareces a Herodes. Quien oyendo lo que estaban anunciándole decidió no creer. Si alguien te ofrece un Nuevo Testamento y lo rechazas, eres como aquellos sacerdotes que tuvieron en su mano la Palabra de Dios y no la recibieron y menos la entendieron. Dice el autor de Hebreos: Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, (He 1.2b). Dios sigue hablando, sigue anunciando que Su Hijo es el único medio para poder llegar a Él. Reflexiona cuantas veces te han invitado a que asistas a un servicio para jóvenes, o para adultos y tu simplemente has dicho, no muchas gracias. Piensa en cuantas veces alguien te ha presentado el Evangelio y tu respuesta es: no estoy preparado.

O quizás, si has “recibido el regalo de la Salvación”, pero en realidad no has experimentado verdaderamente a Cristo. Quizás un día hiciste una decisión pero no has vivido bajo su Señorío, entonces también para ti es aplicable este articulo, porque aun cuando pases tiempo en la iglesia, en reuniones, aun cuando hayas subrayado tu Biblia completamente, hayas ido a retiros, o conciertos, etc., posiblemente tus ojos espirituales jamás se hayan abierto. Debes someterte a Dios y suplicarle que te revele al Hijo, para que empieces a vivir una vida como a Él le agrada. Los sacerdotes tuvieron en sus manos la Ley pero no vieron a Cristo. Procura que esto no te ocurra a ti.

Por tanto te digo: hoy día el anuncio sigue vigente. Dios sigue llamando a personas para que vengan y se postren delante de Su Hijo. Dios sigue invitando a estudiosos como los magos, a personas sencillas como los pastores y a todo tipo de personas que están dentro o fuera de la iglesia, para que vengan y adoren al Hijo. Dios no esta pidiéndote que le traigas mas presentes a Jesús, o sacrificios, o que reputaciones basadas en obras buenas, tampoco esta pidiéndote méritos filantrópicos, no, Dios esta invitándote a que le ofrezcas tu propia vida a Su Hijo. Él hoy quiere que te arrepientas, que renuncies al reino de pecado en el que vives. Que te desligues de ese amo opresor que hasta hoy ha dominado tu vida para que seas guiado en amor y gracia por el Rey de Reyes y Señor de Señores que se llama Cristo. Bájate del trono del orgullo y humíllate ante Cristo el Redentor del mundo. No seas como Herodes que quiso aferrarse a un trono terrenal y menospreció el Trono Celestial de Jesucristo. No seas como aquellos estudiosos que aun cuando tuvieron delante de sus ojos la revelación de Dios no fueron capaces de ver. Cristo sigue vivo, así que no seas ciego, porque como hemos dicho: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER… Caso 1: El Rey Herodes (1ra parte)

En los artículos anteriores expusimos que cuando no queremos ver la realidad de nuestro entorno, ya sea familiar, laboral o ministerial, somos los mas ciegos de todos. Dijimos que nadie puede obviar de ninguna manera lo delicada que puede volverse una situación cuando los demás sufren por causa de nuestros errores. Tampoco nadie puede ignorar cuando hay problemas serios en su familia, y tampoco nadie puede ignorar que necesita hacer cambios en su vida ministerial ante los avances tecnológicos y las necesidades de la iglesia. También decíamos en los artículos anteriores que antes de poder reconocer todo lo que Cristo hizo y antes que podamos creerlo, necesitábamos entender que no podríamos lograrlo si no reconocíamos primero a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas. Porque al hacerlo somos reconocidos como hijos de Dios y Cristo nos reconocerá un día delante de Dios. Que nos arriesgamos mucho cuando ignoramos estas verdades porque si Jesús no nos reconoce delante de Dios, nuestra eternidad estará condenada al sufrimiento.

Habiendo dicho esto, en el presente articulo veremos el primer caso de ciertas personas que no fueron capaces de ver y reconocer a Cristo como el Mesías esperado. Pero, para poder comprender de mejor forma cada uno de los casos que expondremos, manejaremos una estructura para todos ellos. El bosquejo será el siguiente:

  1. Introducción

Texto bíblico

  1. Los personajes

Breve contexto

  1. Situación de la discordia

Ceguera espiritual: Respuesta negativa

  1. Revelación divina
  2. Aplicación personal

Kelsey Grammer as Herod the Great, the Roman appointed leader of Judea during Jesus’ birth. He enacts an execution order in Bethlehem for all male children under the age of five based on a belief that one of these children will be the next King of the Jews.??(photo credit:  National Geographic Channels/Kent Eanes)

  1. Introducción

El primero de nuestros casos lo encontramos en los albores del primer Evangelio que aparece en nuestras Biblias, el Evangelio escrito por Mateo. El pasaje dice:

Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que habían en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. (Mt 2:16) 

  1. Los personajes

Como en una obra teatral o como una película, existen personajes principales y secundarios. Cada uno juega un rol importante para darle sentido a la trama que se desarrolla. Quien escribe y proyecta una narrativa sabe que la participación de cada personaje, sea principal o secundario, hace que su historia cobre vida. En este caso están involucrados cuatro personajes. Tenemos por un lado a los personajes principales, el niño Jesús recién nacido y al rey Herodes, gobernador de Judea. Por el otro lado como personajes secundarios están los magos que viajaron de oriente a visitar a Jesús y a los principales sacerdotes, quienes servían al rey Herodes y le revelaron las profecías que hablaban del nacimiento del Cristo.

Breve contexto

A manera de un contexto breve, tengo que decir que esta historia se desarrolla en una época donde Herodes gobernaba Judea., Samaria y otras regiones palestinas. El imperio romano tenía bajo su dominio todo el mundo conocido. El tiempo del imperio helénico había sucumbido ante el poderío romano. Y Herodes el Grande había hecho todas las gestiones necesarias para convertirse en amigo de Roma y de esa manera alcanzar el poder. De Herodes se pueden decir tanto cosas admirables como también se pueden decir cosas lamentables. Por ejemplo, y para no ser tan extensos, Herodes fue conocido como Herodes el Grande, por su capacidad de construir obras arquitectónicas e ingenieriles en verdad maravillosas. El Templo de Jerusalén fue una de sus mas grandes obras construidas. También los acueductos y las villas romanas. Pero también fue reconocido por su crueldad. Los historiadores dicen que su hambre de poder llegó a tal punto que al sentirse amenazado por su propia familia, mató a su esposa y a uno de sus tres hijos. Tan cruel era, que incluso algunos decían: “es mejor ser un cerdo que ser un hijo de Herodes”. Es que en verdad Herodes no estaba dispuesto a correr ningún riesgo. Todo lo que amenazaba su poder, él lo quitaba de su camino. No se permitía la posibilidad de perder su reinado ni su ostentosidad. Él deseaba gobernar por encima de quien fuera, incluida su familia.

  1. Situación de la discordia

Digamos que en términos generales Herodes gobernaba con toda tranquilidad. Amén de los problemas rutinarios de las provincias a su cargo, Herodes estaba por así decirlo disfrutando de los privilegios de su reinado. Sin embargo, mientras todo ocurría con aparente tranquilidad, hubo algo que vino a romper con toda aquella paz imperante. Cuenta Mateo que ciertos magos de oriente vinieron a Jerusalén a buscar al Rey de los judíos que acaba de nacer. Vieron una estrella que fulguraba en el oriente, la siguieron hasta el lugar donde los condujo y llegaron con la finalidad de rendirle adoración (Mat2:1,2). Por supuesto, tal noticia cayó como balde de agua fría en el rostro de Herodes. Fue como si un terremoto sacudiera su cuerpo entero.

Imagino a Herodes cómodamente recostado en un triclinio, comiendo uvas, tomando vino y siendo atendido por esclavos, quienes se encargaban de resoplar sobre él, cuando de pronto, uno de sus siervos irrumpe y le da la noticia, ¡Pum! Herodes cae al suelo, la copa de vino que tenía en la mano se derrama sobre su vestido, casi se atraganta con una uva que recién había llevado a su boca y una mosca esta a punto de entrar en su rostro boquiabierto.

¿Cómo así? –es lo primero que se oye decir– vienen a ver al Rey que recién nació. Aquí el único rey soy yo –es la segunda oración que logra decir después de su asombro– pero Herodes no es tonto y no desconoce la relevancia de las profecías antiguas, al final de cuenta era edomita, y había crecido oyendo todo esto. Por ello de inmediato hace llamar a los principales sacerdotes a quienes tiene a su servicio para que le aclaren tal asunto. Estos sacerdotes eran personajes que conocían las profecías mesiánicas. Sabían que los profetas anunciaban que un Mesías, un Cristo, llegaría a Jerusalén. Ellos interpretaban La Ley, y servían como consejeros del rey en temas que involucraban la religión judía.

Al ser consultados, la confirmación no se hizo esperar, y tal como escribió el profeta Miqueas ellos le dijeron a Herodes: Y tu Belén, tierra de Judea, de ningún modo eres la mas pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi Pueblo Israel (Mi 5:6). Herodes queda paralizado, las piernas le tiemblan, alguien le acerca un poco de agua, lo bebe y de pronto cobra compostura y en tono un poco cínico llama aparte a los magos, confirmó algunos detalles más y les dice: id y buscad con diligencia al niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que yo también vaya y lo adore (Mt 2:6-7). Obviamente las intenciones del rey estaban lejos de ir y rendirle adoración al niño Jesús. Nada mas lejos de las verdaderas intenciones del rey Herodes. Por su mente jamás pasó la idea de postrarse delante del Rey Jesús. Todo lo contario, Herodes pensó que el niño Jesús debía ser quitado de su camino.

Los magos se fueron hacia Belén como les dijo Herodes, encontraron y adoraron al niño y antes de volver a sus ciudades de origen, fueron advertidos en sueños de parte de Dios para no ir a contarle nada a Herodes. Así que tomaron otro camino y no volvieron a palacio nunca más. Esta acción no cayó en gracia al rey, al contrario fue tomado como una afrenta seria que por supuesto ameritaba una reacción severa de su parte. La acción de los magos sacó la peor versión de Herodes, y es por ello por lo que mas se recuerda a este gobernante. Decidió matar a todos los niños recién nacidos. Todos los infantes menores de dos años de edad debían ser asesinados. Los de Belén y los de los alrededores debían morir. José y María por su parte ya habían sido advertidos del peligro que correrían, así que un ángel les dijo que debían salir de Jerusalén hacia Egipto y que habrían de volver luego que Herodes muriera. Herodes, al no conocer al verdadero Cristo, al Rey de Reyes optó por acabar con todas las posibles amenazas de su reino. Haciendo de aquel día uno de los mas dolorosos para el pueblo de Dios (Mt 2.13,16). Una profecía mas se cumplió por aquellos días. La profecía del profeta Jeremías quien escribió: se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, y que no quiso ser consolada porque ya no existen (Jer 31.15). 

Esa fecha se conoce en el día de hoy como la matanza de los inocentes. Herodes no supo ver lo que delante de sus ojos estaba ocurriendo. Se sintió amenazado y actuó. Todo lo vio a nivel terrenal. No apreció la grandeza de aquel nacimiento. Herodes no pudo ver la revelación divina que acababa de acontecer tan cerca de él. Como hemos titulado esta serie: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y Herodes fue ciego ante lo que ocurrió en Belén de Judea. La situación de la discordia es entonces, la incapacidad de Herodes y de los sacerdotes de reconocer al Mesías esperado. Los magos vinieron a ellos, les contaron un hecho que Dios les había revelado. No dijeron de que forma, pero por su condición de observadores de los tiempos y conocedores de las culturas y por ser temerosos de Dios, tuvieron la posibilidad de ver y adorar al Dios verdadero encarnado y nacido a través de María.

En la segunda parte veremos la respuesta negativa de Herodes y los sacerdotes, la Revelación Divina, y aplicaremos todo lo que hemos descrito. Mientras tanto, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Para referencias y entender de mejor forma esta serie observa lo publicado anteriormente.

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (1era. Parte)

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (2da. Parte)

LA CAMISA MANCHADA

INTRODUCCION

Desesperación y frustración son dos de los sentimientos que experimenté cierto día que vi manchada mi camisa favorita. Me encantaba mi camisa, pero un día sin darme cuenta me había salpicado grasa. La remojé, le apliqué varios detergentes, hasta los que según los anuncios eran ideales para ese tipo de manchas. Con el paso del tiempo lo único que conseguí fue echar a perder mi camisa. Tanto restregarla hizo que se rompiera. Quizás pude optar por no lavarla tanto y me hubiera hecho a la idea de usarla aunque fuera manchada. Sin embargo no me logré hacer a la idea de cargarla así. Aunque la mancha no era tan obvia para todos los demás yo sabía que estaba manchada y eso era suficiente para mí. Yo sabía que estaba manchada y no me sentía cómodo.

LAS OFRENDAS QUE DIOS DEMANDA

Estamos creados a imagen y semejanza de Dios lo cual indica que en gran medida reaccionamos de la misma manera que Dios lo hace. A Él, al igual que a nosotros no nos gustan que las cosas estén sucias. Siempre exigió que cada ofrenda que se le entregara fuera limpia, sin defecto, irreprensible. Le 22:20 dice: “ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto para vosotros”. No importa cuan valiosa creyera el pueblo de Dios que era la ofrenda que le presentaran, no tenía ningún valor delante de Él si poseía algún defecto. Fueran ofrendas vacunas, ovinas, aviares o de cereales, debían ser perfectas. Dios no recibiría jamás nada que tuviera defectos. Si tenía enfermedad o algún defecto físico debía desecharse. Las ofrendas puras, irreprensibles, servía para la expiación de los pecados tanto del pueblo como del Sumo Sacerdote, quien siendo humano necesitaba purificarse a sí mismo antes de interceder para la purificación de los demás. El sistema sacrificial era estricto, no admitía concesiones en este sentido. Si ofrendabas a Dios debías ser lo mejor. No podías tratar de burlarte de Él ofrendando algo que no fuera perfecto. Por otro lado, tampoco el encargado de servir en el tabernáculo o el templo posteriormente, debía ser una persona impura. Con defectos, o sucio. Si era cojo, o manco, o tuerto, o con defectos en sus genitales no podía servir bajo ninguna manera (Cp. Lev. 21; Dt 23). Así de demandante era exigencia divina.

diezmos_ilust4

JESUS ES LA OFRENDA PERFECTA

Lejos estaríamos si creyésemos que Dios solo busca satisfacer caprichosamente a través de las exigencias a sus hijos. Dios estaba tratando de enseñarnos (1) que ningún animal ofrecido por mejor cuidado que estuviera, era suficiente para expiar los pecados de ninguna persona. Se ofrecía pero nadie era limpio para siempre. (2) También podemos aprender que quienes intercedían delante de Dios también eran limitados. No podía presentarse delante de Dios de forma integra. Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado. Juan el Bautista cuando vio a Jesús exclamó: “He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29), en otras palabras le estaba diciendo a la multitud presente: ese hombre que ven ahí es alguien que puede ocupar perfectamente el lugar de la ofrenda pascual porque, Él no tiene pecado, es un cordero sin mancha (1Pe 1:19). Jesús no conoció pecado aunque por nosotros se hizo pecado para justificarnos (2Co 5:21). Él si podía ofrecerse como ofrenda y podía ministrar delante de Dios sin necesidad de purificarse previamente porque es puro. Ahora si que había un mediador entre Dios y los hombres que podía quitar pecados porque no hay pecado en Él (1Jn 3:5).

“Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado”. 

CONCLUSIÓN

Entonces, al ver esta exigencia de Dios, los hombres parecería que no tenían esperanza porque nadie podía lograr satisfacer a Dios. Pero esta esperanza aviva su fuego cuando vemos que Jesús si pudo. Ahora solo queda depositar toda nuestra fe en Él para ser aceptos delante de Dios. Cuando nos arrepentimos, y ponemos nuestra fe en Cristo, lo hacemos Señor de nuestra vida. Toda su santidad es imputada en nosotros. Nuestra cuenta de pecado es vaciada y sustituida por una nueva cuenta atiborrada de Gracia y Perdón. De la bancarrota pasamos a la abundancia espiritual por medio de la fe en el Hijo de Dios. Por lo tanto, si estas en bancarrota, ven a Cristo, arrepiéntete de tus pecados y la Sangre del Cordero te limpiará de todo pecado . Toda mancha o pecado será limpiado por Cristo (He 9:9). Deja que Dios haga su trabajo, restregará quizás como lo hice con mi camisa, pero a Él nada se le romperá en sus manos. Me despido diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.