DE ESTE LADO DE LA ETERNIDAD

Introducción

El concepto teológico: “el ya pero todavía no” clarifica en gran manera la realidad a la que estamos expuestos como pueblo de Dios. Nos expone cual es nuestro estatus como seguidores de Cristo de este lado de la eternidad. Nos pone de manifiesto cuales son las bendiciones que hoy hemos alcanzado y cuales aun todavía no podemos disfrutar. Sin embargo no todos los círculos evangélicos parecen comprenderlo y algunos ni siquiera lo conocen. De esa cuenta es que se escuchan demasiados sermones carentes de verdad bíblica y con el enfoque incorrecto. Dando a los oidores falsas presunciones producto de malas interpretaciones.

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El Reino de Dios inaugurado

La entrada de Cristo en la escena terrenal además de cumplimiento profético trajo también esperanza salvífica. Jesús abrió el telón a una nueva era cuando anunciaba: “El reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). De ahí en adelante la gran mayoría de sus discursos estuvieron basados en este tema. Sus parábolas, el cumplimiento profético como ya se ha dicho anteriormente se vieron envueltos bajo esta premisa: Dios esta cerca de su pueblo y de aquellos que estén dispuestos a depositar su fe en el Hijo de Dios.

La presencia de Jesús en la tierra abrió una puerta y mostró el camino que conduce a la comunión entre Dios y los seres humanos. Ahora ya no limitada solo para el pueblo judío, sino para todo aquel que en el Cree. Ahora, esto es precisamente lo que los teólogos llaman “el ya”. Es decir “ya” podemos gozar de las múltiples bendiciones que conlleva pertenecer al reino celestial. Podemos disfrutar de reconciliación con Dios, podemos tener una conversación abierta y sincera con Él. Podemos confiar en su cuidado, y gozar de su presencia en nuestros corazones porque ahora Él habita en nuestros corazones por medio del Santo Espíritu. Sabemos que en todas nuestras debilidades Él intercede por nosotros. Esas son de las grandes bendiciones que da pertenecer a ese Reino. O en palabras del Apóstol Pablo: ser ciudadano del Reino.

Lo ilustro así: como guatemalteco si deseo viajar a cualquier país mis beneficios son limitados. Si viajo a México por ejemplo, no puedo disfrutar de los mismos privilegios que un ciudadano mexicano. De la misma forma con un estadounidense. Aun si estoy en suelo americano, si camino por sus calles, aun si alquilara o comprara una casa por naturaleza no puedo tener las mismas garantías a menos claro esta, que me convierta en un ciudadano americano. De esa misma manera, cuando no conocía Cristo no pertenecía a su familia, aun siendo criatura de Dios no era ciudadano del Reino. Fue mas bien, hasta que decidí recibir el regalo de la salvación, arrepintiéndome de mis pecados y haciendo de Jesús mi Señor. Hasta ese momento entonces “ya” puedo contar con algunos de los beneficios o bendiciones anteriormente descritos. Pero ese “ya” me remite a este lado de la eternidad. En otras palabras disfruto desde el día que paso a formar parte de los hijos del Reino pero no de todo lo que Dios da.

Viviendo en un mundo caído

Como expuse anteriormente, el Reino de Dios se ha inaugurado, hemos entrado a una nueva dimensión de vida. Sin embargo “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de lo que Dios ha preparado para sus hijos. Lo explico así: la llegada de Jesús trajo muchos cumplimientos, trajo muchas bendiciones –aclaro que esto es para sus seguidores– pero hay circunstancias que todavía tenemos que afrontar mientras estemos de este lado de la eternidad. Quiere decir que “ya he sido perdonado” pero “todavía” tengo que seguir siendo perfeccionado. Porque “todavía” hay áreas de mi vida que no han sido plenamente resueltas. “Todavía” mentimos, “todavía” pecamos, “todavía” nos enfermamos, “todavía” sufrimos, “todavía” lloramos, “todavía” nos preocupamos, “todavía” lamentamos la perdida de un ser querido. “Ya” somos del reino pero “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de todas las bendiciones. Pertenecemos al Reino pero “todavía” estamos sufriendo de las consecuencias del mudo caído en el cual vivimos.

Es tal como si un escultor tenga programado abrir una exposición de sus obras. Tiene una fecha establecida. Mientras eso llega esta trabajando en sus esculturas. No puede abrir antes porque aun no esta listo. Sus obras están inconclusas. “ya” tiene fecha pero “todavía” no ha llegado el cumplimiento. En otras palabras, cada cristiano de este lado de la eternidad es una obra en proceso porque Dios ”todavía” esta perfeccionando. Todavía esta afinando la buena obra que empezó en nosotros y la culminará hasta el día de Jesucristo” (Fil 1:6). Disfruta “ya” de la comunión con Dios pero “todavía” no disfruta de la plenitud de esa bendición que será alcanzada hasta que esté en su presencia.

Las falsas predicaciones

En los prolegómenos dije que comprender este concepto del “ya” pero “todavía no” clarifica cual es el estatus en el que nos encontramos como seguidores comprometidos de Cristo. Porque al tenerlo claro, nos protegemos de falsas predicaciones. Nos protegemos de esa mentira que cada día escuchamos con mas frecuencia y rápidamente se esta propagando, esa que dice que: “Dios nos quiere sanos, Dios nos quiere felices, Dios nos quiere victoriosos, Dios nos quiere millonarios, Dios nos quiere libres del dolor, Dios no quiere que enfrentemos el luto, etc.”. Pero siempre cuando escucho afirmaciones así me pregunto: Si Dios quisiera en verdad todo eso, ¿Qué sentido tendría ir al cielo? ¿Qué sentido tendría que Cristo se haya ido a preparar moradas para nosotros? ¿Qué sentido tiene la Biblia diga: El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21:4-5)?

En el cielo todas las cosas serán hechas nuevas, y lo que hoy experimentamos en este lado de la eternidad no tienen comparación alguna con lo que experimentaremos en el cielo. Por ello es verdad que a Dios no le place ver el dolor del ser humano y por eso planeó antes de la creación del mundo que su Hijo viniera a este mundo, inaugurara su Reino y trajera salvación y vida eterna para sus hijos. Pero vamos en un proceso salvífico y perfeccionador, vamos avanzando hacia la meta donde nos espera un galardón preparado por Dios. Mientras eso llega nos toca enfrentar las diversas circunstancias de la vida, pero no solos porque tenemos la certeza “que Dios está con nosotros”.

Por tanto no nos dejemos llevar por esas falsedades que exponen los comerciantes de la fe, pues por dichas afirmaciones hay personas que prefieren abandonar la iglesia al ver que las falsas promesas hechas no alcanzan cumplimiento. Creámosle a Dios y a Su Palabra pero sobre todo comprendamos que es Soberano sobre todas las cosas y si Él quiere podemos sanar, podemos alcanzar múltiples bendiciones, porque ya pertenecemos al Reino de Su Amado Hijo. Y si debemos enfrentarlas hagámoslo con gozo para la Gloria de Su Nombre.

Me despido como siempre diciéndote: HAZ TU LO POSIBLE Y DEJA QUE DIOS HAGA LO IMPOSIBLE.

 

NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER Caso 1: El Rey Herodes (Conclusión)

En la primera parte de este articulo explicamos como se habrían de desarrollar cada uno de los casos de personajes que no vieron la Gloria de Dios ante sus ojos. Dijimos que utilizaríamos un bosquejo en cada caso para mantener un orden en cada uno de ellos. Señalamos el pasaje de estudio, identificamos a los personajes principales y secundarios, contextualizamos el escrito y vino cuál fue la situación que originó discordia en el rey Herodes. Ahora veamos, cuál fue la respuesta de los sacerdotes y del rey, así como también veremos la revelación de Dios en este texto y finalmente concluiremos nuestro primer caso.

Ceguera espiritual: respuesta negativa

Ni Herodes ni los sacerdotes fueron capaces de reflexionar ni por un momento en todos aquellos eventos incomparables. Respondieron negativamente ante lo acontecido. Por ello, si habría que hacer algún tipo de reproche ante su reacción negativa, en primer lugar deberíamos reprocharles a los sacerdotes. Porque aun cuando todo el tiempo tuvieron en sus manos los escritos que hablaban del Mesías, no fueron capaces de interpretar nada de lo escrito. No fueron capaces de reflexionar por un momento ante lo que los magos estaban diciéndoles. Quizás no dieron crédito a aquellos sabios de oriente. Quizás menospreciaron a estos hombres y pensaron que ¿cómo Dios habría de revelarles tal cosas a estos hombres paganos, y no a ellos quienes eran los teólogos judíos de su tiempo? Oyeron lo que aquellos hombres dijeron y no reflexionaron o cuestionaron sus palabras. No pensaron en la posibilidad que aquello fuera cierto. No tuvieron la capacidad de ver lo que Dios estaba revelando. Por eso repito, no hay peor ciego que quien no quiere ver.

Kelsey Grammer as Herod the Great, the Roman appointed leader of Judea during Jesus’ birth. He enacts an execution order in Bethlehem for all male children under the age of five based on a belief that one of these children will be the next King of the Jews.??(photo credit:  National Geographic Channels/Kent Eanes)

En segundo lugar, a Herodes hay que reclamarle no solo su incapacidad de comprender este evento majestuoso, sino la monstruosidad de su reacción. Tanta paranoia no es justificable desde ningún punto de vista. Tener que matar a tantos inocentes solo por el hecho de sentirse amenazado. Acaso no imaginó que un día habría de morir y que su trono sería ocupado por otra persona. Acaso no pensó que tarde o temprano algún emperador romano podría destituirlo. La acción de ambos personajes es reprobable. Tuvieron delante de ellos al Mesías esperado y no fueron capaces de verlo. Dios descendió a la tierra en forma corporal y ellos no lograron experimentarlo por su ceguera espiritual.

  1. Revelación divina

Por el contrario, los magos de oriente, pastores de la región y ángeles del cielo tuvieron la posibilidad también pero ellos si que fueron y se humillaron delante del Cristo recién nacido. Dios les reveló todo lo que habría de ocurrir y les dio la posibilidad de que lo experimentaran. Dios envió a su Hijo al mundo como parte de una promesa establecida mucho tiempo atrás. Incluso cuando aun ni siquiera se habían sentado las bases para la creación de este mundo, ya Dios había pensando en un plan para salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado (Ef 1.3,4). Dios puso en un pesebre a su hijo mostrando humildad y sencillez. Con esa sencillez vino al mundo revelándonos que no habría de liberarnos con espada, o con fuerza o con guerras, sino con sumisión, con amor, con ternura y sencillez. Jesús hizo ministerio bajo el concepto teológico conocido como: “La misión desde abajo”. No vino con ínfulas o prepotencias a pesar de ser Rey. Vino al mundo renunciando temporalmente a la gloria del cielo, tomando forma de ciervo, en cuerpo de hombre para morir en nuestro lugar en una cruenta cruz (Cp. Fi 2.6,8). Dios reveló a su hijo pero no pudieron verlo.

  1. Aplicación personal

Quizás tu estarás diciéndote: “que bueno que no viví en aquellos días. Que bueno que no me ocurrió a mi lo que le pasó Herodes y a los sacerdotes. Porque de haberme pasado, no sé lo que habría hecho”. Ciertamente no estamos en aquella época, no estamos ante el nacimiento del Mesías, pero si estamos en una época en la que debemos decidir si creer o no. Estamos ante la posibilidad de decidir si reconocemos a Cristo como el Mesías libertador o no.

Piensa por un momento, sí tu no has hecho tu decisión por Cristo, pero constantemente pasas por una iglesia evangélica donde se esta predicando la Palabra de Dios, y haces caso omiso, te pareces a Herodes. Quien oyendo lo que estaban anunciándole decidió no creer. Si alguien te ofrece un Nuevo Testamento y lo rechazas, eres como aquellos sacerdotes que tuvieron en su mano la Palabra de Dios y no la recibieron y menos la entendieron. Dice el autor de Hebreos: Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, (He 1.2b). Dios sigue hablando, sigue anunciando que Su Hijo es el único medio para poder llegar a Él. Reflexiona cuantas veces te han invitado a que asistas a un servicio para jóvenes, o para adultos y tu simplemente has dicho, no muchas gracias. Piensa en cuantas veces alguien te ha presentado el Evangelio y tu respuesta es: no estoy preparado.

O quizás, si has “recibido el regalo de la Salvación”, pero en realidad no has experimentado verdaderamente a Cristo. Quizás un día hiciste una decisión pero no has vivido bajo su Señorío, entonces también para ti es aplicable este articulo, porque aun cuando pases tiempo en la iglesia, en reuniones, aun cuando hayas subrayado tu Biblia completamente, hayas ido a retiros, o conciertos, etc., posiblemente tus ojos espirituales jamás se hayan abierto. Debes someterte a Dios y suplicarle que te revele al Hijo, para que empieces a vivir una vida como a Él le agrada. Los sacerdotes tuvieron en sus manos la Ley pero no vieron a Cristo. Procura que esto no te ocurra a ti.

Por tanto te digo: hoy día el anuncio sigue vigente. Dios sigue llamando a personas para que vengan y se postren delante de Su Hijo. Dios sigue invitando a estudiosos como los magos, a personas sencillas como los pastores y a todo tipo de personas que están dentro o fuera de la iglesia, para que vengan y adoren al Hijo. Dios no esta pidiéndote que le traigas mas presentes a Jesús, o sacrificios, o que reputaciones basadas en obras buenas, tampoco esta pidiéndote méritos filantrópicos, no, Dios esta invitándote a que le ofrezcas tu propia vida a Su Hijo. Él hoy quiere que te arrepientas, que renuncies al reino de pecado en el que vives. Que te desligues de ese amo opresor que hasta hoy ha dominado tu vida para que seas guiado en amor y gracia por el Rey de Reyes y Señor de Señores que se llama Cristo. Bájate del trono del orgullo y humíllate ante Cristo el Redentor del mundo. No seas como Herodes que quiso aferrarse a un trono terrenal y menospreció el Trono Celestial de Jesucristo. No seas como aquellos estudiosos que aun cuando tuvieron delante de sus ojos la revelación de Dios no fueron capaces de ver. Cristo sigue vivo, así que no seas ciego, porque como hemos dicho: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER… Caso 1: El Rey Herodes (1ra parte)

En los artículos anteriores expusimos que cuando no queremos ver la realidad de nuestro entorno, ya sea familiar, laboral o ministerial, somos los mas ciegos de todos. Dijimos que nadie puede obviar de ninguna manera lo delicada que puede volverse una situación cuando los demás sufren por causa de nuestros errores. Tampoco nadie puede ignorar cuando hay problemas serios en su familia, y tampoco nadie puede ignorar que necesita hacer cambios en su vida ministerial ante los avances tecnológicos y las necesidades de la iglesia. También decíamos en los artículos anteriores que antes de poder reconocer todo lo que Cristo hizo y antes que podamos creerlo, necesitábamos entender que no podríamos lograrlo si no reconocíamos primero a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas. Porque al hacerlo somos reconocidos como hijos de Dios y Cristo nos reconocerá un día delante de Dios. Que nos arriesgamos mucho cuando ignoramos estas verdades porque si Jesús no nos reconoce delante de Dios, nuestra eternidad estará condenada al sufrimiento.

Habiendo dicho esto, en el presente articulo veremos el primer caso de ciertas personas que no fueron capaces de ver y reconocer a Cristo como el Mesías esperado. Pero, para poder comprender de mejor forma cada uno de los casos que expondremos, manejaremos una estructura para todos ellos. El bosquejo será el siguiente:

  1. Introducción

Texto bíblico

  1. Los personajes

Breve contexto

  1. Situación de la discordia

Ceguera espiritual: Respuesta negativa

  1. Revelación divina
  2. Aplicación personal

Kelsey Grammer as Herod the Great, the Roman appointed leader of Judea during Jesus’ birth. He enacts an execution order in Bethlehem for all male children under the age of five based on a belief that one of these children will be the next King of the Jews.??(photo credit:  National Geographic Channels/Kent Eanes)

  1. Introducción

El primero de nuestros casos lo encontramos en los albores del primer Evangelio que aparece en nuestras Biblias, el Evangelio escrito por Mateo. El pasaje dice:

Entonces Herodes, al verse burlado por los magos, se enfureció en gran manera, y mandó matar a todos los niños que habían en Belén y en todos sus alrededores, de dos años para abajo, según el tiempo que había averiguado de los magos. (Mt 2:16) 

  1. Los personajes

Como en una obra teatral o como una película, existen personajes principales y secundarios. Cada uno juega un rol importante para darle sentido a la trama que se desarrolla. Quien escribe y proyecta una narrativa sabe que la participación de cada personaje, sea principal o secundario, hace que su historia cobre vida. En este caso están involucrados cuatro personajes. Tenemos por un lado a los personajes principales, el niño Jesús recién nacido y al rey Herodes, gobernador de Judea. Por el otro lado como personajes secundarios están los magos que viajaron de oriente a visitar a Jesús y a los principales sacerdotes, quienes servían al rey Herodes y le revelaron las profecías que hablaban del nacimiento del Cristo.

Breve contexto

A manera de un contexto breve, tengo que decir que esta historia se desarrolla en una época donde Herodes gobernaba Judea., Samaria y otras regiones palestinas. El imperio romano tenía bajo su dominio todo el mundo conocido. El tiempo del imperio helénico había sucumbido ante el poderío romano. Y Herodes el Grande había hecho todas las gestiones necesarias para convertirse en amigo de Roma y de esa manera alcanzar el poder. De Herodes se pueden decir tanto cosas admirables como también se pueden decir cosas lamentables. Por ejemplo, y para no ser tan extensos, Herodes fue conocido como Herodes el Grande, por su capacidad de construir obras arquitectónicas e ingenieriles en verdad maravillosas. El Templo de Jerusalén fue una de sus mas grandes obras construidas. También los acueductos y las villas romanas. Pero también fue reconocido por su crueldad. Los historiadores dicen que su hambre de poder llegó a tal punto que al sentirse amenazado por su propia familia, mató a su esposa y a uno de sus tres hijos. Tan cruel era, que incluso algunos decían: “es mejor ser un cerdo que ser un hijo de Herodes”. Es que en verdad Herodes no estaba dispuesto a correr ningún riesgo. Todo lo que amenazaba su poder, él lo quitaba de su camino. No se permitía la posibilidad de perder su reinado ni su ostentosidad. Él deseaba gobernar por encima de quien fuera, incluida su familia.

  1. Situación de la discordia

Digamos que en términos generales Herodes gobernaba con toda tranquilidad. Amén de los problemas rutinarios de las provincias a su cargo, Herodes estaba por así decirlo disfrutando de los privilegios de su reinado. Sin embargo, mientras todo ocurría con aparente tranquilidad, hubo algo que vino a romper con toda aquella paz imperante. Cuenta Mateo que ciertos magos de oriente vinieron a Jerusalén a buscar al Rey de los judíos que acaba de nacer. Vieron una estrella que fulguraba en el oriente, la siguieron hasta el lugar donde los condujo y llegaron con la finalidad de rendirle adoración (Mat2:1,2). Por supuesto, tal noticia cayó como balde de agua fría en el rostro de Herodes. Fue como si un terremoto sacudiera su cuerpo entero.

Imagino a Herodes cómodamente recostado en un triclinio, comiendo uvas, tomando vino y siendo atendido por esclavos, quienes se encargaban de resoplar sobre él, cuando de pronto, uno de sus siervos irrumpe y le da la noticia, ¡Pum! Herodes cae al suelo, la copa de vino que tenía en la mano se derrama sobre su vestido, casi se atraganta con una uva que recién había llevado a su boca y una mosca esta a punto de entrar en su rostro boquiabierto.

¿Cómo así? –es lo primero que se oye decir– vienen a ver al Rey que recién nació. Aquí el único rey soy yo –es la segunda oración que logra decir después de su asombro– pero Herodes no es tonto y no desconoce la relevancia de las profecías antiguas, al final de cuenta era edomita, y había crecido oyendo todo esto. Por ello de inmediato hace llamar a los principales sacerdotes a quienes tiene a su servicio para que le aclaren tal asunto. Estos sacerdotes eran personajes que conocían las profecías mesiánicas. Sabían que los profetas anunciaban que un Mesías, un Cristo, llegaría a Jerusalén. Ellos interpretaban La Ley, y servían como consejeros del rey en temas que involucraban la religión judía.

Al ser consultados, la confirmación no se hizo esperar, y tal como escribió el profeta Miqueas ellos le dijeron a Herodes: Y tu Belén, tierra de Judea, de ningún modo eres la mas pequeña entre los príncipes de Judá; porque de ti saldrá un gobernante que pastoreará a mi Pueblo Israel (Mi 5:6). Herodes queda paralizado, las piernas le tiemblan, alguien le acerca un poco de agua, lo bebe y de pronto cobra compostura y en tono un poco cínico llama aparte a los magos, confirmó algunos detalles más y les dice: id y buscad con diligencia al niño; y cuando lo encontréis, avisadme para que yo también vaya y lo adore (Mt 2:6-7). Obviamente las intenciones del rey estaban lejos de ir y rendirle adoración al niño Jesús. Nada mas lejos de las verdaderas intenciones del rey Herodes. Por su mente jamás pasó la idea de postrarse delante del Rey Jesús. Todo lo contario, Herodes pensó que el niño Jesús debía ser quitado de su camino.

Los magos se fueron hacia Belén como les dijo Herodes, encontraron y adoraron al niño y antes de volver a sus ciudades de origen, fueron advertidos en sueños de parte de Dios para no ir a contarle nada a Herodes. Así que tomaron otro camino y no volvieron a palacio nunca más. Esta acción no cayó en gracia al rey, al contrario fue tomado como una afrenta seria que por supuesto ameritaba una reacción severa de su parte. La acción de los magos sacó la peor versión de Herodes, y es por ello por lo que mas se recuerda a este gobernante. Decidió matar a todos los niños recién nacidos. Todos los infantes menores de dos años de edad debían ser asesinados. Los de Belén y los de los alrededores debían morir. José y María por su parte ya habían sido advertidos del peligro que correrían, así que un ángel les dijo que debían salir de Jerusalén hacia Egipto y que habrían de volver luego que Herodes muriera. Herodes, al no conocer al verdadero Cristo, al Rey de Reyes optó por acabar con todas las posibles amenazas de su reino. Haciendo de aquel día uno de los mas dolorosos para el pueblo de Dios (Mt 2.13,16). Una profecía mas se cumplió por aquellos días. La profecía del profeta Jeremías quien escribió: se oyó una voz en Ramá, llanto y gran lamentación; Raquel que llora a sus hijos, y que no quiso ser consolada porque ya no existen (Jer 31.15). 

Esa fecha se conoce en el día de hoy como la matanza de los inocentes. Herodes no supo ver lo que delante de sus ojos estaba ocurriendo. Se sintió amenazado y actuó. Todo lo vio a nivel terrenal. No apreció la grandeza de aquel nacimiento. Herodes no pudo ver la revelación divina que acababa de acontecer tan cerca de él. Como hemos titulado esta serie: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Y Herodes fue ciego ante lo que ocurrió en Belén de Judea. La situación de la discordia es entonces, la incapacidad de Herodes y de los sacerdotes de reconocer al Mesías esperado. Los magos vinieron a ellos, les contaron un hecho que Dios les había revelado. No dijeron de que forma, pero por su condición de observadores de los tiempos y conocedores de las culturas y por ser temerosos de Dios, tuvieron la posibilidad de ver y adorar al Dios verdadero encarnado y nacido a través de María.

En la segunda parte veremos la respuesta negativa de Herodes y los sacerdotes, la Revelación Divina, y aplicaremos todo lo que hemos descrito. Mientras tanto, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Para referencias y entender de mejor forma esta serie observa lo publicado anteriormente.

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (1era. Parte)

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (2da. Parte)

LA CAMISA MANCHADA

INTRODUCCION

Desesperación y frustración son dos de los sentimientos que experimenté cierto día que vi manchada mi camisa favorita. Me encantaba mi camisa, pero un día sin darme cuenta me había salpicado grasa. La remojé, le apliqué varios detergentes, hasta los que según los anuncios eran ideales para ese tipo de manchas. Con el paso del tiempo lo único que conseguí fue echar a perder mi camisa. Tanto restregarla hizo que se rompiera. Quizás pude optar por no lavarla tanto y me hubiera hecho a la idea de usarla aunque fuera manchada. Sin embargo no me logré hacer a la idea de cargarla así. Aunque la mancha no era tan obvia para todos los demás yo sabía que estaba manchada y eso era suficiente para mí. Yo sabía que estaba manchada y no me sentía cómodo.

LAS OFRENDAS QUE DIOS DEMANDA

Estamos creados a imagen y semejanza de Dios lo cual indica que en gran medida reaccionamos de la misma manera que Dios lo hace. A Él, al igual que a nosotros no nos gustan que las cosas estén sucias. Siempre exigió que cada ofrenda que se le entregara fuera limpia, sin defecto, irreprensible. Le 22:20 dice: “ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto para vosotros”. No importa cuan valiosa creyera el pueblo de Dios que era la ofrenda que le presentaran, no tenía ningún valor delante de Él si poseía algún defecto. Fueran ofrendas vacunas, ovinas, aviares o de cereales, debían ser perfectas. Dios no recibiría jamás nada que tuviera defectos. Si tenía enfermedad o algún defecto físico debía desecharse. Las ofrendas puras, irreprensibles, servía para la expiación de los pecados tanto del pueblo como del Sumo Sacerdote, quien siendo humano necesitaba purificarse a sí mismo antes de interceder para la purificación de los demás. El sistema sacrificial era estricto, no admitía concesiones en este sentido. Si ofrendabas a Dios debías ser lo mejor. No podías tratar de burlarte de Él ofrendando algo que no fuera perfecto. Por otro lado, tampoco el encargado de servir en el tabernáculo o el templo posteriormente, debía ser una persona impura. Con defectos, o sucio. Si era cojo, o manco, o tuerto, o con defectos en sus genitales no podía servir bajo ninguna manera (Cp. Lev. 21; Dt 23). Así de demandante era exigencia divina.

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JESUS ES LA OFRENDA PERFECTA

Lejos estaríamos si creyésemos que Dios solo busca satisfacer caprichosamente a través de las exigencias a sus hijos. Dios estaba tratando de enseñarnos (1) que ningún animal ofrecido por mejor cuidado que estuviera, era suficiente para expiar los pecados de ninguna persona. Se ofrecía pero nadie era limpio para siempre. (2) También podemos aprender que quienes intercedían delante de Dios también eran limitados. No podía presentarse delante de Dios de forma integra. Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado. Juan el Bautista cuando vio a Jesús exclamó: “He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29), en otras palabras le estaba diciendo a la multitud presente: ese hombre que ven ahí es alguien que puede ocupar perfectamente el lugar de la ofrenda pascual porque, Él no tiene pecado, es un cordero sin mancha (1Pe 1:19). Jesús no conoció pecado aunque por nosotros se hizo pecado para justificarnos (2Co 5:21). Él si podía ofrecerse como ofrenda y podía ministrar delante de Dios sin necesidad de purificarse previamente porque es puro. Ahora si que había un mediador entre Dios y los hombres que podía quitar pecados porque no hay pecado en Él (1Jn 3:5).

“Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado”. 

CONCLUSIÓN

Entonces, al ver esta exigencia de Dios, los hombres parecería que no tenían esperanza porque nadie podía lograr satisfacer a Dios. Pero esta esperanza aviva su fuego cuando vemos que Jesús si pudo. Ahora solo queda depositar toda nuestra fe en Él para ser aceptos delante de Dios. Cuando nos arrepentimos, y ponemos nuestra fe en Cristo, lo hacemos Señor de nuestra vida. Toda su santidad es imputada en nosotros. Nuestra cuenta de pecado es vaciada y sustituida por una nueva cuenta atiborrada de Gracia y Perdón. De la bancarrota pasamos a la abundancia espiritual por medio de la fe en el Hijo de Dios. Por lo tanto, si estas en bancarrota, ven a Cristo, arrepiéntete de tus pecados y la Sangre del Cordero te limpiará de todo pecado . Toda mancha o pecado será limpiado por Cristo (He 9:9). Deja que Dios haga su trabajo, restregará quizás como lo hice con mi camisa, pero a Él nada se le romperá en sus manos. Me despido diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

¿Debe la iglesia local del siglo XXI ser reformada? (conclusión)

En el articulo anterior vimos que en tiempo de los reformadores, se buscó reformar a la iglesia de Roma por causa de los abusos de las indulgencias, las practicas lascivas y la malformada concepción que tenían de hacer iglesia. Vimos que los reformadores buscaban devolverle la Autoridad a las Escrituras así como también buscaban que la iglesia reconsiderara el tema soteriológico. El cual una persona no alcanzaba su salvación mas que por fe en Jesucristo. Explicamos que reformar de ninguna manera se  debe entender como divisionismo en la iglesia. Que Jesús mismo estuvo en completo desacuerdo con tal idea. En este articulo respondemos a las preguntas: ¿cuando y cómo deberíamos protestar para reformar? Y veremos por qué un pastor o un líder debe preocuparse si es negligente con su ministerio.

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¿Cuándo y cómo deberíamos protestar para reformar?

Protestar para hacer reformas en la iglesia local no es hablar sobre temas simples. No es protestar para que hagan cambios en el color de la fachada del templo, o para que se mejoren las sillas, o que cambien el piso, o que se quite la alfombra del escenario principal a cada dos años. En definitiva no es el sentir de este articulo. Las protestas sí deberían suscitarse o producirse cuando vemos que están ocurriendo practicas que contradicen la Autoridad Bíblica. Por ejemplo cuando existan abusos en temas de ofrendas. Cuando los fines de la iglesia sean mas materialistas que espirituales. Me explico: hoy día vemos que la “doctrina” de la prosperidad esta muy en boga de todos. Incluso las misiones mas tradicionales de nuestro país han caído en la tentación de darle esa clase de giro a sus congregaciones. Se han enfocado más en asuntos económicos que predicar un Evangelio centrado en Cristo. En el arrepentimiento, y en la búsqueda del crecimiento del Reino de Dios en la tierra.

Otro asunto importante por lo que deberíamos protestar es cuando la iglesia ha caído en errores doctrinales. No es difícil repetir lo que oímos en bocas de algunos ‘pastores top show’ que tenemos hoy en día. Dicen algo, se vuelve viral, y de inmediato y sin analizar lo repetimos en nuestras denominaciones. La iglesia siempre jugó un papel analítico, de hecho fue lo que motivó a los grandes pensadores teológicos a rebatir las herejías que se levantaron. Los errores doctrinales atentan contra la vida de la iglesia. Cuando estas malas practicas se introducen se debe levantar la voz y protestar. La Sana Doctrina dentro de la iglesia siempre debe ser un fin. Debe ser un fundamento para sostenerse como iglesia. Por ende siempre se debe ser celoso para presentar apología contra el error. No es malo rebatir el error. De echo Cristo fue quien todo el tiempo protestó en contra de las aberraciones doctrinales de los religiosos de su época. No calló, no tuvo miedo a que lo expulsaran o mataran. Jesús no calló porque en juego estaba la vida espiritual de quienes escuchaban y observaban a aquellos grandes maestros. Pedro nos invita a: estar siempre preparados para presentar defensa con mansedumbre y reverencia ante todo el que os demande razón de la esperanza que hay en nosotros (1Pe 3:15b). Por ello dije anteriormente que no coincido con la división de la iglesia, porque Pedro dice haced defensa del Evangelio con mansedumbre y reverencia. No buscamos el pleito, la confrontación, la ira o la imposición, buscamos mejorar, reformar la iglesia local.

También deberíamos levantar nuestra voz cuando nuestros dirigentes han dejado de hacer lo que Dios les ha pedido que hagan. En funciones pastorales por ejemplo, si el encargado de alimentarnos, cuidarnos, velar por nosotros, guiarnos, dirigirnos, administrarnos y enseñarnos ha dejado de cumplir con su papel, es necesario protestar. Quiero que imaginemos este punto con una ilustración muy infantil o chusca si queremos verla así:

Cierto día, un rebaño de 30 ovejas se reunió para discutir ciertos puntos que les competía. Luego de iniciada la sesión –extraordinaria y urgente por cierto– una oveja levantó una pata y dijo: en el ultimo semestre no he podido engordar una sola libra, hace buen tiempo que el pastor Juan no me alimenta como habitualmente lo hacía. A esta moción todas las ovejas la secundan. Era un mal generalizado. Otra dijo: a mí, el pastor Juan a sabiendas que me lastimé una pata, ni me ha visitado y menos ha tratado de recuperarme. Otras 10 ovejas presentaron mociones similares. Finalmente otra oveja dijo: hace un tiempo me fui del redil, quise saber cuan importante era para el pastor Juan. Estuve ausente por tres meses, estando fuera entendí que, como sea estaría mas segura en el redil que fuera de él. Así que decidí regresar y aquí estoy. Pero lo que intento decir es que prácticamente el pastor Juan no se percató ni que me fui, ni que volví. Lo cual me hace ver que no le importo tanto como esperaría.

Ese es mi punto, que la congregación debería reunirse para hablar de los problemas que les aquejan en busca de soluciones. No de divisiones. Debería presentar una serie de denuncias que hagan despertar a nuestros lideres. Buscamos mejorar, cambiar, superarnos, no herir a nadie. En un trabajo secular cuando no trabajas bien, cuando estas faltando a tus atribuciones por las cuales has sido contratado, pueden llamarte la atención una o dos veces, y luego despedirte si no cambias. O cambias o te vas. En el pastorado quizás debería concebirse de la misma forma. Si eres pastor y no estas a gusto, si algo te ocurre, pues exprésalo a tus mas allegados y busca soluciones. Antes de dañara a la iglesia busca como mostrarte necesitado de ayuda. Los pastores están llamados a pastorear.

Y el concepto es amplio. Como vimos deben velar por sus ovejas, cuidarlas, guiarlas, alimentarlas, protegerlas, enseñarles, etc. Ese es el llamado. No hacerlo así es ser un pastor asalariado. Es ocupar un puesto cuyo fin no es velar por sus ovejas ni dar su vida por ellas. Al contrario ocupar ese puesto sin fungir es proyectarse como alguien a quien solo le interesa el nombre, la fama y el dinero. Aclaro que no es destruir a un pastor, o un líder o acabar con su ministerio sino que haya un despertar en él para que haga la obra que Dios le ha encomendado. Cuando un pastor no hace su trabajo acarrea problemas serios, no solamente para sí mismo sino también para su iglesia. Leí un articulo del Master´s Seminary que hablaba sobre la negligencia en el campo de la medicina. Hablaba sobre la enorme suma que se había pagado a los familiares para resarcirlos de aquellos médicos que habían realizado una mala praxis. Comparaba a los lideres de nuestras iglesias con estos médicos. Decía que consecuencias mas serias acarrea para una persona sufrir espiritualmente por mala praxis en la iglesia. El pastor es responsable de su congregación. Te lo explico de nuevo con una ilustración muy simple:

Imagina un piloto de bus, en el momento que inicia su ruta de transporte en un día normal, empieza a beber licor. Cada que avanza en su ruta, mas personas van abordando y corriendo peligro a causa de su embriaguez. A mayor numero dentro del bus, mayor numero de responsabilidad que lleva consigo aquel piloto. Suponiendo que se accidentara, y en el momento del accidente solo fueran dos pasajeros, si él sobrevive deberá responder ante las autoridades por esos dos pasajeros. Pero si llevara 100 y los 100 murieran salvándose solo él, debería responder por esos 100. A mayor numero mas responsabilidad.

De igual manera un pastor es responsable por toda su congregación. La iglesia corre muchos riesgos si un pastor descuida su ministerio. La iglesia debe crecer tanto cualitativamente como cuantitativamente. Hoy los líderes se preocupan mas por lo segundo. El número de congregantes, mas no la calidad de ellos. Por eso vemos que la iglesia evangélica no se hace sentir dentro de la sociedad, porque los congregantes no viven vidas piadosas, temerosas de Dios, no son luz entre los hombres. Y la mayor parte de esa responsabilidad esta en la visión pastoral. Tengo que decir que: ciertamente la iglesia también es responsable de sus actos y como dice el autor de la epístola a los Hebreos debe de acordarse de sus pastores, y debe imitar su fe cuando haya considerado bueno el resultado de su conducta (paráfrasis de He 13:7). Además dice en esta epístola que la iglesia debe obedecer y sujetarse a sus pastores, porque ellos velan por sus almas, como quienes han de dar cuentas (He 13:17a). La labor es conjunta, pero señalo que los pastores deberán de dar cuentas a Dios por la vida de sus ovejas. Por ello es necesario que cuando haya diferencias, inconvenientes, cuando se haya dejado de hacer lo que han sido llamados a hacer, no esta mal expresarlo. Repitiendo, siempre con respeto, y con humildad porque la idea no es dividir sino mejorar.

En conclusión, la iglesia debería buscar reformarse siempre. No podemos estar conformes. Siempre deberíamos anhelar mejorar para realizar con excelencia la obra de Cristo. Deberíamos ser mejores cada día para que el Evangelio sin mácula caiga siempre en buena tierra. Deberíamos renovar nuestra manera de pensar y conservarnos como odres nuevos que reciban siempre el vino nuevo. Cristo dice que el hizo todas las cosas nuevas, y la iglesia siempre puede estar buscando amarse, respetarse y edificarse para presentar no algo nuevo, sino lo que siempre ha sido novedoso ante las sociedades que se manejan de forma distinta a la iglesia. Así que, procuremos siempre mantenernos como una iglesia sin mancha ni arruga, que aguarda expectante la venida de Su Salvador, Jesucristo.

Espero este articulo haya sido de bendición para tu vida, me despido como siempre, diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

EL MENSAJE DE LA CRUZ: VERGÜENZA O SALVACION

Introducción

En plena “Semana Santa” como es conocida esta fecha, el mundo cristiano se manifiesta de acuerdo a sus creencias. Una gran parte de ese mundo cristiano, el tradicional, como todos los años, expresa su fe a través del sacrificio, la representación procesional, los alimentos típicos de la época, su folklore y sobre todo, con el cumplimiento doloso de obras penitentes para redimirse delante de Dios de todas sus culpas. La otra parte del mundo cristiano, se muestra impávido ante la fecha. Pocos son los que expresan de alguna forma lo que para ellos representa la semana de la Pasión de Cristo. De ahí en mas, la gran mayoría ni siquiera observa con reflexión lo que representa para su fe, los hechos que ocurrieron hace mas de dos mil años.

La Pascua Judía

La fiesta de la Pascua judía era una fiesta que hacía recordar a los judíos el día en que Dios tuvo misericordia de ellos y los sacó de Egipto. Representa la obra portentosa de Dios sobre una nación que sufrió esclavitud, crueldad y amargura. Era por tanto, menester de los padres contar a sus hijos todo lo que Dios había hecho por ellos. Las diez plagas, la protección en el desierto, la desobediencia del pueblo, el establecimiento de la Ley Moral, y Ceremonial de Dios, la conquista de los pueblos, etc., eran muchas de las historias que se narraban en el seno de los hogares, para recordar cuán bondadoso es Dios y cuán grande es Su Misericordia a favor de los que a Él le place favorecer.

Sin embargo en el contexto de nuestro tiempo, ni se recuerda en la familia, ni se reflexiona en los círculos eclesiales. De alguna manera no fomentamos ni la observación, ni la reflexión sobre los hechos que fundamentan nuestra fe. Olvidamos o no repensamos el sacrificio de Cristo en la Cruz a la luz de lo que significa para nuestra fe. Alfonso Ropero escribió:

“El cristianismo nació al pie de una cruz, de la sangre y del agua que manaban del costado de Cristo, y creció y se extendió bajo la sombra de esa cruz y de esa agua. De esa muerte y de esa vida. De esa muerte que es vida y de esa vida que es muerte. Ni en los tiempos de calma está la Iglesia libre de tormentas”.[1]

Entonces es significativo para nosotros preguntarnos ¿Cuál es el mensaje que percibimos hoy desde la Cruz? ¿Es vergüenza o es salvación? ¿Lo comprendemos tal como lo comprendían los primeros cristianos? O ¿Está tan secularizada la Cruz que ya no es motivo de reflexión para el pueblo evangélico y el mundo en general? ¿Representa la Cruz lo mismo que simbolizó en el presente de Cristo? ¿Sigue retándonos a renunciar a todo, incluso a nosotros mismos, con tal de ganar a Cristo? ¿Cómo deberíamos proclamar su mensaje a un mundo que ya no se escandaliza con la Cruz? Empecemos por conocer el trasfondo histórico de la cruz.

La Cruz en la historia

El primer lugar a donde debemos dirigirnos para comprender el mensaje de la Cruz es a la historia. Necesitamos saber, como ha sido concebida la cruz desde el principio de este movimiento que ha trastornado al mundo entero. Todos los humanismos han chocado con la cruz –dice José Luis Martín Descalzo– para los romanos, una “religión de la cruz” era algo antiestético, indigno, perverso.[2] Entre los judíos, esta forma de ejecución se consideraba especialmente abominable por las palabras de Dt 21:3: el colgado es maldito de Dios. “La cruz tiene todo lo que un torturador perverso y sádico podría pedirle a una forma de ejecución”.[3] Cicerón, el poeta romano se refirió a ella como “la mas cruel y abominable de las torturas” y dijo que “la propia ‘cruz’ debería estar lejos, no solo del cuerpo de cualquier ciudadano romano, sino también de sus pensamientos, sus ojos y sus oídos (Pro Rabirio perduellionis 5.16). Jesús el crucificado, era tan repugnante que se consideraba un atentado contra las buenas costumbres hablar sobre el tema. Una imagen antigua que unos niños para ridiculizar a uno de sus compañeros que profesaba ser cristiano: describe a un crucificado con cabeza de burro y tiene una inscripción que reza: Alexámeno adora a su Dios. Bien hace Martín Descalzo al decir que: “la cruz no figuraba por aquel entonces en tronos ni coronas. No era signo de triunfo en las batallas o en las iglesias. Connotaba, por el contrario, escarnio, vergüenza, irrisión”.[4] Aun los gentiles veían a todo crucificado con el mas completo desdén –dice John MacArthur– y era una escena tan obscena que en la sociedad no era correcto hablar de la crucifixión. La cruz era símbolo de vergüenza y sufrimiento.[5]

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La Cruz del sufrimiento

Morir crucificado hemos dicho que era un insulto degradante, y la idea de adorar a un individuo que había muerto crucificado era absolutamente inimaginable. De esa cuenta es que hoy no valoramos el mensaje de la Cruz. Ya no vemos a nadie morir crucificado, y a causa de ello no nos impactamos como en aquel entonces. Hoy día cualquiera se cuelga una cruz, la besa, hace una señal como símbolo protector, la pone encima de su cabecera, pero de ninguna manera comprende que esa Cruz representa el amor sufriente de Cristo por quienes se dedicaron a despreciarlo. Con el paso de los siglos, hemos aprendido a evitar el escándalo de la cruz con lo mas hábil de las técnicas: acostumbrándonos a ella o convirtiéndola en signo de triunfo o sentimentalismo –apunta Descalzo–. La hemos colocado en lo alto de tronos y coronas, en las torres de templos, en los escotes de las señoras. La hemos bañado en oro y adornado de orfebrería.[6] No le hemos dado el verdadero sentido que tuvo en tiempos primitivos.

Por eso al principio dije, la iglesia no esta reflexionando en los fundamentos de su fe. No observa con atención la razón de lo que cree. No alcanza a comprender la dimensión de lo que representa esta fecha. Pedro intentó reprender a Cristo cuando les dijo que habría de padecer en una cruz (Mc 8:32). Tres veces anunció su padecimiento voluntario en manos de los sacerdotes y escribas y que al tercer día resucitaría (Mc 8:31; 9:30,32; 10:32,34). No hubo mas que silencio a sus palabras, los discípulos no comprendían sus palabras y tampoco se atrevían ha preguntarle. Moltmann escribió: “Hasta los discípulos de Jesús huyeron todos de la cruz de su Maestro. Los cristianos que no experimentan la sensación de tener que huir de este Crucificado, es que no han comprendido todavía con suficiente radicalidad”.[7]

La Cruz tiene un significado en la cual solo los cristianos pueden hablar de ella de un modo positivo, y ello solo por la redención que Jesús consiguió a través de ella. Deberíamos hablar de la Cruz, con tal actitud que al hacerlo nuestros cuerpos se estremecieran. La Cruz representó para Cristo el punto donde se consumaría la obra superlativa de amor del Padre. Martín Descalzo cita al padre De Lubac dice:

Cristo no vino para realizar la obra de la encarnación. La Palabra se hizo carne para llevar a cabo la obra de la redención. El misterio de Cristo también es nuestro misterio. Lo que ocurrió en la Cabeza debe también suceder en los miembros: encarnación, muerte y resurrección, es decir: arraigo, desarraigo y transformación. Una vida no es auténticamente cristiana sino contiene este triple riesgo.[8]

En palabras de la Biblia, diríamos algo semejante a los que apuntaba Lubac:

Si el mundo os aborrece, sabed que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo los aborrece. (Jn 15:18,19). También dijo Jesús a sus discípulos: Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsaran de las sinagogas, y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí (Jn 16:1,3).

El sufrimiento esta reservado para los cristianos que portan pese a su oprobio la Cruz de Cristo. Jesús no ocultó tal cosa, fue explicito al padecer la crucifixión: Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lc 23:31). Es verdad se puede hablar en sentido favorable por lo que Cristo hizo pero no excluye de ninguna forma el sufrimiento que representa aquel a quien por cierto ni si quiera muchos alzaron la vista para verlo. Dios mismo muestra sufrimiento en la Cruz. La Cruz muestra al Dios que se hizo humano y al Dios que sufre por la muerte de Su Hijo. En Jesús Dios es también crucificado y muere. [9] El sufrimiento, la vergüenza, el dolor y el repudio de la cruz por tanto merece una respuesta de aquellos a quienes se les predica su mensaje.

La cruz merece una respuesta: salvación o locura

El apóstol Pablo se presentó delante de la iglesia de Corinto con un mensaje que no fue recibido con mucho entusiasmo. Mas bien fue un mensaje que obligaba a responder a favor o en contra. Fue despectivo, vergonzoso y blanco fácil para el rechazo. En 1Co 1:18 Pablo escribió: Porque la Palabra de la Cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Dos grupos se distinguen como los receptores de este mensaje, los que se salvan y los que se pierden. Esto exige una respuesta para quienes oyen, perderse o salvarse. Pablo no se guardó nada de su mensaje pese a que este no era en ninguna forma nada atractivo como se ha dicho. Predicó bajo el poder del Espíritu Santo, no con sabiduría humana sino con poder de Dios. Con temor y temblor anunció el testimonio de Dios, no fue por excelencia de palabras y tampoco se propuso cosa alguna mas que conocer a Jesucristo y a este crucificado. No buscó suavizar el mensaje, no buscó una forma menos hiriente y tampoco buscó una forma que lo hiciera popular o light. No se vio obligado a forzar a nadie persuadiéndolo a través de palabras vacías. Al contrario como John Macarthur ha dicho: “la verdad sin barniz, sin tergiversación, ni modificación, inevitable, es que el Evangelio es en verdad difícil de creer. Es mas, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible”.[10]

Bien dice Martín Descalzo:

“la gran tentación de los cristianos es ésta: como el mundo moderno no digiere la cruz, hagámosle un Cristo “ad usum delphinis”; suavicémoslo, ofrezcámosle un Jesús al que pueda entender, tal vez acepte un Cristo despojado de sangre y de todo elemento sobre natural; démosle un Maestro que les sea “útil” para mejorar la superficie de este mundo, aunque tengamos que arrancarle lo que le caracteriza; sirvamos una fe digerible; hagamos como el profesor que ofrece como solución a los problemas no la que sabe que es la correcta, sino aquella que sus alumnos desean y esperan; adaptémonos a la mentalidad de los hombre de hoy, aunque, al hacerlo, dejemos de darles el oxigeno que precisamente ellos necesitan.

La iglesia post-moderna, esa del consumismo, esa de la mercadotecnia, esa de la movida por el éxito de los números y las masas, no ha comprendido que el mensaje de la Cruz no necesita ser suavizado, limitado ni menos aligerado. Es locura para algunos, a los que no comprenden su mensaje y también es salvación para los que creen. Es paradójico desde la concepción de Dios, necesitas perder tu vida para salvarla. Renunciar para conseguir. Perder para ganar. Morir para vivir. Perderlo todo para ganarlo todo. El mensaje es escandaloso, pero nunca nadie que aceptó tal verdad se negó a negarse a sí mismo. El poder de Dios por la Palabra de la cruz es lo que salva a las personas.

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Lo que Pablo dice a los corintios es que el evangelio choca con nuestras emociones, choca contra nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales,[11] y por eso exige una respuesta. Los mártires se decantaron por la cruz de Cristo. La aceptaron en sus vidas, fueron oprobio ante el mundo, no negaron su mensaje y así lo comunicaron. Pablo dijo a Timoteo: pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1Ti 4:1). También le dijo: también debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos… (2Ti 3:1,2a) y puntualizó: porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartaran la verdad del oído y se volverán a las fabulas (2Ti 4:3,4).

Ahora la gran pregunta es: ¿qué decides tú? Aceptas su mensaje o lo rechazas. ¿Será el mensaje de la Cruz locura o salvación para ti?¿Aceptarás la verdad por cruda que sea esta o te irás en pos de aquellos que predican light, y te dicen lo que tu quieres oír y no lo que necesitas saber? Entonces si quieres valorar lo que esta fecha conmemora, reflexiona sobre el mensaje que sigue dando Nuestro Señor Cristo, si quieres ir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. Me despido diciéndote como siempre: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Alfonso Ropero B. Mártires y perseguidores, Pág. 21

[2] José Luis Martín Descalzo, Vida y Ministerio de Jesús de Nazareth, Pág. 678.

[3] Robert H. Stein, Jesús el Mesías: un estudio de la vida de Cristo, Pág. 289.

[4] José Luis Martín Descalso, Pág. 680.

[5] John MacArthur, Difícil de creer, Pág. 40 de la versión e-book.

[6] Martín Descalzo, 679,

[7] Jurgen Moltmann, El Dios crucificado.

[8] Descalzo, Pág. 684.

[9] Alfonso Ropero, Mártires y perseguidores, Pág. 22.

[10] John MacArthur, Difícil de Creer, Pag. 32.

[11] Ibíd. 44.

¿Debe la iglesia local del siglo XXI ser reformada? (1era Parte)

Introducción

La historia de la iglesia esta clara respecto a que: la Reforma Protestante no perseguía la división de la iglesia, buscaba mas bien reformarla. En una definición pura sobre este verbo, diríamos que reformar es: hacer modificaciones en una cosa con el fin de mejorarla. O corregir o enmendarse (una persona o un colectivo) en sus costumbres o sus actitudes. Los antecesores a Lutero, Lutero mismo y los reformadores, buscaban precisamente eso, la modificación de la iglesia de Roma para que esta enmendara sus costumbres, sus actitudes, y sus prácticas. Lutero buscaba que pararan los abusos de las indulgencias, las practicas lascivas, y la malformada concepción de hacer iglesia. Lutero buscó que la iglesia de Roma mejorara, no que se fuera en contra de la Autoridad Bíblica y se dividiera, como dice Alfonso Ropero: ni por sueños le pasó separarse de la iglesia. Sus 95 tesis expusieron su desacuerdo, sin embargo, su empresa no encontró éxito en parte y en tiempo porque luego la iglesia de Roma convocó varios concilios para reordenarse y responder a los reformadores. Pese a que: “al convocar los Concilios de Pisa, Constanza y Basilea, la Iglesia católica romana confesó abiertamente los males que existían en su seno, y la necesidad urgente que había de remediarlos” (Historia general de la iglesia, Alfonso Ropero, Pág. 191) sus cambios no fueron de fondo y tampoco accedió a lo protestado. Mas bien respondió desde su concepción eclesial y continuó bajo los fundamentos de su tradición.

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La Reforma Protestante introdujo una visión distinta de lo que es ser iglesia. Trajo modificaciones, restableció la autoridad de la Biblia, estableció los fundamentos para que todos entendiéramos el Camino, apreciáramos la Verdad y recibiéramos la Vida. La Reforma Protestante trajo un nuevo entender de la Biblia pues con el trabajo de los reformadores tuvimos acceso a ella, lo cual antes estuvo reservado únicamente para algunos clérigos. La Reforma Protestante dejó un antes y un después en la historia. Aquella proclama protestante trajo cambios, grandes cambios, no como fue concebida pero cambios buenos al fin. Bajo estos antecedentes me pregunto:

¿Deberíamos protestar los creyentes hoy día contra algunas malas practicas de la iglesia local? ¿Deberíamos buscar la reforma de la iglesia local cuando hay despotismo en nuestros dirigentes? ¿Deberíamos protestar para reformar nuestras iglesias locales? ¿Podemos buscar reformas en la iglesia local a través de concilios tal como los hubieron en la historia? O ¿debemos permanecer sometidos al error, callar y aceptar todo, aun cuando no estamos de acuerdo, por miedo a levantar nuestras voces y ser excomulgados?¿Es la voz de nuestros pastores infalible tal como la de los pontífices de roma cuando hablan ex cátedra?

Reformar no es dividir

Estoy seguro que si encuestáramos a la iglesia evangélica nacional, sin poner banderas de denominaciones, ni nombres de misiones, la gran mayoría concordaría en el hecho de que la iglesia necesita reformas. ¿Cómo puedo asegurarlo? La evidencia salta por sí sola a la palestra. Sí vemos el numero de iglesias que se han dividido a causa de los desacuerdos que existen entre sus dirigentes entonces veríamos sin forzar la vista, que a la gran mayoría de nuestras iglesias les hacen falta cambios de fondo y no de forma. Que existen muchos desacuerdos.

Porque en la historia de la iglesia en general ha habido personas que piensan diferente pero, o son callados o no se atreven hablar. O cuando hablan lo hacen con hechos, dividiendo a la iglesia local. Lamentablemente la iglesia no debe dividirse, ningún líder debería tomar esa decisión tan nociva y tan dolorosa, pero, sucede precisamente porque las reformas no encuentran lugar dentro de la iglesia local. Ocurre porque los egos se imponen y las razones no encuentran puntos medios. El Dr. David Suazo en una de sus materias nos desafiaba con lo siguiente: si van a formar una iglesia nueva –no una división aclaro–, que sea una diferente. Ya estamos cansados de lo mismo. No hagamos más de lo mismo. Estamos atestados de iglesias que no están haciendo nada para mejorar el que hacer evangélico. Este sería el mensaje preciso para quienes dividen o han dividido sus iglesias. Si van hacer mas de lo mismo, lo mejor sería buscar las reformas para su iglesia local y no herir fuertemente a sus fieles. Enfatizo, que la idea de este articulo no es mover a lideres a que busquen la división de la iglesia, mas bien, a que busquen reformar sus iglesias locales a través de acuerdos. Que busquen ser escuchados. Que traten la manera de acercarse a sus dirigentes para que se propongan cambios en pro de toda la congregación.

Jesús fue enfático en cuanto a no hacer divisiones, Él dijo que una casa o un reino dividido no puede prevalecer (Mt 12:25; Mr 3:25; Lc 11:13, 17), de esa cuenta, una iglesia no prevalecerá si se divide por no encontrar puntos de inflexión. La iglesia debe permanecer unida como lo hizo la iglesia primitiva. Permanecía unánime, en el mismo sentir, buscando la igualdad para todos sus militantes. Nunca se movió por fines egoístas, o por fines ambiciosos. Cuando los perseguían se agrupaban. La iglesia unida prevalecería contra el las puertas del Hades (Mt 16:18). Lo único que dividía a la iglesia fue cuando tuvieron que decidir si Cristo como Señor o el César como señor. Jesús lo dijo, por causa de Él se dividirían las familias (ver Lc 12:52), pero el trasfondo de esto era que debían decidir si lo seguían o lo negaban. No eran divisiones superfluas, eran asuntos de convicciones basadas en Cristo. Entonces entendamos que reformar no es dividir, es mejorar, cambiar, apuntar hacia el mismo fin, el crecimiento y perfeccionamiento de los santos para alcanzar la medida, de la estatura del Varón Perfecto, Cristo.

En el siguiente articulo veremos algunos los puntos álgidos por los cuales merece la pena que la iglesia proteste para reformarla. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.