DIOS DEFIENDE A SUS HIJOS

Sé que el título de este articulo suena muy general y en realidad si lo es. Porque la Biblia nos muestra en múltiples pasajes que Dios defiende a sus hijos. Dios los guarda, los protege, pelea por ellos. Dice la Biblia que Él es escudo alrededor de nosotros. Que nos esconde bajo sus alas, y así podría seguir exponiendo tantas otras verdades que nos muestra al Padre celestial como fiel defensor de sus hijos.

Sin embargo, quiero centrarme en un pasaje en específico. Un pasaje donde podemos ver la Mano de Dios resguardando a uno de sus siervos. Veremos en tres partes lo maravilloso que es Dios y cómo actúa a favor de Su Pueblo. La primera parte la denominaremos: el desafío. La segunda la llamaremos: la reacción ante el desafío. Y finalmente al tercer acto le llamaremos: la respuesta de Dios.

Primera parte: el desafío. En el capítulo diecisiete del segundo libro de Reyes, se narra cómo finalmente después de tanta ofensa contra Dios, el ejecutó su juicio contra el reino del Norte. No quiero extenderme mucho en esa descripción, pero el pasaje cuenta que Salmanasar, rey de Asiria, sitió y conquistó Samaria. Llevándolos cautivos y dejando desolada toda aquella región. Nunca más volvieron a ser los mismos después de aquel terrible suceso, producto del abandono a Dios.

Años después Senaquerib rey de Asiria amenazó a Judá. Tomó algunas de sus ciudades, atemorizando a sus habitantes y a Ezequías quien era el rey en turno. Este humildemente accedió a darle tributo. La plata y el oro que se hallaba en la casa de Dios fue quitado de los muros y en los tesoros del rey para ser tributado ante su adversario. Sin embargo esto no sació la ambición del rey de Asiria y envió a tres personajes importantes, acuerpados por un gran ejército para desafiar al rey y su pueblo. El objetivo de esta visita no era otro más que amedrentar al rey y a los pobladores de Judá.

En vs.19-20 dice: “Digan ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es ésta que tú tienes? Tú dices (pero sólo son palabras vanas): Tengo consejo y poder para la guerra. Mas ahora, ¿en quién confías que te has rebelado contra mí? sin duda que las palabras del Rabsacés eran fuertes, desafiantes e intimidantes. Luego siguió diciéndoles que no estuvieran creyendo que Egipto podría librarlos de ellos porque Faraón y sus tropas no eran un rival digno contra ellos. Cada palabra que salía de su boca iba subiendo de tono. En v. 22 ya tocó un punto delicado pues él dijo: pero si me decís: Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitado y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Adoraréis delante de este altar en Jerusalén?  Como vemos empezó a tocar terreno peligroso porque la ofensa ya no era únicamente contra Ezequías, ni contra el pueblo, ya involucraba el bendito nombre de Dios.

Con sus palabras este hombre empezó a sembrar dudas en el pueblo. Comenzó a meter en sus mentes la idea que el rey de Asiria era aún más poderoso que el Dios de ellos. A pesar que trataron de reconvenirlo en cuanto a sus palabras, a él no le importaba injuriar delante de quien fuera. Pero el Rabsacés dijo: ¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras sólo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y beber su propia orina con vosotros? No me queda duda  que este hombre estaba hablando en serio. De frente les estaba diciendo que si llegaban a derrotarlos la humillación sería tan grande que a un el resultado de sus necesidades fisiológicas se comerían. Siguió diciéndoles: Escuchad la palabra del gran rey, rey de Asiria. Así dice el rey: que no os engañe Ezequías, porque él no os podrá librar de mi mano; ni que Ezequías os haga confiar en el Señor diciendo: Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria. (2Re 18:28-29). Y las palabras continuaban cada vez más fuertes e insistentes en lo mismo, nadie podrá librarlos de mi rey. En vs más adelante aquel hombre incluso comparó al Señor con los otros dioses al decir: ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de Hamat y Arfad? ¿Dónde están los dios de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Cuándo han librado ellos a Samaria de mi mano? ¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi mano, para que el Señor libre a Jerusalén de mi mano? Ante tanta vociferación el pueblo por orden del rey no contestó ninguna palabra. (2Re 18:33-36).

No podemos avanzar sin comprender bien lo que aquel hombre pretendía hacer con los habitantes del reino de Judá. Porque este aspecto nos involucra directamente a nosotros también. Dado que la confianza del pueblo estaba puesta en su Dios, lo que el jefe del ejército pretendía era que ellos perdieran por completo la fe en Él. Estaba poniendo a prueba lo que ellos en realidad creían. Mencionó un listado de dioses que los samaritanos tenían por dioses y que estos no habían podido librarlos. Ahora bien, si los judíos consideraban a Yahwéh al nivel de esos dioses por supuesto que estaban perdidos. Pero si ellos creían que Dios era verdadero y no podía ni siquiera compararse con ellos, entonces las posibilidades de salir del problema eran altas.

Segunda parte: la reacción del rey Ezequías al desafío de Senaquerib. En medio de esta serie de amenazas algo debía hacer el rey. Por supuesto que conocía la fama que tenían los asirios y sabían que aquella amenaza era muy seria. Tras lo visto en  otras naciones y conociéndose así mismo sabía que aquello ya había pasado del terreno material al espiritual en cuanto el nombre de Dios salió a luz. En 19:1 dice que Ezequías cuando oyó esto, rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. Además dice los versos siguientes que mandó un mensaje al profeta Isaías exponiéndole la situación. La respuesta del profeta a los siervos del rey fue: Así dice el Señor: No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiria han blasfemado. He aquí pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada (2Re 19:6b-7).

Esta parte es muy importante para nosotros, puesto que  aquí se ve la reacción natural de un hijo de Dios, clamar a Su Padre. Ante los problemas podemos tomar actitudes negativas. Podríamos pensar en darnos por vencidos sin haber peleado. Podemos simplemente renegar, o sentirnos derrotados, o dudar de Dios, o creer en lo que nos están diciendo. O bien adoptar una postura de humillación delante de Dios. Las palabras del profeta Isaías bien pueden consolar y curar nuestras heridas si estamos en una situación donde la salida no se ve tan fácil. Podemos oír esa voz del cielo que nos dice: NO TEMAS.

Pese a las palabras del profeta, las cosas no cambiaron de tónica. Otros mensajeros fueron a Ezequías con un nuevo mensaje: No te engañe tu dios en quien tu confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí, tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones, destruyéndolas por completo, ¿y tú serás librado? ¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva? Nuevamente los mensajeros estaban tratando de intimidarlos, recordándoles que otros pueblos habían confiado en sus dioses y en sus ejércitos pero en realidad no fueron rivales contra ellos.

Ezequías nuevamente recurrió al único lugar donde sabía que podría encontrar consuelo, la Presencia de Dios. Del v.15 al 19 la Biblia nos cuenta la preciosa oración que hizo delante de Dios. Ezequías dijo:

Oh Señor, Dios de Israel, que estas sobre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Señor, tu oído y escucha; abre, oh Señor, tus ojos y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo. En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, y han echado a sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y de piedra; por eso los han destruido. Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, oh Señor eres Dios.

Sin lugar a dudas, fue una preciosa oración la que salió del corazón de Ezequías. No cabe duda que entre más angustiados estamos, más sinceros podemos ser delante de Dios. La primera parte de la oración de Ezequías nos muestra la exaltación del nombre de Dios que él expresó. Luego le atribuye honra a su poder, y hay dos detalles de gran valor. Primero Ezequías deja claro que si bien es cierto aquellos reyes pudieron derrotar a otros pueblo, fue principalmente porque esos eran dioses falsos. Porque no eran el Dios verdadero. No eran más que simples esculturas de piedra y madera. Y en segundo lugar, Ezequías sintió que la ofensa no era contra él ni los habitantes de Judá sino contra Dios. Ezequías comprendió que aquel hombre estaba tratando de hacer dudar de Dios al pueblo. Por ello le pedía que se manifestara para que todos conocieran que Él era Dios. No pedía para que la victoria se le atribuyera a él, sino para que todos entendieran que no hay Dios como Yahwéh, que si salva y defiende a su pueblo.

Desenlace: la respuesta de Dios. Puedo asegurarte querido lector que estoy a punto de escribir lo que Isaías respondió a Ezequías y no dejo de estremecerme ante lo que Dios mandó a decir. El v.20 dice: Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de Israel: “lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado”. Es indudable que Dios vio la sinceridad de Ezequías, vio que lo que le dolía a él era que menospreciaran el Poder de Dios. Por ello su respuesta no se hizo esperar. Cuando Dios ve que nuestra búsqueda es darle la Gloria a Él, Dios nos responde.

Por razones de espacio no puedo escribir todo lo que Dios mandó a decirle pero amigo lector te invito a que leas los vs 21-34 para que descubras que contra Dios nada podemos hacer. Destaco algunos vs. El 31 dice: porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto. Por tanto, así dice el Señor acera del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella. Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad –declara el Señor. “Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David”.

Esas palabras finales son precisamente lo que inspiró este artículo. Dios defiende a sus hijos. La fidelidad de sus hijos es recompensada por el amor y el cuidado de Dios. Amigo que estás leyendo este artículo, no olvides esta respuesta de Dios: defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo. Dios te defenderá por amor de Su Santo y Bendito Nombre. Dios no se adormece delante de tus enemigos. Dios te guarda, te protege, te resguarda a tal punto que puedes estar seguro plenamente. El apóstol Pablo dijo: vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3:3). No sé exactamente que está amenazando tu vida, tu salud, tu familia, tu entorno, no sé exactamente que está haciéndote dudar de Dios, no sé qué pensamientos o que circunstancias están llevándote a pensar que Dios nada puede hacer por ti, pero a través de este artículo, te digo, Dios defenderá tu causa.

Adoptemos la actitud de Ezequías, una actitud de rendición, de humillación, adoptemos una actitud de impotencia delante de Dios y entonces veremos como Él pelea por nosotros. No permitamos que las dudas hagan nido en nuestra mente, no le demos lugar a las amenazas o las intrigas del enemigo y sigamos creyendo que Dios nos defiende. Vistámonos simbólicamente de cilicio y postrémonos delante del Señor, busquémoslo desesperadamente y en todo tiempo démosle la Gloria, y entonces y solo entonces podremos ver como Él nos levanta del lodo cenagoso.

El pasaje termina diciendo que el Ángel del Señor aquella noche hirió de muerte a ciento ochenta y cinco mil en el campamento enemigo, al amanecer solo cadáveres habían en aquel campamento y el rey de Asiria murió adorando a sus dios a manos de dos hombres que luego de matarlo huyeron de aquel lugar. A él sí que su dios no pudo advertirle de su amenaza  y menos pudo librarlo. Así que, no dejes de confíar que Dios defiende a sus hijos. Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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SEAMOS PORTADORES DE BUENAS NOTICIAS

Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey. (2Reyes 7:9).

 

Samaria por aquellos días vivía una gran hambruna. Sus habitantes sobrevivían a duras penas. Ben-adad, rey de Siria, había sitiado la ciudad de Samaria y esto provocó que los samaritanos no pudieran comerciar sus alimentos. La escases era tal que algunos de los habitantes se convirtieron en caníbales. Ciertas mujeres, por ejemplo,  convinieron comerse a sus hijos, y así lo hicieron solo en parte. Ya que una de ellas sacrificó a su hijo pero la otra lo escondió para no tener que comérselo (2Re 6:26-29), si, leyó bien, se comieron a un niño. Esta actitud nos muestra el grado de desesperación y necesidad que estaban experimentando.

En aquellos días habían cuatro leprosos que decidieron rendirse a los sirios. Llegaron a la conclusión que era mejor tratar de rendirse a ellos a seguir esperando la muerte a la entrada de la ciudad. Bien fuera que los sirios les perdonaran la vida o bien fuera que los mataran pero pensaron que valía la pena intentarlo. No tenían nada que perder y mucho que ganar. Se pusieron en marcha a media noche hacia el campamento enemigo, y su gran sorpresa fue que no encontraron a nadie. Dios había confundido a los sirios a través de sonidos como de un ejército numeroso. Los sirios pensaron que los hititas y los egipcios se habían aliado con el rey de Israel y huyeron atemorizados tratando de salvar sus vidas (2Re 7:3-7). Cuando los leprosos se dieron cuenta,

entraron en una tienda, y comieron y bebieron, y se llevaron de allí plata y oro y ropas, y fueron y lo escondieron; y volvieron y entraron en otra tienda y de allí también se llevaron botín, y fueron y lo escondieron (2Re 7:8).

Como diríamos coloquialmente: se sacaron el premio mayor de la lotería. Aquellos cuatro leprosos miserables, que salieron pensando en perder o ganar, terminaron ganando más de lo que suponían que podrían llegar a tener. Sin embargo el v.9 es el que ocupa mi reflexión en este escrito. Ya que la narración nos deja un dulce sabor de boca y grandes lecciones. Dice: Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey (2Re 7:9).

Por lo menos tres semillas podemos sembrar en nuestros corazones de este relato.

  1. Compasión. La compasión es ese sentimiento de tristeza que una persona experimenta cuando ve que otra persona padece. Este sentimiento lo impulsa a aliviar el dolor o sufrimiento ajeno. La compasión es el deseo de remediar o evitar los sufrimientos de otros. Precisamente esto fue lo que sintieron los cuatro leprosos mientras se deleitaban con los bienes de los arameos. Al principio del v.9 ellos se dijeron entre sí: no estamos haciendo bien. Es decir: pensaron que no era justo disfrutar de todo aquel botín, mientras que la gente en Samaria padecía y moría a causa del hambre.

Sintieron compasión de sus compatriotas, pese a que los leprosos por Ley no podían integrar la sociedad de manera común, más bien debían vivir excluidos de ella. No podían generar ningún bien para subsistir. Dependían completamente de la bondad de los habitantes. Comían si sus familias les daban o si las personas se compadecían de ellos. Aunque por el estilo de vida de aquellos días, los samaritanos eran más bien egoístas y avaros. Por los relatos de otros profetas sabemos que se habían olvidado de la viuda y del huérfano, misma actitud supongo tenían con los necesitados. Sin embargo, los leprosos no actuaron igual. Ellos mostraron que quién más ha sufrido necesidad tiende a ser más generoso que quien nunca lo ha  experimentado.

Como pueblo de Dios y sin importar el estatus económico que poseamos, estamos llamados a ser compasivos. A dar siempre con generosidad. No podemos ser egoístas y llevar agua solo para nuestro molino. La iglesia primitiva es el claro ejemplo de cuan compasivos fueron unos con otros, ya que podemos leer varios relatos sobre como muchos de ellos estuvieron dispuestos a vender sus posesiones y que sirvieran para el bien común (ver Hch 4:36-37). Si conocemos las necesidades de otros demos con compasión. Demos para un misionero que está en otro país llevando a cabo la obra de Dios.

  1. Buenas Noticias. Luego de darse cuenta los leprosos que no era correcto saciarse de manera egoísta pensaron que aquel día era un día de buenas noticias, pero nosotros estamos callados se dijeron entre sí. Saber que los sirios ya no sitiaban más la ciudad eran buenas noticias. Todo el pueblo debía saber que sus verdugos ya no estaban amenazándoles. Por ello los leprosos sintieron que era urgente llevar la buena noticia al rey y a todos sus habitantes. Puedo imaginar el gozo, los festejos del pueblo al enterarse que su opresor ya no estaba más ahí. Imagino que no importaba si eran cuatro harapientos leprosos los que les daban la noticia lo importante era el mensaje y no el mensajero. Ellos al final de cuentas eran solo portadores de la bendición de saber que finalmente podrían comer.

Evangelio significa: “buenas nuevas o buenas noticias”. Pero, ¿por qué el Evangelio son Buenas Noticias? Porque aquel que se arrepiente de sus pecados, pide perdón y hace de Jesucristo Su Señor y Salvador ha pasado de muerte a vida. Recibe la buena noticia que toda la deuda que tenía con Dios por causa del pecado ha sido perdonada. Finalmente la ira que le aguardaba para el día final ha sido cancelada a través del sacrificio de Jesucristo.

Al entrelazar el pasaje de los leprosos y la definición que hemos dado del Evangelio la conclusión cae sola por su propio peso. Ya que la iglesia es la que ha sido llamada desde el primer día que el Espíritu Santo fue derramado sobre ella en el aposento alto a ser la portadora de las buenas noticias. Es la iglesia la que tiene que llevarle las Buenas Noticias de Salvación al mundo que esta sitiado por su pecado, que esta prisionero de sus pasiones, que está muriendo lentamente en sus delitos y pecados. La iglesia debe pensar como aquellos leprosos, vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia… y no solamente saciarse y deleitarse de manera egoísta.

Más bien debe tener ese sentido de urgencia, debe sentir compasión por todos aquellos que aún no conocen del Señor Jesucristo y anunciar que solo Él puede liberarlos de su opresión llámese como se llame. Debe estar consciente que no ha sido llamada a obstruir las buenas noticias, sino más bien a compartirlas. Debe ser portadora de buenas noticias. La Biblia dice que somos luz, y debemos alumbrar, debemos estar puesto en lo alto para que los hombres sean iluminados con el Evangelio. No podemos escondernos, no podemos callar, debemos hablar. TAMPOCO podemos envanecernos por ser portadores de buenas nuevas, porque como se dijo antes, somos solo portadores, el mensaje es lo que importa no el mensajero. Como escribió Sugel Michelen, somos mendigos diciéndole a otros mendigos donde hay pan.

 

  1. Dios es soberano. Los leprosos pudieron saciarse, los leprosos pudieron dar la noticia, el pueblo fue liberado, la profecía del hombre de Dios se cumplió por una sola razón, Dios es soberano sobre todas las cosas. Fue a causa de lo que Él le hizo a Ben-adad y a su ejército que aquella ciudad fue liberada de sus opresores. No podemos dejar pasar por alto ese hecho porque es el más importante de todos. Porque es a lo que la Biblia nos mueve siempre, a Dar la Gloria a Dios por Su magnífico poder, por Su fidelidad, por Su bondad y compasión. Porque a pesar de la maldad de Su pueblo, Él sigue obrando de acuerdo a su soberanía. Dios es soberano a pesar de ti y de mí. Él puede librarnos de cualquier situación adversa, puede obrar de acuerdo a sus planes y por eso siempre Él se lleva la Honra y la Gloria. Porque para Él no hay nada imposible. Lo que para el hombre no parece solucionarse, para Dios resulta posible. Por eso el apóstol Pablo escribió: A Él sea la Gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén (Ef 3:21).

 Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

PONER A DIOS EN PRIMER LUGAR SIEMPRE TRAE RECOMPENSAS

En cierta ocasión un intérprete de la Ley le  preguntó al Señor Jesucristo: ¿Cuál era el principal mandamiento? Jesús le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento”, agregó el Señor (Mt 22:37-38).  De más está decirlo pero en todos los ambientes cristianos esta afirmación es muy conocida. Ahora bien, la experiencia nos muestra que a pesar de saberlo pocos verdaderamente lo ponemos en práctica, pues hay un dicho popular que reza: del dicho al hecho hay mucho trecho. Hay una gran distancia entre decirlo y vivirlo. Hablar no cuesta nada, hacer las cosas es lo verdaderamente complicado.

Decir: “amo a Dios por encima de todo lo demás” suena bonito, pero hacerlo es algo totalmente distinto. Cantamos: “te amo más que a mi vida”, pero pensándolo bien, ¿verdaderamente es así? Poner a Dios por encima de mi propio ego, por encima de mis gustos, mis ambiciones, mis pasiones, mi familia, mi trabajo, mis amigos, eso sí que es amarlo. Eso sí refleja que Cristo es el Señor de mi vida y que por encima de todo amo a Dios.

En la vida se nos presentan oportunidades donde debemos mostrar si eso es una realidad propia o si son solo frases trilladas. Por ejemplo, la “viuda de Sarepta”. Ella vivía precariamente. Dice la Biblia que además de ser viuda, tenía un hijo. Aunque no hay una descripción precisa, suponemos que su hijo era apenas un niño porque dependía de su madre. Lo cierto es que apenas sobrevivían. Además, por aquellos días no había llovido por mandato de Dios a causa de la idolatría del pueblo. Elías le declaró al rey Acab: vive el Señor, Dios de Israel, que ciertamente no habrá rocío de lluvia en estos años, sino por la palabra de mi boca”(1Re 17:1). Y así fue, dejó de llover por mucho tiempo, y como era de esperarse esto afectó cultivos, ganados, todo. La economía de los más pobres se vio afectada severamente a causa de la insensatez del gobernante en turno y los que le antecedieron.

Después de esto, Elías el profeta, estuvo un tiempo viviendo cerca del arroyo de Querit al oriente del Río Jordán. Ahí dice la Biblia que: cuervos lo alimentaban con pan y carne durante la mañana y la tarde (1Re 17:5-6). Fue hasta que el arroyo se secó que Elías nuevamente tuvo que mudarse a otro sitio. Dios le dijo que fuera a Sarepta, y que allí una viuda se encargaría de su sustento (1Re 17:9). Obedientemente dice en el v 10 que Elías hizo lo que Dios le mandó.

Y aquí entra en escena la tan conocida “viuda de Sarepta”. Cuando Elías se presentó con ella le dijo: “Te ruego que me consigas un poco de agua en un vaso para que yo beba. Cuando ella iba a conseguirla, la llamó y le dijo: te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Pero ella respondió: vive el Señor tu Dios, que no tengo pan, sólo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija y estoy recogiendo unos trozos de leña para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que comamos y muramos” (1Re 17:10-12). Si se musicalizara esta escena al estilo Hollywood seguramente oiríamos las notas de un violín triste y sombrío mientras ella le describe al profeta la desgracia en la que se encontraba. Puedo ver además al profeta Elías sintiendo gran compasión por aquella mujer mientras ésta le describía su situación. Quizás pensó, aquí no habrá pan y carne como lo hubo antes, pero estoy seguro que confiaba en lo que Dios le había dicho: “yo he mandado a una viuda de allí que te sustente” (1Re 9b).

Dice v.13: Entonces Elías le dijo: “No temas; ve, haz como has dicho, pero primero hazme una pequeña torta de eso y tráemela; después harás para ti y para tu hijo”. Si el profeta hubiera dicho solamente esto, estoy seguro que aquella mujer y nosotros también diríamos dentro de sí: “este profeta como que no me entendió, le estoy diciendo que ya no queda más que solo para una ración y me está pidiendo que le haga a él y luego que le prepare a mi hijo, ¿de dónde quiere que saque para todos?”. Pero bendito Dios que nos da las Semillas de Fe suficientes para que nosotros al igual que la viuda no tengamos temor pues dice v. 14 que él le dijo: “Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “No se acabará la harina en la tinaja ni se agotará el aceite en la vasija, hasta el día en que el Señor mande lluvia sobre la faz de la tierra”. En ese momento la música del violín ya no se hubiera escuchado más. Casi imagino que se oiría una orquesta entera in crescendo triunfalista.

Fue en este preciso momento que aquella triste mujer tenía que tomar una decisión, debía decidir si ponía en primer lugar a Dios o no. Debía decidir si le creía al profeta o simplemente cocinaba, comía ella y su hijo y moría. Era ellos o el profeta de Dios. Al fin de al cabo él nunca se presentó como el profeta de Dios, posiblemente ella lo reconoció por su vestidura, pero, ella pudo dudar de sus palabras. Sin embargo, dice el v.15a que ella hizo: “conforme a las palabras de Elías”. En otras palabras, ella puso a Dios en primer lugar. Ella decidió creer que Dios cumpliría su promesa. Ella pudo pensar: así como ya no llovió por boca del profeta, así mismo la comida no escasearía en mi casa.

Dice la segunda parte del v.15 y el v.16, que: “ella, el profeta, y su hijo  comieron por muchos días. La harina de la tinaja no se acabó ni se agotó el aceite de la vasija, conforme a la palabra que el Señor había hablado por medio de Elías”. A este parte, seguramente la música que le pondríamos seria, un coro de ángeles dando gloria a Dios. La mujer puso en primer lugar a Dios y esto trajo recompensas. Dios fue primero que ella y su hijo y Dios la premió.

Quiero sembrar algunas Semillas de Fe en tu corazón.

  1. Humildad. Elías humildemente le pidió a la mujer que le sustentara. Vimos que cuando Elías llegó le dijo dos veces a la mujer: “te ruego me des agua” y “te ruego también que me traigas pan”. Pese a ser el hombre de Dios, profeta de Dios, no llegó imponente, no llegó soberbio, no llegó exigente con aquella mujer. Fue de manera sencilla, humilde a pedirle que lo alimentara. Si tú eres un misionero, un pastor, un siervo del Señor, aprende a pedir a tu iglesia enviadora, o a tus ofrendantes o a tu grey, con humildad. Nunca te impongas ante ellos o les exijas, porque recuerda que Dios es quien te envía y Dios es quien te sustenta.

 

  1. Obediencia. Elías sufrió las consecuencias de la falta de lluvia. Y aunque parecía inverosímil dos veces Dios le mostró que Él estaba en control de las cosas. Lo envió al arrollo y lo sustentó. Lo envió a Sarepta y también lo sustentó. Elias obedeció porque creía en Dios, confiaba en Él. Dios era primero que él mismo. No renegó porque lo envió a lugares incomodos, con personas extrañas, al contrario, obedeció al Señor todo el tiempo. De igual manera la mujer obedeció la voz del profeta. Hizo las cosas “conforme” a lo que le pidió. Si Dios está hablando a tu vida en este tiempo, y a ti te parece extraño lo que Él habla, no preguntes, solo obedece. Ni Elías ni la mujer cuestionaron las ordenes, y Dios los recompensó.

 

  1. Fe. Se necesita fe para creer que no llovió porque Elías lo dijo. Se necesita fe para creer que cuervos alimentaron a Elías con pan y carne. Se necesita fe para creer que Dios sustentaría la casa de aquella mujer. Se necesita fe para creer que las tinajas de harina y aceite no escaseaban. Se necesita fe para creer que Dios cumple todas sus promesas. No sé si por este tiempo te has estado cuestionando, si has estado dudando, si estas atravesando circunstancias donde estas cuestionando tu fe, pero yo te animo a que no dudes, Dios es el mismo de ayer, de hoy y lo será por la eternidad. Si Dios hizo maravillas antes, también las hará hoy de acuerdo a su voluntad.

 

  1. Soberanía. La viuda de Sarepta no tenía idea de lo que Dios había planeado para ella. No imaginaba que Dios había trazado un plan donde probaría si ella en verdad lo amaba más que a nadie en el mundo. Quizá ella estuvo orando por muchos días a causa de su necesidad, quizá Dios vio su desesperación, quizá Dios pensó hoy responderé a la súplica de esta mujer, en verdad no lo sé, pero lo que sí sé es que Dios le anticipó a Elías que ella lo sustentaría. Él ya sabía que habría de hacer. Lo mismo te digo a ti, hoy al igual que aquella mujer, al igual que Job, no sabes lo que Dios está planeando en el cielo para tu vida. No sabes que ha preparado Dios. No sabes como Dios probará tu fe. No sabes que está ocurriendo en la mente y en el corazón de Dios, pero lo que si debes saber que aun cuando tú lo desconozcas Dios es soberano por encima de todo, y que sus caminos son perfectos. Que sus planes son distintos a los tuyos. Sus planes son de bien y no de mal.

 

  1. Trabajo. Dios recompensó la fe de la viuda proveyéndole el sustento. Sin embargo dice el v.14 al final que Dios los sostendría hasta que la sequía terminara. Significa entonces que volvería llover y ella volvería a trabajar. Durante toda la crisis Dios la sostendría pero luego que terminara ella debía volver al trabajo. Debía seguir siendo la que sostendría a su hijo. Debía seguir esforzándose por sostener su casa. Me encanta Dios, porque sabe cómo buen Padre que debemos esforzarnos por nuestro sostenimiento. Como lo dijo el apóstol Pablo, “bueno es que no coma el que no trabaja”.

 

  1. Dios primero. Amar a Dios por encima de todo es fácil decirlo, vivirlo es totalmente distinto. Elías amó a Dios por encima de él mismo, fue obediente pese a las circunstancias adveras. La viuda también lo amó más que a ella misma y que a su propio hijo, dicho sea de paso, algo que no tan fácilmente puede hacer una madre. Pues sus hijos son su corazón mismo. Pero así lo hicieron. La experiencia con Dios nos lleva a que mostremos si es Él quien ocupa el primer lugar en nuestro corazón o no como lo hicieron ellos. Mi exhortación es a que pongamos al Señor como el centro de nuestra vida y todo lo demás vendrá por añadidura.

 

Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

LLAMADO PARA LLAMAR A OTROS

Lucas, el evangelista, nos cuenta que Jesús le dijo a Mateo o Leví, como también se le conoce: “Sígueme“. Al instante dice que se levantó y dejó la mesa de los tributos y lo siguió. Lo siguiente que nos cuenta es que Mateo ofreció un banquete al Señor donde además de los otros discípulos, también fueron invitados otros recaudadores de impuestos, amigos suyos. A simple vista esto no tiene nada de extraordinario. Al contrario, es lógico pensar que si una persona ofrece una cena a quienes debe invitar son sus amigos. Compañeros de trabajo, familia, etc.

Por supuesto esto no fue bien aceptado por todos. Especialmente por los fariseos y maestros de la Ley. Se escandalizaron a ver a un Rabino sentado con esta clase de gente a quienes se les consideraba de baja calaña, unos viles pecadores. Ante tal escándalo, Jesús hizo una de las declaraciones que a mi consideración particular es una de las más extraordinarias que he leído en la Biblia. Él les dijo: “No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. No he venido a llamar a Justos sino a pecadores para que se arrepientan (Lc 5:31-32)“. Imagino la cara de frustración que pusieron aquellos hombres cuando el Señor dejó de manifiesto cuál era su labor en la tierra. De esto por lo menos 4 Semillas podemos Sembrar en nuestro corazón.

  1. Gracia irresistible. Cuando Jesús vio a Mateo, no leo ningún diálogo entre ellos. Solo una palabra: Sígueme. No sé qué mirada hizo el Señor pero Mateo no pudo resistirse a su voz. Cuando estamos cara con el Señor y nos llama, nadie puede resistirse a Él.
  2. Gratitud. La respuesta de Mateo al llamado del Señor fue un banquete ofrecido en Su honor. Imagino que Mateo no sabía qué hacer con ese gozo que sentía luego que el Señor lo llamó y en lo único que pensó fue ofrecerle un banquete. Una gran lección para nosotros, porque si bien no le podemos ofrecer un banquete, si podemos adorarle con nuestro servicio, obediencia, devoción, etc. El banquete de Mateo fue una expresión de adoración hacia el Maestro.
  3. Comisión. Mateo entendió que Jesús lo había perdonado. Comprendió que el Señor lo había traído de las tinieblas a La Luz. Solo él y el Señor sabían en que condición estaba su corazón cuando Jesús lo llamó. Y solo Mateo podía saber que necesidades tenían también sus compañeros de trabajo, por eso pensó que ellos también debían escuchar el mensaje de Cristo. Pensó que estando presentes en la cena ellos también podían ser llamados al arrepentimiento y experimentar lo que él estaba sintiendo. De igual manera nosotros estamos comisionados para llamar a otros. Familiares, amigos, compañeros de trabajo, de escuela, de universidad, etc., para que conozcan al Señor y experimenten lo que nosotros hemos experimentado.
  4. Reconciliación. Jesús lo tuvo claro desde antes de la fundación del mundo, Él venía a este mundo siendo Dios, para reconciliarnos con
    el Padre. Él sabía que la única manera en que su pueblo, y todos regresemos al Padre, era y es a través de Él. Las personas buscaban la forma de agradar a Dios para encontrarlo. Pero Jesús nos encuentra primero para luego poder agradar al Padre. Jesús vino con una misión que consumó en su muerte y resurrección. Hoy sigue llamando a pecadores, a enfermos espirituales. Él es el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino es por Cristo.

Me despido como siempre diciendo: Haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Dios puede transformarnos!

 

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.” (1 Co 15:10). Uno lee esto y no se imagina que este mismo Pablo fue un día “Saulo el perseguidor De la Iglesia”.

Es indudable que solo el Poder De Dios pudo transformarlo. Lo hizo otro nacer de nuevo para que fuera nueva criatura y dejar las cosas viejas atrás. Cristo hablándole a Ananias dijo: “instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hch 9:15-16). Del cambio y el servicio de Pablo puedo extraer Dos Semillas de Fe:

1. Dios nos transforma para Su Obra. Saulo no imaginó jamás que se convertiría en Cristiano. Menos que sería precursor, Misionero, escritor, etc. El solo quería acabar con la iglesia. No imaginaba que Dios tenía un plan distinto para él. De la misma manera nosotros, antes de Cristo quizás éramos lo más vil y lo más despreciable de este mundo. Pero Dios nos usa como instrumentos de Su Gracia y nos capacita para servirle. Algunos no imaginamos que Dios pudiera un día usarnos para sus fines, pero la Gracia abunda en nosotros. Así la Gloria siempre es De Dios.

2. Dios no miente cuando nos da sus dones. “Instrumento me es dice el Señor pero le es necesario padecer“. Dios no le prometió bonanzas a Pablo, no le dijo: Pablo todo será fácil. Viajarás en camello, en primera clase, comerás hasta reventar, de todas partes tendrás quien sustente tu ministerio. Lejos está de ello. Aunque Pablo explico que el obrero es digno de su salario, no fijó su mirada en lo material. Él solo peleó la buena batalla de la Fe con tal de que todos conocieran a Cristo. Sufrió por la causa, tal y como Cristo le dijo, pero aún así, él pudo decir ya no vivo yo, más Cristo vive en mí.

Así que digamos a Dios en oración: “heme aquí, envíame a mi. Yo quiero ser instrumento en tus manos, cueste lo que cueste, quiero servirte. Tomo el compromiso aunque tenga que padecer como buen soldado, quiero ser colaborador de tu obra, Amén”.

Me despido diciendo: haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Tributemos alabanza al Señor…


Doxología es una expresión verbal de alabanza y adoración a Dios. Es un reconocimiento de la Grandeza y Magnificencia De Dios. Es una expresión en donde se le atribuye a Dios la Gloria y Honor que solo Él merece. El rey David constantemente le expresaba al Señor su alabanza. Los Salmos son una evidencia de ello. También en 1 Crónicas ha quedado registrada una de esas expresiones de adoración.

Dice la Biblia que David hablándoles a los jefes de las tribus de Israel y a los jefes militares, a los administradores de lo bienes, y a otros hombres importantes, que él había mandado a reunir, les dijo: “que el deseaba construir un lugar para que el Arca del Pacto reposara ahí pero Señor le había dicho que no sería él quien le construiría un templo sino que Salomón, su hijo, había sido elegido para ser el sgiuiente rey de Israel y él seria el encargado de construirlo (1Cro 28:1, 4-7).

Si embargo, David les dijo también que él con mucho esfuerzo y habilidad había podido conseguir grandes cantidades de piedras preciosas, oro, plata, etc como preparativo para esta gran obra (1Cro 29:2-4), y luego les preguntó a ellos: ¿Quién, pues, esta dispuesto a dar su ofrenda hoy al Señor? (v.5). Dice que: El pueblo no solo no rehusó dar voluntariamente, sino que ademas dice la Biblia que se alegró al darle de corazón su ofrenda al Señor (vs. 5-9). No pudiendo contenerse David a la respuesta del pueblo, expresó verbalmente su adoración a Dios. La doxología de David dice así:

“Bendito eres, oh Señor, Dios de Israel, nuestro padre por los siglos de los siglos. Tuya es, oh Señor, la grandeza y el poder y la gloria y la victoria y la majestad en verdad, todo lo que hay en los cielos y en la tierra; tuyo es el dominio oh Señor, y tú te exaltas como soberano sobre todo. De ti proceden la riqueza y el honor; tú reinas sobre todo y en tu mano están el poder y la fortaleza, y en tu mano está engrandecer y fortalecer a todos. Ahora pues, Dios nuestro, te damos gracias y alabamos tu glorioso nombre, (1Cro. 29:10-13).

Tres Semillas de Fe quiero sembrar en tu corazón a partir de esto:

  1. Expresemos alabanza a Dios constantemente. Así como David solía darle adoración a Dios todo el tiempo, nosotros también procuremos expresarle nuestra adoración al Señor de forma continua. No nos cansemos de darle la Gloria y la Honra porque solo Él la merece. Todo lo que escribió el rey, resume el carácter De Dios. Su grandeza, su poder, su majestad, su soberanía, razones suficientes para expresar nuestra alabanza.
  2. Reconozcámoslo en todo lo que hacemos. David dijo: tuyo es el dominio, de ti procede la riqueza y el honor, tu reinas sobre todo, tres formas de decir que nada de lo que nosotros hagamos proviene de nuestras habilidades, nuestras capacidades, sino que procede De Dios. Nuestra vida se la debemos a Dios. El trabajo que tenemos, la casa donde habitamos, la inteligencia para estudiar, etc. todo proviene De Dios. Por ello en nuestra alabanza reconozcámoslo en todo lo que hacemos.
  3. Agradezcamos por lo que Él es. Esto podemos hacerlo de diversas maneras, podemos hacerlo cantándole, escribiendo, orando, levantando nuestras manos, derramando nuestro corazón, siendo buenos empleados, buenos padres, siendo fieles, ofrendando, etc. Cualquier medio que usemos para agradecerle es bueno. Porque Digno Es Él.

 

Me despido diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

LA VOLUNTAD DE DIOS ES MANIFIESTA EN TODO LUGAR

Naamán el general del rey de Siria, además de ser un hombre importante también sufría a causa de la lepra. Un día, una joven sierva, exiliada de Israel, le comentó que en su tierra había un profeta que podría ayudarlo. Luego de algunas confusiones estuvo delante de Eliseo el profeta De Dios. Naamán pese a la enfermedad era orgullos, tanto, que se sintió ofendido cuando el profeta no salió a recibirlo. Aun mas cuando lo mandó sumergirse 7 veces al río Jordan para sanar. Él pensó que en sus territorios habían mejores ríos que el Jordán como para sumergirse ahí. Fue otro siervo quien le hizo ver que sumergirse 7 veces no era un precio tan alto a pagar si el beneficio sería la cura de esa enfermedad tortuosa. Naamán accedió y el resultado fue una piel tan tersa como la de un bebé. A partir de este milagro, Naamán reconoció a Dios como el Dios verdadero. Y afirmó lealtad a Él pese a que tenía que volver a su país, (2Re 5).

Quiero sembrar estas tres Semillas de Fe en tu corazón:

1. NO DEJEMOS DE HABLAR NUNCA DE LAS BONDADES DE DIOS. LOCAL O FUERA DE NUESTRAS FRONTERAS. PUES DIOS SIEMPRE SABE COMO Y DONDE ALCANZARÁ A LAS PERSONAS.
2. NO DEJEMOS QUE EL ORGULLO SEA EL MURO QUE NOS IMPIDA VER LA BONDAD DE DIOS. DIOS SIEMPRE EXALTA LA HUMILDAD, Y A LA ALTIVEZ LA DESECHA.
3. NO DEJEMOS DE ADORAR A DIOS CUANDO EXPERIMENTEMOS SU BONDAD. CUANDO EL RESPONDE NUESTRA ORACION, NUESTRA RESPUESTA ES LA EXALTACION DE SU SANTO NOMBRE.