DIOS DEFIENDE A SUS HIJOS

Sé que el título de este articulo suena muy general y en realidad si lo es. Porque la Biblia nos muestra en múltiples pasajes que Dios defiende a sus hijos. Dios los guarda, los protege, pelea por ellos. Dice la Biblia que Él es escudo alrededor de nosotros. Que nos esconde bajo sus alas, y así podría seguir exponiendo tantas otras verdades que nos muestra al Padre celestial como fiel defensor de sus hijos.

Sin embargo, quiero centrarme en un pasaje en específico. Un pasaje donde podemos ver la Mano de Dios resguardando a uno de sus siervos. Veremos en tres partes lo maravilloso que es Dios y cómo actúa a favor de Su Pueblo. La primera parte la denominaremos: el desafío. La segunda la llamaremos: la reacción ante el desafío. Y finalmente al tercer acto le llamaremos: la respuesta de Dios.

Primera parte: el desafío. En el capítulo diecisiete del segundo libro de Reyes, se narra cómo finalmente después de tanta ofensa contra Dios, el ejecutó su juicio contra el reino del Norte. No quiero extenderme mucho en esa descripción, pero el pasaje cuenta que Salmanasar, rey de Asiria, sitió y conquistó Samaria. Llevándolos cautivos y dejando desolada toda aquella región. Nunca más volvieron a ser los mismos después de aquel terrible suceso, producto del abandono a Dios.

Años después Senaquerib rey de Asiria amenazó a Judá. Tomó algunas de sus ciudades, atemorizando a sus habitantes y a Ezequías quien era el rey en turno. Este humildemente accedió a darle tributo. La plata y el oro que se hallaba en la casa de Dios fue quitado de los muros y en los tesoros del rey para ser tributado ante su adversario. Sin embargo esto no sació la ambición del rey de Asiria y envió a tres personajes importantes, acuerpados por un gran ejército para desafiar al rey y su pueblo. El objetivo de esta visita no era otro más que amedrentar al rey y a los pobladores de Judá.

En vs.19-20 dice: “Digan ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es ésta que tú tienes? Tú dices (pero sólo son palabras vanas): Tengo consejo y poder para la guerra. Mas ahora, ¿en quién confías que te has rebelado contra mí? sin duda que las palabras del Rabsacés eran fuertes, desafiantes e intimidantes. Luego siguió diciéndoles que no estuvieran creyendo que Egipto podría librarlos de ellos porque Faraón y sus tropas no eran un rival digno contra ellos. Cada palabra que salía de su boca iba subiendo de tono. En v. 22 ya tocó un punto delicado pues él dijo: pero si me decís: Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitado y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Adoraréis delante de este altar en Jerusalén?  Como vemos empezó a tocar terreno peligroso porque la ofensa ya no era únicamente contra Ezequías, ni contra el pueblo, ya involucraba el bendito nombre de Dios.

Con sus palabras este hombre empezó a sembrar dudas en el pueblo. Comenzó a meter en sus mentes la idea que el rey de Asiria era aún más poderoso que el Dios de ellos. A pesar que trataron de reconvenirlo en cuanto a sus palabras, a él no le importaba injuriar delante de quien fuera. Pero el Rabsacés dijo: ¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras sólo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y beber su propia orina con vosotros? No me queda duda  que este hombre estaba hablando en serio. De frente les estaba diciendo que si llegaban a derrotarlos la humillación sería tan grande que a un el resultado de sus necesidades fisiológicas se comerían. Siguió diciéndoles: Escuchad la palabra del gran rey, rey de Asiria. Así dice el rey: que no os engañe Ezequías, porque él no os podrá librar de mi mano; ni que Ezequías os haga confiar en el Señor diciendo: Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria. (2Re 18:28-29). Y las palabras continuaban cada vez más fuertes e insistentes en lo mismo, nadie podrá librarlos de mi rey. En vs más adelante aquel hombre incluso comparó al Señor con los otros dioses al decir: ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de Hamat y Arfad? ¿Dónde están los dios de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Cuándo han librado ellos a Samaria de mi mano? ¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi mano, para que el Señor libre a Jerusalén de mi mano? Ante tanta vociferación el pueblo por orden del rey no contestó ninguna palabra. (2Re 18:33-36).

No podemos avanzar sin comprender bien lo que aquel hombre pretendía hacer con los habitantes del reino de Judá. Porque este aspecto nos involucra directamente a nosotros también. Dado que la confianza del pueblo estaba puesta en su Dios, lo que el jefe del ejército pretendía era que ellos perdieran por completo la fe en Él. Estaba poniendo a prueba lo que ellos en realidad creían. Mencionó un listado de dioses que los samaritanos tenían por dioses y que estos no habían podido librarlos. Ahora bien, si los judíos consideraban a Yahwéh al nivel de esos dioses por supuesto que estaban perdidos. Pero si ellos creían que Dios era verdadero y no podía ni siquiera compararse con ellos, entonces las posibilidades de salir del problema eran altas.

Segunda parte: la reacción del rey Ezequías al desafío de Senaquerib. En medio de esta serie de amenazas algo debía hacer el rey. Por supuesto que conocía la fama que tenían los asirios y sabían que aquella amenaza era muy seria. Tras lo visto en  otras naciones y conociéndose así mismo sabía que aquello ya había pasado del terreno material al espiritual en cuanto el nombre de Dios salió a luz. En 19:1 dice que Ezequías cuando oyó esto, rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. Además dice los versos siguientes que mandó un mensaje al profeta Isaías exponiéndole la situación. La respuesta del profeta a los siervos del rey fue: Así dice el Señor: No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiria han blasfemado. He aquí pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada (2Re 19:6b-7).

Esta parte es muy importante para nosotros, puesto que  aquí se ve la reacción natural de un hijo de Dios, clamar a Su Padre. Ante los problemas podemos tomar actitudes negativas. Podríamos pensar en darnos por vencidos sin haber peleado. Podemos simplemente renegar, o sentirnos derrotados, o dudar de Dios, o creer en lo que nos están diciendo. O bien adoptar una postura de humillación delante de Dios. Las palabras del profeta Isaías bien pueden consolar y curar nuestras heridas si estamos en una situación donde la salida no se ve tan fácil. Podemos oír esa voz del cielo que nos dice: NO TEMAS.

Pese a las palabras del profeta, las cosas no cambiaron de tónica. Otros mensajeros fueron a Ezequías con un nuevo mensaje: No te engañe tu dios en quien tu confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí, tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones, destruyéndolas por completo, ¿y tú serás librado? ¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva? Nuevamente los mensajeros estaban tratando de intimidarlos, recordándoles que otros pueblos habían confiado en sus dioses y en sus ejércitos pero en realidad no fueron rivales contra ellos.

Ezequías nuevamente recurrió al único lugar donde sabía que podría encontrar consuelo, la Presencia de Dios. Del v.15 al 19 la Biblia nos cuenta la preciosa oración que hizo delante de Dios. Ezequías dijo:

Oh Señor, Dios de Israel, que estas sobre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Señor, tu oído y escucha; abre, oh Señor, tus ojos y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo. En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, y han echado a sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y de piedra; por eso los han destruido. Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, oh Señor eres Dios.

Sin lugar a dudas, fue una preciosa oración la que salió del corazón de Ezequías. No cabe duda que entre más angustiados estamos, más sinceros podemos ser delante de Dios. La primera parte de la oración de Ezequías nos muestra la exaltación del nombre de Dios que él expresó. Luego le atribuye honra a su poder, y hay dos detalles de gran valor. Primero Ezequías deja claro que si bien es cierto aquellos reyes pudieron derrotar a otros pueblo, fue principalmente porque esos eran dioses falsos. Porque no eran el Dios verdadero. No eran más que simples esculturas de piedra y madera. Y en segundo lugar, Ezequías sintió que la ofensa no era contra él ni los habitantes de Judá sino contra Dios. Ezequías comprendió que aquel hombre estaba tratando de hacer dudar de Dios al pueblo. Por ello le pedía que se manifestara para que todos conocieran que Él era Dios. No pedía para que la victoria se le atribuyera a él, sino para que todos entendieran que no hay Dios como Yahwéh, que si salva y defiende a su pueblo.

Desenlace: la respuesta de Dios. Puedo asegurarte querido lector que estoy a punto de escribir lo que Isaías respondió a Ezequías y no dejo de estremecerme ante lo que Dios mandó a decir. El v.20 dice: Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de Israel: “lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado”. Es indudable que Dios vio la sinceridad de Ezequías, vio que lo que le dolía a él era que menospreciaran el Poder de Dios. Por ello su respuesta no se hizo esperar. Cuando Dios ve que nuestra búsqueda es darle la Gloria a Él, Dios nos responde.

Por razones de espacio no puedo escribir todo lo que Dios mandó a decirle pero amigo lector te invito a que leas los vs 21-34 para que descubras que contra Dios nada podemos hacer. Destaco algunos vs. El 31 dice: porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto. Por tanto, así dice el Señor acera del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella. Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad –declara el Señor. “Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David”.

Esas palabras finales son precisamente lo que inspiró este artículo. Dios defiende a sus hijos. La fidelidad de sus hijos es recompensada por el amor y el cuidado de Dios. Amigo que estás leyendo este artículo, no olvides esta respuesta de Dios: defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo. Dios te defenderá por amor de Su Santo y Bendito Nombre. Dios no se adormece delante de tus enemigos. Dios te guarda, te protege, te resguarda a tal punto que puedes estar seguro plenamente. El apóstol Pablo dijo: vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3:3). No sé exactamente que está amenazando tu vida, tu salud, tu familia, tu entorno, no sé exactamente que está haciéndote dudar de Dios, no sé qué pensamientos o que circunstancias están llevándote a pensar que Dios nada puede hacer por ti, pero a través de este artículo, te digo, Dios defenderá tu causa.

Adoptemos la actitud de Ezequías, una actitud de rendición, de humillación, adoptemos una actitud de impotencia delante de Dios y entonces veremos como Él pelea por nosotros. No permitamos que las dudas hagan nido en nuestra mente, no le demos lugar a las amenazas o las intrigas del enemigo y sigamos creyendo que Dios nos defiende. Vistámonos simbólicamente de cilicio y postrémonos delante del Señor, busquémoslo desesperadamente y en todo tiempo démosle la Gloria, y entonces y solo entonces podremos ver como Él nos levanta del lodo cenagoso.

El pasaje termina diciendo que el Ángel del Señor aquella noche hirió de muerte a ciento ochenta y cinco mil en el campamento enemigo, al amanecer solo cadáveres habían en aquel campamento y el rey de Asiria murió adorando a sus dios a manos de dos hombres que luego de matarlo huyeron de aquel lugar. A él sí que su dios no pudo advertirle de su amenaza  y menos pudo librarlo. Así que, no dejes de confíar que Dios defiende a sus hijos. Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

REVELANDO A CRISTO DESDE LA PRIMERA EPISTOLA DE JUAN (2da. Parte)

Introducción

En el articulo anterior mostramos una de las evidencias mas contundentes que anulan la idea Arriana sobre que Cristo no es Dios. Vimos como el apóstol Juan muestra la eternidad y la preexistencia de Jesucristo tal como Dios. Además pudimos ver que Cristo no solamente es eterno sino que además tiene la potestad de dar eternidad a quienes ponen su fe en Él. Ahora, para continuar con esta apología de Cristo en contra de aquellos que niegan su Deidad, veremos algunos de sus atributos semejantes a los de Dios pues Él es Dios. Éste será un argumento más, para evidenciar que Cristo es la Segunda Persona de la Trinidad.1761

Primer atributo, Jesús es fiel

Dios Padre posee distintos atributos. Los teólogos han hecho una división entre los atributos comunicables de Dios y los atributos incomunicables. Dentro de los atributos comunicables existe otra clasificación. Wayne Grudem habla sobre atributos que describen el ser de Dios, atributos mentales, atributos morales, atributos de propósito y atributos sumarios. La veracidad o fidelidad de Dios se encuentra dentro del grupo de atributos mentales de Dios según lo que describe Grudem. La definición que nos dice es: la veracidad de Dios quiere decir que Él es el Dios verdadero, y que todo su conocimiento y palabras son a la vez verdad y la norma suprema de la verdad[1]. Uno de los conceptos que podemos resaltar de esta definición es que Dios fiel. Que todo el tiempo podemos confiar en Él porque no cambia. Cuando Dios promete algo se cumple, o en palabras del apóstol Pablo: porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la Gloria de Dios.

De igual forma Cristo es veraz. En Cristo podemos confiar. Sus promesas también son confiables. Sus palabras también son verdaderas. La evidencia que encontramos dentro de la Biblia lo comprueba. Jesús antes de sufrir la muerte lo anunció tres veces y esa palabra se cumplió. Prometió que el Espíritu Santo sería enviado luego que Él partiera al Padre y así fue. Dijo que habría persecuciones por Su causa y fue así en aquel tiempo y lo es así todavía. Anunció que no quedaría piedra sobre piedra del templo en Jerusalén y así fue. Estas son solo algunas de las evidencias que podemos decir, porque tal como dijo el apóstol Juan si se escribiera todo lo que hizo, los libros no cabrían en todo el mundo (Jn 21:25). Ahora, en la primer epístola de Juan también podemos observar versos que demuestran la veracidad de Cristo, su fidelidad como uno de sus atributos.

Jesús es fiel para perdonar nuestros pecados. En 1:9 dice: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Este verso revela el primer propósito que Cristo tuvo con su arribo al mundo, salvarlo de la condenación eterna. Es decir, que cuando una persona puede verse delante de la Santidad de Cristo como el mas vil de los pecadores, reconoce esa condición y se arrepiente, Jesús lo perdonará. De ninguna manera sería condenado sin antes tener la posibilidad de recibir el perdón de pecados. Cuando Jesús hablaba con Nicodemo le decía que Él no había venido para condenar al mundo sino para salvarlo (Jn 3:17). Cuando una persona no rechaza a Jesús, sino que lo recibe y cree en su nombre, Dios lo hace parte de la familia de la fe (Jn 1:12). Jesús vino para proveer la única posibilidad que tenemos las personas de poder acercarnos al Padre, Él mismo. Por eso en Juan 5:24 dijo: de cierto, de cierto os digo: el que oye mi Palabra, cree al que me envió tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Jesús es veraz, es fiel, y no miente. Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lc 19:10). Si confesamos nuestros pecados, Jesús es fiel y también es justo para perdonarnos. Él no quiere que las personas padezcan la ira de Dios. Él no busca personas que estén limpias de pecado, Él busca personas que reconozcan su condición y que vengan a Él, porque aquellos que se acercan no son rechazados (Jn 6:37). Su pasión y muerte buscaba que las personas pusieran su fe y su esperanza en ese sacrificio final para alcanzar la vida eterna.

Jesús es fiel para cumplir sus promesas. Jesús no solamente es fiel para perdonar nuestros pecados sino que también lo es para cumplir las cosas que Él nos ha prometido. En 5:14-15 dice: Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Recordemos que la centralidad de este escrito es la fidelidad de Cristo como uno de sus atributos y que nuestro objetivo es rebatir la postura de aquellos que niegan que Cristo es Dios. Digo esto porque ante la exposición que Juan hace respecto a la Deidad de Jesucristo parece poco probable que no alcancemos nuestro objetivo. Observa con atención que el apóstol dice: esta es la confianza que tenemos en Él. Es habitual que una persona confíe plenamente en algo o en alguien cuando esto es verdadero. Una persona no confía fácilmente en un medico charlatán –por ejemplo– o en la medicina de dudosa procedencia.

Tampoco las personas confían fácilmente en una persona que les ha mentido constantemente, o que les ha fallado un sinfín de veces, o que incumple sus promesas. Pero Juan está diciendo que existen una plena confianza porque Jesús es verdadero. Jesús dijo de sí mismo: yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino es por mí (Jn 14:6). Dijo también: y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8:32), hablando de sí también. Sume esto también: cuando Jesús habló de su muerte dijo que al tercer día resucitaría y Juan fue testigo fiel de su resurrección. Presenció la manifestación gloriosa del Hijo de Dios. No encontramos mentiras o contradicciones que nos lleven a no confiar en Él. Habiendo demostrado la fiabilidad de Él es necesario decir que cuando nosotros oramos de acuerdo a los propósitos de Dios o bajo Su Voluntad, podemos confiar que nos oye. A pesar que Dios es eterno, Él esta cerca de sus hijos. Cristo al igual que Dios no es ajeno a nuestras necesidades, no hace caso omiso a nuestros problemas o a no es ajeno a lo que transcurre en nuestra vida. Dios escucha, y no solo eso, dice el apóstol Juan que ya podemos dar por sentado que nuestras peticiones serán respondidas. Posiblemente no en la forma tal cual nosotros pedimos sino conforme a la sabiduría de Dios. En Cristo nuestras peticiones tienen eco. Él es fiel para responder nuestras peticiones. La clave es pedir de acuerdo a Su Voluntad. Pedir aquello que no es para satisfacer nuestras pasiones, o que sean para envanecernos. Todo cuanto pedimos debe dar Gloria a Dios.

Concluyo brevemente diciendo: Jesús no cambiará, Él es confiable y es veraz. Si aun no has puesto toda tu confianza en Él yo te invito a que lo hagas, no vas a arrepentirte. Jesús permanece fiel –dice Pablo–aunque fuéremos nosotros infieles, Él no puede negarse así mismo (2Ti 2:13). Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Wayne Grudem Teología sistemática (Miami: Editorial Vida, 2007), 201.

NUESTRA CONFIANZA DEBE DESCANSAR EN DIOS

Mejor es confiar en Jehová que confiar en el hombre (Salmos 118:8)

La confianza es la “esperanza firme o seguridad que se tiene en que una persona va a actuar o una cosa va a funcionar como se desea”. La confianza es un valor, pero, en nuestros días esta muy desgastado. Los seres humanos, con el paso del tiempo hemos perdido la confianza en los demás y también nos hemos vuelto merecedores de desconfianza. Pregunto ¿cuántas veces esa esperanza firme o esa seguridad que depositamos en personas, o en autoridades, o en instituciones ha sido quebrantada? La respuesta es obvia, infinidad de veces. Tantas promesas incumplidas, tantos casos de estafa, tantos pactos traicionados, tantos compromisos rotos, productos defectuosos, etc., son suficientes argumentos para afirmar que la confianza se ha diluido en nuestros días.

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Cambiemos la pregunta ¿Cuántas veces nosotros mismos hemos quebrantado esa esperanza o esa seguridad que otra persona depositó en nosotros? La respuesta es igualmente contundente, muchas veces. En algún momento de nuestra vida, ha habido personas que pusieron su esperanza o tuvieron la seguridad que nosotros haríamos algo o actuaríamos de cierta manera pero la realidad fue otra, traicionamos la confianza que pusieron en nosotros, los defraudamos, incumplimos, y por ende nos hemos hecho merecedores de desconfianza. En síntesis lo que intento decir es los hombres no somos cien por ciento confiables y que en todo lo que hacemos siempre está latente el temor que nos fallen o nos vuelvan a fallar, hagámonos otra pregunta ¿por qué los hombres no somos cien por ciento confiables? Lo responderé en las líneas siguientes.

Los seres humanos no somos confiables absolutamente

Para responder la pregunta del párrafo anterior sugiero dos razones, primero no somos confiables, porque nuestras pasiones nos dominan la mayor parte del tiempo y segundo, porque somos inconstantes en nuestras convicciones.

  1. Las pasiones dominan a los seres humanos
    1. Los hombres violamos o traicionamos la confianza que depositan en nosotros porque la gran mayor parte del tiempo nuestras pasiones nos dominan. Estamos en constante lucha contra lo que desea nuestra carne y lo que es correcto. Me explico poniendo dos casos concretos. Todos sabemos que la avaricia es el deseo desmedido de tener dinero a costa de lo que sea. Esa pasión mal sana hizo que despidieran a una amiga. Ella tomó dinero de la agencia bancaria donde trabajaba. Traicionó la confianza del banco que la contrató porque la avaricia pudo más que sus valores. Otro ejemplo, una pareja de esposos amigos míos, están a punto de divorciarse, porque la esposa no actuó como se esperaba de ella. Mi amigo descubrió que ella lo estaba engañando, que tenía una relación fuera de su matrimonio. La pasión sexual dominó a mi amiga, su deseo carnal terminó con la confianza del esposo. Estos son apenas dos ejemplos que estoy citando, estoy seguro que existen miles de ejemplos más que respaldarían que las pasiones dominan a los seres humanos la mayor parte del tiempo y por eso no somos confiables. Ahora veamos la otra razón por lo cual no somos confiables.

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  1. Los hombres son inconstantes en sus convicciones
    • Una de las cosas más penosas que hacemos los hombres es traicionar nuestras convicciones. Una convicción es una ideología, una forma de pensar, es una filosofía de vida. La gran mayoría tenemos nuestras propias convicciones en la vida porque estamos seguros de lo que queremos, y de lo que creemos. Sin embargo las convicciones se ponen a prueba en momentos críticos, cuando tenemos que tomar decisiones serias, cuando tenemos que decidir si hacemos algo incorrecto o no. En el preciso momento que un hombre traiciona sus convicciones se expone a traicionar la confianza que se ha depositado en él. Y por lo general los hombres somos inconstantes, a veces somos adaptables a las circunstancias, no mantenemos la misma manera de pensar en todos las casos. Por eso digo que el hombre no es confiable plenamente, porque varía de acuerdo a lo que día a día se le presenta. No es constante en su manera de pensar. No actúa igual en todos los casos.

La buena noticia, Dios si es confiable

A diferencia de los hombres Dios no actúa como los seres humanos. A Dios no lo rigen sus pasiones y tampoco traiciona sus convicciones porque Dios es inmutable, es eterno, no cambia, Él es el mismo de ayer, de hoy y lo será por la eternidad. Dios no está pensando que hoy algo es bueno y mañana no lo es. Tan confiable es Dios que fue precisamente esa la razón por la que hubo un tiempo en que los Estados Unidos de Norteamérica confiaban plenamente en Dios, incluso en sus billetes lo expresaron con la frase en Dios confiamos, pero de nuevo, el hombre traiciona sus convicciones y todos sabemos que hoy día Dios no forma parte de la vida de la gran mayoría de los americanos. Ellos confiaban en Él porque sabían lo que representaba, Dios correspondió al pueblo americano permitiéndoles que se desarrollaron como lo hicieron. Pero en el siglo XXI la realidad es otra, Dios no figura en la mente y en el corazón de todos sus habitantes.

En la Biblia encontramos muchos pasajes en donde se nos pide que confiemos plenamente en Dios, que depositemos nuestra esperanza y nuestra seguridad en Él. También hay una gama de pasajes donde se nos pide que no confiemos más ni en los hombres, ni en nosotros mismos antes que en Dios. De hecho Dios lo deja claro en Jeremías 17:5 al decir: maldito el hombre que confía en el hombre, maldito el que se apoya en su propia fuerza y aparta su corazón del Señor. El salmista comprendió perfectamente esto y por ello escribió lo siguiente: mejor es confiar en Dios que confiar en el hombre. Ahora permíteme darte algunas razones por las cuales es mejor confiar en Dios que en los hombres.

  1. Confiemos en Dios porque sus planes son perfectos, siendo Dios omnisciente, sus planes tienen que ser perfectos, de hecho lo son, Jeremías 29:11 dice: porque yo sé muy bien los planes que tengo para ustedes –afirma el Señor–, planes de bienestar y no de calamidad, a fin de darles un futuro y una esperanza, de acuerdo con este versículo podemos esperar que Dios actúe de acuerdo a lo que Él mismo ha dicho, que sus planes para nosotros son de bienestar, y o de calamidad. No son como los planes que algunos hacen donde deben considerar imprevistos, Dios tiene todo fríamente calculado. El tiempo y el espacio Él los controla, Pedro escribió: mas, oh amados, no ignoréis esto: que para con el Señor un día es como mil años, y mil años como un día (2Pe.3:8). Confiemos en que los planes de Dios siempre serán mejores que cualquier plan nuestro.
  1. Confiemos en Dios porque su presencia estará siempre con nosotros, ¿cuántas veces te ha pasado que una persona te ha prometido estar siempre a tu lado y ha faltado a su promesa? Dios no actúa de la misma manera. Él promete estar con nosotros y así lo hará. Hebreos 13:5b-6: porque Él dijo: no te desampararé, ni te dejaré; de manera que podamos decir confiadamente: El Señor es mi ayudador, no temeré lo que me pueda hacer el hombre. A Josué, luego de la muerte de Moisés también le dijo: nadie te podrá hacer frente en todos los días de tu vida; como estuve con Moisés, estaré contigo; no te dejaré, ni te desampararé, (Josué 1:5), el rey David expresó esa seguridad que Dios no lo dejaría aun cuando las personas mas allegadas a Él lo abandonaran, en el Salmo 27 escribió: aunque mi padre y mi madre me dejaran, con todo, Jehová me recogerá. Confía en Dios porque jamás te dejará solo, no va abandonarte nunca.

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  1. Confiemos en Dios porque sus promesas son verdaderas, si se pudieran enumerar y escribir el sinfín de promesas que te han hecho y no se cumplieron, o las que hicimos y que no cumplimos, no nos alcanzarían ni las hojas, ni las manos, ni tendríamos el tiempo para decirlas, porque han sido muchas. Sin embargo a diferencia de los hombres Dios cumple sus promesas siempre. A Abraham le prometió descendencia, abundante descendencia, y le cumplió. Para garantizarle la bendición dice Hebreos 6:13 que: porque cuando Dios hizo la promesa a Abraham, no pudiendo jurar por otro mayor, juró por sí mismo… sabiendo Dios que Él es el único que puede ser fiel a sus promesas no juró por nadie mas, lo hizo por Él mismo. La promesa de Abraham somos los que hemos creído, la descendencia, Jesús es la primicia y de ahí nosotros. Por ello el apóstol Pablo escribió: porque todas las promesas de Dios son en Él Si, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la Gloria de Dios, (2Cor. 1:20). Dios no rompe sus promesas, por esa razón es digno de nuestra confianza.
  1. Confiemos en Dios porque Él es fiel a pesar de nosotros, la gran mayoría de nosotros condicionamos nuestras relaciones, nuestras acciones y nuestra entrega, si recibimos entonces damos, de acuerdo a lo que recibimos también así nos entregamos. Dios es fiel a pesar de nuestra conducta, de nuevo, Dios no cambia, Él sigue siendo fiel a pesar que nosotros seamos infieles. Un día una mujer me dijo que ella actuaba bien si su esposo la trataba bien, de lo contrario ella era como un espejo, reflejaba las mismas actitudes que su esposo tenía para con ella. Dios es fiel, el apóstol Pablo dijo: sí fuéramos infieles, él permanece fiel; Él no puede negarse a sí mismo, (2Tim. 2:2), Dios no espera que seamos infieles pero aun cuando lo seamos Él no cambiara porque sería contradecir su naturaleza. El hombre traiciona sus pactos, rompe sus promesas, incumple con sus compromisos, pero Dios es fiel. Dios no puede negarse porque entonces su Misericordia no se haría patente en nuestra vida, por la misericordia de Jehová no hemos sido consumidos, porque nunca decayeron sus misericordias. Nuevas son cada mañana; grande es tu fidelidad, (Lam. 3:22-23).
  1. Confiemos en Dios porque en Él estamos seguros, ningún sistema de seguridad en el mundo por mas sofisticado que digan que es, puede ser mas seguro que el abrigo de Dios. El salmista nuevamente lo expresaba en varios pasajes de la siguiente manera: el que habita al abrigo del Altísimo morará bajo la sombra del Omnipotente. Diré yo a Jehová: esperanza mía y castillo mío; mi Dios en quien confiaré, (Sal. 91:1-2), luego viene una lista de situaciones de las cuales Dios guarda a los que confían en Él. En Dios podemos estar seguros que nos librará de: las trampas del cazador, mortíferas plagas, porque debajo de sus alas estaremos seguros, por esa seguridad no tenemos que temer de el terror de la noche, ni la flecha que vuela, ni la peste que acecha, (paráfrasis de Sal. 101:3-6), la seguridad que Dios nos da incluye hasta andar en valle de sombra y de muerte porque Dios nos guardará, Dios no permitirá que tu pie resbale, porque jamás se duerme, ni aun se adormece, el Señor es quien te cuida, es Tu sombra protectora, de día no hará daño el sol, ni la luna de noche, el Señor te protegerá; de todo mal, estando en el hogar o en el camino, no solamente hoy sino que siempre estarás seguro en Él. (paráfrasis de Sal. 121:3-8).

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Mientras tanto, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.