UNA OPORTUNIDAD FALLIDA

Hace un largo tiempo, estaban dos hombres a punto de morir. En plena agonía, viviendo sus ultimas horas con profundo dolor, el peor de todos. Pues la forma en que estaban muriendo no era una forma más de morir, era una muerte además de dolorosa también era vergonzosa e inhumana. Era un castigo atroz que se le aplicaba solo a los peores criminales de la época. Ambos personajes estaban recibiendo lo que se merecían por haber llevado una vida de pillaje y de desorden, y para nadie era extraño que este par de vándalos estuviera pagando sus fechorías. Casi seguro que los pobladores estaban agradeciendo su muerte, pues se quitaban una carga de encima. Sus pertenencias, aunque pocas iban a estar más seguras de ahora en adelante.

Pero por designios divinos, por esas formas misteriosas en que actúa Dios, ambos tuvieron la oportunidad más grande de sus vidas minutos antes de morir, pues aquel día, en medio de ellos había un tercer condenado. Solo que a diferencia de ellos, este había sido acusado injustamente, este no era un criminal, este al contrario era un hombre inocente, alguien que no le había hecho mal a nadie, todo lo opuesto, había ayudado al necesitado, le había devuelto la vista a los ciegos, había limpiado la lepra, había hecho caminar al cojo, había sanado física y espiritualmente, había enseñado con su magnifico ejemplo como vivir de acuerdo al Reino de los Cielos. Este había traído un mensaje de esperanza celestial, y había mostrado el camino que conducía al Padre, este en realidad no debía estar allí, pero que como Él mismo había dicho: ponía su vida para luego volverla a tomar. Él voluntariamente había decidido a darse en sacrificio por muchos.

Sin embargo, y pese a que ambos estaban experimentando las mismas emociones, pese a que ambos sufrían, tuvieron reacciones distintas ante la oportunidad que Dios ponía delante de ellos.

Por un lado, uno de los dos tomó la decisión de injuriar, insultar a aquel gran hombre. Al igual que Satanás, quiso tentarlo al exigirle que se salvara y los salvara a ellos también. Le exigía además que mostrara que en verdad era el hijo de Dios. Que diera una señal para poder creerle. Necesitaba ver para creer. Necesitaba pruebas.

NECESITABA VER PARA CREER.

La reacción del otro pillo no tardó en llegar. Este le hizo ver su realidad y es algo que sinceramente nos da una profunda lección, porque en pocas palabras nos describe el corazón del Evangelio. Nos muestra que para ser hijo de Dios lo primero que es reconocer la culpa, luego arrepentirse del pecado cometido, clamar por perdón y finalmente rendirse a Cristo.

Observa lo que le dice: ¿Ni siquiera temes tú a Dios a pesar de que estás bajo la misma condena? En otras palabras le esta diciendo: NO ERES CAPAZ DE ARREPENTIRTE A PESAR DE LA SITUACION EN LA QUE ESTAS. NO ERES CAPAZ DE RECONOCER A DIOS MIRANDOTE A PUNTO DE MORIR. NO ERES CAPAZ DE DOBLEGARTE ANTE ÉL PESE A QUE ESTAS EN AGONÍA, PESE AL DOLOR, LA INCERTIDUMBRE Y ANGUSTIA EN LA QUE ESTAS.

Luego con gran valentía, como lo hace quien entiende el momento que esta viviendo confiesa sus pecados al decir: nosotros a la verdad, justamente, porque recibimos lo que merecemos por nuestros hechos, pero éste nada malo ha hecho. Oh que gran declaración de este personaje. Que enorme reconocimiento hace de la persona de Cristo. En pocas palabras esta diciendo: NO TE DAS CUENTA DE QUE QUIEN ESTA A NUESTRO LADO ES EL HIJO DE DIOS Y QUE EL TIENE EL PODER DE DARTE VIDA ETERNA. ¿A PESAR DE LO QUE ENFRENTAS NO PUEDES CREEN EN ÉL?

Fue tan profunda su convicción que no dudó en pedirle lo mas grande que un hombre puede pedirle a Cristo: PERMITEME QUE YO DISFRUTE LA VIDA ETERNA A TU LADO. YO QUIERO ESTAR DONDE TU ESTES, NO TE OLVIDES DE MI CUANDO ENTRES A MORAR EN ESA GLORIA ETERNA. Observa la petición humillada, desinteresada, esta no fue la clase de petición de los hijos del trueno que deseaban estar uno a la derecha y otro a la izquierda de Jesús, no, esta era la petición de un moribundo que tiene claro que NO EXISTE MEJOR LUGAR QUE EL CIELO Y MEJOR COMPAÑÍA QUE JESÚS. Y en la infinita Misericordia que al Padre le plació tener aquel día para con aquel hombre, Jesús reaccionó conforme a su naturaleza y le hizo una promesa que jamás podría incumplir: EN VERDAD TE DIGO: HOY ESTARAS CONMIGO EN EL PARAISO.

NO EXISTE MEJOR LUGAR QUE EL CIELO Y MEJOR COMPAÑÍA QUE JESÚS.

¡Bendito sea el nombre del Señor! ¡Aleluya!

Esa historia ocurrió en un día como ayer. Como ya dije hace mucho tiempo. Y al igual que aquel día, hoy estamos experimentando también dolor, pánico, amargura, incertidumbre, quizá no de forma personal pero si por el numero grande de personas que están muriendo por la pandemia que experimentamos, por los que están agonizando en los hospitales, por los que están peleando por sus vidas, por los que están luchando porque sus pulmones se recarguen de un poco de oxigeno para sobrevivir y por los que están padeciendo los tantos otros males que ocurren en el mundo.

Sin embargo, con tristeza tengo que decir que leo a diario comentarios en las redes sociales, y he escuchado a amigos que dicen: que hay personas que pese a ver lo cruel que está siendo la pandemia que atravesamos no son capaces de volver su mirada a Cristo. Que aun medio de la mortandad, la crisis, el dolor, la amargura no capaces de rendirse a Él. Pero como ya vimos, esto no tiene porque parecernos extraño, la historia anterior nos enseñó que ni la agonía de la muerte y lo profundo del sufrimiento son suficientes para doblegar el corazón de algunos hombres, que ni el hecho de estar a las puertas de la muerte hace que algunos reconozcan su necesidad de Cristo. Es como si ni lo peor que uno puede vivir sea suficientemente fuerte para despojarlos de ellos mismos, y ¿sabes por qué? porque esto no depende de los seres humanos, esto dice Juan es voluntad de Dios, estos nacen como hijos de Dios porque Él decide engendrarlos, o como dice el apóstol Pablo, depende de quien Dios tiene Misericordia.

Hoy al igual que ellos también nosotros estamos a la puerta de la oportunidad, estamos en el punto exacto donde podemos volver nuestra mirada y nuestro corazón al Señor o bien podemos volverle la espalda. Hoy estamos ante la oportunidad de nuestras vidas donde podemos tomar la oportunidad que Dios esta poniendo delante de nosotros, es decir, arrepentirnos, pedir perdón, y con humildad pedirle que nos haga un espacio en la Gloria Eterna. O bien simplemente volverle la espalda y morir sin ninguna esperanza. La oportunidad esta allí, no dejes que sea una OPORTUNIDAD FALLIDA. Sobre todo, quiera Dios que así sea.

Me despido como siempre diciendo, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

EL MENSAJE DE LA CRUZ: VERGÜENZA O SALVACION

Introducción

En plena “Semana Santa” como es conocida esta fecha, el mundo cristiano se manifiesta de acuerdo a sus creencias. Una gran parte de ese mundo cristiano, el tradicional, como todos los años, expresa su fe a través del sacrificio, la representación procesional, los alimentos típicos de la época, su folklore y sobre todo, con el cumplimiento doloso de obras penitentes para redimirse delante de Dios de todas sus culpas. La otra parte del mundo cristiano, se muestra impávido ante la fecha. Pocos son los que expresan de alguna forma lo que para ellos representa la semana de la Pasión de Cristo. De ahí en mas, la gran mayoría ni siquiera observa con reflexión lo que representa para su fe, los hechos que ocurrieron hace mas de dos mil años.

La Pascua Judía

La fiesta de la Pascua judía era una fiesta que hacía recordar a los judíos el día en que Dios tuvo misericordia de ellos y los sacó de Egipto. Representa la obra portentosa de Dios sobre una nación que sufrió esclavitud, crueldad y amargura. Era por tanto, menester de los padres contar a sus hijos todo lo que Dios había hecho por ellos. Las diez plagas, la protección en el desierto, la desobediencia del pueblo, el establecimiento de la Ley Moral, y Ceremonial de Dios, la conquista de los pueblos, etc., eran muchas de las historias que se narraban en el seno de los hogares, para recordar cuán bondadoso es Dios y cuán grande es Su Misericordia a favor de los que a Él le place favorecer.

Sin embargo en el contexto de nuestro tiempo, ni se recuerda en la familia, ni se reflexiona en los círculos eclesiales. De alguna manera no fomentamos ni la observación, ni la reflexión sobre los hechos que fundamentan nuestra fe. Olvidamos o no repensamos el sacrificio de Cristo en la Cruz a la luz de lo que significa para nuestra fe. Alfonso Ropero escribió:

“El cristianismo nació al pie de una cruz, de la sangre y del agua que manaban del costado de Cristo, y creció y se extendió bajo la sombra de esa cruz y de esa agua. De esa muerte y de esa vida. De esa muerte que es vida y de esa vida que es muerte. Ni en los tiempos de calma está la Iglesia libre de tormentas”.[1]

Entonces es significativo para nosotros preguntarnos ¿Cuál es el mensaje que percibimos hoy desde la Cruz? ¿Es vergüenza o es salvación? ¿Lo comprendemos tal como lo comprendían los primeros cristianos? O ¿Está tan secularizada la Cruz que ya no es motivo de reflexión para el pueblo evangélico y el mundo en general? ¿Representa la Cruz lo mismo que simbolizó en el presente de Cristo? ¿Sigue retándonos a renunciar a todo, incluso a nosotros mismos, con tal de ganar a Cristo? ¿Cómo deberíamos proclamar su mensaje a un mundo que ya no se escandaliza con la Cruz? Empecemos por conocer el trasfondo histórico de la cruz.

La Cruz en la historia

El primer lugar a donde debemos dirigirnos para comprender el mensaje de la Cruz es a la historia. Necesitamos saber, como ha sido concebida la cruz desde el principio de este movimiento que ha trastornado al mundo entero. Todos los humanismos han chocado con la cruz –dice José Luis Martín Descalzo– para los romanos, una “religión de la cruz” era algo antiestético, indigno, perverso.[2] Entre los judíos, esta forma de ejecución se consideraba especialmente abominable por las palabras de Dt 21:3: el colgado es maldito de Dios. “La cruz tiene todo lo que un torturador perverso y sádico podría pedirle a una forma de ejecución”.[3] Cicerón, el poeta romano se refirió a ella como “la mas cruel y abominable de las torturas” y dijo que “la propia ‘cruz’ debería estar lejos, no solo del cuerpo de cualquier ciudadano romano, sino también de sus pensamientos, sus ojos y sus oídos (Pro Rabirio perduellionis 5.16). Jesús el crucificado, era tan repugnante que se consideraba un atentado contra las buenas costumbres hablar sobre el tema. Una imagen antigua que unos niños para ridiculizar a uno de sus compañeros que profesaba ser cristiano: describe a un crucificado con cabeza de burro y tiene una inscripción que reza: Alexámeno adora a su Dios. Bien hace Martín Descalzo al decir que: “la cruz no figuraba por aquel entonces en tronos ni coronas. No era signo de triunfo en las batallas o en las iglesias. Connotaba, por el contrario, escarnio, vergüenza, irrisión”.[4] Aun los gentiles veían a todo crucificado con el mas completo desdén –dice John MacArthur– y era una escena tan obscena que en la sociedad no era correcto hablar de la crucifixión. La cruz era símbolo de vergüenza y sufrimiento.[5]

alexamenos

La Cruz del sufrimiento

Morir crucificado hemos dicho que era un insulto degradante, y la idea de adorar a un individuo que había muerto crucificado era absolutamente inimaginable. De esa cuenta es que hoy no valoramos el mensaje de la Cruz. Ya no vemos a nadie morir crucificado, y a causa de ello no nos impactamos como en aquel entonces. Hoy día cualquiera se cuelga una cruz, la besa, hace una señal como símbolo protector, la pone encima de su cabecera, pero de ninguna manera comprende que esa Cruz representa el amor sufriente de Cristo por quienes se dedicaron a despreciarlo. Con el paso de los siglos, hemos aprendido a evitar el escándalo de la cruz con lo mas hábil de las técnicas: acostumbrándonos a ella o convirtiéndola en signo de triunfo o sentimentalismo –apunta Descalzo–. La hemos colocado en lo alto de tronos y coronas, en las torres de templos, en los escotes de las señoras. La hemos bañado en oro y adornado de orfebrería.[6] No le hemos dado el verdadero sentido que tuvo en tiempos primitivos.

Por eso al principio dije, la iglesia no esta reflexionando en los fundamentos de su fe. No observa con atención la razón de lo que cree. No alcanza a comprender la dimensión de lo que representa esta fecha. Pedro intentó reprender a Cristo cuando les dijo que habría de padecer en una cruz (Mc 8:32). Tres veces anunció su padecimiento voluntario en manos de los sacerdotes y escribas y que al tercer día resucitaría (Mc 8:31; 9:30,32; 10:32,34). No hubo mas que silencio a sus palabras, los discípulos no comprendían sus palabras y tampoco se atrevían ha preguntarle. Moltmann escribió: “Hasta los discípulos de Jesús huyeron todos de la cruz de su Maestro. Los cristianos que no experimentan la sensación de tener que huir de este Crucificado, es que no han comprendido todavía con suficiente radicalidad”.[7]

La Cruz tiene un significado en la cual solo los cristianos pueden hablar de ella de un modo positivo, y ello solo por la redención que Jesús consiguió a través de ella. Deberíamos hablar de la Cruz, con tal actitud que al hacerlo nuestros cuerpos se estremecieran. La Cruz representó para Cristo el punto donde se consumaría la obra superlativa de amor del Padre. Martín Descalzo cita al padre De Lubac dice:

Cristo no vino para realizar la obra de la encarnación. La Palabra se hizo carne para llevar a cabo la obra de la redención. El misterio de Cristo también es nuestro misterio. Lo que ocurrió en la Cabeza debe también suceder en los miembros: encarnación, muerte y resurrección, es decir: arraigo, desarraigo y transformación. Una vida no es auténticamente cristiana sino contiene este triple riesgo.[8]

En palabras de la Biblia, diríamos algo semejante a los que apuntaba Lubac:

Si el mundo os aborrece, sabed que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo los aborrece. (Jn 15:18,19). También dijo Jesús a sus discípulos: Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsaran de las sinagogas, y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí (Jn 16:1,3).

El sufrimiento esta reservado para los cristianos que portan pese a su oprobio la Cruz de Cristo. Jesús no ocultó tal cosa, fue explicito al padecer la crucifixión: Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lc 23:31). Es verdad se puede hablar en sentido favorable por lo que Cristo hizo pero no excluye de ninguna forma el sufrimiento que representa aquel a quien por cierto ni si quiera muchos alzaron la vista para verlo. Dios mismo muestra sufrimiento en la Cruz. La Cruz muestra al Dios que se hizo humano y al Dios que sufre por la muerte de Su Hijo. En Jesús Dios es también crucificado y muere. [9] El sufrimiento, la vergüenza, el dolor y el repudio de la cruz por tanto merece una respuesta de aquellos a quienes se les predica su mensaje.

La cruz merece una respuesta: salvación o locura

El apóstol Pablo se presentó delante de la iglesia de Corinto con un mensaje que no fue recibido con mucho entusiasmo. Mas bien fue un mensaje que obligaba a responder a favor o en contra. Fue despectivo, vergonzoso y blanco fácil para el rechazo. En 1Co 1:18 Pablo escribió: Porque la Palabra de la Cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Dos grupos se distinguen como los receptores de este mensaje, los que se salvan y los que se pierden. Esto exige una respuesta para quienes oyen, perderse o salvarse. Pablo no se guardó nada de su mensaje pese a que este no era en ninguna forma nada atractivo como se ha dicho. Predicó bajo el poder del Espíritu Santo, no con sabiduría humana sino con poder de Dios. Con temor y temblor anunció el testimonio de Dios, no fue por excelencia de palabras y tampoco se propuso cosa alguna mas que conocer a Jesucristo y a este crucificado. No buscó suavizar el mensaje, no buscó una forma menos hiriente y tampoco buscó una forma que lo hiciera popular o light. No se vio obligado a forzar a nadie persuadiéndolo a través de palabras vacías. Al contrario como John Macarthur ha dicho: “la verdad sin barniz, sin tergiversación, ni modificación, inevitable, es que el Evangelio es en verdad difícil de creer. Es mas, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible”.[10]

Bien dice Martín Descalzo:

“la gran tentación de los cristianos es ésta: como el mundo moderno no digiere la cruz, hagámosle un Cristo “ad usum delphinis”; suavicémoslo, ofrezcámosle un Jesús al que pueda entender, tal vez acepte un Cristo despojado de sangre y de todo elemento sobre natural; démosle un Maestro que les sea “útil” para mejorar la superficie de este mundo, aunque tengamos que arrancarle lo que le caracteriza; sirvamos una fe digerible; hagamos como el profesor que ofrece como solución a los problemas no la que sabe que es la correcta, sino aquella que sus alumnos desean y esperan; adaptémonos a la mentalidad de los hombre de hoy, aunque, al hacerlo, dejemos de darles el oxigeno que precisamente ellos necesitan.

La iglesia post-moderna, esa del consumismo, esa de la mercadotecnia, esa de la movida por el éxito de los números y las masas, no ha comprendido que el mensaje de la Cruz no necesita ser suavizado, limitado ni menos aligerado. Es locura para algunos, a los que no comprenden su mensaje y también es salvación para los que creen. Es paradójico desde la concepción de Dios, necesitas perder tu vida para salvarla. Renunciar para conseguir. Perder para ganar. Morir para vivir. Perderlo todo para ganarlo todo. El mensaje es escandaloso, pero nunca nadie que aceptó tal verdad se negó a negarse a sí mismo. El poder de Dios por la Palabra de la cruz es lo que salva a las personas.

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Lo que Pablo dice a los corintios es que el evangelio choca con nuestras emociones, choca contra nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales,[11] y por eso exige una respuesta. Los mártires se decantaron por la cruz de Cristo. La aceptaron en sus vidas, fueron oprobio ante el mundo, no negaron su mensaje y así lo comunicaron. Pablo dijo a Timoteo: pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1Ti 4:1). También le dijo: también debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos… (2Ti 3:1,2a) y puntualizó: porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartaran la verdad del oído y se volverán a las fabulas (2Ti 4:3,4).

Ahora la gran pregunta es: ¿qué decides tú? Aceptas su mensaje o lo rechazas. ¿Será el mensaje de la Cruz locura o salvación para ti?¿Aceptarás la verdad por cruda que sea esta o te irás en pos de aquellos que predican light, y te dicen lo que tu quieres oír y no lo que necesitas saber? Entonces si quieres valorar lo que esta fecha conmemora, reflexiona sobre el mensaje que sigue dando Nuestro Señor Cristo, si quieres ir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. Me despido diciéndote como siempre: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Alfonso Ropero B. Mártires y perseguidores, Pág. 21

[2] José Luis Martín Descalzo, Vida y Ministerio de Jesús de Nazareth, Pág. 678.

[3] Robert H. Stein, Jesús el Mesías: un estudio de la vida de Cristo, Pág. 289.

[4] José Luis Martín Descalso, Pág. 680.

[5] John MacArthur, Difícil de creer, Pág. 40 de la versión e-book.

[6] Martín Descalzo, 679,

[7] Jurgen Moltmann, El Dios crucificado.

[8] Descalzo, Pág. 684.

[9] Alfonso Ropero, Mártires y perseguidores, Pág. 22.

[10] John MacArthur, Difícil de Creer, Pag. 32.

[11] Ibíd. 44.

Cristo murió por los pecadores (2da Parte)

pecadorLa obra de Dios en la vida del pecador

            El amor de Dios por sus enemigos

 El amor es otro de los atributos de Dios. Además de su Santidad la Naturaleza de Dios es el amor. No es que en Él haya amor, Él es amor. No hay otro mas grande que el de Dios. El amor de Dios queda manifiesto en sus acciones hacia sus enemigos. Se patentiza en sus decisiones a favor de quienes no somos sus amigos. Juan 3:16, tan conocido pero a veces tan poco entendido en su forma absoluta nos dice que Dios, quien era nuestro enemigo, nos amó “de tal manera” que fue capaz de entregar a su Hijo, su único hijo, para reconciliarnos con Él. La manera que Dios encontró para reparar la relación rota que había entre Él y nosotros fue a través de entregar en sacrificio a su único Hijo. El amor de Dios se materializa con la muerte de Cristo por los seres humanos. En el pasaje que hemos citado en el encabezado Pablo dice que el propósito de Cristo en su llegada al mundo fue morir por causa de los pecadores. Teológicamente esto se conoce como la expiación de Cristo. “La expiación es la obra que Cristo hizo en su vida y muerte para ganar nuestra salvación”, (Grudem 595).

 Jesús es el precio que Dios pagó por sus enemigos. Ro. 5:8 dice que Cristo cuando aun éramos sus enemigos murió por nosotros. El apóstol Juan dice: En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su hijo en propiciación (sacrificio, sustitución) por nuestros pecados (1Juan 4:10). En el verso anterior Juan dice que en ese sacrificio Dios mostró su amor para con nosotros. Éramos enemigos de Dios por tanta ofensa que habíamos cometido en su contra, ahora este enemigo hizo lo que ningún otro hubiera hecho, desistió del pleito, decidió terminar con el objeto de nuestra enemistad, el pecado, también decidió hacer algo para contentarse con nosotros dándonos una ofrenda de paz, es decir a su Hijo Unigénito, y en lugar de seguir en confrontación decidió amarnos. El amor se demuestra con hechos y Dios lo hizo, nos dio la ofrenda del perdón a través de su hijo. Existe otro elemento que Dios utilizó para romper con la enemistad que teníamos con Él, la justicia.

Jesucristo judio

 La justicia de Dios aplicada a sus enemigos

 El amor fue lo que motivó a Dios a romper con la guerra que había entre nosotros y Él. Pero también lo fue Su Justicia. De antemano Dios sabía que por nuestra propia voluntad no haríamos nada para reconciliarnos con Él. Que los seres humanos no estábamos pensando o planeando algo para poder terminar con esta enemistad. Y si lo hubiéramos planeado no existía nada creado en este mundo que pudiera ser un presente suficientemente bueno delante de Dios como para aplacar su ira. Por ello Dios en su Justicia y en su amor como hemos visto, decidió terminar con nuestra trifulca. Dios proveyó la ofrenda por amor y por justicia. Todos los intentos que el hombre hubiera intentado y cabe decir que aun muchos intentan a través de sacrificios, de penitencias, y de ritualismos, no son trascendentes delante de los ojos de Dios. Si lo queremos ver en términos jurídicos, ninguna fianza, ningún amparo, ninguna medida sustitutiva hubiera sido argumento suficiente para que esta querella terminara. Dios lo sabía y por eso como Juez justo, a sabiendas de la condena, puso el valor de la multa, y la pagó. La fianza esta pagada, el pleito a terminado. Pero esto no termina ahí, esa es la primera parte de lo que Dios hizo. Porque la Salvación es una obra completa que Dios hace en la vida del pecador. Ahora también Dios atrae al hombre y la mujer pecadora a Cristo, para que a través de Él podamos ser perdonados. ¡oh que Dios tan maravilloso es este! Cristo murió por los pecados de todos los hombres para que puedan ser justificados delante de Dios.

 Cristo murió por los pecadores

 Cristo murió por causa del pecado que había en el mundo y por todos los pecadores del mundo. Si, leíste bien, Cristo murió por todos los pecadores. Murió por los violadores, por los homosexuales, por los adúlteros, mentirosos, fornicarios, por los que gustan ver pornografía, por los que roban, matan, corrompen sus vidas, por los que secuestran, por los narcotraficantes, por los drogadictos, por los alcohólicos, por los fumadores, por los artistas que se casan y se divorcian constantemente, por los que maltratan a sus esposas, sus hijos y sus familiares. Cristo murió por Roxana Baldetti, Otto Pérez Molina, por Manuel Baldizón, por Alejandro Sinibaldi, por Juan Carlos Monzón, murió por todos los políticos que se han corrompido, también por los pandilleros, por los del crimen organizado, por los que han provocado abortos, por los suicidas, por los de Al Qaeda, por los de “La Línea”, por los que abusan de sus esposas, por los que roban tiempo en su trabajo, por los que se llevan material de la oficina, por los que no pagan sus impuestos, por los que explotan a sus trabajadores, por los que creen que no tienen pecados, por los que se justifican, por los criticones, por los que se jactan de su maldad, por los que pagan mordidas, por los que copian en el examen, por los que no son honestos, en fin Cristo murió por todos los pecadores.

En el próximo articulo continuaremos hablando sobre este tema, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

EL EFECTO QUE PRODUCE EN MI VIDA LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL


CORDERO DE DIOS

Introducción

La figura que sobre sale en la primera parte del capitulo uno del Evangelio de Juan es: Juan el Bautista. Juan El Bautista fue el último de los profetas, apartado de la sociedad elitista, lejos de la hipocresía y con mucho valor para señalar los pecados que el pueblo cometía. Señaló las injusticias y los excesos de algunos hombres, como el adulterio de Herodes, a quien constantemente le señalaba que no le era lícito estar viviendo con Herodías la mujer de su hermano. Sumergido en su mundo asceta, ermitaño y solitario, Juan constantemente llamaba al arrepentimiento por medio de su predicación, pedía que aquellos que verdaderamente estaban arrepentidos dieran evidencia de ello. Señaló, también, el juicio contra aquellos que se mostraban falsamente piadosos, les aseguró que sobre ellos ya pesaba la condena por no ser genuinos.

 El testimonio de Juan El Bautista

Y así en el capitulo 1, Juan El Bautista aparece dando testimonio sobre la llegada de Jesús (Juan 1:19-27). Él anuncia que en poco tiempo llegará uno que es mayor que él. Ante esta declaración, el Bautista es cuestionado por los sacerdotes y levitas a petición de los fariseos (v.24). Juan no se adjudicó el título de Mesías, por el contrario, afirmó que su bautismo era distinto al bautismo que el Hijo de Dios realizaría (v.26). Además de no adjudicarse el titulo mesiánico, Juan reconoció cual era su posición respecto a Cristo. Él afirmó que Jesús era tan superior a él que ni aun se consideraba digno de desatar la correa de su calzado (v.27).

 La máxima declaración de Juan El Bautista

De todas las verdades que Juan declaró y anunció, la mayor declaración profética que hizo ocurrió en un día en el que hacía lo que acostumbraba hacer todos los días, un día aparentemente normal. Dice la Biblia que un día en el que Juan predicaba y bautizaba en el Río Jordán, de inmediato quedó conmocionado, atónito cuando reconoció al Mesías que se aproximaba a donde él estaba. Sus ojos se le llenaron de regocijo al ver que la profecía finalmente se cumplía. Al verlo Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Con estas palabras Juan anunciaba, primero que Jesús representaba al Cordero Pascual, segundo que quien lo preveía para sacrificio era Dios, y tercero, su efecto sobre la humanidad era limpiarla de pecado.

Juan el Bautista

 Jesús el Cordero Pascual

¿Por qué Jesús es el Cordero Pascual? Recordemos que los corderos eran los animales que se acostumbraba sacrificar en el día de la Pascua judía. La Pascua era una remembranza de lo acontecido en Egipto. Recordaba al pueblo como Dios los había librado de la opresión que vivieron cuando eran esclavos de Faraón. La sangre del cordero rociada en los dinteles y en los postes de las casas donde habitaron sus antepasados fue la que impidió que el ángel de la muerte entrara en sus hogares y matara a los primogénitos de las familias. El cordero que sacrificaban las familias los representó y los cubrió de la maldición que cayó sobre todos los hijos primogénitos de los egipcios. Entonces lo que Juan esta anunciando es que Jesús es el Cordero que Dios sacrificaría a favor del mundo. Jesús es el Cordero Pascual que se sacrificaría a favor de toda la humanidad. En lugar que cada ser humano pecador de la tierra muera, Dios proveyó la ofrenda que evitaría la muerte de la humanidad a causa de su maldad. Jesús es el vicario (sustituto) que Dios da como ofrenda a favor de todo el mundo para reconciliarnos con Él.

 La Sangre del Cordero Pascual nos limpia de pecado

Además Juan anuncia que este Cordero no solo será la ofrenda pascual a favor del mundo sino que también su sacrificio permitirá que los pecados de los seres humanos sean quitados. El apóstol Pablo dice en la carta a los Romanos que: la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23a) es decir que la recompensa que los hombres merecen recibir por su condición pecaminosa es la muerte eterna. En la pascua la sangre del cordero sacrificado los libraría de morir físicamente, pero con la Sangre de Cristo la muerte que se evita es, la eterna. Los seres humanos necesitan ser lavados por medio de la Sangre de Cristo para poder tener Vida Eterna. Los pecados de los hombres no se quita con sacrificios humanos, o con ofrendas, o con cualquier clase de obra bien intencionada, solo la Sangre de Cristo nos limpia de pecados. El apóstol Pablo también dice lo siguiente en la Carta a los Romanos.

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús, (Ro. 3:24-26).

 Parafraseando ambos pasajes, el de Juan 1:29 y Romanos 3, diremos: Jesús es el Cordero que Dios proveyó gratuitamente por medio de su infinita Gracia para emancipar a las personas del yugo del pecado. Dios justifica a los pecadores a través de la Sangre que derramó Jesús, el Cordero Pascual, que Dios mismo entregó para sustitución de los hombres. Que en lugar que los seres humanos muriéramos por causa del pecado, Dios entregó a Cristo para sustituirnos a los que creyéramos en Él. La humanidad debe poner su fe en esta sangre derramada para que sus pecados les sean quitados. Dios en su gran amor y paciencia manifiesta su justicia, pasa por alto nuestras faltas, los pecados que cometimos en el pasado para que podamos ver que Él es Justo y que además nos vuelve justos al poner la fe en Cristo su Hijo.

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El amor de Dios es demasiado grande, porque sabiendo que no existe nada que pueda acercarnos a Él, ofrendó el Cordero –perfecto por cierto– que es Su Hijo, lo sacrificó a favor de nosotros, nos limpió de pecado y nos hizo aceptos delante de Él. Finalizó la enemistad que existía entre los pecadores y Él. Pablo dice: Estando ya justificados en la Sangre, por Él seremos salvos de la ira, (Ro. 5:9). ¡Oh que Grande Amor el de Dios Padre! Quien no pide sacrificio sino obediencia. Quien en su infinita Gracia, gratuitamente nos da Vida Eterna por la Fe en Su Hijo, ese es EL EFECTO EN MI VIDA DE LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL.

Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (2da. Parte)

En el articulo anterior vimos que somos reconocidos hijos de Dios cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, cuando nos convencemos que nuestra vida pecaminosa necesita la Santidad del Hijo, cuando le cedemos nuestra voluntad a Su dominio.

En este articulo veremos que además somos constituidos hijos de Dios cuando reconocemos que Cristo es Dios. Cuando nuestra fe se fundamenta en Jesús. Pero no es una mera creencia en el Jesús histórico sino en el Jesús que es el hijo de Dios, que bajó del cielo, que fue engendrado por medio del Espíritu Santo en María, que creció y vivió entre nosotros. Que hizo posible la reconciliación de la humanidad con el Padre a través del sacrificio realizado en la Cruz. Que murió pero al tercer día resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo y esta sentado a la Diestra del Padre Todopoderoso y un día volverá nuevamente por su iglesia. Necesitamos creer que este Jesús que vivió hace mas de dos mil años atrás, es el Mesías que las Escrituras prometieron, para poder disfrutar de los derechos que un hijo tiene delante de Su Padre.

Y en segundo lugar necesitamos reconocer a Jesús como Mesías porque al hacerlo, Él te reconoce delante del Padre.

 El cristianismo es una decpecadorisión que como hemos visto acarrea cambios en nuestras vidas. Y es por estos cambios tan drásticos que muchos no están dispuestos a venir a Jesús. Y cuando finalmente lo hacen no están dispuestos a mostrar que Jesús vive ahora en sus vidas. Se avergüenzan incluso de decir que son cristianos, no les gusta portar su Biblia, u orar para agradecer por sus alimentos cuando están rodeados de personas no creyentes. Se avergüenzan de decir que Cristo esta cambiando sus vidas, no lo honran, no lo reconocen en publico, no testifican de Él. Se avergüenzan de compartir el Evangelio con otros, olvidan contarle las Buenas Nuevas a quienes no han escuchado. El apóstol Pablo dijo: Porque no me avergüenzo del Evangelio porque es Poder de Dios para Salvación, y pese a ello algunos cristianos no dan a conocer a Jesús por temor al que dirán, por miedo a ser rechazados. El Evangelio es Poder de Dios, es algo que proviene de Dios con un fin especifico, Salvar a los que están muertos en sus delitos y pecados, por ende si viene de Dios no tengo que sentir ninguna clase de vergüenza, por el contrario, debo sentirme feliz de comunicar la verdad de Dios al mundo. Tristemente algunos cristianos olvidan que negar a Cristo es algo muy serio, que algo muy peligroso no reconocerlo delante de los demás, pues el mismo dijo:

 A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero cualquiera que me desconozca delante de los demás, yo también lo desconoceré delante de mi Padre que esta en el cielo. (Mat. 10:32-33, NVI).

 Hace unos años vi una película donde un niño corrió con gran desespero a abrazar a un señor al que él llamaba padre, pero esto hombre ignoró completamente aquel gesto de amor. Al ver que el niño lo llamaba padre delante de sus amigos, él hizo oídos sordos, ignoró completamente aquellas bellas palabras, desechó las muestras de afecto que él le hizo, con mucha frialdad separó de sus piernas los brazos pequeños y llenos de amor de su hijo. Ante este momento incomodo, al chiquillo no le quedo otra alternativa mas que irse avergonzado, desilusionado y sobre todo muy triste. Incrédulo además de ver la actitud de su propio padre, estaba impávido de ver que aquel hombre había sido capaz de negarlo delante de los demás.

 Pensando en esto no puedo imaginarme cómo sería si delante de Dios, Cristo dijera que nunca me conoció. Cómo reaccionaría yo si CrisJesucristo judioto me ignorara completamente delante del Padre. Qué haría si cuando el Padre le preguntara si me conoce, Él respondiera que nunca me conoció, que es mas, siente vergüenza solamente de verme. Pero que alegre me llegaré a sentir si Él dijera que por supuesto que me conoce, que sabe quien soy, incluso me llama por mi nombre delante del Padre. Que gozo indescriptible llegaré a sentir si cuando me vea Él sabrá quien soy yo. Si a Él no le da pena decirle al Padre que yo soy Percy Palacios.

 Por estas dos razones necesitamos reconocer a Jesús como el Mesías esperado. Y lo necesitamos reconocer urgentemente, porque Él puede cambiar nuestra vida y regalarnos Vida Eterna. Mi propósito al escribir estos artículos es que tus ojos se abran, y que puedas ver la luz de Jesús. Que no sigas aferrado a una mentira, a una falsa enseñanza o que sigas negando que necesitas un cambio radical en tu vida. Además pretendo que al leer estos artículos ya no tengas ninguna excusa para continuar negando que Cristo es el Mesías.

Espera mañana la tercera parte de esta serie, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

¿POR QUÉ VOLVER AL PASADO?

2Pedro 2:20-22 20Si habiendo escapado de la contaminación del mundo por haber conocido a nuestro Señor y Salvador Jesucristo, vuelven a enredarse en ella y son vencidos, terminan en peores condiciones que al principio. 21Más les hubiera valido no conocer el camino de la justicia, que abandonarlo después de haber conocido el santo mandamiento que se les dio. 22En su caso ha sucedido lo que acertadamente afirman estos proverbios: «El perro vuelve a su vómito», y «la puerca lavada, a revolcarse en el lodo».

El sacrificio que hizo Jesucristo en la Cruz del Calvario no puede compararse con ningún sacrificio que pueda hacer un hombre mortal. El gran amor de Dios por la humanidad queda de manifiesto en el acto redentor que Jesús llevó a cabo. Tiene razón el apóstol Pablo al decir en su carta a los Romanos que Dios demuestra su amor por nosotros en esto: en que cuando todavía éramos pecadores, Cristo murió por nosotros, (Romanos 5:8). Sin importar tal condición, Él se entregó en rescate por muchos. A lo mejor no logramos entender lo que esto significa, o quizás se ha dicho tantas veces que ya no hace sentido en los oídos de quienes escuchan, pero ese sacrificio vicario de Cristo sigue siendo tan válido y tan importante hoy en día, tanto que igualmente sigue siendo la única llave que abre las puertas hacia Dios. ¡Aleluya, aleluya cuan grande es el Amor de Dios! pues nos da de su Gracia y misericordia para tener comunión con Él.

Oh estimado lector Dios es bueno. Esa es la razón principal por la que adoramos a Dios porque tiene capacidad de perdonar nuestros pecados. Sabes Dios tiene el poder para transformar a una persona de tal forma que queda irreconocible para quienes lo ven. Hombres que estuvieron sumergidos en drogas, alcoholismo, maras, bandas organizadas o fueron asesinos, o quizás mentirosos empedernidos, o estafadores, esposos golpeadores, adúlteros, fornicarios, violadores, practicantes de la masturbación u homosexuales, etc., han sido transformados en hombres totalmente renovados, regenerados cuando pusieron su mirada en Jesucristo, fueron limpiados con esa Sangre preciosa, porque Dios lo ofreció [a Cristo] como un sacrificio de expiación que se recibe por la fe en su sangre, para así demostrar su justicia. (Rom 3:25).

He escuchado testimonios de personas que literalmente han mordido el polvo y ahora son completamente diferentes. Igualmente quien hoy escribe estos artículos es un fiel testimonio de como Dios puede obrar y operar cambios en vidas perdidas. Siempre que puedo testifico que lo que ahora ven las personas en mi no es el rastro de lo que fui. Tal transformación solo provoca que exista solo agradecimiento de parte de quienes hemos disfrutado este favor de Dios. Cada vez que leo la parábola de las cien ovejas me pone rápidamente en el lugar de la oveja que estuvo perdida y fue encontrada por el pastor quien nunca perdió la esperanza de encontrarla pero sobre todo que no se rindió hasta poder tenerla entre sus hombros. Por esta razón escribo este artículo como un llamado a la reflexión y sobre todo con el objetivo de prevenir a quienes lo leen a que no comprometan en ningún momento el regalo que han recibido de parte de Dios. Sino por el contrario a que estén alertas, con las antenas bien dirigidas a buscar la Santidad. Digo esto porque es bien fácil volver a cometer pecados si no estamos atentos. Pecar es un proceso no un acción inmediata. Lo explico de la siguiente forma:

Una leyenda árabe dice que: cierto molinero un día fue sorprendido por un camello que metió la cabeza por la puerta de la tienda en que estaba durmiendo, y que le dijo: “Afuera hace mucho frío, permíteme meter tan sólo las narices.” El árabe le dio permiso de hacerlo así; pero pronto había metido todo el cuerpo, lo cual no era muy agradable al molinero, quien comenzó a quejarse diciendo que el cuarto era muy chico para los dos. Entonces el camello respondió “Si tú estás incómodo puedes salirte; yo, por mi parte, voy a quedarme donde estoy.” Hay pecados, que a manera de ese camello, sólo quieren un lugarcito en el corazón humano, y cuando se les da, se meten y ocupan todo el corazón, después no quieren salir y dicen: “Aquí nos quedamos, suceda lo que suceda; no saldremos para nada.” Observas, solo basta una pequeña rendija, un pequeño espacio para hacer estragos en las vidas de las personas. Es precisamente esto lo que nos pone con los focos rojos a quienes fuimos rescatados de las garras del pecado. Siempre el apóstol Pablo mandaba a los colosenses diciéndoles: Haced morir, pues, lo terrenal en vosotros: fornicación, impureza, pasiones desordenadas, malos deseos y avaricia, que es idolatría; cosas por las cuales la ira de Dios viene sobre los hijos de desobediencia, en las cuales vosotros también anduvisteis en otro tiempo cuando vivíais en ellas, (Colosenses 3:5-7).

Quiero que observes ciertos detalles que le dan sentido a este pasaje, en primer lugar dice haced morir, con esto debemos entender que la naturaleza pecaminosa sigue tratando de hacer de las suyas en nuestras vidas. El deseo de hacer lo malo no cesa. Por esto ordena que matemos este deseo, que lo extirpemos de nuestra vida. Te lo pongo de esta manera: imagina que en tu piel empieza a salir un grano extraño, al principio te parece inofensivo, luego de una semana ves que lejos de haber desaparecido ha crecido considerablemente, estoy seguro que si tu eres cuidadoso tratas la manera de buscar ayuda, y no paras hasta ser sanado. Igualmente debe hacerse con el pecado, la cura debe ser constante, diariamente debes poner atención a que los deseos pecaminosos te dominen, porque si te descuidas empezará crecer tanto que puede llegar el punto en que tengas que amputar el brazo entero.

En segundo lugar observa que Pablo hace una lista de malas actitudes señalando que esto es idolatría, lo cual desata la ira de Dios por causa de la desobediencia. Todo cuanto hacemos que sea desagradable a los ojos de Dios es considerado como idolatría. Sé que puedes preguntarte: ¿Acaso idolatría no es adorar o postrarse ante imágenes de yeso o madera? La respuesta es un contundente No. Eso es solo en parte, porque idolatría es anteponer cualquier cosa delante de Dios. Tú puedes ser idolatra cuando amas más a tu novia que a Dios. Eres idolatra cuando haces lo que tú quieres antes que hacer lo que Dios manda que hagas. Así podría citarte muchos ejemplos al respecto. Finalmente Pablo hace una aclaración porque dice: en las cuales anduvisteis en otro tiempo cuando vivías en ellas. Hace referencia a una vida pasada. Es decir tales cosas ya no las prácticas pero por momentos se quieren volver a manifestar.

En el articulo de mañana concluiremos respecto a este tema, asi que esperalo y mientras tanto la invitacion es como siempre a que hagas tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.