SEAMOS PORTADORES DE BUENAS NOTICIAS

Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey. (2Reyes 7:9).

 

Samaria por aquellos días vivía una gran hambruna. Sus habitantes sobrevivían a duras penas. Ben-adad, rey de Siria, había sitiado la ciudad de Samaria y esto provocó que los samaritanos no pudieran comerciar sus alimentos. La escases era tal que algunos de los habitantes se convirtieron en caníbales. Ciertas mujeres, por ejemplo,  convinieron comerse a sus hijos, y así lo hicieron solo en parte. Ya que una de ellas sacrificó a su hijo pero la otra lo escondió para no tener que comérselo (2Re 6:26-29), si, leyó bien, se comieron a un niño. Esta actitud nos muestra el grado de desesperación y necesidad que estaban experimentando.

En aquellos días habían cuatro leprosos que decidieron rendirse a los sirios. Llegaron a la conclusión que era mejor tratar de rendirse a ellos a seguir esperando la muerte a la entrada de la ciudad. Bien fuera que los sirios les perdonaran la vida o bien fuera que los mataran pero pensaron que valía la pena intentarlo. No tenían nada que perder y mucho que ganar. Se pusieron en marcha a media noche hacia el campamento enemigo, y su gran sorpresa fue que no encontraron a nadie. Dios había confundido a los sirios a través de sonidos como de un ejército numeroso. Los sirios pensaron que los hititas y los egipcios se habían aliado con el rey de Israel y huyeron atemorizados tratando de salvar sus vidas (2Re 7:3-7). Cuando los leprosos se dieron cuenta,

entraron en una tienda, y comieron y bebieron, y se llevaron de allí plata y oro y ropas, y fueron y lo escondieron; y volvieron y entraron en otra tienda y de allí también se llevaron botín, y fueron y lo escondieron (2Re 7:8).

Como diríamos coloquialmente: se sacaron el premio mayor de la lotería. Aquellos cuatro leprosos miserables, que salieron pensando en perder o ganar, terminaron ganando más de lo que suponían que podrían llegar a tener. Sin embargo el v.9 es el que ocupa mi reflexión en este escrito. Ya que la narración nos deja un dulce sabor de boca y grandes lecciones. Dice: Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey (2Re 7:9).

Por lo menos tres semillas podemos sembrar en nuestros corazones de este relato.

  1. Compasión. La compasión es ese sentimiento de tristeza que una persona experimenta cuando ve que otra persona padece. Este sentimiento lo impulsa a aliviar el dolor o sufrimiento ajeno. La compasión es el deseo de remediar o evitar los sufrimientos de otros. Precisamente esto fue lo que sintieron los cuatro leprosos mientras se deleitaban con los bienes de los arameos. Al principio del v.9 ellos se dijeron entre sí: no estamos haciendo bien. Es decir: pensaron que no era justo disfrutar de todo aquel botín, mientras que la gente en Samaria padecía y moría a causa del hambre.

Sintieron compasión de sus compatriotas, pese a que los leprosos por Ley no podían integrar la sociedad de manera común, más bien debían vivir excluidos de ella. No podían generar ningún bien para subsistir. Dependían completamente de la bondad de los habitantes. Comían si sus familias les daban o si las personas se compadecían de ellos. Aunque por el estilo de vida de aquellos días, los samaritanos eran más bien egoístas y avaros. Por los relatos de otros profetas sabemos que se habían olvidado de la viuda y del huérfano, misma actitud supongo tenían con los necesitados. Sin embargo, los leprosos no actuaron igual. Ellos mostraron que quién más ha sufrido necesidad tiende a ser más generoso que quien nunca lo ha  experimentado.

Como pueblo de Dios y sin importar el estatus económico que poseamos, estamos llamados a ser compasivos. A dar siempre con generosidad. No podemos ser egoístas y llevar agua solo para nuestro molino. La iglesia primitiva es el claro ejemplo de cuan compasivos fueron unos con otros, ya que podemos leer varios relatos sobre como muchos de ellos estuvieron dispuestos a vender sus posesiones y que sirvieran para el bien común (ver Hch 4:36-37). Si conocemos las necesidades de otros demos con compasión. Demos para un misionero que está en otro país llevando a cabo la obra de Dios.

  1. Buenas Noticias. Luego de darse cuenta los leprosos que no era correcto saciarse de manera egoísta pensaron que aquel día era un día de buenas noticias, pero nosotros estamos callados se dijeron entre sí. Saber que los sirios ya no sitiaban más la ciudad eran buenas noticias. Todo el pueblo debía saber que sus verdugos ya no estaban amenazándoles. Por ello los leprosos sintieron que era urgente llevar la buena noticia al rey y a todos sus habitantes. Puedo imaginar el gozo, los festejos del pueblo al enterarse que su opresor ya no estaba más ahí. Imagino que no importaba si eran cuatro harapientos leprosos los que les daban la noticia lo importante era el mensaje y no el mensajero. Ellos al final de cuentas eran solo portadores de la bendición de saber que finalmente podrían comer.

Evangelio significa: “buenas nuevas o buenas noticias”. Pero, ¿por qué el Evangelio son Buenas Noticias? Porque aquel que se arrepiente de sus pecados, pide perdón y hace de Jesucristo Su Señor y Salvador ha pasado de muerte a vida. Recibe la buena noticia que toda la deuda que tenía con Dios por causa del pecado ha sido perdonada. Finalmente la ira que le aguardaba para el día final ha sido cancelada a través del sacrificio de Jesucristo.

Al entrelazar el pasaje de los leprosos y la definición que hemos dado del Evangelio la conclusión cae sola por su propio peso. Ya que la iglesia es la que ha sido llamada desde el primer día que el Espíritu Santo fue derramado sobre ella en el aposento alto a ser la portadora de las buenas noticias. Es la iglesia la que tiene que llevarle las Buenas Noticias de Salvación al mundo que esta sitiado por su pecado, que esta prisionero de sus pasiones, que está muriendo lentamente en sus delitos y pecados. La iglesia debe pensar como aquellos leprosos, vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia… y no solamente saciarse y deleitarse de manera egoísta.

Más bien debe tener ese sentido de urgencia, debe sentir compasión por todos aquellos que aún no conocen del Señor Jesucristo y anunciar que solo Él puede liberarlos de su opresión llámese como se llame. Debe estar consciente que no ha sido llamada a obstruir las buenas noticias, sino más bien a compartirlas. Debe ser portadora de buenas noticias. La Biblia dice que somos luz, y debemos alumbrar, debemos estar puesto en lo alto para que los hombres sean iluminados con el Evangelio. No podemos escondernos, no podemos callar, debemos hablar. TAMPOCO podemos envanecernos por ser portadores de buenas nuevas, porque como se dijo antes, somos solo portadores, el mensaje es lo que importa no el mensajero. Como escribió Sugel Michelen, somos mendigos diciéndole a otros mendigos donde hay pan.

 

  1. Dios es soberano. Los leprosos pudieron saciarse, los leprosos pudieron dar la noticia, el pueblo fue liberado, la profecía del hombre de Dios se cumplió por una sola razón, Dios es soberano sobre todas las cosas. Fue a causa de lo que Él le hizo a Ben-adad y a su ejército que aquella ciudad fue liberada de sus opresores. No podemos dejar pasar por alto ese hecho porque es el más importante de todos. Porque es a lo que la Biblia nos mueve siempre, a Dar la Gloria a Dios por Su magnífico poder, por Su fidelidad, por Su bondad y compasión. Porque a pesar de la maldad de Su pueblo, Él sigue obrando de acuerdo a su soberanía. Dios es soberano a pesar de ti y de mí. Él puede librarnos de cualquier situación adversa, puede obrar de acuerdo a sus planes y por eso siempre Él se lleva la Honra y la Gloria. Porque para Él no hay nada imposible. Lo que para el hombre no parece solucionarse, para Dios resulta posible. Por eso el apóstol Pablo escribió: A Él sea la Gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén (Ef 3:21).

 Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

Dios puede transformarnos!

 

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.” (1 Co 15:10). Uno lee esto y no se imagina que este mismo Pablo fue un día “Saulo el perseguidor De la Iglesia”.

Es indudable que solo el Poder De Dios pudo transformarlo. Lo hizo otro nacer de nuevo para que fuera nueva criatura y dejar las cosas viejas atrás. Cristo hablándole a Ananias dijo: “instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hch 9:15-16). Del cambio y el servicio de Pablo puedo extraer Dos Semillas de Fe:

1. Dios nos transforma para Su Obra. Saulo no imaginó jamás que se convertiría en Cristiano. Menos que sería precursor, Misionero, escritor, etc. El solo quería acabar con la iglesia. No imaginaba que Dios tenía un plan distinto para él. De la misma manera nosotros, antes de Cristo quizás éramos lo más vil y lo más despreciable de este mundo. Pero Dios nos usa como instrumentos de Su Gracia y nos capacita para servirle. Algunos no imaginamos que Dios pudiera un día usarnos para sus fines, pero la Gracia abunda en nosotros. Así la Gloria siempre es De Dios.

2. Dios no miente cuando nos da sus dones. “Instrumento me es dice el Señor pero le es necesario padecer“. Dios no le prometió bonanzas a Pablo, no le dijo: Pablo todo será fácil. Viajarás en camello, en primera clase, comerás hasta reventar, de todas partes tendrás quien sustente tu ministerio. Lejos está de ello. Aunque Pablo explico que el obrero es digno de su salario, no fijó su mirada en lo material. Él solo peleó la buena batalla de la Fe con tal de que todos conocieran a Cristo. Sufrió por la causa, tal y como Cristo le dijo, pero aún así, él pudo decir ya no vivo yo, más Cristo vive en mí.

Así que digamos a Dios en oración: “heme aquí, envíame a mi. Yo quiero ser instrumento en tus manos, cueste lo que cueste, quiero servirte. Tomo el compromiso aunque tenga que padecer como buen soldado, quiero ser colaborador de tu obra, Amén”.

Me despido diciendo: haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

MEDICO CHARLATÁN

No sé cómo me sentiría si fuera donde el médico y él para no ofenderme o para no herirme, o hasta para no enojarme, en lugar de decirme que tengo cáncer me dijera que tengo una enfermedad común. Que en realidad lo que medico charlatantengo no es para preocuparme. Que con simples analgésicos estaré bien, sabiendo él, que en realidad me estoy muriendo. Quizás me sentiría enojado, y decepcionado, y hasta frustrado si en la agonía descubro la verdad. Porque él sabiendo la realidad, calló, mintió y no fue responsable para decírmela y por no llamar por su nombre a las cosas estoy padeciendo.

Es precisamente por eso que Dios a través de su Palabra nos examina y nos diagnostica de forma verdadera. Llama pecador a quien lo es. Y no solo eso, sino que también le dice cuan pecador es. Y aún va más allá, a cada afrenta del ser humano la llama por su nombre. Sea mentira, blasfemia, hipocresía, homosexualidad, envidia, odio, asesinato, etc. Él lo llama tal cual es. Y lo hace precisamente para que todos sepamos que Dios es justo. De esa cuenta al enfrentarlo nadie puede alegar ignorancia. Dios no oculta la verdad, o la disfraza o la suaviza para no herirme. Y no lo hace porque quiere que me de cuenta de mi condición, que confiese, me arrepienta y acepte la sanidad de mi alma a través de su perdón.Si Dios sabiendo la consecuencia que sufriré si no cambio, no me lo dice tal cual es, entonces Dios no sería justo y tampoco sería amor. Porque por su justicia somos juzgados. Y solo alguien que no ama a otra persona, prefiere ocultar, mentir o disfrazarle la verdad.

Por ello la Semilla de Fe que quiero sembrar en tu corazón es:

Predica el Evangelio no adulterado, el puro, sin mácula, tal cuál es. Y si ofende a más de uno, que bueno será porque entonces sabrás que estas predicando el kérigma de Dios. Si no ofende a nadie entonces deberás preocuparte porque entonces significa que ya has adulterado el mensaje. Además si tú conoces la verdad y no la dices o la disfrazas o la maquillas para no ofender serás como aquel medico charlatán que con su silencio mata a sus pacientes. Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

¿Debe la iglesia local del siglo XXI ser reformada? (1era Parte)

Introducción

La historia de la iglesia esta clara respecto a que: la Reforma Protestante no perseguía la división de la iglesia, buscaba mas bien reformarla. En una definición pura sobre este verbo, diríamos que reformar es: hacer modificaciones en una cosa con el fin de mejorarla. O corregir o enmendarse (una persona o un colectivo) en sus costumbres o sus actitudes. Los antecesores a Lutero, Lutero mismo y los reformadores, buscaban precisamente eso, la modificación de la iglesia de Roma para que esta enmendara sus costumbres, sus actitudes, y sus prácticas. Lutero buscaba que pararan los abusos de las indulgencias, las practicas lascivas, y la malformada concepción de hacer iglesia. Lutero buscó que la iglesia de Roma mejorara, no que se fuera en contra de la Autoridad Bíblica y se dividiera, como dice Alfonso Ropero: ni por sueños le pasó separarse de la iglesia. Sus 95 tesis expusieron su desacuerdo, sin embargo, su empresa no encontró éxito en parte y en tiempo porque luego la iglesia de Roma convocó varios concilios para reordenarse y responder a los reformadores. Pese a que: “al convocar los Concilios de Pisa, Constanza y Basilea, la Iglesia católica romana confesó abiertamente los males que existían en su seno, y la necesidad urgente que había de remediarlos” (Historia general de la iglesia, Alfonso Ropero, Pág. 191) sus cambios no fueron de fondo y tampoco accedió a lo protestado. Mas bien respondió desde su concepción eclesial y continuó bajo los fundamentos de su tradición.

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La Reforma Protestante introdujo una visión distinta de lo que es ser iglesia. Trajo modificaciones, restableció la autoridad de la Biblia, estableció los fundamentos para que todos entendiéramos el Camino, apreciáramos la Verdad y recibiéramos la Vida. La Reforma Protestante trajo un nuevo entender de la Biblia pues con el trabajo de los reformadores tuvimos acceso a ella, lo cual antes estuvo reservado únicamente para algunos clérigos. La Reforma Protestante dejó un antes y un después en la historia. Aquella proclama protestante trajo cambios, grandes cambios, no como fue concebida pero cambios buenos al fin. Bajo estos antecedentes me pregunto:

¿Deberíamos protestar los creyentes hoy día contra algunas malas practicas de la iglesia local? ¿Deberíamos buscar la reforma de la iglesia local cuando hay despotismo en nuestros dirigentes? ¿Deberíamos protestar para reformar nuestras iglesias locales? ¿Podemos buscar reformas en la iglesia local a través de concilios tal como los hubieron en la historia? O ¿debemos permanecer sometidos al error, callar y aceptar todo, aun cuando no estamos de acuerdo, por miedo a levantar nuestras voces y ser excomulgados?¿Es la voz de nuestros pastores infalible tal como la de los pontífices de roma cuando hablan ex cátedra?

Reformar no es dividir

Estoy seguro que si encuestáramos a la iglesia evangélica nacional, sin poner banderas de denominaciones, ni nombres de misiones, la gran mayoría concordaría en el hecho de que la iglesia necesita reformas. ¿Cómo puedo asegurarlo? La evidencia salta por sí sola a la palestra. Sí vemos el numero de iglesias que se han dividido a causa de los desacuerdos que existen entre sus dirigentes entonces veríamos sin forzar la vista, que a la gran mayoría de nuestras iglesias les hacen falta cambios de fondo y no de forma. Que existen muchos desacuerdos.

Porque en la historia de la iglesia en general ha habido personas que piensan diferente pero, o son callados o no se atreven hablar. O cuando hablan lo hacen con hechos, dividiendo a la iglesia local. Lamentablemente la iglesia no debe dividirse, ningún líder debería tomar esa decisión tan nociva y tan dolorosa, pero, sucede precisamente porque las reformas no encuentran lugar dentro de la iglesia local. Ocurre porque los egos se imponen y las razones no encuentran puntos medios. El Dr. David Suazo en una de sus materias nos desafiaba con lo siguiente: si van a formar una iglesia nueva –no una división aclaro–, que sea una diferente. Ya estamos cansados de lo mismo. No hagamos más de lo mismo. Estamos atestados de iglesias que no están haciendo nada para mejorar el que hacer evangélico. Este sería el mensaje preciso para quienes dividen o han dividido sus iglesias. Si van hacer mas de lo mismo, lo mejor sería buscar las reformas para su iglesia local y no herir fuertemente a sus fieles. Enfatizo, que la idea de este articulo no es mover a lideres a que busquen la división de la iglesia, mas bien, a que busquen reformar sus iglesias locales a través de acuerdos. Que busquen ser escuchados. Que traten la manera de acercarse a sus dirigentes para que se propongan cambios en pro de toda la congregación.

Jesús fue enfático en cuanto a no hacer divisiones, Él dijo que una casa o un reino dividido no puede prevalecer (Mt 12:25; Mr 3:25; Lc 11:13, 17), de esa cuenta, una iglesia no prevalecerá si se divide por no encontrar puntos de inflexión. La iglesia debe permanecer unida como lo hizo la iglesia primitiva. Permanecía unánime, en el mismo sentir, buscando la igualdad para todos sus militantes. Nunca se movió por fines egoístas, o por fines ambiciosos. Cuando los perseguían se agrupaban. La iglesia unida prevalecería contra el las puertas del Hades (Mt 16:18). Lo único que dividía a la iglesia fue cuando tuvieron que decidir si Cristo como Señor o el César como señor. Jesús lo dijo, por causa de Él se dividirían las familias (ver Lc 12:52), pero el trasfondo de esto era que debían decidir si lo seguían o lo negaban. No eran divisiones superfluas, eran asuntos de convicciones basadas en Cristo. Entonces entendamos que reformar no es dividir, es mejorar, cambiar, apuntar hacia el mismo fin, el crecimiento y perfeccionamiento de los santos para alcanzar la medida, de la estatura del Varón Perfecto, Cristo.

En el siguiente articulo veremos algunos los puntos álgidos por los cuales merece la pena que la iglesia proteste para reformarla. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

TIENEN OIDOS PERO NO ESCUCHAN (2da Parte)

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Hemos leído que la Palabra de Dios debe ser escuchada con Fe. Porque al hacerlo esto producirá mas Fe en nosotros. Y que la falta de Fe es lo que no permite que la Palabra de Dios sea aprovechada. Ahora leamos que la Palabra de Dios muchas veces no impacta en nuestras vidas porque no le creemos al mensajero, al predicador.

 

  1. Escuchan la Palabra pero no le creen al mensajero

 

Para este punto vamos a dar por sentado dos cosas. Primero, que quien predica lo hace fielmente, es decir, estamos hablando de una predicación expositiva, bien estructurada, bien coordinada. Con buena exegesis, correcta interpretación y buena comunicación del Mensaje. Segundo, que quien predica mantiene un buen testimonio. Que es una persona irreprensible, que con su vida confirma el mensaje predicado. ¿Por qué es necesario esto? Para poder evitar que estos dos elementos sean los que lo descalifiquen para la comunicación del Mensaje. Y que esa sea la razón por la cual la Palabra de Dios no impacte la vida de algunos de nosotros. Como seres humanos constantemente estamos poniendo más la mirada en el mensajero que los oídos en el mensaje. Entonces por eso tengo que aclarar este punto, y debo recurrir al mejor de los ejemplos para demostrar que algunos no aprovechan el mensaje de Dios porque descalifican al mensajero, al Señor Jesús, varón perfecto, sin pecado, y a quien sin embargo muchos no le creyeron.

 

  1. En el Evangelio de Marcos dice que en cuanto Jesús pasó ayunando por cuarenta días, y fue tentado en el desierto, comenzó su ministerio terrenal. Tres de las cosas que de inmediato hizo fue predicar el arrepentimiento, anunciar el Reino de Dios (Mc 1:14) y enseñar en las sinagogas (Mc 1:21). Las personas que tuvieron la oportunidad de rodearlo y escucharlo se admiraban de su enseñanza. En 1:22 dice: y se admiraban de su doctrina; porque les enseñaba como quien tiene autoridad, y no como los escribas, es decir que las personas reconocían que existía una diferencia marcada entre los métodos pedagógicos del Señor Jesús y los maestros de aquella época. Que por un lado estaban los métodos tradicionales y por otro estaban los métodos novedosos con los que él había comenzado a enseñarles.

No fue una, ni dos veces en las que, quienes escucharon fueron sorprendidos por las Palabras del Señor. En el mismo capitulo dice que luego de sanar a un hombre que tenía un espíritu inmundo las personas exclamaron: ¿qué es esto? ¿qué nueva doctrina es ésta, que con autoridad manda aun a los espíritus inmundos, y le obedecen? (1:27), sin embargo a pesar de todas estas manifestaciones maravillosas del Señor, las personas no creían a su mensaje porque le cuestionaban. Veamos algunos de los cuestionamientos que les impidieron creer y por los cuales la Palabra de Dios no impactó sus vidas.

 

Cuestionaban su descendencia familiar. En Mateo 13:53-57a dice que después que Jesús terminó de enseñar a través de varias parábolas, y venido a su tierra, les enseñaba en la sinagoga de ellos, de tal manera que se maravillaban, y decían: ¿de dónde tiene este sabiduría y estos milagros? ¿no es éste el hijo del carpintero? ¿no se llama su madre María, y sus hermanos, Jacobo, José, Simón y Judas? ¿no están todas sus hermanas con nosotros? ¿de dónde, pues, tiene éste todas estas cosas? Y se escandalizaban de Él… Jesús causaba furor en sus oyentes. Pero vuelvo a enfatizar que no escuchaban el mensaje sino que cuestionaban al mensajero. Sus preguntas no iban mas allá de lo superficial.

 

Exactamente esto sucede hoy día. Pueden predicarse buenos mensajes, y abajo las personas están cuestionando al predicador. Hablando banalidades de él. La Palabra no les impacta porque piensan que el origen familiar del predicador no lo respalda. Conocen posiblemente la sencillez de su familia, o la escasez de recursos con los que han vivido y eso lo utilizan para desacreditarlo. O también están pensando que no tiene los títulos suficientes cómo para estar predicando la Palabra de Dios. O cuestionan sí fue o no a algún instituto bíblico o seminario, para expresarse como lo hace. Es decir que esto no debería ser tema de conversación mientras alguien expone la Palabra de Dios. Ni siquiera debería pensarse. A menos que fuera para agradecer su buena preparación. Aunque en realidad no es ni un instituto, ni un seminario, ni la habilidad para exponer la Palabra lo que hace bueno a un predicador, sino que es el respaldo de Dios lo que hace impactante su mensaje. Porque es Dios por medio de su Santo Espíritu el que le da gracia al mensajero.

 

La reacción de Jesús ante tales cuestionamientos fue de tristeza. No podía ser otra, porque observaba lo trivial que era el pensamiento de sus oyentes. Jesús les dijo: un profeta recibe honra en todas partes menos en su propio pueblo y entre su propia familia (Mt 13:57b, NTV). Esto lo he experimentado en carne propia. Puedo decir cuáles eran las sensaciones del Señor en este caso. Puedes ofrecerte para apoyar a tu propia congregación, pero muchas veces encuentras mas cabida fuera de ella, que dentro. Gracias a Dios que puedes ir a cualquier otro lugar y las personas aprecian tus esfuerzos, tu servicio, aunque tristemente con los tuyos no sucede así.

 

La iglesia postmoderna esta plagada de hermanos a los que yo llamo “sensacionalistas” porque se dejan llevar por la “fama” de algunos predicadores. Llega un predicador de otro lugar, y es toda una experiencia subliminal, produce un gran alboroto, y pone a tope las emociones de algunos de los oyentes. Se dejan llevar mas por la emoción que por el mensaje. Puede pararse y decir casi cualquier barbaridad (no siempre es así) y le dicen amén. Mientras que cuando toman a hermanos locales, hay poca asistencia, menosprecio de su enseñanza, etc., aunque su mensaje sea asertivo, bíblico, y bien expuesto, poco importa porque él no viene de otro lugar, o no es tan reconocido en el medio evangélico.

 

Jesús lo experimentó y por supuesto que esta actitud tuvo también una consecuencia seria ¿Cuál? Por tanto –dice la Biblia– hizo sólo unos pocos milagros allí debido a la incredulidad de ellos, (13:58). Entonces, muchos feligreses no alcanzan a ser impactados por la Palabra de Dios porque no escuchan el mensaje sino que ponen los ojos en el mensajero. Pierden de vista lo que Dios quiere hacer en sus vidas por fijarse mas en cosas superficiales que en lo medular de la predicación. No pasa nada con ellos porque están mas atentos a simplezas que a verdades. Entran y salen de las reuniones congregacionales exactamente como entraron, vacíos. Grave error. Dios quiere obrar significativamente y lo hace. Únicamente en quienes oyen su voz y no en quienes ponen su mirada en las cosas terrenales.

 

Cuestionaban su autoridad

 

¿Con qué autoridad haces estas cosas? –le preguntaban los principales sacerdotes, escribas y ancianos a Jesús– ¿quién te dio autoridad para hacer estas cosas? –decían– (Mc 11:28), estaban sorprendidos, pero a la vez molestos. Jesús se manejaba de una manera que a ellos simplemente no les parecía correcta porque no cumplía con sus estándares, sus métodos, y sus reglamentos. Jesús rompió con los paradigmas de su tiempo pero no lo entendían algunos. No eran capaces de comprender las acciones y menos las palabras de Jesús porque estaban pensando más en el origen de la autoridad de Jesús.

 

La gran mayoría de las organizaciones se rigen por estatutos, reglamentos, normas que utilizan como base para determinar quien tiene y quien no tiene –según ellos– autoridad para predicar, pastorear, o ejercer cualquier ministerio dentro de sus organizaciones. Se requieren procesos largos, engorrosos para poder acceder a tales organizaciones. Si no estas autorizado por ellos nada de lo que hagas tiene la tan nombrada y famosa “cobertura”. Por lo tanto, no estas en la capacidad de poder hacer nada.

 

Entonces es necesario preguntarse ¿De dónde viene la autoridad para ejercer algún ministerio? ¿Quién da esa autoridad? ¿Cómo se recibe tal autoridad?

 

Estas preguntas se responden con varios pasajes, pero veamos únicamente Mc 1:9-10, aconteció en aquellos días, que Jesús vino de Nazaret de Galilea, y fue bautizado por Juan en el Jordán. Y luego, cuando subía del agua, vio abrirse los cielos, y al Espíritu como paloma que descendía sobre Él. Y vino una voz de los cielos que decía: Tú eres mi Hijo amado; en ti tengo complacencia. Entonces, la autoridad proviene de Dios, es Dios quien la otorga. En pleno acto publico, la Trinidad se hizo presente. Dios Espíritu se posó sobre Jesús, empoderándolo para todo cuanto fuera a realizar en la tierra. Dios da la autoridad por medio del Espíritu Santo. La Biblia dice que todo siervo de Dios esta enteramente capacitado para toda buena obra cuando atiende el consejo de la Palabra de Dios que ha sido inspirada por Él a través de su Espíritu Santo (2Ti 3:16-17). Jesús tenía autoridad de parte de Dios. Todo cuanto hizo fue porque Él era Dios y el Espíritu estaba sobre Él. El principal elemento, recurso, o requisito que debe poseer todo ministro es la autoridad divina. Sin ella nada podemos hacer. La autoridad dada por Dios no es cuestionable. No debería ser. Pero como he dicho arriba, algunas instituciones descalifican a algunos hermanos porque no consideran que este tenga lo necesario para poder servir.

 

Es necesario decir también que se requiere mucho discernimiento para poder reconocer tal autoridad. Porque estamos viviendo tiempos en los cuales muchos salen con cada titulo auto impuesto que la Sana Doctrina no esta siendo expuesta. Se auto proclaman de tantas maneras aduciendo que tienen autoridad divina pero la realidad es que esto resulta mas un peligro que un consuelo. La autoridad divina es patente ante los ojos de los demás. Algunos ejemplos:

 

Los apóstoles Pedro y Juan dejaron boquiabiertos a quienes los escuchaban, Hechos 4:13 dice que: viendo el denuedo (temeridad, audacia) de Pedro y de Juan, y sabiendo que eran hombres sin letras y del vulgo, se maravillaban; y les reconocían que habían estado con Jesús. Las personas reconocían que las capacidades de ellos no provenían de ellos mismos, sino que era la consecuencia de andar con Jesús.

 

Esteban, el primer mártir, tuvo la capacidad de recitar grandes porciones de la Escritura veterotestamentaria (Hch 7:2-53) porque era un hombre lleno del Espíritu Santo (Hch 6:3, 8). Expresó todo lo que Dios había hecho con sus antepasados, no porque tuviera buena memoria, sino porque era un hombre muy espiritual. Tanto, que estuvo dispuesto a morir por la causa de Cristo.

 

Último ejemplo, el apóstol Pablo, quien dijo: así que, hermanos, cuando fui a vosotros para anunciaros el testimonio de Dios, no fui con excelencia de palabras o sabiduría. Pues me propuse no saber entre vosotros cosa alguna sino a Jesucristo, y a éste crucificado. Y estuve entre vosotros con debilidad, y mucho temor y temblor; y ni mi palabra ni mi predicación fue con palabras persuasivas de humana sabiduría, sino con demostración del Espíritu y de poder, para que vuestra fe no esté fundada en la sabiduría de los hombres, sino en el Poder de Dios, (1Co 2:1-5). El apóstol Pablo reconocía delante de la iglesia de Corinto que en ningún momento su mensaje era relevante por causa de una buena demagogia o retorica que él pudiera poseer. Mas bien era porque el Espíritu de Dios lo respaldaba y porque su mensaje era Cristocéntrico. A los de Tesalónica les dijo: porque nuestra exhortación no procedió de error ni de impureza, ni fue por engaño, sino que según fuimos aprobados por Dios para que se nos confiase el Evangelio, así hablamos; no como para agradar a los hombres, sino a Dios, que prueba nuestros corazones.

 

Entonces, repito, la autoridad dada por Dios es incuestionable y es patente a los oídos de quienes escuchan el mensaje. Un predicador respaldado por Dios auténticamente, no debe ser cuestionado. La Palabra causará un efecto extraordinario cuando se acepta como Palabra de Dios.

EL MENSAJE DE CRISTO NO HA CAMBIADO (2da. Parte)

En el articulo anterior vimos la situación actual del mundo en el que vivimos, el desafío que representa esta circunstancia para la iglesia y comenzamos a ver el contenido del mensaje que Cristo predicó. Ahora continuemos con los dos elementos necesarios para que toda persona pueda entrar al Reino de los Cielos.

El pecador necesita arrepentirse

 

Ciertamente el Reino de Dios se ha acercado, ese es el anuncio principal de Cristo, esa es la Buena Noticia para el mundo entero, pero también parte de ese mensaje es el arrepentimiento. Jesús explica que toda persona que desee entrar en el Reino de Dios necesita primeramente arrepentirse. Pero ¿de qué necesita arrepentirse el mundo? ¿Cuál es el arrepentimiento que deben experimentar las personas para entrar en el Reino de Dios? Antes de responder estas preguntas lo primero que debe decirse es que nadie puede arrepentirse de algo sino esta convencido que es culpable. Mientras una persona no reconozca su culpabilidad jamás podría reconocer tampoco su necesidad de perdón. La Biblia dice que las personas están en franca enemistad con Dios por causa del pecado, y que la única cosa que recibirán como retribución de parte de Dios por esa razón es la muerte eterna. El mundo debe convencerse de su culpabilidad y de la condena que recibirán sino se arrepienten. Por ello es de suma importancia que se predique de la santidad de Dios porque a la luz de ella el hombre podrá ver cual es su verdadera condición espiritual. Entonces el hombre, una vez ha podido reconocer su condición delante de Dios, necesita arrepentirse de todo aquello que es contrario a Su Voluntad perfecta. Necesitan dar un giro de 180º en su caminar.

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Ese es el punto clave que debe decirse a la hora de predicar el Evangelio y que no se esta diciendo. Muchas iglesias y muchos pastores no quieren hablar de la urgencia del arrepentimiento. No quieren decirle a su membresía que deben cambiar su estilo de vida, que no pueden continuar viviendo vidas pecaminosas y desordenadas. Primero porque ese mensaje los volverá impopulares, al ser una verdad incomoda muchos no estarán dispuestos a escucharlos y menos a cambiar. Segundo, porque la migración de la membresía representa una disminución de las ofrendas habituales que ingresan a las arcas de la iglesia. Por esas razones no se habla de arrepentimiento en muchos pulpitos. Sin embargo es urgente hacerlo porque esa es la única manera en que una persona puede entrar al Reino de Dios, libres de pecado. Una vez convencidos de pecado y arrepentidos genuinamente se abre la posibilidad de creer el Evangelio.

 

El pecador necesita creer el Evangelio

 

Lo segundo que Cristo dice en el vs 15 es que toda persona necesita creer en el Evangelio. Existen muchos pasajes que nos explican que es el Evangelio, para que sirve y cuál es el beneficio de creerlo. Primero, podemos decir que el Evangelio es Poder de Dios para Salvación a todo aquel que cree (Ro 1:16-17). En este pasaje pueden verse claramente que el Evangelio es Poder de Dios y cuyo propósito es salvar al pecador de la condena eterna por causa del pecado y que se necesita creer en él para alcanzarlo. Segundo por medio del Evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe. Tercero, habiendo creído el Evangelio Dios nos sella con su Santo Espíritu prometido para garantizarnos su unión con Él en Su Reino Eterno. a los que creen tienen vida en Su Nombre (Juan 20:31). Sin embargo aunque no todos acepten esta verdad, a algunos les parece locura (1Cor. 1:18), y a otros simplemente no puedan percibirlo, ni entenderlo (1Cor 2:14) debe seguir siendo predicado en todas partes.

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Jesús no se detuvo en una sola ciudad tratando de convencer a todos sobre Su Mensaje, mas bien se preocupó porque la mayor cantidad posible de personas lo escucharan. Algunos lo creyeron, otros no. El punto es que el Mensaje debe ser predicado con fidelidad. El mensaje no ha cambiado, sigue siendo el mismo. A pesar que muchos se han dedicado a diluirlo o adulterarlo el anuncio es el mismo. Anunciar el Reino, convencer al mundo acerca de las consecuencias que existen si persisten en seguir viviendo en pecado, exhortarlos al arrepentimiento y mostrarle cuan glorioso es creer en este Evangelio. Nunca se debe olvidar que una persona que se arrepiente genuinamente Dios puede perdonarla, aceptarla y recibirla en Su familia, pero necesita creer genuinamente que Cristo dio su vida en rescate por él y el mundo entero. De ahí a que las personas quieran o no aceptarlo es otra cosa muy distinta, la tarea es exponer la verdad bíblica y no decir lo que pensamos de forma egoísta o decir solo lo que las personas quieren oír. Eso es engañarlos, o burlarse de ellos. Es tal como si supiéramos que tienen un cáncer expandiéndose en todo el cuerpo y les dijéramos que todo esta bien, que con dos aspirinas es necesario para curarse. Así que entendamos el mensaje no ha cambiado, por esa razón seamos fieles a Su Palabra y anunciemos al mundo entero que el Evangelio es percibir el Reino de Dios en la tierra.

Me despido como siempre diciendo: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

 

 

EL MENSAJE DE CRISTO NO HA CAMBIADO (1era Parte)

Introducción

 

La predicación del Evangelio sigue siendo una tarea necesaria en nuestros tiempos tal como lo fue en los primeros siglos. Es mas, diría que al mundo del siglo XXI le urge más todavía que le prediquen el Evangelio. Vivimos en una época en la que nuestra sociedad se ha degenerado a un ritmo acelerado. La propagación del pecado se ha aumentado en forma exponencial en nuestros días. Naciones consideradas potencias mundiales han sacado a Dios de sus gobiernos, lo han excluido de sus vidas, y han procurado convencerse que Dios no es indispensable para ninguna de ellas. Se han dado a la tarea de darle la espalda a todo lo que tiene que ver con lo puro, lo verdadero y lo correcto. Pero no solo las grandes naciones han excluido a Dios de sus vidas, un buen numero de habitantes de la tierra lo han hecho también. Sea por indiferencia, ignorancia, o las razones que sean, se han esforzado por alejarse cada día más de Él. Ciertamente pecado siempre ha existido, eso es indudable, pero nuestra generación ha encontrado cientos de maneras para convencer a muchos que el pecado no existe, que no hay verdades absolutas y que toda vez seas feliz puedes hacer prácticamente lo que desees.

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El desafío es grande para esta generación

 

Ante esta cruda realidad mundial la iglesia tiene un gran desafío delante de sí. El mismo que el apóstol Pablo ponía delante de Timoteo, su hijo espiritual, predicar la Palabra, en tiempo y fuera de tiempo (2Ti.4:1-2). El mundo necesita escuchar el Evangelio de Jesucristo con urgencia. Necesitan saber una verdad absoluta que les haga volver a la senda correcta. No obstante pareciera ser que no todos los cristianos están conscientes de lo que esta sucediendo a su alrededor. O posiblemente no han entendido de esta manera lo emergente que es anunciar el mensaje de salvación a quienes no han conocido a Jesucristo aun. Con tristeza tengo que decir que si bien es cierto existe una gran cantidad de predicadores y predicaciones, muchas de los mensajes no se acercan ni un poco al mensaje puro y sin macula que Pablo tenía en mente cuando le escribió a Timoteo.

 

Por cierto que tampoco un buen numero de los mensajeros se acercan al estándar planteado por Pablo en sus epístolas pastorales. Porque mientras el mundo va en franca decadencia, erigiéndose estatuas de Satanás, como recientemente lo hicieron en Detroit, Estados Unidos, muchos de los mensajes que se están presentando son erróneos, esquivos, faltos de fundamento bíblico y teológico. Gran parte de predicadores se han centrado por hablar desde sus pulpitos sobre prosperidad, cristianismo sin compromiso, discipulado light, con tal de mantener la membresía de sus “iglesias” pero nada del mensaje que Cristo quería que escuchara el mundo. Que terrible decepción te llevas cuando escuchas a estos pseudo predicadores hablar supuestamente de la Biblia, citar un texto bíblico, y sacar de contexto el mensaje. Es precisamente por eso que el desafío que esta delante de la iglesia es grande, porque necesitamos ir de vuelta al mensaje que Cristo anunció y que sigue estando vigente para nuestras generaciones presentes y lo estará para las generaciones venideras.

 

El contenido del mensaje de Jesucristo

 

En Marcos 1:14-15 dice: después que Juan fue encarcelado, Jesús vino a Galilea predicando el Evangelio del Reino de Dios, diciendo: el tiempo se ha cumplido, y el Reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el Evangelio. Quiero destacar de estos dos versículos tres elementos que considero deberían estar presentes todo el tiempo en nuestra mente y en nuestro corazón cuando compartamos con aquellos que no conocen de Jesucristo.

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El Reino de Dios se ha acercado

 

Por años el pueblo judío esperó al Mesías anunciado en las profecías antiguas. Cuando estuvo entre ellos no pudieron reconocerlo. El Hijo de Dios habitó entre ellos, hizo señales y prodigios, entre muchas otras cosas, sin embargo nada de esto fue suficiente argumento para que ellos pudieran darse cuenta quien era Él. No identificaron que con su llegada el Reino de Dios se había acercado, que se había inaugurado una nueva era. No entendieron que con la llegada de Cristo se descubrió la puerta de acceso al Reino de Dios, se allanó el único Camino al Padre, se descubrió la Verdad absoluta, se reveló la fuente de la Vida eterna, se abrió la fuente de Agua Viva, y se presentó la oportunidad de comer el Pan de Vida. Con la encarnación de Cristo se abrió la posibilidad que Dios mismo experimentara en carne propia, la tentación, las necesidades humanas, y los sentimientos que percibimos los seres humanos para que cada uno de nosotros supiéramos que Él puede entendernos en cualquiera de nuestras circunstancias. Entonces, nuestro mensaje debería ser precisamente lo mismo porque Cristo sigue vigente, esa inauguración del Reino que hizo no ha cesado. Aun existe la posibilidad de pertenecer a la ciudadanía eterna. Todavía hoy día se puede accesar al Reino de Dios. No obstante existen dos condiciones extremadamente importantes que deben cumplir las personas para poder recibir su credencial de la Ciudad Celestial.

En el articulo siguiente continuaremos con este interesante tema, mientras tanto, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.