NO HAY PEOR CIEGO QUE… (2da. Parte)

En el articulo anterior vimos que somos reconocidos hijos de Dios cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, cuando nos convencemos que nuestra vida pecaminosa necesita la Santidad del Hijo, cuando le cedemos nuestra voluntad a Su dominio.

En este articulo veremos que además somos constituidos hijos de Dios cuando reconocemos que Cristo es Dios. Cuando nuestra fe se fundamenta en Jesús. Pero no es una mera creencia en el Jesús histórico sino en el Jesús que es el hijo de Dios, que bajó del cielo, que fue engendrado por medio del Espíritu Santo en María, que creció y vivió entre nosotros. Que hizo posible la reconciliación de la humanidad con el Padre a través del sacrificio realizado en la Cruz. Que murió pero al tercer día resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo y esta sentado a la Diestra del Padre Todopoderoso y un día volverá nuevamente por su iglesia. Necesitamos creer que este Jesús que vivió hace mas de dos mil años atrás, es el Mesías que las Escrituras prometieron, para poder disfrutar de los derechos que un hijo tiene delante de Su Padre.

Y en segundo lugar necesitamos reconocer a Jesús como Mesías porque al hacerlo, Él te reconoce delante del Padre.

 El cristianismo es una decpecadorisión que como hemos visto acarrea cambios en nuestras vidas. Y es por estos cambios tan drásticos que muchos no están dispuestos a venir a Jesús. Y cuando finalmente lo hacen no están dispuestos a mostrar que Jesús vive ahora en sus vidas. Se avergüenzan incluso de decir que son cristianos, no les gusta portar su Biblia, u orar para agradecer por sus alimentos cuando están rodeados de personas no creyentes. Se avergüenzan de decir que Cristo esta cambiando sus vidas, no lo honran, no lo reconocen en publico, no testifican de Él. Se avergüenzan de compartir el Evangelio con otros, olvidan contarle las Buenas Nuevas a quienes no han escuchado. El apóstol Pablo dijo: Porque no me avergüenzo del Evangelio porque es Poder de Dios para Salvación, y pese a ello algunos cristianos no dan a conocer a Jesús por temor al que dirán, por miedo a ser rechazados. El Evangelio es Poder de Dios, es algo que proviene de Dios con un fin especifico, Salvar a los que están muertos en sus delitos y pecados, por ende si viene de Dios no tengo que sentir ninguna clase de vergüenza, por el contrario, debo sentirme feliz de comunicar la verdad de Dios al mundo. Tristemente algunos cristianos olvidan que negar a Cristo es algo muy serio, que algo muy peligroso no reconocerlo delante de los demás, pues el mismo dijo:

 A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero cualquiera que me desconozca delante de los demás, yo también lo desconoceré delante de mi Padre que esta en el cielo. (Mat. 10:32-33, NVI).

 Hace unos años vi una película donde un niño corrió con gran desespero a abrazar a un señor al que él llamaba padre, pero esto hombre ignoró completamente aquel gesto de amor. Al ver que el niño lo llamaba padre delante de sus amigos, él hizo oídos sordos, ignoró completamente aquellas bellas palabras, desechó las muestras de afecto que él le hizo, con mucha frialdad separó de sus piernas los brazos pequeños y llenos de amor de su hijo. Ante este momento incomodo, al chiquillo no le quedo otra alternativa mas que irse avergonzado, desilusionado y sobre todo muy triste. Incrédulo además de ver la actitud de su propio padre, estaba impávido de ver que aquel hombre había sido capaz de negarlo delante de los demás.

 Pensando en esto no puedo imaginarme cómo sería si delante de Dios, Cristo dijera que nunca me conoció. Cómo reaccionaría yo si CrisJesucristo judioto me ignorara completamente delante del Padre. Qué haría si cuando el Padre le preguntara si me conoce, Él respondiera que nunca me conoció, que es mas, siente vergüenza solamente de verme. Pero que alegre me llegaré a sentir si Él dijera que por supuesto que me conoce, que sabe quien soy, incluso me llama por mi nombre delante del Padre. Que gozo indescriptible llegaré a sentir si cuando me vea Él sabrá quien soy yo. Si a Él no le da pena decirle al Padre que yo soy Percy Palacios.

 Por estas dos razones necesitamos reconocer a Jesús como el Mesías esperado. Y lo necesitamos reconocer urgentemente, porque Él puede cambiar nuestra vida y regalarnos Vida Eterna. Mi propósito al escribir estos artículos es que tus ojos se abran, y que puedas ver la luz de Jesús. Que no sigas aferrado a una mentira, a una falsa enseñanza o que sigas negando que necesitas un cambio radical en tu vida. Además pretendo que al leer estos artículos ya no tengas ninguna excusa para continuar negando que Cristo es el Mesías.

Espera mañana la tercera parte de esta serie, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

El pozo de la desesperación (1era Parte)

Cuando José llegó adonde estaban sus hermanos, le arrancaron la túnica especiales de las mangas largas, lo agarraron y lo echaron en una cisterna que estaba vacía y seca. Luego se sentaron a comer… (Gen 37:23-25a)

Jose-a-la-cisternaMiedo, angustia, gemidos, sollozos, gritos desesperados, lamentos, y una lista interminable de emociones, son las que debió sentir el joven José mientras estaba en el fondo de aquella cisterna, oscura y estrecha donde sus hermanos lo habían arrojado. Para entender un poco mas, quiero decir que: “las cisternas eran excavadas sobre el fondo rocoso para almacenar agua de lluvia. Proveían agua para las personas y los animales durante la mayor parte de tiempos secos. Cuando estaban vacías, a menudo servían como celdas temporales para prisioneros”, (del Comentario del contexto cultural de la Biblia, John H. Walton), además al estar vacía era fácil que se llenara de toda clase de alimañas que ponían en riesgo la vida de José. En ese lugar oscuro y peligroso, fue a donde como a un vil prisionero, mandaron estos miserables a su pequeño hermano. Lo trataron sin misericordia, sin consideración, olvidando por completo el lazo sanguíneo que los unía. Olvidando además, las veces que se sentaron juntos a comer, los días en que celebraron los cumpleaños, y todos aquellos momentos que vivieron juntos como la gran familia que eran. Olvidando el dolor y la amargura que provocarían a toda la familia cuando supieran sobre la muerte del pequeño José. Solo el odio, la ira, y la envidia, pueden cegar tanto a un hombre, para que este pueda olvidarse de todo con tal de llevar a cabo sus planes perversos.

Las horas dentro del pozo

 Estoy casi seguro, que José ya cansado de gritar con desespero que lo sacaran de aquel horrible lugar, y de intentar subir por las paredes del pozo, entre lagrimas la pregunta que se hizo una y otra y otra vez fue: ¿por qué están haciéndome esto mis propios hermanos? Quiero creer también, que las respuestas podían ser muy pocas, porque tu nunca esperarías que el mal pueda venir a tu vida desde tu propia familia. José nunca había sentido la fría soledad, ni el abandono porque siempre estuvo rodeado de amor. De mucho amor. Su padre lo amaba tanto que esta le había regalado una bella túnica de colores, la cual se convirtió en el detonante de la ira de sus hermanos y ahora solo era un montón de pedazos porque ellos se la habían arrebatado momentos antes de tirarlo en aquella pocilga. Pero ese día, por primera vez estaba solo. Sin nadie que pudiera ayudarlo. Ahí sentado, cansado y tembloroso, mientras que arriba sus hermanos reían y celebraban su victoria comiendo y bebiendo pues finalmente se habían desecho del hermano incomodo, el cual nunca mas volvería a molestarlos con sus tontos sueños de grandeza y tampoco presumiría su tan delicada túnica de colores. Cada risa eran como puñaladas para el confundido José. Las fuerzas de a poco lo abandonaban al no ver ninguna posible solución a su problema.

Identificado con José

 No es difícil poder identificarse como lectores de la Biblia con la angustia o el dolor o la amargura que José experimentó dentro de aquel frío pozo. Porque cuantas veces tu o yo nos hemos sentido exactamente de esa manera. Cuantas veces no hemos estado sumergidos en la fría soledad, o en el abandono, o en la tristeza y desconsuelo por circunstancias duras que han llegado a nuestra vida. Porque como José hemos estado sumergidos en el pozo de la desesperación.

Es fácil identificarse con la fatiga, o la desesperación de José cuando hemos hecho grandes esfuerzos por evitar que el cáncer o cualquier otra dura enfermedad le gane la batalla a uno de nuestros seres queridos. Todos los esfuerzos médicos, económicos que se hicieron para que al final como José solo nos quedamos sin fuerzas y sin nadie que nos saque de este hoyo profundo y solitario. Pensamos que hubiese sido mejor que esto pasara contigo y no con tu padre o con tu madre o con alguno de tus hijos. Que sería mejor morir a sentir ese dolor que te desgarra el corazón. Que sería mejor dormir y no pensar en que vas hacer de acá en adelante cuando busques la sonrisa o el consejo o los brazos de esa persona que se ha ido. No sabes como vas a reaccionar cuando comas su comida favorita, o cuando llegue su día de cumpleaños y no puedas darle lo que tanto quisiste darle. No sabes como podrás salir de aquel terrible pozo de la desesperación cuando quieras sentarte a su lado y veas que su silla ha quedado vacía y que lo único que puedes ver es la silueta que quedó marcada en tu mente. Imagino a José gritando, revolviéndose de angustia, tal como pienso que le pasa a todos los que que hoy están sufriendo la dolorosa perdida de un ser amado. Por eso digo que es fácil identificarse con él en medio de aquel oscuro lugar, porque así debe sentirse la vida, oscura y vacía cuando se va de nuestro lado alguien a quien amamos tanto.

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 Es fácil identificarse con la soledad y la incapacidad de José, cuando como esposos vemos que nuestro matrimonio esta destruido por causa del adulterio. Que aun cuando se han hecho esfuerzos por recuperar la confianza nuestro matrimonio esta súbitamente condenado al divorcio. Estoy seguro que como José dedicas horas y horas para responderte la pregunta: ¿qué hice mal para que a quien yo amo tanto me hiciera este terrible mal? Y repasas en tu mente y no encuentras los porqués y te culpas de todo. Piensas que el problema esta en ti. Que si pasó esto es porque tu fallaste, porque tu no diste lo suficiente para que las cosas funcionaran. Tu almohada se convierte en el recipiente donde muchas de tus lagrimas caen todas las noches. Y tus actividades diarias se convierten en montañas altas que debes escalar pero no tienes fuerzas para dar el primer paso. Cada risa y alegría que ves en otras matrimonios para ti son como lo eran para José las risas de sus hermanos, golpes duros que atraviesan tu pecho como lanzas filosas y te hieren tan fuertemente que es inevitable el llanto y el amargo sentimiento que deja la incapacidad. NO te cabe en la mente que al igual que a José sus seres mas allegados les hicieran daño. Si tu has dado tanto amor piensas que lo mismo habrías de recibir. Como pudo dañarte esa persona por la que cuidaste cada detalle de sus cosas. Como pudo lastimarte a quien les has entregado cada segundo de tu vida con tanta devoción. Simplemente no puedes entenderlo porque jamás esperas daño de las personas que piensas que te aman. Y piensas como puedo enfrentar la vida de acá en adelante, como les voy a decir a mis hijos, como lo van a tomar y mientras piensas en los demás tu sigues sintiéndote miserable.

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Es fácil identificarse con la soledad de José, cuando como mujer o como hombre ves que tu vida no esta en el lugar en donde habías planeado años atrás. Quizás te habías imaginado que para la edad que hoy tienes, tu ya estarías casado, con la pareja de tus sueños, viviendo en la casa que siempre quisiste, manejando el carro del color que deseaste desde niño. Trabajando en la profesión que muchas veces repetiste de niño o en el tipo de negocio que siempre quisiste tener. Hasta pensaste como te recibiría tu perro cada vez que llegaras a casa. Y sin embargo, nada de eso es real. Todo lo contrario, estas solo, pagando alquiler a un dueño abusivo y exigente que año a año te incrementa la renta, transportándote en bus y trabajando en donde no imaginaste que lo harías. Te sientes solo, cansado y triste. Anhelando todo aquello que imaginaste y que no esta. Trabajas y trabajas y no logras salir adelante. Pasan los años, has emprendido buenos proyectos pero tal parece que la vida se ensañado contigo y no logras ni una sola de tus metas. Te esfuerzas por verte bien, pones tu mejor cara pero la realidad que como José estas gritando a gran voz por ayuda, suplicas que alguien te diga que todo va estar bien. Te estas muriendo sin que nadie lo sepa, sin que nadie te escuche, sin que nadie te entienda. Deseando como José que los brazos de Jacob lo rodeen y lo abracen tan fuerte que lo hagan sentirse seguro aun en medio de aquel momento amargo. Pero nadie esta ahí. Las palabras que te dicen para ti no tienen sentido, o te ayudan por un momento nada mas. La realidad es que te sientes solo y sin fuerzas para seguir adelante. Sin ganas de intentar subir por las paredes del pozo de la soledad.

mujer fracasada

Repito, es fácil identificarse con todos estos tristes sentimientos que José sintió dentro del pozo de la desesperación, pero también puedes identificarte con algo que fue su característica principal y de lo cual te contaré en la segunda parte de este articulo, y si tu te has identificado con este articulo, lee el día de mañana la continuación, porque estoy seguro que va confortar tu vida… mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

 

¿Realmente valdrá la pena lo que estoy haciendo?

No recuerdo cuando fue la ultima noche que había estado al pie de la cama de alguno de mis tres hijos, cuidándolos, observándolos, velando por ellos, por causa de alguna enfermedad que padecieren. Realmente no lo recuerdo, es mas no me recordaba lo difícil que es para Sebastián, el menor de los tres (hoy enfermo), tomarse la medicina, tragarse una simple pastilla, y menos me recordaba cuando había sido la ultima vez que lo había ayudado para que se la tomara. Sin duda alguna la ausencia me ha pasado facturas muy altas. Me ha hecho ajeno a muchas de sus necesidades, y no hablo solo de las necesidades económicas, o materiales, sino las necesidades paternales. Mis hijos han vivido grandes momentos, malos también, duros, tristes, alegres, divertidos, de derrota y de triunfo, y yo me he perdido muchos de ellos. Y es por ello que me cuestiono, me hago esta pregunta: ¿Realmente valdrá la pena lo que hago?

dia del padre

Porque cuando veo que ciertamente he alcanzado algunas de mis metas, cuando veo que alcanzado ciertos logros, también veo que he sacrificado la estancia con mis hijos, la convivencia, la unión, y la amistad. He pagado un precio muy alto, y del cual todavía tengo mis dudas sobre sí realmente ha valido la pena. Lo peor de todo es que estoy seguro que si les preguntara a mis hijos si hubieran preferido tener menos comodidades pero un padre menos ausente la respuesta seria contundente: preferimos un padre cerca que todo lo que nos has podido regalar, o comprar. Y cuando se la respuesta también se llena de lagrimas mis ojos y la garganta se empieza a anudar de tristeza y dolor, porque veo que han sufrido mis hijos y yo me he perdido de momentos irepetibles de sus vidas. Se que no puedo volver atrás el tiempo, que por mas que llore o lamente, mis hijos no volverán a balbucear su primera palabra, o gatear para alcanzar un juguete, o a llenarse la cara de frijoles al comer. Se que no puedo volver el tiempo atrás, se que no puedo regresar, para reparar todo el daño hecho, y quisiera poder hacerlo con la experiencia que hoy tengo para no volver a equivocarme, pero sencillamente, no puedo.

 Reconozco que ser padre es una gran experiencia pero también es una gran responsabilidad, y como hombres siempre deberíamos estar preguntándonos si lo que hacemos vale mas que lo que nuestros hijos necesitan. Porque trabajamos, luchamos, soportamos en nuestros trabajos por llevar el sostén material, nos graduamos de la U, luchamos por alcanzar los mejores puestos en las empresas, o tener un negocio mas grande, sin darnos cuenta que en ese esfuerzo también dejamos a un lado lo que ellos realmente quieren y necesitan, amor y atención. Porque si no lo sabías, padre joven, ellos no quieren un padre cansado, no quieren un padre enojado, regañón, un padre que solo tenga su hogar como un hotel, no quieren a un hombre que los ignore toda la noche, sino mas bien ellos desean, o mejor dicho necesitan a un compañero de juegos, un bailarín, un contador de historias, un arquitecto que les construya torres de legos, necesitan un ingeniero de carreteras que les construya las autopistas para sus carritos. Necesitan al doctor que vele sus sueños, al guardia que les de seguridad en las noches, al maestro que les repase sus lecciones del colegio. Necesitan al pastor que les ayude con sus primeras oraciones y le explique como se debe leer la Biblia y les enseñe cual es el camino que los dirija a Dios. Necesitan al amigo, al confidente, al artista, al poeta, al sabelotodo ambulante, al diccionario, al matemático, al científico e historiador, al narrador de cuentos. Ellos necesitan a un padre mas que a un capitalista que solo aporte dinero a casa.

padre co lego

Por ello hoy al escribir estas palabras, no me resultó tan difícil, no tuve que leer y re leer antes de publicar, porque lo hice con toda sinceridad, desde lo profundo de mi ser, y también lo estoy escribiendo con mucho dolor, porque lo estoy haciendo desde mi experiencia personal.

A la vez estoy escribiendo con mucha gratitud, porque a pesar que no he estado en todos los momentos de la vida de mis hijos aun cuento con su admiración, con su respeto, su desesperación por verme, aun los dos varones quieren ser ingenieros como yo, aun la niña, mi niña, siente el gusto de sentarse cerca de mi para que la acaricie, aun cuando les he fallado en las promesas que les he hecho, siguen creyendo en mi, aun cuando los he lastimado con mi ausencia siguen amándome y aun cuando ha pasado días sin verlos siguen extrañándome, sorprendiéndome con sus logros y llenándome de regalos, sonrisas, besos, abrazos y muestras de ternura.

Creo que aunque no ha sido todas las horas que ellos desearían, han valorado los tiempos de calidad que hemos vivido. Han valorado las horas en las que nos reunimos alrededor de una mesa para jugar bancopoli, o en las que tiramos colchones en el piso y vemos películas, o las horas en las que bromeamos tanto que no paramos de reír. O en la que armamos algo de la nada para poder compartir tiempo, o en esos días que salimos a un lugar para comer. Han valorado que mis manos cuando los rodean les están diciendo cuanto los amo. Han valorado las veces que hemos hablado sobre el regalo de 15 años o los consejos después de una ruptura con la novia. Han valorado que siga luchando por amor a ellos.

 Sinceramente puedo decir que soy un hombre completamente agradecido con Dios por mis tres hijos. Y por esa gran mujer que los ha guiado en mi ausencia, la que siempre ha logrado que ellos me vean como el mejor papa del mundo. Y por lo maravillosos que son mis tres pequeñitos aunque ya estén grandes. Mi consejo es que: si eres un papá joven, piensa bien, si lo que estas haciendo o estés pensando empezar a hacer vale mas la pena que el tiempo que podrías compartir con tus hijos porque cuando te vengas a dar cuenta y quieras pasar mas tiempo con ellos podría ser demasiado tarde. Y recuerda, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

¿CUÁL ES EL BENEFICIO DE ARRIESGAR TANTO?

Y deseaba llenar su vientre de las algarrobas que comían los cerdos, pero nadie le daba 
(Lucas 15:16)
 

comiendo algarrobas

comiendo algarrobas

Siempre he pensado en ¿cuál es el beneficio de arriesgar tanto en esta vida? ¿Como es que alguien que prácticamente tiene todo para triunfar o vivir bien corre riesgos innecesarios en su vida? ¿Cómo es posible arriesgarlo todo por un momento de auto satisfacción? En un instante nuestras vidas pasan de, tener sentido a no tenerlo, solo porque pusimos en riesgo lo que teníamos.

El hijo prodigo es una historia tan conocida pero pocas veces le sacamos todo el jugo que tiene. Y es que esta historia como todo lo que en la Biblia esta escrito, es tan aleccionadora que merece la pena observar y aprender. Ningún sentido tiene leer solamente sino tomamos algo para corregir nuestra vida. Es tanto como ir de visita a un mercado de frutas, verlas tan rozagantes y deliciosas, tenerlas entre nuestras manos, pero nunca comerlas. Si no digerimos ninguna, definitivamente que ninguno de los múltiples beneficios que en ellas hay nos servirían. Así que veamos que tiene que decirnos el hijo prodigo que pueda servirnos a nosotros.

Aclaro que no pretendo de momento ahondar en toda la historia sino en este punto en especifico de la vida del joven, y tratar de entender cómo llegó al estado en el que se encontraba. Porque cuando yo leo específicamente este versículo simplemente no alcanzo a entender cómo este hombre que tuvo muchos bienes materiales, riqueza, y oportunidades hoy estaba prácticamente sumergido en la desesperación, en la amargura, en la tristeza y la desolación. Luego de tener y gozar de una buena posición económica y social ahora esta en la ruina total, solo y con grandes carencias materiales. Muchos pueden ser los factores que lo llevaron a este momento precario de su vida, su inexperiencia, su espíritu de conquista, el deseo de conocer nuevas cosas, las ganas de experimentar con lo moderno, la curiosidad, las malas compañías, la desobediencia, la autosuficiencia, en fin, pueden ser algunos de estos factores o todos juntos los que lo llevaron a la perdición. Porque cuando no valoramos lo que tenemos es mas fácil arriesgarlo.

La juventud es una de esas etapas de la vida en la cual no podemos darle el justo valor a todo lo que tenemos. No valoramos eljóvenes indiferentes grande amor de nuestros padres y por ello siempre estamos viviendo con rebeldías, no tomamos en cuenta los consejos de nuestros viejos, no entendemos que cada consejo es adorno de gracia en nuestra cabeza y collares en nuestro cuello (Prov. 1:9), y como no entendemos simplemente lo ignoramos. En la juventud tampoco valoramos la oportunidad que nos dan nuestros padres para educarnos, y por ello es que muchos de nosotros no nos esforzamos. No valoramos sus sacrificios para pagar todo el gasto escolar, al grado que nuestras calificaciones reflejan que no hubo ningún esfuerzo en nosotros. No alcanzamos a valorar nada, incluso la vida misma, de ahí que constantemente se están corriendo riesgos, manejando a alta velocidad, embriagándose, viviendo con promiscuidad sexual, ingiriendo drogas, o andando con amistades no provechosas. Tienen que llegar los momentos de calamidad como los que atravesaba el hijo prodigo para empezar a reflexionar en lo mal que estamos viviendo.

Solo hasta que estamos bajo las ordenes de un patrón abusivo, y devengando un sueldo miserable es que entendemos la gran importancia que tenía esforzarse en el colegio y procurar ser el mejor de la clase, en esos momentos entendemos lo importante que es alcanzar metas académicas altas para tener una mejor expectativa de vida económica. Si tan solo nos detuviéramos a meditar en las palabras de nuestros viejos que nos insisten en no sobrepasar limites de velocidad, evitaríamos ver tantos jóvenes mutilados, o en sillas de ruedas o en el cementerio por correr tantos riesgos, si al menos atendiéramos a la Palabra de Dios que nos insiste en que ninguna relación sexual fuera del matrimonio es agradable al Padre, entonces habrían menos jovencitas frustradas, amargadas y desconsoladas con embarazos fuera de tiempo, o pensando en practicarse un aborto, o disminuirían las cifras de madres solteras menores de los 18 años. Es que arriesgamos demasiado, nuestra salud, nuestro cuerpo, atentamos contra nosotros mismos, y es que si tan solo entendiéramos que todo lo que hacemos contra nuestro cuerpo como fumar, o drogarnos, o tatuarnos o perforarnos no es el plan de Dios, la Biblia dice que el cuerpo es templo del Espíritu Santo, y por lo tanto debemos cuidarlo, pero no lo entendemos y por ello nos arriesgamos. Vivimos corriendo todos esos riesgos porque no alcanzamos a ver cuanto tenemos o cuanto somos, hasta que en realidad nos vemos sin nada.

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Luego de ver a un joven en plenitud de sus facultades es penoso verlo envuelto en adicciones, solos, tirados en las calles, llenos de suciedad o ver a una joven con posibilidades de ser una profesional de éxito vendiendo su cuerpo para pagar sus cuentas, y todo por correr riesgos. Francamente no hay necesidad de llegar a ese punto, no hay necesidad de arriesgar todo por nada, no hay necesidad de tocar fondo, cuando puedes evitarlo, porque hay que entender que ningún padre terrenal desea ver a sus hijos en desgracia, todo lo contrario, todo el tiempo esta intentando evitarle caídas, heridas, sufrimientos, ningún padre quiere ver a su hijo comiendo algarrobas sino comiendo banquetes, y si los padres terrenales saben dar buenas dadivas a sus hijos, cuanto mas el Padre Celestial, quien ha diseñado un plan para cada uno. Planes de bien y no de mal. Dios quiere que sus hijos vivan como hijos y no como mendigos, quiere ver hijos viviendo en armonía familiar, alcanzando sus metas, luchando por alcanzar metas que glorifiquen el nombre de Dios. Él quiere que todos los hombres vengan al arrepentimiento, que ningún se pierda, que disfruten de las bendiciones que se obtienen cuando somos obedientes, cuando vivimos de acuerdo a su plan divino, cuando vivimos de acuerdo a Su Voluntad.

Por eso quiero concluir exhortando a ti querido lector, si importar tu edad: antes que estés apunto de arriesgarlo todo piensa si en verdad vale la pena hacerlo. Piensa en ¿cuáles son los beneficios para correr tantos riesgos? por que hoy y mañana puedes estar comiendo en la mesa junto al Padre si eres obediente y sabio para tomar decisiones, pero también podrías estar comiendo algarrobas si dejas de tomarlo en cuenta en tus decisiones. Como siempre haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.