Dios puede transformarnos!

 

“Pero por la gracia de Dios soy lo que soy, y la gracia que él me concedió no fue infructuosa. Al contrario, he trabajado con más tesón que todos ellos, aunque no yo, sino la gracia de Dios que está conmigo.” (1 Co 15:10). Uno lee esto y no se imagina que este mismo Pablo fue un día “Saulo el perseguidor De la Iglesia”.

Es indudable que solo el Poder De Dios pudo transformarlo. Lo hizo otro nacer de nuevo para que fuera nueva criatura y dejar las cosas viejas atrás. Cristo hablándole a Ananias dijo: “instrumento escogido me es éste, para llevar mi nombre en presencia de los gentiles, y de reyes, y de los hijos de Israel; porque yo le mostraré cuánto le es necesario padecer por mi nombre.” (Hch 9:15-16). Del cambio y el servicio de Pablo puedo extraer Dos Semillas de Fe:

1. Dios nos transforma para Su Obra. Saulo no imaginó jamás que se convertiría en Cristiano. Menos que sería precursor, Misionero, escritor, etc. El solo quería acabar con la iglesia. No imaginaba que Dios tenía un plan distinto para él. De la misma manera nosotros, antes de Cristo quizás éramos lo más vil y lo más despreciable de este mundo. Pero Dios nos usa como instrumentos de Su Gracia y nos capacita para servirle. Algunos no imaginamos que Dios pudiera un día usarnos para sus fines, pero la Gracia abunda en nosotros. Así la Gloria siempre es De Dios.

2. Dios no miente cuando nos da sus dones. “Instrumento me es dice el Señor pero le es necesario padecer“. Dios no le prometió bonanzas a Pablo, no le dijo: Pablo todo será fácil. Viajarás en camello, en primera clase, comerás hasta reventar, de todas partes tendrás quien sustente tu ministerio. Lejos está de ello. Aunque Pablo explico que el obrero es digno de su salario, no fijó su mirada en lo material. Él solo peleó la buena batalla de la Fe con tal de que todos conocieran a Cristo. Sufrió por la causa, tal y como Cristo le dijo, pero aún así, él pudo decir ya no vivo yo, más Cristo vive en mí.

Así que digamos a Dios en oración: “heme aquí, envíame a mi. Yo quiero ser instrumento en tus manos, cueste lo que cueste, quiero servirte. Tomo el compromiso aunque tenga que padecer como buen soldado, quiero ser colaborador de tu obra, Amén”.

Me despido diciendo: haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.