La Salvación es un Regalo de Dios (conclusión).

Continuando con la serie: La Salvación es un Regalo de Dios, hablaremos sobre el agente divino de la salvación es decir Dios. Abordaremos el tema de la Gracia y La Fe. Además explicaremos que la salvación no se obtiene por ningún mérito propio o por obras como menciona Pablo, para finalmente concluir con el tema abordado. Para un mejor comprensión ver los artículos anteriores.

gracia

La salvación por Gracia divina

Esta porción ofrece sin lugar a dudas nuevamente una revelación maravillosa respecto al carácter de Dios. Pablo, muestra a través de estos dos versos, una clara explicación de lo que Dios es capaz de hacer solo por el puro afecto de su voluntad. Por ellos se ha analizar cada verso con sumo cuidado para lograr un mejor entendimiento de lo que Pablo esta revelando de Dios.

Dios es el agente de la Salvación

En el verso 8 Pablo dice: 8Porque por gracia sois salvos por medio de la fe; y esto no de vosotros, pues es don de Dios. Ya en el verso 5 Pablo había introducido esta expresión. Por gracia sois salvos. Ahora, Pablo ha de conectar lo dicho en vs. 6 y 7, a través de una palabra que explica o da la razón del cómo el hombre ha pasado de muerte a vida. Y de dónde provino tal bendición, así como también, explicará quién es el autor de gran majestuosa obra. Hay cuatro palabras teológicas que son clave en este pasaje: gracia, salvación, fe y don. Y son clave y teológicas porque son los elementos que explican la obra salvífica de Dios. Revelan como es Dios respecto a lo que ha planeado aun desde la fundación del mundo para los seres humanos.

La Gracia de Dios

“La Gracia es la causa y la razón de la salvación, Pablo destaca aquí que todo lo alcanzado en la experiencia de la salvación y la salvación misma es solamente por la Gracia de Dios”.[1] Existen otros pasajes paralelos a este que hablan acerca de la salvación por la Gracia. Uno de ellos es Hechos 15:11, Lucas dice: antes creemos que por la gracia del Señor Jesús seremos salvos, de igual modo que ellos. Tito 2:11 dice: porque por la gracia de Dios se ha manifestado para salvación a todos los hombres, en 3:7 siempre en Tito, Pablo dice: para que justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna. Cada pasaje a excepción de las palabras de Pedro en Hechos 15, registra la teología paulina con respecto a la Gracia como los agentes de la Salvación. La razón por la que se hace énfasis en este punto es porque se pretende señalar que la Salvación es una obra absoluta de Dios. El Salmo 3:8 dice: la salvación es de Jehová, la salvación esta vinculada con la Gracia. De principio a fin. En Génesis 3:15, Dios ya advertía sobre la simiente de la mujer que habría de vencer sobre la muerte.

“En todo el proceso desde la dotación del Salvador, en el cumplimiento del tiempo (Jn. 3:16; Ga. 4.4; 1Pe. 1:18-20), pasando por la ejecución del sacrificio expiatorio por el pecado en la Cruz, luego el llamamiento a salvación, la regeneración espiritual y la glorificación final de los redimidos, está comprendido en un todo procedente de la Gracia (Ro. 8:28-30)”. [2]

En la segunda carta a Timoteo, Pablo dice: quien nos salvó y llamó con llamamiento santo, no conforme a nuestras obras, sino según el propósito suyo y la gracia que nos fue dada en Cristo Jesús antes de los tiempos de los siglos. John MacArthur comenta: “Dios diseñó soberanamente la salvación; la inicia, sostiene y completa soberanamente. Él nos ha perdonado, justificado y librado del pecado y de Satanás, de la muerte y del infierno. En todo sentido y en todo tiempo –pasado, presente y futuro – Dios es nuestro Salvador”.[3]

Por medio de la fe

El Evangelio de Juan revela el propósito por el cual fue escrito: pero éstas se han escrito para que creáis que Jesús es el Cristo, el Hijo de Dios, y  para que creyendo, tengáis vida en su nombre. Es por ello que otra de las palabras teológicas clave es la Fe. La Fe es el instrumento para alcanzar la salvación. Instrumento es como el medio, no la causa. Es pues la Fe en cristo lo que asegura la Salvación. Creer que Cristo es el hijo de Dios, el Mesías esperado. Pero no es creer de forma somera, sino de todo corazón. Ro. 10:10 dice: porque con el corazón se cree para justicia, pero con la boca se confiesa para salvación. En Juan 3:15 dice: para que todo aquel que en Él cree no se pierda, mas tenga vida eterna.  Fe es creer. Todo aquel que escucha el mensaje esta siendo llamado a creer. Así que la fe es por el oír, y el oír, por la palabra de Dios. (Ro.10:17). Es imposible para el hombre que no cree alcanzar la Salvación. Porque todo hombre que no cree ya ha sido condenado, (Jn. 5:24). Así una vez mas puede observarse que el proceso salvífico proviene de Dios, porque sí la fe llega por oír la Palabra de Dios, entonces es Dios el que convence a todo individuo de pecado por medio de Su Santo Espíritu. “La fe tiene una naturaleza adhesiva, vincula al creyente con aquel que es objeto de su fe. La salvación no es el resultado de creer ciertas ideas o de tomar una decisión de carácter emocional, sino de ser unido a Cristo”.[4]

 Es don de Dios

No de vosotros dice Pablo, ni la fe, ni la salvación proviene del corazón humano sino que proviene del amor de Dios. Es un Don divino. El Don debe entenderse como una dadiva, un regalo que Dios da, un donativo, o una entrega que parte del corazón de Dios. Pablo en Ro. 6:23 hace el contraste entre lo que se obtiene como pago por el pecado y lo que se recibe como regalo de parte de Dios, dice: porque la paga del pecado es muerte, mas la dadiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor Nuestro. “Por definición una dadiva es algo gratuito, pero a fin de evitar que alguien subestimara la magnitud de la gracia de Dios, Pablo habla de la dádiva de Dios”[5], para concluir esta sección entonces: la salvación es que la salvación es un regalo de Dios, por medio de la Gracia, es decir por medio de algo por lo cual no trabajas ni haces nada para merecer sino que es Dios quien lo desea hacer. El Don de Dios es solo un motivo por el cual cada día el creyente debe estar agradecido, sujeto a Su Voluntad y perseverando por cada día ser más como Cristo. Esto abre el análisis del verso 9.

La salvación no es por obras

            Obras humanas

Esta sección se vuelve menos complicada habiendo explicado el verso 8. Pablo dice que la Salvación es dada por Dios, pero 9no por obras, para que nadie se gloríe. Pareciera hasta de más este verso porque pareciera que el verso anterior fue demasiado claro, sin embargo, el v.9 solo viene a enfatizar el argumento de Pablo para dejar muy en claro que el hombre no tiene ni la posibilidad de presumir que pudo hacer algo en el proceso de la Salvación. Cuando Pablo expresa que la salvación no es por obras, esta diciendo que ni las obras que se hacen para cumplir la Ley, para el caso de los creyentes que provenían de ese contexto, ni las obras que podían hacer los gentiles en sus rituales anteriores, podrían salvarlos. Generalmente una persona cuando hace mas esfuerzo en una tarea busca ser reconocida. Ese reconocimiento lo lleva a sentirse orgulloso de lo que ha hecho. Como un atleta que busca ser el mejor para ser reconocido de todos. En el tema de la Salvación Pablo esta diciendo que el hombre no tiene nada de que gloriarse porque nada ha hecho para salvarse, y todo lo que pudo hacer, le hubiera servido.

Nadie puede hacer lo bueno

Las obras de una persona no regenerada son por naturaleza mala, incapaces de salvarlo, por eso Pablo cita en Ro. 3, el Salmo 14 que dice: no hay quien haga lo bueno, no hay ni siquiera uno. No hay una sola persona que en su condición de maldad sea capaz de pensar en hacer algo lo suficientemente sustancial para conseguir que Dios lo perdone. Las obras, o esfuerzos humanos nunca iban a poder posicionarlo delante de Dios, o llevarlo a ser coheredero con Cristo. Muy probablemente sí el hombre tuviera el deseo de hacer algo para alcanzar su salvación, la misma soberbia que en él existe lo llevaría a la jactancia. En 1Cor 1:27-31, Pablo dice que Dios escogió tanto a débiles como a viles y menospreciados para avergonzar a los sabios, a los fuertes, con la finalidad que nadie se gloríe, y si es que acaso quiera o desee un creyente jactarse de algo, que lo haga pero en el Señor. Otros pasajes similares en el contexto remoto de la Biblia, son el del Evangelio de Lucas, Jesús les dijo a sus discípulos: pero no os regocijéis de que los espíritus se os sujetan, sino regocijaos de que vuestros nombres están escritos en los cielos, (Lucas 10:20).

Y también en Deut. 7 Dios le dice a la nación de Israel que los escogió: no por ser vosotros mas que todos los pueblos os ha querido Jehová y os ha escogido, pues vosotros erais el mas insignificante de todos los pueblos; sino por cuanto Jehová os amó, y quiso guardar el juramento que juró a vuestros padres, os ha sacado Jehová con mano poderosa, y os ha rescatado de servidumbre, de la mano de faraón rey de Egipto, (Deut. 7:7:8), en el capitulo 9, hace énfasis a esto: no piense en tu corazón cuando Jehová tu Dios los haya echado de delante de ti, diciendo: por mi justicia me ha traído Jehová a poseer esta tierra; pues por la impiedad de estas naciones Jehová las arroja delante de ti. No por tu justicia, ni por la rectitud de tu corazón entras a poseer la tierra de ellos, (Deut. 9:4-5a). Nunca se trata de lo que el hombre pueda hacer, siempre es por lo que Dios quiere hacer. No es como se ha visto, por su justicia, o por ser mejores o mas capaces es que Dios toma a una persona sino porque Él así lo desea. Tiene misericordia de quien desea tenerla.

Conclusiones finales

La Salvación no puede ganarse por medio de sacrificios, o rituales, por bondad, buenos deseos, ni por medio de rituales religiosos, o por medio de penitencias, la Salvación es en lo absoluto un proceso que Dios lleva a cabo de principio a fin. Dios da a cada uno según Él desea. Si alguno quiere ir en pos de Cristo, debe negarse así mismo, renunciar a su ego, su soberbia. Creer en Cristo, poner su absoluta confianza en Él, y permanecer unido a Él. Pues la fe en Él, lo hace participe de sus bendiciones.

Dios salva, sin necesidad alguna de que el hombre se esfuerce, Él da, provee para cambiar de un estado de muerte espiritual a uno de vida, y vida en abundancia. Pasar de un estado a otro puede alcanzarse por medio de Cristo. Él es el camino al Padre, el único camino. La Salvación es definitiva desde que una persona pone su fe en Cristo, desde ahí ha pasado de muerte a vida. De ahí, solo queda dejar atrás el pecado, vivir en santidad y esperar la glorificación futura. La salvación fue consumada por Cristo en el pasado, pero sus efectos siguen estando vigentes en el presente y así mismo en el futuro. Aunque una persona puede jactarse de sus méritos propios, Pablo deja en claro que el hombre no debe jactarse de nada, y si lo hace debería hacerlo del tipo de comunión que tiene con Dios.

[1] Samuel Pérez Millos, Comentario exegético al griego del Nuevo Testametno: Efesios, (Editorial Clíe: Barcelona, España), 149.

[2] Ibíd. 149.

[3] John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: 2Timoteo, (Editorial Portavoz: Grand Rapids, Michigan, 2012), 30.

[4]Klyne Snodgrass, Comentario de Efesios, Trad. Pedro L. Gómez, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2009), 130.

[5] John MacArthur, Romanos, 397.

Anuncios

LLAMADO PARA LLAMAR A OTROS

Lucas, el evangelista, nos cuenta que Jesús le dijo a Mateo o Leví, como también se le conoce: “Sígueme“. Al instante dice que se levantó y dejó la mesa de los tributos y lo siguió. Lo siguiente que nos cuenta es que Mateo ofreció un banquete al Señor donde además de los otros discípulos, también fueron invitados otros recaudadores de impuestos, amigos suyos. A simple vista esto no tiene nada de extraordinario. Al contrario, es lógico pensar que si una persona ofrece una cena a quienes debe invitar son sus amigos. Compañeros de trabajo, familia, etc.

Por supuesto esto no fue bien aceptado por todos. Especialmente por los fariseos y maestros de la Ley. Se escandalizaron a ver a un Rabino sentado con esta clase de gente a quienes se les consideraba de baja calaña, unos viles pecadores. Ante tal escándalo, Jesús hizo una de las declaraciones que a mi consideración particular es una de las más extraordinarias que he leído en la Biblia. Él les dijo: “No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. No he venido a llamar a Justos sino a pecadores para que se arrepientan (Lc 5:31-32)“. Imagino la cara de frustración que pusieron aquellos hombres cuando el Señor dejó de manifiesto cuál era su labor en la tierra. De esto por lo menos 4 Semillas podemos Sembrar en nuestro corazón.

  1. Gracia irresistible. Cuando Jesús vio a Mateo, no leo ningún diálogo entre ellos. Solo una palabra: Sígueme. No sé qué mirada hizo el Señor pero Mateo no pudo resistirse a su voz. Cuando estamos cara con el Señor y nos llama, nadie puede resistirse a Él.
  2. Gratitud. La respuesta de Mateo al llamado del Señor fue un banquete ofrecido en Su honor. Imagino que Mateo no sabía qué hacer con ese gozo que sentía luego que el Señor lo llamó y en lo único que pensó fue ofrecerle un banquete. Una gran lección para nosotros, porque si bien no le podemos ofrecer un banquete, si podemos adorarle con nuestro servicio, obediencia, devoción, etc. El banquete de Mateo fue una expresión de adoración hacia el Maestro.
  3. Comisión. Mateo entendió que Jesús lo había perdonado. Comprendió que el Señor lo había traído de las tinieblas a La Luz. Solo él y el Señor sabían en que condición estaba su corazón cuando Jesús lo llamó. Y solo Mateo podía saber que necesidades tenían también sus compañeros de trabajo, por eso pensó que ellos también debían escuchar el mensaje de Cristo. Pensó que estando presentes en la cena ellos también podían ser llamados al arrepentimiento y experimentar lo que él estaba sintiendo. De igual manera nosotros estamos comisionados para llamar a otros. Familiares, amigos, compañeros de trabajo, de escuela, de universidad, etc., para que conozcan al Señor y experimenten lo que nosotros hemos experimentado.
  4. Reconciliación. Jesús lo tuvo claro desde antes de la fundación del mundo, Él venía a este mundo siendo Dios, para reconciliarnos con
    el Padre. Él sabía que la única manera en que su pueblo, y todos regresemos al Padre, era y es a través de Él. Las personas buscaban la forma de agradar a Dios para encontrarlo. Pero Jesús nos encuentra primero para luego poder agradar al Padre. Jesús vino con una misión que consumó en su muerte y resurrección. Hoy sigue llamando a pecadores, a enfermos espirituales. Él es el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino es por Cristo.

Me despido como siempre diciendo: Haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

REVELANDO A CRISTO DESDE LA PRIMERA EPISTOLA DE JUAN (3ra. Parte)

Introducción

 En el artículo anterior vimos el primer atributo de Jesucristo a partir de lo descrito por el apóstol Juan en su primera epístola. Vimos que Jesús al igual que Dios es Fiel. Su fidelidad es sinónimo de veracidad. Jesús es alguien veraz. Jesús de la misma manera que Dios no mienten, ni engañan. La confianza que depositamos en Dios Padre puede ser depositada de igual forma con Dios Hijo. Jesús es inmutable en sus propósitos de la misma manera que el Padre. Además de ello, ya que Jesús es Dios, también puede perdonar pecados como el Padre. Dicho sea de paso esta fue una de las razones por las cuales Jesús fue rechazado por las autoridades religiosas de su tiempo. Cuando Jesús sanaba y perdonaba pecados (Cp. Mc 2:5; Lc 7:48) las autoridades veían esto como un acto sacrílego. Consideraban que Jesús blasfemaba al perdonar pecados porque sabía que tal cosa solo el Padre podía hacerla. Sin embargo su Deidad le permitía hacerlo. Jesús es fiel para perdonar pecados dice el apóstol Juan (1Jn 1:9), y también es fiel para cumplir sus promesas (1Jn 5:14-15). En este articulo veremos otro atributo más de Cristo, Su Justicia. Este atributo revela la misma naturaleza que posee la primera persona de la Trinidad.

20151220_1875105

Jesús es justo

 La Justicia de Cristo al igual que Su Fidelidad se develan en el vs 9 del capitulo 1. Jesús es tanto Fiel como Justo para perdonar y limpiar todos los pecados de aquellos que los confiesan a Él. Es precisamente esa es la condicional, confesar los pecados, el pasaje dice: si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. La justicia de Dios y la justicia de Cristo, se muestran bajo la humillación de todo ser humano que se arrepiente. El arrepentimiento proviene del vocablo metanoia y significa cambiar de manera de pensar, cambiar de actitud, cambiar de forma de vivir. Ese arrepentimiento llega en el momento que una persona reconoce que su vida es un completo fracaso. Cuando se da cuenta que no tiene paz, que la clase de vida que ha llevado es inútil, infructuosa, sin sentido.

Ahora, esto no sucede por casualidad o error. Para reconocer nuestra pecaminosidad hace falta encontrarse con Jesús. Jesús expone nuestra naturaleza pecadora. Te doy unos ejemplos: cuando Pedro se encontró con Jesús quedó expuesta su pecaminosidad. Él reconoció que Jesús era alguien sobre natural. En el relato de Lucas 5 dice que Pedro y otros hombres habían intentado pescar toda la noche, Jesús apareció en su barca, e intentaron pescar justo en el lugar que Jesús indicó, las redes casi no soportaban la enorme cantidad de peces que habían pescado por obedecer a Cristo. Ese milagro sorprendió tanto a Pedro que no tuvo mas opción que rendirse a sus pies. Dice Lucas 5:8 viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Él supo que Jesús era alguien distinto. Alguien que poseía cualidades completamente sobrenaturales. La sola presencia de Cristo hizo que Pedro entendiera que él era un pecador.

Un ejemplo más: cuando Jesús llegó a Capernaúm se encontró con un oficial del ejercito romano, si, leíste bien, un oficial del ejercito romano, no cualquier oficial, él era un centurión. Alguien que tenía a cargo a un centenar de soldados. Este hombre delante de Jesús se humilló y le rogó que sanase a uno de sus criados. Cuando Jesús le dijo: yo iré y le sanaré (Mt 8:7), aquel hombre quedó expuesto al igual que Pedro. Señor, –dijo el centurión– no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Puedes verlo, ese oficial romano, con tanto poder, pudo haber obligado a Jesús, pero no fue así. Él reconoció que era indigno, es decir que no merecía que Jesús fuera con Él. El centurión comprendía que su pecaminosidad lo apartaba de Jesús. El encuentro con Cristo expuso el pecado del centurión y esto lo llevó al arrepentimiento.

Ambos fueron evidentemente pecadores confesos. Reconocieron a Cristo. Pedro y el centurión poseían orígenes distintos, uno era judío el otro romano. Además estaban en posiciones económicas distintas, uno era pescador y el otro era un oficial romano. Sin embargo ambos reconocieron su pecaminosidad delante de Jesús. Ambos indistintamente de su origen y clase fueron descubiertos por el Hijo de Dios. ¡Oh que gran bendición! El perdón de Cristo puede alcanzar a todo ser humano que confiesa delante de Él que es pecador y que se arrepiente de todo cuanto ha hecho. Jesús es Justo, y no hace acepción de personas. No diferencia entre origen y posición, su justicia es movida por la necesidad del pecador que se arrepiente. Confesarse indigno es reconocerse pecador.

Juan utilizó la palabra jómologeo para decir que aquellos que confiesan o admiten abiertamente sus faltas pueden ser perdonados. Este mismo vocablo es la raíz de homólogo, que significa: “semejante a otra cosa por tener en común con ella características referidas a su naturaleza, función o clase”. Cuando alguien confiesa sus pecados, esta diciendo que reconoce que su naturaleza es contraria a la naturaleza de Dios. Cuando un ser humano comprende que no puede perdonarse así mismo y reconoce que toda su vida le ha fallado a Dios y se humilla y pide perdón, es perdonado. Aunque el pasaje no habla de humillación en sí misma, se requiere vencer todo orgullo, toda vanidad para reconocer que existe pecado. Solamente de esa manera puede hallar reconciliación con Dios. Jesús es justo porque perdona a cualquier ser humano que se humilla y confiesa sus pecados. No importa clase, posición, origen, color, raza, nada, solo basta confesarse pecador.

Concluyo diciendo que Jesús es justo pero también su nombre es Justo Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; –dice el apóstol Juan– y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo (1Jn 2:1), Jesús es justo para perdonar los pecados de quienes se arrepienten y también es un abogado justo que intercede por los Hijos de Dios cuando estos han fallado. Él juzga con justicia porque es Justo. Isa 9:7 dice: lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Entonces, si Dios es Justo y Cristo es Dios, Cristo es Justo porque es parte de su esencia, negar tal cosa es simplemente no reconocer la evidencia que el mismo texto expone acerca de Jesucristo. Me despido diciéndote como siempre: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Cristo murió por los pecadores (2da Parte)

pecadorLa obra de Dios en la vida del pecador

            El amor de Dios por sus enemigos

 El amor es otro de los atributos de Dios. Además de su Santidad la Naturaleza de Dios es el amor. No es que en Él haya amor, Él es amor. No hay otro mas grande que el de Dios. El amor de Dios queda manifiesto en sus acciones hacia sus enemigos. Se patentiza en sus decisiones a favor de quienes no somos sus amigos. Juan 3:16, tan conocido pero a veces tan poco entendido en su forma absoluta nos dice que Dios, quien era nuestro enemigo, nos amó “de tal manera” que fue capaz de entregar a su Hijo, su único hijo, para reconciliarnos con Él. La manera que Dios encontró para reparar la relación rota que había entre Él y nosotros fue a través de entregar en sacrificio a su único Hijo. El amor de Dios se materializa con la muerte de Cristo por los seres humanos. En el pasaje que hemos citado en el encabezado Pablo dice que el propósito de Cristo en su llegada al mundo fue morir por causa de los pecadores. Teológicamente esto se conoce como la expiación de Cristo. “La expiación es la obra que Cristo hizo en su vida y muerte para ganar nuestra salvación”, (Grudem 595).

 Jesús es el precio que Dios pagó por sus enemigos. Ro. 5:8 dice que Cristo cuando aun éramos sus enemigos murió por nosotros. El apóstol Juan dice: En esto consiste el amor; no en que nosotros hayamos amado a Dios, sino en que Él nos amó a nosotros, y envió a su hijo en propiciación (sacrificio, sustitución) por nuestros pecados (1Juan 4:10). En el verso anterior Juan dice que en ese sacrificio Dios mostró su amor para con nosotros. Éramos enemigos de Dios por tanta ofensa que habíamos cometido en su contra, ahora este enemigo hizo lo que ningún otro hubiera hecho, desistió del pleito, decidió terminar con el objeto de nuestra enemistad, el pecado, también decidió hacer algo para contentarse con nosotros dándonos una ofrenda de paz, es decir a su Hijo Unigénito, y en lugar de seguir en confrontación decidió amarnos. El amor se demuestra con hechos y Dios lo hizo, nos dio la ofrenda del perdón a través de su hijo. Existe otro elemento que Dios utilizó para romper con la enemistad que teníamos con Él, la justicia.

Jesucristo judio

 La justicia de Dios aplicada a sus enemigos

 El amor fue lo que motivó a Dios a romper con la guerra que había entre nosotros y Él. Pero también lo fue Su Justicia. De antemano Dios sabía que por nuestra propia voluntad no haríamos nada para reconciliarnos con Él. Que los seres humanos no estábamos pensando o planeando algo para poder terminar con esta enemistad. Y si lo hubiéramos planeado no existía nada creado en este mundo que pudiera ser un presente suficientemente bueno delante de Dios como para aplacar su ira. Por ello Dios en su Justicia y en su amor como hemos visto, decidió terminar con nuestra trifulca. Dios proveyó la ofrenda por amor y por justicia. Todos los intentos que el hombre hubiera intentado y cabe decir que aun muchos intentan a través de sacrificios, de penitencias, y de ritualismos, no son trascendentes delante de los ojos de Dios. Si lo queremos ver en términos jurídicos, ninguna fianza, ningún amparo, ninguna medida sustitutiva hubiera sido argumento suficiente para que esta querella terminara. Dios lo sabía y por eso como Juez justo, a sabiendas de la condena, puso el valor de la multa, y la pagó. La fianza esta pagada, el pleito a terminado. Pero esto no termina ahí, esa es la primera parte de lo que Dios hizo. Porque la Salvación es una obra completa que Dios hace en la vida del pecador. Ahora también Dios atrae al hombre y la mujer pecadora a Cristo, para que a través de Él podamos ser perdonados. ¡oh que Dios tan maravilloso es este! Cristo murió por los pecados de todos los hombres para que puedan ser justificados delante de Dios.

 Cristo murió por los pecadores

 Cristo murió por causa del pecado que había en el mundo y por todos los pecadores del mundo. Si, leíste bien, Cristo murió por todos los pecadores. Murió por los violadores, por los homosexuales, por los adúlteros, mentirosos, fornicarios, por los que gustan ver pornografía, por los que roban, matan, corrompen sus vidas, por los que secuestran, por los narcotraficantes, por los drogadictos, por los alcohólicos, por los fumadores, por los artistas que se casan y se divorcian constantemente, por los que maltratan a sus esposas, sus hijos y sus familiares. Cristo murió por Roxana Baldetti, Otto Pérez Molina, por Manuel Baldizón, por Alejandro Sinibaldi, por Juan Carlos Monzón, murió por todos los políticos que se han corrompido, también por los pandilleros, por los del crimen organizado, por los que han provocado abortos, por los suicidas, por los de Al Qaeda, por los de “La Línea”, por los que abusan de sus esposas, por los que roban tiempo en su trabajo, por los que se llevan material de la oficina, por los que no pagan sus impuestos, por los que explotan a sus trabajadores, por los que creen que no tienen pecados, por los que se justifican, por los criticones, por los que se jactan de su maldad, por los que pagan mordidas, por los que copian en el examen, por los que no son honestos, en fin Cristo murió por todos los pecadores.

En el próximo articulo continuaremos hablando sobre este tema, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.