NO HAY PEOR CIEGO QUE EL QUE NO QUIERE VER Caso 1: El Rey Herodes (Conclusión)

En la primera parte de este articulo explicamos como se habrían de desarrollar cada uno de los casos de personajes que no vieron la Gloria de Dios ante sus ojos. Dijimos que utilizaríamos un bosquejo en cada caso para mantener un orden en cada uno de ellos. Señalamos el pasaje de estudio, identificamos a los personajes principales y secundarios, contextualizamos el escrito y vino cuál fue la situación que originó discordia en el rey Herodes. Ahora veamos, cuál fue la respuesta de los sacerdotes y del rey, así como también veremos la revelación de Dios en este texto y finalmente concluiremos nuestro primer caso.

Ceguera espiritual: respuesta negativa

Ni Herodes ni los sacerdotes fueron capaces de reflexionar ni por un momento en todos aquellos eventos incomparables. Respondieron negativamente ante lo acontecido. Por ello, si habría que hacer algún tipo de reproche ante su reacción negativa, en primer lugar deberíamos reprocharles a los sacerdotes. Porque aun cuando todo el tiempo tuvieron en sus manos los escritos que hablaban del Mesías, no fueron capaces de interpretar nada de lo escrito. No fueron capaces de reflexionar por un momento ante lo que los magos estaban diciéndoles. Quizás no dieron crédito a aquellos sabios de oriente. Quizás menospreciaron a estos hombres y pensaron que ¿cómo Dios habría de revelarles tal cosas a estos hombres paganos, y no a ellos quienes eran los teólogos judíos de su tiempo? Oyeron lo que aquellos hombres dijeron y no reflexionaron o cuestionaron sus palabras. No pensaron en la posibilidad que aquello fuera cierto. No tuvieron la capacidad de ver lo que Dios estaba revelando. Por eso repito, no hay peor ciego que quien no quiere ver.

Kelsey Grammer as Herod the Great, the Roman appointed leader of Judea during Jesus’ birth. He enacts an execution order in Bethlehem for all male children under the age of five based on a belief that one of these children will be the next King of the Jews.??(photo credit:  National Geographic Channels/Kent Eanes)

En segundo lugar, a Herodes hay que reclamarle no solo su incapacidad de comprender este evento majestuoso, sino la monstruosidad de su reacción. Tanta paranoia no es justificable desde ningún punto de vista. Tener que matar a tantos inocentes solo por el hecho de sentirse amenazado. Acaso no imaginó que un día habría de morir y que su trono sería ocupado por otra persona. Acaso no pensó que tarde o temprano algún emperador romano podría destituirlo. La acción de ambos personajes es reprobable. Tuvieron delante de ellos al Mesías esperado y no fueron capaces de verlo. Dios descendió a la tierra en forma corporal y ellos no lograron experimentarlo por su ceguera espiritual.

  1. Revelación divina

Por el contrario, los magos de oriente, pastores de la región y ángeles del cielo tuvieron la posibilidad también pero ellos si que fueron y se humillaron delante del Cristo recién nacido. Dios les reveló todo lo que habría de ocurrir y les dio la posibilidad de que lo experimentaran. Dios envió a su Hijo al mundo como parte de una promesa establecida mucho tiempo atrás. Incluso cuando aun ni siquiera se habían sentado las bases para la creación de este mundo, ya Dios había pensando en un plan para salvar a la humanidad de la esclavitud del pecado (Ef 1.3,4). Dios puso en un pesebre a su hijo mostrando humildad y sencillez. Con esa sencillez vino al mundo revelándonos que no habría de liberarnos con espada, o con fuerza o con guerras, sino con sumisión, con amor, con ternura y sencillez. Jesús hizo ministerio bajo el concepto teológico conocido como: “La misión desde abajo”. No vino con ínfulas o prepotencias a pesar de ser Rey. Vino al mundo renunciando temporalmente a la gloria del cielo, tomando forma de ciervo, en cuerpo de hombre para morir en nuestro lugar en una cruenta cruz (Cp. Fi 2.6,8). Dios reveló a su hijo pero no pudieron verlo.

  1. Aplicación personal

Quizás tu estarás diciéndote: “que bueno que no viví en aquellos días. Que bueno que no me ocurrió a mi lo que le pasó Herodes y a los sacerdotes. Porque de haberme pasado, no sé lo que habría hecho”. Ciertamente no estamos en aquella época, no estamos ante el nacimiento del Mesías, pero si estamos en una época en la que debemos decidir si creer o no. Estamos ante la posibilidad de decidir si reconocemos a Cristo como el Mesías libertador o no.

Piensa por un momento, sí tu no has hecho tu decisión por Cristo, pero constantemente pasas por una iglesia evangélica donde se esta predicando la Palabra de Dios, y haces caso omiso, te pareces a Herodes. Quien oyendo lo que estaban anunciándole decidió no creer. Si alguien te ofrece un Nuevo Testamento y lo rechazas, eres como aquellos sacerdotes que tuvieron en su mano la Palabra de Dios y no la recibieron y menos la entendieron. Dice el autor de Hebreos: Dios, habiendo hablado muchas veces y de muchas maneras en otro tiempo a los padres por los profetas, en estos postreros días nos ha hablado por el Hijo, (He 1.2b). Dios sigue hablando, sigue anunciando que Su Hijo es el único medio para poder llegar a Él. Reflexiona cuantas veces te han invitado a que asistas a un servicio para jóvenes, o para adultos y tu simplemente has dicho, no muchas gracias. Piensa en cuantas veces alguien te ha presentado el Evangelio y tu respuesta es: no estoy preparado.

O quizás, si has “recibido el regalo de la Salvación”, pero en realidad no has experimentado verdaderamente a Cristo. Quizás un día hiciste una decisión pero no has vivido bajo su Señorío, entonces también para ti es aplicable este articulo, porque aun cuando pases tiempo en la iglesia, en reuniones, aun cuando hayas subrayado tu Biblia completamente, hayas ido a retiros, o conciertos, etc., posiblemente tus ojos espirituales jamás se hayan abierto. Debes someterte a Dios y suplicarle que te revele al Hijo, para que empieces a vivir una vida como a Él le agrada. Los sacerdotes tuvieron en sus manos la Ley pero no vieron a Cristo. Procura que esto no te ocurra a ti.

Por tanto te digo: hoy día el anuncio sigue vigente. Dios sigue llamando a personas para que vengan y se postren delante de Su Hijo. Dios sigue invitando a estudiosos como los magos, a personas sencillas como los pastores y a todo tipo de personas que están dentro o fuera de la iglesia, para que vengan y adoren al Hijo. Dios no esta pidiéndote que le traigas mas presentes a Jesús, o sacrificios, o que reputaciones basadas en obras buenas, tampoco esta pidiéndote méritos filantrópicos, no, Dios esta invitándote a que le ofrezcas tu propia vida a Su Hijo. Él hoy quiere que te arrepientas, que renuncies al reino de pecado en el que vives. Que te desligues de ese amo opresor que hasta hoy ha dominado tu vida para que seas guiado en amor y gracia por el Rey de Reyes y Señor de Señores que se llama Cristo. Bájate del trono del orgullo y humíllate ante Cristo el Redentor del mundo. No seas como Herodes que quiso aferrarse a un trono terrenal y menospreció el Trono Celestial de Jesucristo. No seas como aquellos estudiosos que aun cuando tuvieron delante de sus ojos la revelación de Dios no fueron capaces de ver. Cristo sigue vivo, así que no seas ciego, porque como hemos dicho: no hay peor ciego que el que no quiere ver. Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

NO LO RECONOCIERON (Juan 1:11-12)

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Un día una Laurita hizo un largo viaje para llegar al pueblo vecino donde estaba la estación del tren. Debido a que, Emma, la hermana mayor volvía a casa luego de haber estado por varios años ausente. Pues desde muy pequeña, sus padres la mandaron a estudiar a otra ciudad.

Todos estaban emocionado por el regreso de Enma, al punto que, por muchas semanas en la casa de aquella familia no se hablaba más que de su regreso.  La emoción les invadía a todos, especialmente a aquella Laurita. Cuando finalmente llegó ese día, la niña estaba muy feliz, emocionada, e impaciente. Cuando el tren hizo su aparición, todos los que aguardaban expectantes por sus familiares y amigos se volcaron a las puertas en busca de ellos, de la misma forma que lo hizo la familia de Laurita.

De pronto, una joven desconocida se acercó a la familia de Laurita, quienes de inmediato la abrazaron y besaron. Cuando finalmente la soltaron Emma se acercó a la pequeña niña pero esta rechazó, tanto el abrazo como el beso que Enma intentó darle. Corrió despavorida hacia la mamá y le preguntó: ¿quién es esta señorita? ¿por qué no vino Emma? todos dieron una carcajada ante la pregunta inocente de la pequeña Laurita.

La niña simplemente no había conocido a su hermana Emma, probablemente  porque en su mente la imagen de su hermana era distinta, o quizás porque esperaba ver a la misma niña que había salido de casa. Sea por una o por otra razón, lo cierto es que el concepto que se había formado en su mente de la niña que salió de casa no le permitía reconocer a su hermana que volvía años después.

La Biblia dice en Juan 1:11-12, que: a los judíos, los hermanos, los compatriotas de Jesús les pasó algo similar también, el texto dice:

«A los suyo vino, y los suyos no le recibieron. Más a todos los  que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». 

Por siglos se habló de la llegada de un Mesías, los judíos lo idealizaron como un caudillo, un revolucionario, un Rey montado a Caballo que llegaría para librarlos del imperio opresor. El concepto que tenían del Mesías esperado difería considerablemente de lo que vieron en Jesús. Un hombre que en lugar de ser guerrero era pacifico, que predicaba del arrepentimiento, llamaba a sus seguidores al amor y a la piedad. Que había nacido humildemente y se reunía con todos aquellos que eran despreciados por las mayorías. Sin embargo, ello no pudieron verlo por los mismos preconceptos que tenían acerca del Mesías. Sus ideas no les permitieron ver a Jesús como el Mesías.

Pasó antes, como ocurre también hoy, donde no pocos son los que por sus propios conceptos  no pueden ver a Jesús. Conceptos que por cierto son muy a conveniencia, y que les impide ver al Jesús de la Biblia. Les obstaculiza la mente y el corazón de tal manera que no pueden ver Salvador que puede librarlos de las garras del pecado y del castigo eterno. En vista de ello, quiero sembrar la siguiente Semilla de Fe en la buena tierra de tu corazón.

Semilla de Fe: PODEMOS CONOCER A JESÚS, UNICAMENTE A TRAVES DE LAS ESCRITURAS.

Para conocer a Jesús, debemos eliminar todo pre concepción que tengamos acerca de Él y dirigirnos hacia las Sagradas Escrituras. No hace nada más que ir a ellas. Ya que, como siempre digo: de pasta a pasta la Biblia revela al Mesías Redentor. A su obra salvífica, a su Poder Redentor, Su Ministerio de reconciliación con el Padre Celestial. No existe ninguna otra forma mejor que ir al Corazón de Dios revelado en la Biblia.  Y puedo asegurarte con plena seguridad y confianza que: una vez que Dios te revela al Hijo, encontrarás a Jesús, alcanzarás la Vida Eterna en su amor. Tal y como consigna Juan 17:3: «Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien Tú has enviado». Por tanto, busca a Jesús mientras puede ser hallado.

Mientras tú lo haces, yo me despido como siempre diciéndote: ¡haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible! esto fue: Semillas de Fe.

EL EFECTO QUE PRODUCE EN MI VIDA LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL


CORDERO DE DIOS

Introducción

La figura que sobre sale en la primera parte del capitulo uno del Evangelio de Juan es: Juan el Bautista. Juan El Bautista fue el último de los profetas, apartado de la sociedad elitista, lejos de la hipocresía y con mucho valor para señalar los pecados que el pueblo cometía. Señaló las injusticias y los excesos de algunos hombres, como el adulterio de Herodes, a quien constantemente le señalaba que no le era lícito estar viviendo con Herodías la mujer de su hermano. Sumergido en su mundo asceta, ermitaño y solitario, Juan constantemente llamaba al arrepentimiento por medio de su predicación, pedía que aquellos que verdaderamente estaban arrepentidos dieran evidencia de ello. Señaló, también, el juicio contra aquellos que se mostraban falsamente piadosos, les aseguró que sobre ellos ya pesaba la condena por no ser genuinos.

 El testimonio de Juan El Bautista

Y así en el capitulo 1, Juan El Bautista aparece dando testimonio sobre la llegada de Jesús (Juan 1:19-27). Él anuncia que en poco tiempo llegará uno que es mayor que él. Ante esta declaración, el Bautista es cuestionado por los sacerdotes y levitas a petición de los fariseos (v.24). Juan no se adjudicó el título de Mesías, por el contrario, afirmó que su bautismo era distinto al bautismo que el Hijo de Dios realizaría (v.26). Además de no adjudicarse el titulo mesiánico, Juan reconoció cual era su posición respecto a Cristo. Él afirmó que Jesús era tan superior a él que ni aun se consideraba digno de desatar la correa de su calzado (v.27).

 La máxima declaración de Juan El Bautista

De todas las verdades que Juan declaró y anunció, la mayor declaración profética que hizo ocurrió en un día en el que hacía lo que acostumbraba hacer todos los días, un día aparentemente normal. Dice la Biblia que un día en el que Juan predicaba y bautizaba en el Río Jordán, de inmediato quedó conmocionado, atónito cuando reconoció al Mesías que se aproximaba a donde él estaba. Sus ojos se le llenaron de regocijo al ver que la profecía finalmente se cumplía. Al verlo Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Con estas palabras Juan anunciaba, primero que Jesús representaba al Cordero Pascual, segundo que quien lo preveía para sacrificio era Dios, y tercero, su efecto sobre la humanidad era limpiarla de pecado.

Juan el Bautista

 Jesús el Cordero Pascual

¿Por qué Jesús es el Cordero Pascual? Recordemos que los corderos eran los animales que se acostumbraba sacrificar en el día de la Pascua judía. La Pascua era una remembranza de lo acontecido en Egipto. Recordaba al pueblo como Dios los había librado de la opresión que vivieron cuando eran esclavos de Faraón. La sangre del cordero rociada en los dinteles y en los postes de las casas donde habitaron sus antepasados fue la que impidió que el ángel de la muerte entrara en sus hogares y matara a los primogénitos de las familias. El cordero que sacrificaban las familias los representó y los cubrió de la maldición que cayó sobre todos los hijos primogénitos de los egipcios. Entonces lo que Juan esta anunciando es que Jesús es el Cordero que Dios sacrificaría a favor del mundo. Jesús es el Cordero Pascual que se sacrificaría a favor de toda la humanidad. En lugar que cada ser humano pecador de la tierra muera, Dios proveyó la ofrenda que evitaría la muerte de la humanidad a causa de su maldad. Jesús es el vicario (sustituto) que Dios da como ofrenda a favor de todo el mundo para reconciliarnos con Él.

 La Sangre del Cordero Pascual nos limpia de pecado

Además Juan anuncia que este Cordero no solo será la ofrenda pascual a favor del mundo sino que también su sacrificio permitirá que los pecados de los seres humanos sean quitados. El apóstol Pablo dice en la carta a los Romanos que: la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23a) es decir que la recompensa que los hombres merecen recibir por su condición pecaminosa es la muerte eterna. En la pascua la sangre del cordero sacrificado los libraría de morir físicamente, pero con la Sangre de Cristo la muerte que se evita es, la eterna. Los seres humanos necesitan ser lavados por medio de la Sangre de Cristo para poder tener Vida Eterna. Los pecados de los hombres no se quita con sacrificios humanos, o con ofrendas, o con cualquier clase de obra bien intencionada, solo la Sangre de Cristo nos limpia de pecados. El apóstol Pablo también dice lo siguiente en la Carta a los Romanos.

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús, (Ro. 3:24-26).

 Parafraseando ambos pasajes, el de Juan 1:29 y Romanos 3, diremos: Jesús es el Cordero que Dios proveyó gratuitamente por medio de su infinita Gracia para emancipar a las personas del yugo del pecado. Dios justifica a los pecadores a través de la Sangre que derramó Jesús, el Cordero Pascual, que Dios mismo entregó para sustitución de los hombres. Que en lugar que los seres humanos muriéramos por causa del pecado, Dios entregó a Cristo para sustituirnos a los que creyéramos en Él. La humanidad debe poner su fe en esta sangre derramada para que sus pecados les sean quitados. Dios en su gran amor y paciencia manifiesta su justicia, pasa por alto nuestras faltas, los pecados que cometimos en el pasado para que podamos ver que Él es Justo y que además nos vuelve justos al poner la fe en Cristo su Hijo.

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El amor de Dios es demasiado grande, porque sabiendo que no existe nada que pueda acercarnos a Él, ofrendó el Cordero –perfecto por cierto– que es Su Hijo, lo sacrificó a favor de nosotros, nos limpió de pecado y nos hizo aceptos delante de Él. Finalizó la enemistad que existía entre los pecadores y Él. Pablo dice: Estando ya justificados en la Sangre, por Él seremos salvos de la ira, (Ro. 5:9). ¡Oh que Grande Amor el de Dios Padre! Quien no pide sacrificio sino obediencia. Quien en su infinita Gracia, gratuitamente nos da Vida Eterna por la Fe en Su Hijo, ese es EL EFECTO EN MI VIDA DE LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL.

Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.