La Salvación es un Regalo de Dios (2da Parte)

En este articulo retomamos la serie que iniciamos hace ya tres años y consideramos pertinente retomarla. De antemano mil disculpas y desde ya les comento que estaremos publicándola completa en los próximos días. La Serie de Artículos se titula: La Salvación es un Regalo de Dios, fundamentada en lo escrito por Pablo en la carta a los Efesios, específicamente en el capitulo 2. Para una mejor comprensión de esta segunda parte, les pediría a nuestros lectores ver La salvación es un regalo de Dios (1era Parte).

En este articulo, se abordarán asuntos como: el nuevo estado de vida espiritual que una persona adquiere cuando ha puesto su fe en Jesucristo y es Salvo. Conoceremos dos atributos morales de Dios, La Misericordia y Su Amor. Y finalmente conoceremos que posición ocupa el creyente en su nuevo estado de Gracia.  E

El nuevo estado de vida espiritual

El contraste entre las dos naturalezas se encuentra en el  2:4-5, Pablo escribe: pero Dios, que es rico en misericordia, por su gran amor con que nos amó, aun estando nosotros muertos en pecados nos dio vida juntamente con Cristo (por gracia sois salvos), primero hay que destacar del v.4, dos atributos de Dios que el apóstol Pablo señala. Y en segundo lugar, la circunstancia en las cuales muestra Dios estos atributos.

Dios es rico en misericordia y gran amor

La naturaleza o esencia de Dios esta constituida por lo que Él es, no por lo que Él hace, es lo que distingue a Dios, de lo que esta compuesto, es parte de su Ser, de todo aquello que Él posee en sí mismo. Millard Erickson define los atributos de Dios así: “Cuando hablamos de los atributos de Dios, nos referimos a las cualidades de Dios que constituyen lo que es, las características mismas de su naturaleza… Los atributos son cualidades de la Divinidad en su conjunto”.[1] Entre los atributos, de Dios, están los atributos morales[2]. Uno de ellos es es Su Misericordia y otro Su gran amor. Esta misericordia va dirigida a aquellos que están en condiciones de aflicción, angustia, dificultad, o como los dice en el pasaje, aun en la peor de las circunstancias como la muerte espiritual, Dios muestra su misericordia.

 En cuanto al amor como otro atributo moral de Dios, puede decirse que: “Dios se da enteramente a nosotros, el amor como entrega de sí mismo para beneficio de otros. Este atributo de dios muestra que es parte de su naturaleza dar de sí mismo a fin de dar bendición o bien a otros”.[3] Dios se entregó plenamente cuando entregó a Jesucristo. Juan 3:16, la cita por excelencia lo dice: de tal manera amó Dios al mundo, que entregó a su hijo, con el superlativo, de tal manera, puede entenderse que ese amor es incalculable. Es un amor que refleja desinterés hacia algo en particular e interés por un mundo caído. ”En el judaísmo rara vez (o nunca) se hablaba de que Dios amara al mundo aparte de Israel. Dios desea alcanzar este mundo por medio, su hijo. Afirmar que el amor de Dios se extiende mas allá de los limites raciales o nacionales es una idea singularmente cristiana”.[4] Y pudiera agregarse, singularmente maravillosa.

En el contexto paralelo, el apóstol Pablo, dijo en Romanos 5:8:  Mas Dios muestra su amor para con nosotros, en que siendo aun  pecadores, Cristo murió por nosotros. A lo cual John MacArthur comenta: “Esa clase de amor inmerecido y abnegado está por completo fuera de la comprensión humana, pero ese es el amor que el Dios justo e infinitamente santo tuvo para con nosotros siendo aun pecadores”[5] Dios por medio de Cristo ha dado vida a los pecadores. La primera mención de la salvación por Gracia, aparece al final del v.5 y será comentada en párrafos posteriores.

Dios lleva al pecador a una nueva posición

Los vs. 6-7 son la muestra de un estado distinto del creyente en una época presente y posterior a la muerte espiritual. Pablo dice: 6Y en unión con Cristo Jesús, Dios nos resucitó y nos hizo sentar con Él en regiones celestes, Ahora es necesario preguntar ¿a qué se refiere Pablo con la resurrección con Cristo? la respuesta estriba en el hecho de considerar el estado espiritual en el cual se encuentra una persona antes de Jesús y que la resurrección es el nuevo nacimiento espiritual con Cristo. El hombre como se ha dicho estaba muerto, pero la unión con Cristo, el acercamiento por medio de la cruz de Cristo, le da vida. Lo resucita a una nueva clase de vida. Justo en el momento que recibe la salvación su estado espiritual cambia. Muere al pecado y resucita a la justicia de Dios. Por ello, es imposible que el hombre que ha sido salvo pueda continuar viviendo como antes cuando estaba muerto en sus delitos.

Al mismo tiempo, ya en el presente el creyente disfruta de las bendiciones espirituales que están en los lugares celestiales. Es decir en la esfera en donde Dios se encuentra, donde todas la bendiciones están reservadas para el que es salvo. Pablo dice: Si, pues, habéis resucitado con Cristo buscad las cosas de arriba, donde esta Cristo sentado a la diestra de Dios (Col. 3:1). Pongan la mirada en aquellas promesas maravillosas que aguardan por ustedes. Y si bien es cierto que hay promesas que han sido dadas ya, otras serán dadas en tiempos postreros. William Hendriksen comenta: “No recibimos toda esta gloria de una sola vez. Sin embargo, el derecho a recibirla en forma plena está asegurado y la nueva vida ya se ha iniciado”.[6] Según el v.7, Dios lo hace: 7para mostrar en los tiempos venideros la incomparable riqueza de su gracia, que por su bondad derramo sobre nosotros en Cristo Jesús. El propósito de Dios dar a conocer Su Gracia, para que por medio de Su Iglesia se revele su incomparable riqueza. Es la iglesia el exponente principal de toda esa bondad divina. El Evangelio revela a Jesucristo, quien a su vez muestra al Padre, el creyente revela la acción de Cristo por el amor del Padre. La eternidad será fiel testigo de la gran bondad de Dios que fue derramada sobre los creyentes.

Entonces, habiendo visto que existen dos estados espirituales para cada ser humano, antes y después de Cristo, es decir que sin Cristo los seres humanos están muertos, completamente lejos de Dios, siendo gobernados por el reino de las tinieblas, dominados y esclavizados al pecado, siguiendo sus propias pasiones, pero, ya en Cristo, hay un nuevo estado de vida espiritual. Dios se lo concede a través de su Misericordia y Su gran Amor, dos de sus atributos morales que goce en el presente de grandes bendiciones y que muchas otras aguardan para el día de la resurrección final. Además se vio que la posición del creyente cambia. Pasa del reino de las tinieblas al Reino de Dios. Y, por lo tanto la forma de vida, su actitud, su conducta debe estar basada a su nuevo estado de vida. Ahora puede explicarse y entenderse lo que significa la salvación por Gracia divina. Y, cómo es Dios quien se encarga de realizarla, como Dios muestra cuán grandes y ricas bondades tiene para cada creyente.

[1] Ibíd. 289.

[2] Wayne Grüdem, Teología sistematica, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2007), 206.

[3] Ibíd. 205.

[4] Gary M. Burge, Juan: comentarios bíblicos con aplicación, (Editorial Vida: Miami, Florida, 2011), 111.

[5] John MacArthur, Comentario MacArthur del Nuevo Testamento: Romanos, Trad. John Alfredo Bernal, (Editorial Portavoz: Grand Rapids, Michigan, 2010), 326-7.

[6] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Efesios, (Gran Rapids Michigan: Libros Desafío, 1984), 93.

 

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SEAMOS PORTADORES DE BUENAS NOTICIAS

Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey. (2Reyes 7:9).

 

Samaria por aquellos días vivía una gran hambruna. Sus habitantes sobrevivían a duras penas. Ben-adad, rey de Siria, había sitiado la ciudad de Samaria y esto provocó que los samaritanos no pudieran comerciar sus alimentos. La escases era tal que algunos de los habitantes se convirtieron en caníbales. Ciertas mujeres, por ejemplo,  convinieron comerse a sus hijos, y así lo hicieron solo en parte. Ya que una de ellas sacrificó a su hijo pero la otra lo escondió para no tener que comérselo (2Re 6:26-29), si, leyó bien, se comieron a un niño. Esta actitud nos muestra el grado de desesperación y necesidad que estaban experimentando.

En aquellos días habían cuatro leprosos que decidieron rendirse a los sirios. Llegaron a la conclusión que era mejor tratar de rendirse a ellos a seguir esperando la muerte a la entrada de la ciudad. Bien fuera que los sirios les perdonaran la vida o bien fuera que los mataran pero pensaron que valía la pena intentarlo. No tenían nada que perder y mucho que ganar. Se pusieron en marcha a media noche hacia el campamento enemigo, y su gran sorpresa fue que no encontraron a nadie. Dios había confundido a los sirios a través de sonidos como de un ejército numeroso. Los sirios pensaron que los hititas y los egipcios se habían aliado con el rey de Israel y huyeron atemorizados tratando de salvar sus vidas (2Re 7:3-7). Cuando los leprosos se dieron cuenta,

entraron en una tienda, y comieron y bebieron, y se llevaron de allí plata y oro y ropas, y fueron y lo escondieron; y volvieron y entraron en otra tienda y de allí también se llevaron botín, y fueron y lo escondieron (2Re 7:8).

Como diríamos coloquialmente: se sacaron el premio mayor de la lotería. Aquellos cuatro leprosos miserables, que salieron pensando en perder o ganar, terminaron ganando más de lo que suponían que podrían llegar a tener. Sin embargo el v.9 es el que ocupa mi reflexión en este escrito. Ya que la narración nos deja un dulce sabor de boca y grandes lecciones. Dice: Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey (2Re 7:9).

Por lo menos tres semillas podemos sembrar en nuestros corazones de este relato.

  1. Compasión. La compasión es ese sentimiento de tristeza que una persona experimenta cuando ve que otra persona padece. Este sentimiento lo impulsa a aliviar el dolor o sufrimiento ajeno. La compasión es el deseo de remediar o evitar los sufrimientos de otros. Precisamente esto fue lo que sintieron los cuatro leprosos mientras se deleitaban con los bienes de los arameos. Al principio del v.9 ellos se dijeron entre sí: no estamos haciendo bien. Es decir: pensaron que no era justo disfrutar de todo aquel botín, mientras que la gente en Samaria padecía y moría a causa del hambre.

Sintieron compasión de sus compatriotas, pese a que los leprosos por Ley no podían integrar la sociedad de manera común, más bien debían vivir excluidos de ella. No podían generar ningún bien para subsistir. Dependían completamente de la bondad de los habitantes. Comían si sus familias les daban o si las personas se compadecían de ellos. Aunque por el estilo de vida de aquellos días, los samaritanos eran más bien egoístas y avaros. Por los relatos de otros profetas sabemos que se habían olvidado de la viuda y del huérfano, misma actitud supongo tenían con los necesitados. Sin embargo, los leprosos no actuaron igual. Ellos mostraron que quién más ha sufrido necesidad tiende a ser más generoso que quien nunca lo ha  experimentado.

Como pueblo de Dios y sin importar el estatus económico que poseamos, estamos llamados a ser compasivos. A dar siempre con generosidad. No podemos ser egoístas y llevar agua solo para nuestro molino. La iglesia primitiva es el claro ejemplo de cuan compasivos fueron unos con otros, ya que podemos leer varios relatos sobre como muchos de ellos estuvieron dispuestos a vender sus posesiones y que sirvieran para el bien común (ver Hch 4:36-37). Si conocemos las necesidades de otros demos con compasión. Demos para un misionero que está en otro país llevando a cabo la obra de Dios.

  1. Buenas Noticias. Luego de darse cuenta los leprosos que no era correcto saciarse de manera egoísta pensaron que aquel día era un día de buenas noticias, pero nosotros estamos callados se dijeron entre sí. Saber que los sirios ya no sitiaban más la ciudad eran buenas noticias. Todo el pueblo debía saber que sus verdugos ya no estaban amenazándoles. Por ello los leprosos sintieron que era urgente llevar la buena noticia al rey y a todos sus habitantes. Puedo imaginar el gozo, los festejos del pueblo al enterarse que su opresor ya no estaba más ahí. Imagino que no importaba si eran cuatro harapientos leprosos los que les daban la noticia lo importante era el mensaje y no el mensajero. Ellos al final de cuentas eran solo portadores de la bendición de saber que finalmente podrían comer.

Evangelio significa: “buenas nuevas o buenas noticias”. Pero, ¿por qué el Evangelio son Buenas Noticias? Porque aquel que se arrepiente de sus pecados, pide perdón y hace de Jesucristo Su Señor y Salvador ha pasado de muerte a vida. Recibe la buena noticia que toda la deuda que tenía con Dios por causa del pecado ha sido perdonada. Finalmente la ira que le aguardaba para el día final ha sido cancelada a través del sacrificio de Jesucristo.

Al entrelazar el pasaje de los leprosos y la definición que hemos dado del Evangelio la conclusión cae sola por su propio peso. Ya que la iglesia es la que ha sido llamada desde el primer día que el Espíritu Santo fue derramado sobre ella en el aposento alto a ser la portadora de las buenas noticias. Es la iglesia la que tiene que llevarle las Buenas Noticias de Salvación al mundo que esta sitiado por su pecado, que esta prisionero de sus pasiones, que está muriendo lentamente en sus delitos y pecados. La iglesia debe pensar como aquellos leprosos, vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia… y no solamente saciarse y deleitarse de manera egoísta.

Más bien debe tener ese sentido de urgencia, debe sentir compasión por todos aquellos que aún no conocen del Señor Jesucristo y anunciar que solo Él puede liberarlos de su opresión llámese como se llame. Debe estar consciente que no ha sido llamada a obstruir las buenas noticias, sino más bien a compartirlas. Debe ser portadora de buenas noticias. La Biblia dice que somos luz, y debemos alumbrar, debemos estar puesto en lo alto para que los hombres sean iluminados con el Evangelio. No podemos escondernos, no podemos callar, debemos hablar. TAMPOCO podemos envanecernos por ser portadores de buenas nuevas, porque como se dijo antes, somos solo portadores, el mensaje es lo que importa no el mensajero. Como escribió Sugel Michelen, somos mendigos diciéndole a otros mendigos donde hay pan.

 

  1. Dios es soberano. Los leprosos pudieron saciarse, los leprosos pudieron dar la noticia, el pueblo fue liberado, la profecía del hombre de Dios se cumplió por una sola razón, Dios es soberano sobre todas las cosas. Fue a causa de lo que Él le hizo a Ben-adad y a su ejército que aquella ciudad fue liberada de sus opresores. No podemos dejar pasar por alto ese hecho porque es el más importante de todos. Porque es a lo que la Biblia nos mueve siempre, a Dar la Gloria a Dios por Su magnífico poder, por Su fidelidad, por Su bondad y compasión. Porque a pesar de la maldad de Su pueblo, Él sigue obrando de acuerdo a su soberanía. Dios es soberano a pesar de ti y de mí. Él puede librarnos de cualquier situación adversa, puede obrar de acuerdo a sus planes y por eso siempre Él se lleva la Honra y la Gloria. Porque para Él no hay nada imposible. Lo que para el hombre no parece solucionarse, para Dios resulta posible. Por eso el apóstol Pablo escribió: A Él sea la Gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén (Ef 3:21).

 Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

EL CLAMOR DEL VIEJO ABRAHAM

Introducción

 ¿Has meditado alguna vez en la calidad del corazón del viejo Abraham? ¿Has pensando en cuánto se angustió su corazón al saber que Sodoma y Gomorra serían destruidas? Si no lo has hecho, déjame contarte muy brevemente algo que hizo Abraham al enterarse del plan que Dios tenía para aquellas ciudades.

      Dice la Biblia:

Entonces dijo Abraham: No se enoje ahora el Señor, y hablaré sólo esta vez; tal vez se hallen allí diez. Y Él respondió: No la destruiré por consideración a los diez. Y el Señor se fue tan pronto como acabó de hablar con Abraham; y Abraham volvió a su lugar. (Gn 18:32-33)

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El clamor del viejo por los pueblos pecadores

Abraham clamó a Dios por un par de ciudades donde el pecado había alcanzado los más altos niveles de ofensa contra Dios. Su conducta ya se había desbordado tanto, que no había más remedio para aquellas ciudades que ser destruidas. Cuando Dios le reveló sus planes a Abraham, de inmediato empezó a clamar para que Dios no destruyera aquellas ciudades. La petición de Abraham delante de Dios fue que si se hallaban cincuenta justos en las dos ciudades Dios desistiría de destruirlas, a lo que Dios aceptó. Sin embargo, Abraham, consciente de la realidad de los pueblos vecinos, bajó su petición de cincuenta justos, a cuarenta, luego a treinta, siguió con veinte y finalmente consideró que diez justos era mas probable que se encontraran. Tristemente es necesario decir que en ninguna de las dos ciudades existían esos diez justos que Abraham reclamaba. Mencioné el corazón de Abraham porque sin lugar a dudas era misericordioso. Estoy seguro que cualquiera de nosotros hubiera clamado a Dios para que las destruyera mas rápido, y no como Abraham que le pidió a Dios que no lo hiciera. Abraham tenía un corazón lleno de compasión sin duda alguna. Aún si las ciudades se salvaban, Abraham no olvidaba a su sobrino Lot.

Solo tres se salvaron por el clamor del viejo

De tal cuenta las dos ciudades con todos sus habitantes menos tres fueron destruidas. Solo Lot y sus dos hijas pudieron salvarse del juicio divino. Es decir que Dios destruyó las ciudades porque no se pudieron hallar ni diez justos en ellas. Pese al clamor del viejo Abraham, Dios cumplió su misión porque aquellas naciones estaban completamente corrompidas. Abraham clamó pero su intercesión fue infructuosa, pero solo en parte. Es verdad que las ciudades fueron destruidas porque habían olvidado a Dios, pero su sobrino e hijas todavía alcanzaron la misericordia de Dios. Tengo que dejar claro que las ciudades fueron destruidas porque no habían diez personas dignas de recibir misericordia y si tres se salvaron fue porque pese a todo aun no se habían corrompido tal como los habitantes de Sodoma y Gomorra lo habían hecho ya.

Ahora, cuando vemos fríamente los números tenemos que pensar que es escalofriante el hecho que en dos ciudades no se hallaran ni diez personas que fueran temerosas de Dios. Que entre todos los habitantes no hubiera diez personas que rindieran adoración verdadera al Dios Todopoderoso. Ante tal hecho debemos cuestionar también nuestra realidad, siglos después de aquel juicio divino: ¿qué pasaría si Dios nos enviará un mensajero para decir que destruirá nuestra nación si en ella no se hallan hombres y mujeres justos? O ¿Qué nuestro pueblo será destruido si en él ya no quedan suficientes personas que adoren a Dios? O si el mensaje fuera: dice el Señor que nuestro barrio o colonia serán destruidas porque ya no existen personas que vivan rendidos a los pies de Cristo. O peor aun, si Dios mandara a decir: “tu familia será borrada de la faz de la tierra porque han decidido darme completamente de sus vidas”. Verdaderamente sería atemorizante un mensaje así.

Por esa razón mi reflexión del pasaje me lleva a decir que: debemos clamar siempre a pesar de la oposición por todas aquellas naciones que aun no conocen a Cristo.

Clamemos pese a la oposición

Aún cuando muchos se oponen a las iglesias, a los servicios que se hacen en las calles, o se oponen a las reuniones de oración, o a las publicaciones evangelísticas en las redes sociales, la iglesia debe seguir clamando a Dios a favor de justos e injustos. Pues por el clamor de esos justos es que las ciudades no han sido destruidas. Es gracias a ese clamor es que aun muchos pueblos están en pie. El pueblo evangélico no es el opio de la sociedad como muchos han dicho, no es un estorbo, o un mal para la sociedad, al contrario, el pueblo de Dios, la iglesia de Cristo es columna y baluarte de cada lugar donde se encuentra. Es la luz que sigue iluminando a las naciones que viven en obscuridad. Gracias al clamor, la intercesión de la iglesia, su a adoración a Dios, es que la ira de Dios aún no se ha derramado sobre este mundo. Pese a que el mundo quiere sacar a Dios de sus vidas, es por la constante intercesión de la iglesia es que Dios no ha consumido a aquellos que aún no se postran delante del Señor Jesucristo.

Clamemos por las naciones que aun no conocen a Cristo

Ciertamente el clamor del viejo Abraham fue infructuoso porque las ciudades hacía mucho tiempo se habían olvidado de Dios, pero, nuevamente digo, fue infructuoso solo en parte por Lot y sus dos hijas se salvaron. Esto significa entonces que la iglesia no debe cesar de clamar a Dios por las naciones que aun no le conocen, porque al fin de al cabo, Dios llevará salvación. Hoy mas que nunca se necesita adoradores que sigan suplicando paz y perdón para aquellos que insisten en alejarse de Dios. La exhortación para todos aquellos que lean este articulo es que mientras aún estemos en esta tierra, no paremos de clamar a Dios para que Su Gracia infinita alcance a muchos pueblos que aún no han sido alcanzados. Para que los pueblos no dejen de lado a Dios. Así cuando sea buscados los justos para salvación de ciudades, se hallen no sólo 50 sino miles de millones de hombres y mujeres fieles a Dios. El pueblo de Dios debe seguir día y noche clamando para que Dios tenga misericordia aún de aquellos que no le temen y le rechazan. No podemos hacer mas que ser la sal y la luz de este mundo.

Así que mientras Jesucristo viene por su iglesia, hagamos lo posible por clamar a Dios y dejemos que Dios haga lo imposible por traer a Cristo a todos aquellos que aun no le conocen.