MOISES, UN ANTES Y UN DESPUES

Para quienes me conocen no les resultará extraño leer un articulo mío que hable de Moisés. Y no les extraña porque saben que él es uno de mis tres personajes favoritos de la Biblia. El primero, por supuesto es Jesús, el segundo es Moisés y el tercero es Pablo, en ese orden. Al igual que otros personajes bíblicos Moisés fue un hombre ordinario, al que Dios transformó en un hombre extraordinario. Hay un antes y un después en la vida de Moisés, tal y como la hubo en Abraham, Jacob, David, Jeremías, los discípulos, Pablo y otros más. Entonces, ¿cuál es la diferencia entre él y el resto? Bueno, para mí es simple, Moisés pasó mucho tiempo en comunión con Dios. Tuvo una línea de comunicación directa y constante con el Señor. Fue un diálogo continuo entre ambos. Hablaban por asuntos grandes como por asuntos pequeños.

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Me encanta que caminaran uno al lado de otro. Que Dios le revelara todos sus planes, que lo usara como medio para anunciarle sus planes al Pueblo. Que cada vez que Moisés quisiera hablar con Él no hacía cita previa, sino que simplemente llegaba al punto de encuentro que establecieron, es decir, al Tabernáculo de Reunión. Me encanta que en cada tribulación, problema o necesidad, Moisés sabía hacia donde volver la mirada. Sabía a quien recurrir, no dudaba ni por un segundo sobre quien se encargaría de resolverlo todo.

Su relación fue tan estrecha que llevó a Moisés de ser un hombre iracundo a un hombre pacifico. Moisés se convirtió en un hombre manso, una cualidad significativa e imprescindible delante de los ojos de Dios, Moisés era el hombre mas manso sobre la faz de la tierra (Nm 12:3), humilde (Biblia de Las Américas). Fue precisamente por esta virtud que Dios dijo de él: en toda mi casa él es fiel. Cara a cara hablo con él, abiertamente y no en dichos oscuros, y él contempla la imagen del Señor, (Nm 12:7). Es decir, Dios dejó muy en claro que la relación que tenía con Moisés, una en la cuál Dios sabía que podría hablar abiertamente con él y Moisés tendría la capacidad, la madurez, y el discernimiento para comprender la voz de Dios.

Mientras que el pueblo observaba cuando Dios se reunía con Moisés en el Tabernáculo y evitaba escuchar Su Voz, Moisés pasaba días enteros a solas con Él. Para Moisés pasar cuarenta días a solas con Dios no tenían ningún valor significativo, Él sabía que estar delante de la presencia de Dios era mas sublime y mas satisfactorio que cualquier manjar suculento. Sabía que no era una carga estar cerca de Dios, escuchándole, y contemplándole.

Para comprender los sentimientos de Moisés en la presencia de Dios debemos recurrir a las palabras del apóstol Pablo quien dijo: pero todo lo que era para mí ganancia, lo he estimado como pérdida por amor de Cristo. Y aun más, yo estimo como perdida todas las cosas en vista del incomparable valor de conocer a Cristo Jesús, mi Señor, por quien lo he perdido todo, y lo considero como basura a fin de ganar a Cristo (Fil 3:7-8). Ahora ¿cómo llego a esta conclusión? Porque Moisés confiaba ciegamente en Dios. Aun cuando al inició dudó y se intentó excusar, se convenció de cada palabra que salió del corazón de Dios. Moisés le creyó a Dios.

El autor de Hebreos nos lo confirma al decir: Por la fe Moisés, cuando era ya grande, rehusó ser llamado hijo de la hija de Faraón, escogiendo antes de ser maltratado con el pueblo de Dios, que gozar de los placeres temporales del pecado, considerando como mayores riquezas el oprobio de Cristo que los tesoros de Egipto; porque tenía la mirada puesta en la recompensa (He 11:24-26). Moisés descansó en Dios a tal grado que no podía imaginar cómo mas valioso lo terrenal antes que la presencia de Dios.

Hubo un antes y un después en la vida de Moisés, del hombre temeroso y asombrado que se encontró con Dios en aquella zarza al hombre a quien le resplandecía el rostro por pasar días con Dios, no quedaba mas que el recuerdo escrito en el Pentateuco. El encuentro con la zarza fue sorpresivo, el encuentro en el Monte Santo era habitual. Moisés fue transformado, pasó de ser torpe de lengua a ser el profeta de Dios. Pasó de ser un hombre tímido a un hombre valiente que derrotó a los enemigos de Dios. Pasó de ser un hombre que intentaba resolver los problemas por sí mismo a ser un hombre que dependía de Dios todo el tiempo. Moisés dejó de buscar su propia gloria por buscar la Gloria de Dios.

el rostro de Moisés

Moisés no impartió su propias justicia sino que se dejó guiar por la Justicia de Dios. Dejó de condenar para interceder, aun cuando el pueblo era injusto. Después del encuentro en la zarza, Moisés aprendió a sentir como Dios sentía. Llegó a saber cuanto le dolía a Dios ver la incredulidad del pueblo, la frialdad, el negativismo, la insolencia y la capacidad de olvidar que tuvieron. Moisés sintió lo que Dios sentía al ver como el Pueblo rápidamente se iba en pos de dioses falsos, dioses ficticios. Supo lo que Dios experimentaba al ver a un pueblo desagradecido. Entonces ¿qué espero al escribir este resumen muy breve sobre el antes y después de la vida de Moisés? Sembrar al menos tres Semillas de Fe en ti.

Primera Semilla de Fe: Deseo que tengas un encuentro personal con Jesús.

Todo cambió en la vida de Moisés desde el día que Dios se le apareció. A partir de ahí como hemos visto ya nada fue igual. Hubieron cambios significativos en la vida de aquel hombre. Lo mismo deseo para quienes aun no han tenido ese encuentro particular con Dios. Que lo busquen mientras puede ser hallado. Sin importar la condición espiritual en la que hoy estás, mi oración es que te encuentres con Dios cara a cara. Moisés asesinó a un hombre y era un fugitivo, a pesar de ello Dios lo llamó y lo utilizó. Lo mismo puede hacer con cada ser humano que se arrepiente.

Segunda Semilla de Fe: Deseo que mantengas una comunión intima con Jesús.

Lo que marca la diferencia entre ser seguidor de Jesús y ser seguidor de una religión es la forma en la que nos relacionamos con Jesús. Porque si bien es cierto que dentro de una determinada religión tu debes llevar a cabo muchos rituales, hacer muchos méritos, y estar inmerso en miles de actividades, en el cristianismo lo único que necesitas es tener una comunión intima con Jesús. No necesitas hacer mil cosas para tener comunión con tu Señor, al contrario, necesitas tener comunión con tu Señor para llevar a cabo mil cosas. Moisés intentó salvar a su gente por la fuerza, lo cual fue inútil. Luego, tuvo una comunión intima con Dios y fue capaz de liberar a su pueblo y conducirlo hacia la tierra prometida. Primero es la comunión y luego es la acción. De esa cuenta, mi deseo es que mantengamos una comunión constante con Dios, que le busquemos en oración, en tiempos de paz como en tiempos de angustia, en todo momento. No por necesidad, ni por costumbre, sino porque hemos comprendido que es mejor pasar a solas con Él cada día. Porque hemos llegado a entender que es mejor a su lado que lejos de Él. Porque hemos comprendido que la satisfacción de las cosas terrenales son buenas pero la satisfacción que dan las bendiciones celestiales son inimaginables.

Tercera Semilla de Fe: Deseo que cada día te parezcas mas a Jesús.

La meta de cada cristiano es ser como Jesús. Parecerse a Él, vivir como Él vivió, andar como Él anduvo. Hacer lo que Él hizo. Hablar como Él, ser como Él. Y para lograrlo lo que debemos hacer es dejar que día a día Dios nos vaya transformando. Entre mas lo busquemos, entre mas caminemos con Él, entre mas anhelemos su presencia en nuestra vida, entre mas nos sujetemos a sus mandamientos, entre mas nos dirijamos hacia Él, mas nos pareceremos a Él. Nuestro rostro reflejará la gloria de Dios, seremos luz en medio de la oscuridad, seremos como luminares y viviremos como hijos de luz. Todos los días debemos dejar que la luz de la Palabra de Dios nos inunde y que la Guía del Espíritu Santo nos dirija hacia donde Él quiera que vayamos. Debemos doblar nuestras rodillas y hablar con Dios siempre. Solo así nos pareceremos más a Jesús.

Termino diciendo, que esos dos encuentros de Moisés con Dios en la zarza y luego en el Monte Santo circulan en mi mente una y otra y otra vez. No dejan de impactarme porque marcan un antes y un después en la vida de Moisés. Muestran que los años que Moisés caminó con Dios tuvieron un efecto en su vida extraordinario. El Moisés de la zarza no se parece en nada al Moisés que recibió los Mandamientos de Dios en el monte Santo. El Moisés de la zarza no se parece en nada al Moisés que debía cubrir su rostro ante sus hermanos, gracias a que la presencia de Dios estaba con él.

Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Hijos bajo el cuidado de la niñera digital (2da parte)

En el articulo anterior les relataba parte de la película: Manos Milagrosas, la historia de Ben Carson. Les conté sobre la enorme influencia que tuvo la madre de Ben y su hermano para que ellos aprovecharan su tiempo en la lectura. Asociamos esta idea con lo que el pueblo de Israel no hizo con la generación que entró a la tierra prometida. Dijimos que la generación posterior a Josué y Caleb no conoció a Dios. Cuestionábamos el hecho del por qué esta generación había dejado de seguir al Dios de Israel. Ahora veamos en este articulo parte de la respuesta a esos cuestionamientos planteados anteriormente. Empecemos por ver una hipótesis. Los padres no enseñaron a sus hijos a conocer y amar a Dios porque no tuvieron el tiempo para hacerlo.

LA CONQUISTA DE CANAÁN

La tarea principal que el pueblo de Israel llevó a cabo en su ingreso a Canaán fue la conquista de todas aquellas ciudades. No puedo ahondar en ello, pero si tengo que decir que el pueblo estuvo bastante ocupado en esta tarea. Batalla tras batalla, persecuciones a los enemigos, trazo de los linderos, establecimiento de las tiendas, era el diario vivir de los padres de aquella generación.

Esto me hace pensar que tanto esfuerzo, tanta dedicación por conquistar, construir, crear un patrimonio, les hizo olvidarse de una tarea indispensable, el cuidado y educación de sus hijos. Los padres hicieron una parte de su trabajo pero descuidaron otra indispensable, velar por el crecimiento espiritual de sus hijos. Recordemos que Dios ordenó a los padres en Dt 6:4,9 que debían cumplir con una tarea esencial en la vida de sus hijos. Ellos debían ser quienes enseñarían a las nuevas generaciones quién es Dios y qué representaba para su pueblo. Mientras comían o salían por el camino, o antes de acostarse debían hablarles sobre Dios. Incluso en las paredes y postes de la casa debían escribir sobre el amor de Dios.

Cuando leo esto pienso en nosotros. Estamos ocupados en nuestro trabajo, nuestras ocupaciones, negocios, etc., y nuestros hijos al igual que aquella generación están sin recibir nuestros cuidados, sin nuestra atención y sin nuestra guía espiritual. Estamos afanados construyéndoles un patrimonio material pero no estamos sentando las bases de su vida espiritual. Estamos alcanzando metas profesionales y personales pero estamos dejando de lado las necesidades mas importantes de nuestros hijos. Tanto papá y mamá son responsables de sus hijos. La ley de cada país los responsabiliza de su protección, su sustento, educación, etc., pero los principios bíblicos lo hacen responsable de su crecimiento espiritual. Hoy vemos que nuestros hijos se crían prácticamente solos. Los padres trabajamos mas de ocho horas al día, sin contar el tiempo que tomamos para distracciones y el tiempo que perdemos en el trafico. Hay padres que salen de casa mientras sus hijos aun duermen y cuando vuelven los encuentran ya dormidos. La identidad no se la estamos dando nosotros a nuestros hijos, sino lo que ve en las redes sociales, en el internet, en la televisión, en la calle, en el mundo que esta a su alrededor.

Por eso es valido hacerse las siguientes preguntas:

¿Quién es el encargado de cuidar a nuestros hijos? ¿La TV, el celular, la Tablet, la computadora, el internet? ¿El vecino, el amigo, la iglesia, o la escuela? ¡Ninguno! Los responsables somos los padres de familia.

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Nuestros hijos son nuestra responsabilidad y no tenemos ninguna excusa para no velar por su cuidado. Tanta lejanía nos debería alarmar. Recientemente sonó en nuestros noticieros, periódicos, tv, la noticia del hijo de pastor “profeta/apóstol” quien era el autor intelectual de un secuestro. Lo culpaban de haber dañado la integridad de una niña de 16 años. Decían que él había organizado el secuestro, y se encargaba de pedir el precio del rescate. Repito la noticia sonó y fue escandalosa porque era hijo de un “pastor”. Las personas hacen mas escandalo cuando un evangélico da que hablar por algo malo, aunque nunca por lo bueno que hacen. Pero el punto no es ese, sino que, no se esperaba tal comportamiento de alguien que había sido criado supuestamente bajo el temor de Dios.

Sin duda alguna me hizo reflexionar, hice mis conjeturas y pensé que es posible que aquel “ministro de la fe” al igual que el pueblo de Israel, estuvo tan ocupado en su ministerio que descuidó a su familia. Que se afanó por cuidar otras ovejas y no se preocupó por velar el primer redil que tenía a su cargo, su propia familia. No estoy afirmando que sea así, pero, este ha sido un patrón entre las familias pastorales. Mucho ministerio, mucha iglesia, muchos cargos, muchos eventos y las familias descuidadas. Sin fin de hijos de pastores reniegan de la fe, porque se consideran huérfanos. Tuvieron un padre aplaudido en el pulpito pero prácticamente un desconocido en casa. Sin embargo, esto no solo aplica en la vida de las familias pastorales, también aplica en la vida de cualquier familia. Muchos logros, muchos títulos colgados en las paredes, mucho dinero en casa, muchos lujos pero no hay familias integradas. Cada uno vive en su rollo. Cada uno toma su teléfono celular, su computadora, su Tablet, o su televisión, y vive dentro del mismo lugar pero aislado en su propio mundo. Nuestros hijos están siendo enseñados y “educados por la niñera digital”.

Nadie hará el trabajo de los padres. Los maestros, la iglesia, la familia secundaria no hará el trabajo que le corresponde hacer a los papás. Queremos hijos educados, correctos, que no anden en maras ni en drogas, y sobre todo hijos que alaben a Dios pero no queremos invertir el suficiente tiempo en educarlos en las verdades de Dios. Deseamos hijos que no nos avergüencen pero no les hemos dado los elementos necesarios para que lo logren. Vivimos apartados de sus necesidades y sus problemas. No somos parte integral de sus vidas. Nuestros hijos no llegan a tenernos la suficiente confianza como para conocer sus temores.

HIJOS BAJO EL CUIDADO DE LA NIÑERA DIGITAL (1era parte)

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Introducción

Hace unos días vi una película que trata de un caso real. La película se llama Manos Milagrosas, la historia de Ben Carson. Trata de un niño negro en épocas donde en los USA los negros no eran tan aceptados. En tiempos donde estaba álgida la lucha racial. El niño se mudó de ciudad y cuando empezó a estudiar en su nueva escuela era el más rezagado de su clase. Las calificaciones más bajas de la clase pertenecían a Beny, como le decía su madre. Ben además de tener problemas escolares, tenía dos obstáculos mas que vencer, primero, era hijo de una madre soltera. Su hermano mayor y él vivían solos con mamá porque su padre los había abandonado. Y segundo, tenía problema para controlarse. De pronto, cuando se enojaba sufría de ataques de ira. Era violento, e irracional.

Cierto día la madre de Ben se dio cuenta que su hijo tenía problemas de visión. Lo comprobó poniéndolo a leer a cierta distancia pero Ben no podía ver. Una de las respuestas a sus malas calificaciones fue esa precisamente, que Ben tenía problemas de la vista. Su madre no tardó mucho en reunir el dinero y resolvió el problema. A partir de ahí Ben empezó a mejorar sus notas. Cada prueba que la maestra realizaba iba comprobando la mejoría del chico. Mucho ayudó las palabras de la madre de Ben. Porque constantemente estaba incentivando a sus dos hijos para que estudiarán. Ella era analfabeta y sabía la desventaja que representaba, sumado al color de su piel. El analfabetismo fue uno de los mejores secretos guardados por su mamá. Además de una profunda depresión que callaba, la cual había sido provocada por el abandono de su pareja, el padre de los niños.

Un día mientras limpiaba la casa de un ex profesor universitario, viudo, ella notó que aquel hombre tenía una enorme habitación llena de libros. Para donde volviera la mirada, habían libros. Aquel hombre poseía una biblioteca personal de dos niveles. Todo esto llamó la atención de aquella madre y con un poco de temor y sorpresa le preguntó al profesor: ¿ha leído todos estos libros? A lo que él le respondió: la gran mayoría. No daba crédito a la respuesta del profesor. Aquella experiencia la hizo pensar en sus hijos. De inmediato pensó en lo benefico que sería para sus hijos si ellos cultivaran el habito de la lectura. Determinó que a partir de aquel día sus hijos no verían más televisión. Qué podrían ver TV solo dos horas a la semana de programas seleccionados. Por supuesto tal decisión no cayó en gracia a sus hijos. Cómo podrían pasar su tiempo sin ver televisión. Ben le preguntó: si no veremos televisión que haremos con todo el tiempo libre. A lo cual su madre le dijo: que bueno que preguntes eso. Lo que harán de aquí en adelante es: ir a la biblioteca y leer dos libros semanales, sumado a que entregaran un reporte de lectura. Cada vez que vayan y lean me contarán lo que leyeron. Ellos no estaban de acuerdo con aquella decisión. Pero aquella simple mujer tenía visión, y les dijo:

SI SE PREPARAN BIEN, MUY PRONTO EN LUGAR DE ESTAR VIENDO LA TV, SERÁN A USTEDES A QUIENES TODO EL PAIS ESTARÁ VIENDO.

Esto motivó a Ben y a su hermano a conocer más sobre literatura, música, arte, etc. La madre no se quedó atrás y le pidió al profesor que le enseñara a leer. Ella practicaba sus clases con la lectura de la Biblia. Rápidamente aprendió a leer. Ben y su hermano crecieron cultivándose. Su esfuerzo trajo frutos. Ben pasó de ser el estudiante con las notas más bajas a ser el estudiante con las notas más sobresalientes. Fue reconocido a nivel de toda la escuela. Todo esto lo llevó a estudiar medicina a una universidad prestigiosa de USA gracias a una beca que ganó por sus notas. Todo esto lo logró gracias a la influencia positiva de su madre. Ella no se cansó de motivar a sus hijos para que estudiarán. Los llevaba a la iglesia, les enseño a orar. Los crió de la forma que iba forjando buenos principios en sus hijos. Es evidente que el trabajo de aquella madre poco a poco iba cosechando buenos frutos. De aquí podemos sacar una semilla para sembrar en nuestras vidas:

“LA BUENA SIEMBRA QUE HAGAMOS LOS PADRES EN NUESTROS HIJOS SIEMPRE TRAERÁ BUENAS COSECHAS”

Nuestra responsabilidad como padres es forjar a nuestros hijos para que enfrenten con integridad la vida. Para que sepan cómo enfrentarse al día sin tener temor al fracaso. No solo en el área académica sino también en el área espiritual. Cuando los padres dejamos de realizar esa tarea graves consecuencias pueden llegar a nuestras vidas y a las vidas de nuestros hijos, principalmente. Tal como ocurrió a los hijos de Israel luego que la generación de Josué y Caleb muriera.

“Y toda aquella generación también fue reunida a sus padres. Y se levantó después de ellos otra generación que no conocía a Jehová, ni la obra que él había hecho por Israel. Jue 2:10”.

Cuando lees esto en la Biblia sin prestar atención al mensaje, estoy seguro que no verías lo dramáticas que pueden ser estas palabras. La generación que Moisés sacó de Egipto pereció en el desierto por incrédulos. La generación de Josué y Caleb entró a la tierra prometida. Pero la generación siguiente, prácticamente no conoció a Dios. Entraron a la tierra prometida pero desconociendo al artífice de todo. Prácticamente desconocían el trasfondo de su estancia en aquel lugar. No conocían su origen, sus raíces, y menos aun, quien era Dios para ellos.

Al observar esto de inmediato nos tenemos que preguntar ¿por qué toda aquella generación nueva no conocía a Dios, Sus Obras, y Su Ley? ¿Quién fue el responsable de que toda aquella generación desconociera a Jehová? ¿Quién dejó de hacer su trabajo? ¿Quién no hizo lo que debía hacer? ¿Dónde se estancó el mensaje y por qué no llegó a los hijos? La respuesta apunta directamente a los padres de aquella generación.

DIOS NO TE HA OLVIDADO (1era Parte)

23Y aconteció que pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto. Y los israelitas hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y su clamor, a causa de su servidumbre, subió a Dios. 24Oyó Dios su gemido, y se acordó Dios de su Pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y los tuvo en cuenta. (Éx 2:23-25)

Introducción

imagesEn una conversación reciente con uno de mis mejores amigos discutíamos sobre algunos temas que tienen que ver con la oración. Específicamente sobre cuánto influye o cuánto puede llegar a influir nuestra oración para que Dios actúe. O que sí
verdaderamente nuestra oración puede cambiar algo o puede hacer que Dios decida sobre algo que oremos en especifico. Si es necesario orar o no, porque indistintamente a todo Dios ya tiene establecido un Plan Eterno para cada uno. Mi respuesta inmediata fue que al orar estamos mostrando nuestra total y absoluta dependencia de Dios. Que aun cuando Dios tiene un plan, orar es depender de Él, porque Él lo conoce lo que ha planeado pero nosotros no conocemos la senda por la cual nos esta guiando. A partir de ese día en mí quedaron muchas preguntas, muchas inquietudes. Pero Dios que es rico en Misericordia me ha ayudado para comprender más acerca de este tema de la oración. A través de reflexionar en algunos pasajes quiero presentarte algunas conclusiones a las que he llegado, confiando que éstas sirvan para darte fe, y confianza en que Dios no te ha olvidado.

Contextualizándonos

Es necesario que contextualicemos el pasaje que hemos tomado como base. Brevemente recordemos que el pueblo de Israel había llegado a Egipto a causa de la hambruna que azotaba a la región (1,876 a.C.). José, quien era segundo al mando de todo el imperio solo por debajo de faraón mandó a traer a su familia para preservar el linaje de los hijos de Jacob (cf. Gn 45:5). Un total de setenta personas se ubicaron en las tierras de Gosén, lugar designado para que el pueblo hebreo realizara sus actividades habituales y que gozaran del beneficio de aquella tierra fructífera (cf. Gn 46). Luego que José muriera (1,804 a.C.) la nación ya se había desarrollado abundantemente. En el censo practicado posterior a su salida de Egipto se contabilizaba un total de 603,550 hombre de 20 años para arriba, (Nm 1:46) lo que supone un total de 2 millones de hebreos contando a hombres, mujeres y niños. Este crecimiento poblacional, mas la llegada de un nuevo Faraón provocaron grandes cambios en Egipto. El nuevo gobernante sentía amenazado su imperio a causa de tal número de extranjeros en sus dominios. Olvidó quién había sido José y acusó de posibles rebeliones a la nación hebrea por lo cual optó por someterlos a base de duros trabajos y oprimiéndoles fuertemente a labores propias de esclavos (cf. Éx 1:7-11).

Enfrentando una larga espera

El v. 23 dice que había pasado mucho tiempo, y el pueblo era oprimido fuertemente. Pero ¿Cuánto tiempo es mucho tiempo? Para responderlo hagamos una breve cronología de los hechos. Moisés fue el instrumento utilizado por Dios para llevar a cabo Su plan redentor. Nació en el año 1,526 a.C., a la edad de 40 años mató a un egipcio y huyó a Madián (1,486 a.C.), lugar donde se estableció, se casó con Séfora y se convirtió en pastor de ovejas. A la edad de 80 años (1,446 a.C.) Dios se le apareció en la zarza ardiente y lo llamó para que llevara a cabo la misión de su vida (Éx 3:1-2). Es decir entonces que entre la muerte de José (1804 a.C.) y el surgimiento de Moisés (1,446 a.C.) transcurrieron casi 358 años. Ese era el tiempo aproximado que el Pueblo de Dios había pasado de ser libre a esclavo. De gozar de los beneficios del imperio a sufrir la crueldad de su opresión. De ser libre para adorar a su Dios a ser reprimido y vasallo de la dureza del nuevo imperio.

En la vida existen situaciones así, donde pasamos súbitamente de un estado a otro. De una condición sosegada a otra caótica. Por ejemplo, un día podrías pasar de ser el empleado de confianza de una gran empresa a ser un desempleado más. Podrías pasar de gozar de una vida saludable a estar hospitalizado a causa de una enfermedad terminal. Podrías pasar de estar viviendo cómodamente en tu hogar y de pronto estar viviendo en la calle a causa de un desastre natural. Podrías gozar de la plenitud familiar a enfrentarte a la perdida de un ser querido. La vida es así. Da tantas vueltas, y a veces tan de golpe, que parece que no podemos ni meter las manos ante estos cambios abruptos.

Enfrentando un prolongado sufrimiento

La espera no solo había sido larga sino que también había sido dolorosa. Como se ha mencionado antes, el nuevo Faraón no había tenido las mismas consideraciones que sus antecesores. Había sometido a esclavitud a todos los extranjeros en sus tierras. Los esclavos hebreos y foráneos diariamente debían producir materiales para las construcciones egipcias. Era intolerable su condición. No habían días festivos, no habían días para congregarse y adorar como Pueblo a Dios. No habían motivos para celebrar nada. No habían tiempos de refrigerio. No había tiempo para reposar tranquilamente. Como esclavos no podían disfrutar de una buena alimentación:

Los pobres esclavos no recibían nunca alimentos ricos en albúmina, como carne y leche fresca. “Los hombres semejaban por ello esqueletos vivientes y lo mismo sucedía con las mujeres, cuyas figuras daban lástima, con sus pechos hundidos y sus vientres hinchados. Los niños padecían raquitismo. Eran como ascetas, aquejados por mil dolencias: parásitos intestinales, disentería, escorbuto, úlceras y pústulas…” La salud no era algo que debiera tomarse en cuenta, si moría un esclavo habían suficientes esclavos mas para reemplazarlo.[1]

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Cada día que pasaba resentían los malos tratos a los que estaban sometidos. La opresión egipcia era inmisericorde, no había interrupciones. Sus oídos constantemente eran ensordecidos por los fuertes latigazos en sus espaldas. Como tatuajes en sus espaldas estaban las huellas de los azotes que a diario recibían. Surco sobre surco se observaba en sus lomos lastimados.

El látigo fue desde la más remota antigüedad el símbolo de la potestad suprema. Se empleaba para hacer cumplir las leyes de los dioses. En Egipto fue así, y lo mismo sucedió en Grecia y Roma. Antiquísima es la costumbre de pegar a los esclavos. Y el terrible látigo debió de ser inventado especialmente para este fin. El látigo de los egipcios constaba de cinco correas de cuero, que llevaban unas bolas de metal en sus extremos. La sangre brotaba ya al primer azote.[2]

Visto a través de esta óptica, podemos ver que 358 años son muchos años de dolor y sufrimiento. Son muchos años de padecimiento, de tristeza, amargura, desesperación y frustración. Es mucho tiempo, tanto, que la muerte era la mejor de las salidas a continuar viviendo bajo ese tormento.

Hemos visto que el pueblo hebreo enfrentó mucho dolor y por largo tiempo, en este articulo a penas hemos visto lo que vivió el pueblo, en la siguiente parte veremos que hizo y cuál fue el resultado de sus acciones. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

[1] http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/la-cruel-vida-de-los-esclavos-en-el-antiguo-egipto

[2] Ibíd.