NO OLVIDEMOS A LOS MISIONEROS

‘Me alegra mucho que, como hermanos en Cristo, al fin hayan vuelto a pensar en mí. Yo estaba seguro de que no me habían olvidado, solo que no habían tenido oportunidad de ayudarme. ‘ (Filipenses 4:10)

Hacedor de tiendas

El apóstol Pablo todo el tiempo procuró no ser una carga para ninguna de las iglesias que fundó. No quería que nada entorpeciera la relación de ellos con Su Señor. Tampoco quería aprovecharse de ninguna de las iglesias ofrendantes. Al contrario, mientras pudo, buscó agenciarse de fondos fabricando tiendas (cp. Hch 18:1-3). Aun cuando Él creía que el siervo era merecedor de su salario (1Ti 5:18), repito, no quería convertirse en carga para nadie. 

En nuestro texto de hoy, Pablo expresa su alegría porque ellos volvían a ocuparse de sus necesidades. Y sin temor a equivocarme, no lo dijo por algún interés económico, creo que en el párrafo anterior lo dejé claro. Y lo confirman los textos posteriores, donde dijo que había aprendido a vivir en cualquier situación, y que Todo lo podía porque Cristo era su fortaleza. Por tanto, se deleitaba por la actitud generosa de la iglesia hacia Él, porque ellos habían querido apoyarlo, pero no habían podido. 

Querido lector, no sé si has tenido la oportunidad de estar cerca de algún misionero, y has notado la angustia que vive cada que llega el momento de pagar las cuentas o el drama que enfrenta cuando la ayuda de sus ofrendantes se atrasa, o cuando dejan de enviárselas, o como sufren viendo a su familia careciendo por falta de los recursos que no llegan. Pues yo si lo he visto, y francamente es dramático por todo lo que pasan, a la vez es conmovedor todo lo que enfrentan por su amor al ministerio que el Señor les ha encomendado. Es admirable también su fe en Dios y la confianza que ponen en el amor de la iglesia que los envía. 

Mi querido profesor Abel Morales (QEPD) amaba las misiones, sus ojos se llenaban de gozo cuando exponía sus clases. De él aprendí a amar este ministerio. Y comprendí que a LOS MISIONEROS NO PODEMOS OLVIDARLOS. En virtud de ello, a finales del 2017, gracias a su influencia y la convicción que el Señor puso en mi, me llevó iniciar un proyecto de apoyo financiero a misioneros y otro de ayuda social. Pero al testificarlo no quiero ni extenderme hablando sobre esto porque esto no se trata de mí, y no pretendo dirigir la atención hacia mí, pues solo somos administradores de los recursos del Señor. Él es el dueño de todo y nosotros solo somos instrumentos. Dios todo el tiempo nos esta llamando para que sirvamos desde nuestra trinchera para el engrandecimiento de Su Reino en la tierra. Y porque no basta solo con que los misioneros vayan, o que la iglesia ore, sino que también es necesario que a través de los recursos que Dios no da, apoyemos las misiones. Que NO OLVIDEMOS A LOS MISIONEROS y procuremos que las ofrendas lleguen hasta el lugar donde están sirviendo al Señor. Pregunto:  

Dios todo el tiempo nos esta llamando para que sirvamos desde nuestra trinchera para el engrandecimiento de Su Reino en la tierra. Y porque no basta solo con que los misioneros vayan, o que la iglesia ore, sino que también es necesario que a través de los recursos que Dios no da, apoyemos las misiones. Que NO OLVIDEMOS A LOS MISIONEROS y procuremos que las ofrendas lleguen hasta el lugar donde están sirviendo al Señor.

¿Te ha estado hablando el Señor para servirle con los recursos que te ha dado? ¿Has faltado a tu compromiso con el Señor para apoyo misionero? ¿Has pedido al Señor que te permita servirle a través de las ofrendas misioneras? Y tu misionero, pastor ¿estás siendo fiel con las ofrendas que estas recibiendo, las agradeces?

Espero que tu corazón sea buena tierra, para que esta Semilla de Fe germine, crezca sanamente y de fruto al ciento por uno. Si te gustó, dale me gusta, compártela y déjanos tus comentarios. Me despido como siempre diciendo, haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Semillas de Fe.

LA CAMISA MANCHADA

INTRODUCCION

Desesperación y frustración son dos de los sentimientos que experimenté cierto día que vi manchada mi camisa favorita. Me encantaba mi camisa, pero un día sin darme cuenta me había salpicado grasa. La remojé, le apliqué varios detergentes, hasta los que según los anuncios eran ideales para ese tipo de manchas. Con el paso del tiempo lo único que conseguí fue echar a perder mi camisa. Tanto restregarla hizo que se rompiera. Quizás pude optar por no lavarla tanto y me hubiera hecho a la idea de usarla aunque fuera manchada. Sin embargo no me logré hacer a la idea de cargarla así. Aunque la mancha no era tan obvia para todos los demás yo sabía que estaba manchada y eso era suficiente para mí. Yo sabía que estaba manchada y no me sentía cómodo.

LAS OFRENDAS QUE DIOS DEMANDA

Estamos creados a imagen y semejanza de Dios lo cual indica que en gran medida reaccionamos de la misma manera que Dios lo hace. A Él, al igual que a nosotros no nos gustan que las cosas estén sucias. Siempre exigió que cada ofrenda que se le entregara fuera limpia, sin defecto, irreprensible. Le 22:20 dice: “ninguna cosa en que haya defecto ofreceréis, porque no será acepto para vosotros”. No importa cuan valiosa creyera el pueblo de Dios que era la ofrenda que le presentaran, no tenía ningún valor delante de Él si poseía algún defecto. Fueran ofrendas vacunas, ovinas, aviares o de cereales, debían ser perfectas. Dios no recibiría jamás nada que tuviera defectos. Si tenía enfermedad o algún defecto físico debía desecharse. Las ofrendas puras, irreprensibles, servía para la expiación de los pecados tanto del pueblo como del Sumo Sacerdote, quien siendo humano necesitaba purificarse a sí mismo antes de interceder para la purificación de los demás. El sistema sacrificial era estricto, no admitía concesiones en este sentido. Si ofrendabas a Dios debías ser lo mejor. No podías tratar de burlarte de Él ofrendando algo que no fuera perfecto. Por otro lado, tampoco el encargado de servir en el tabernáculo o el templo posteriormente, debía ser una persona impura. Con defectos, o sucio. Si era cojo, o manco, o tuerto, o con defectos en sus genitales no podía servir bajo ninguna manera (Cp. Lev. 21; Dt 23). Así de demandante era exigencia divina.

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JESUS ES LA OFRENDA PERFECTA

Lejos estaríamos si creyésemos que Dios solo busca satisfacer caprichosamente a través de las exigencias a sus hijos. Dios estaba tratando de enseñarnos (1) que ningún animal ofrecido por mejor cuidado que estuviera, era suficiente para expiar los pecados de ninguna persona. Se ofrecía pero nadie era limpio para siempre. (2) También podemos aprender que quienes intercedían delante de Dios también eran limitados. No podía presentarse delante de Dios de forma integra. Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado. Juan el Bautista cuando vio a Jesús exclamó: “He ahí el cordero de Dios que quita el pecado del mundo” (Jn 1:29), en otras palabras le estaba diciendo a la multitud presente: ese hombre que ven ahí es alguien que puede ocupar perfectamente el lugar de la ofrenda pascual porque, Él no tiene pecado, es un cordero sin mancha (1Pe 1:19). Jesús no conoció pecado aunque por nosotros se hizo pecado para justificarnos (2Co 5:21). Él si podía ofrecerse como ofrenda y podía ministrar delante de Dios sin necesidad de purificarse previamente porque es puro. Ahora si que había un mediador entre Dios y los hombres que podía quitar pecados porque no hay pecado en Él (1Jn 3:5).

“Ni la ofrenda, ni el ofrendante eran suficientes para expiar la ira de Dios por causa del pecado”. 

CONCLUSIÓN

Entonces, al ver esta exigencia de Dios, los hombres parecería que no tenían esperanza porque nadie podía lograr satisfacer a Dios. Pero esta esperanza aviva su fuego cuando vemos que Jesús si pudo. Ahora solo queda depositar toda nuestra fe en Él para ser aceptos delante de Dios. Cuando nos arrepentimos, y ponemos nuestra fe en Cristo, lo hacemos Señor de nuestra vida. Toda su santidad es imputada en nosotros. Nuestra cuenta de pecado es vaciada y sustituida por una nueva cuenta atiborrada de Gracia y Perdón. De la bancarrota pasamos a la abundancia espiritual por medio de la fe en el Hijo de Dios. Por lo tanto, si estas en bancarrota, ven a Cristo, arrepiéntete de tus pecados y la Sangre del Cordero te limpiará de todo pecado . Toda mancha o pecado será limpiado por Cristo (He 9:9). Deja que Dios haga su trabajo, restregará quizás como lo hice con mi camisa, pero a Él nada se le romperá en sus manos. Me despido diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

EL EFECTO QUE PRODUCE EN MI VIDA LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL


CORDERO DE DIOS

Introducción

La figura que sobre sale en la primera parte del capitulo uno del Evangelio de Juan es: Juan el Bautista. Juan El Bautista fue el último de los profetas, apartado de la sociedad elitista, lejos de la hipocresía y con mucho valor para señalar los pecados que el pueblo cometía. Señaló las injusticias y los excesos de algunos hombres, como el adulterio de Herodes, a quien constantemente le señalaba que no le era lícito estar viviendo con Herodías la mujer de su hermano. Sumergido en su mundo asceta, ermitaño y solitario, Juan constantemente llamaba al arrepentimiento por medio de su predicación, pedía que aquellos que verdaderamente estaban arrepentidos dieran evidencia de ello. Señaló, también, el juicio contra aquellos que se mostraban falsamente piadosos, les aseguró que sobre ellos ya pesaba la condena por no ser genuinos.

 El testimonio de Juan El Bautista

Y así en el capitulo 1, Juan El Bautista aparece dando testimonio sobre la llegada de Jesús (Juan 1:19-27). Él anuncia que en poco tiempo llegará uno que es mayor que él. Ante esta declaración, el Bautista es cuestionado por los sacerdotes y levitas a petición de los fariseos (v.24). Juan no se adjudicó el título de Mesías, por el contrario, afirmó que su bautismo era distinto al bautismo que el Hijo de Dios realizaría (v.26). Además de no adjudicarse el titulo mesiánico, Juan reconoció cual era su posición respecto a Cristo. Él afirmó que Jesús era tan superior a él que ni aun se consideraba digno de desatar la correa de su calzado (v.27).

 La máxima declaración de Juan El Bautista

De todas las verdades que Juan declaró y anunció, la mayor declaración profética que hizo ocurrió en un día en el que hacía lo que acostumbraba hacer todos los días, un día aparentemente normal. Dice la Biblia que un día en el que Juan predicaba y bautizaba en el Río Jordán, de inmediato quedó conmocionado, atónito cuando reconoció al Mesías que se aproximaba a donde él estaba. Sus ojos se le llenaron de regocijo al ver que la profecía finalmente se cumplía. Al verlo Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Con estas palabras Juan anunciaba, primero que Jesús representaba al Cordero Pascual, segundo que quien lo preveía para sacrificio era Dios, y tercero, su efecto sobre la humanidad era limpiarla de pecado.

Juan el Bautista

 Jesús el Cordero Pascual

¿Por qué Jesús es el Cordero Pascual? Recordemos que los corderos eran los animales que se acostumbraba sacrificar en el día de la Pascua judía. La Pascua era una remembranza de lo acontecido en Egipto. Recordaba al pueblo como Dios los había librado de la opresión que vivieron cuando eran esclavos de Faraón. La sangre del cordero rociada en los dinteles y en los postes de las casas donde habitaron sus antepasados fue la que impidió que el ángel de la muerte entrara en sus hogares y matara a los primogénitos de las familias. El cordero que sacrificaban las familias los representó y los cubrió de la maldición que cayó sobre todos los hijos primogénitos de los egipcios. Entonces lo que Juan esta anunciando es que Jesús es el Cordero que Dios sacrificaría a favor del mundo. Jesús es el Cordero Pascual que se sacrificaría a favor de toda la humanidad. En lugar que cada ser humano pecador de la tierra muera, Dios proveyó la ofrenda que evitaría la muerte de la humanidad a causa de su maldad. Jesús es el vicario (sustituto) que Dios da como ofrenda a favor de todo el mundo para reconciliarnos con Él.

 La Sangre del Cordero Pascual nos limpia de pecado

Además Juan anuncia que este Cordero no solo será la ofrenda pascual a favor del mundo sino que también su sacrificio permitirá que los pecados de los seres humanos sean quitados. El apóstol Pablo dice en la carta a los Romanos que: la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23a) es decir que la recompensa que los hombres merecen recibir por su condición pecaminosa es la muerte eterna. En la pascua la sangre del cordero sacrificado los libraría de morir físicamente, pero con la Sangre de Cristo la muerte que se evita es, la eterna. Los seres humanos necesitan ser lavados por medio de la Sangre de Cristo para poder tener Vida Eterna. Los pecados de los hombres no se quita con sacrificios humanos, o con ofrendas, o con cualquier clase de obra bien intencionada, solo la Sangre de Cristo nos limpia de pecados. El apóstol Pablo también dice lo siguiente en la Carta a los Romanos.

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús, (Ro. 3:24-26).

 Parafraseando ambos pasajes, el de Juan 1:29 y Romanos 3, diremos: Jesús es el Cordero que Dios proveyó gratuitamente por medio de su infinita Gracia para emancipar a las personas del yugo del pecado. Dios justifica a los pecadores a través de la Sangre que derramó Jesús, el Cordero Pascual, que Dios mismo entregó para sustitución de los hombres. Que en lugar que los seres humanos muriéramos por causa del pecado, Dios entregó a Cristo para sustituirnos a los que creyéramos en Él. La humanidad debe poner su fe en esta sangre derramada para que sus pecados les sean quitados. Dios en su gran amor y paciencia manifiesta su justicia, pasa por alto nuestras faltas, los pecados que cometimos en el pasado para que podamos ver que Él es Justo y que además nos vuelve justos al poner la fe en Cristo su Hijo.

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El amor de Dios es demasiado grande, porque sabiendo que no existe nada que pueda acercarnos a Él, ofrendó el Cordero –perfecto por cierto– que es Su Hijo, lo sacrificó a favor de nosotros, nos limpió de pecado y nos hizo aceptos delante de Él. Finalizó la enemistad que existía entre los pecadores y Él. Pablo dice: Estando ya justificados en la Sangre, por Él seremos salvos de la ira, (Ro. 5:9). ¡Oh que Grande Amor el de Dios Padre! Quien no pide sacrificio sino obediencia. Quien en su infinita Gracia, gratuitamente nos da Vida Eterna por la Fe en Su Hijo, ese es EL EFECTO EN MI VIDA DE LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL.

Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.