DIOS DEFIENDE A SUS HIJOS

Sé que el título de este articulo suena muy general y en realidad si lo es. Porque la Biblia nos muestra en múltiples pasajes que Dios defiende a sus hijos. Dios los guarda, los protege, pelea por ellos. Dice la Biblia que Él es escudo alrededor de nosotros. Que nos esconde bajo sus alas, y así podría seguir exponiendo tantas otras verdades que nos muestra al Padre celestial como fiel defensor de sus hijos.

Sin embargo, quiero centrarme en un pasaje en específico. Un pasaje donde podemos ver la Mano de Dios resguardando a uno de sus siervos. Veremos en tres partes lo maravilloso que es Dios y cómo actúa a favor de Su Pueblo. La primera parte la denominaremos: el desafío. La segunda la llamaremos: la reacción ante el desafío. Y finalmente al tercer acto le llamaremos: la respuesta de Dios.

Primera parte: el desafío. En el capítulo diecisiete del segundo libro de Reyes, se narra cómo finalmente después de tanta ofensa contra Dios, el ejecutó su juicio contra el reino del Norte. No quiero extenderme mucho en esa descripción, pero el pasaje cuenta que Salmanasar, rey de Asiria, sitió y conquistó Samaria. Llevándolos cautivos y dejando desolada toda aquella región. Nunca más volvieron a ser los mismos después de aquel terrible suceso, producto del abandono a Dios.

Años después Senaquerib rey de Asiria amenazó a Judá. Tomó algunas de sus ciudades, atemorizando a sus habitantes y a Ezequías quien era el rey en turno. Este humildemente accedió a darle tributo. La plata y el oro que se hallaba en la casa de Dios fue quitado de los muros y en los tesoros del rey para ser tributado ante su adversario. Sin embargo esto no sació la ambición del rey de Asiria y envió a tres personajes importantes, acuerpados por un gran ejército para desafiar al rey y su pueblo. El objetivo de esta visita no era otro más que amedrentar al rey y a los pobladores de Judá.

En vs.19-20 dice: “Digan ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es ésta que tú tienes? Tú dices (pero sólo son palabras vanas): Tengo consejo y poder para la guerra. Mas ahora, ¿en quién confías que te has rebelado contra mí? sin duda que las palabras del Rabsacés eran fuertes, desafiantes e intimidantes. Luego siguió diciéndoles que no estuvieran creyendo que Egipto podría librarlos de ellos porque Faraón y sus tropas no eran un rival digno contra ellos. Cada palabra que salía de su boca iba subiendo de tono. En v. 22 ya tocó un punto delicado pues él dijo: pero si me decís: Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitado y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Adoraréis delante de este altar en Jerusalén?  Como vemos empezó a tocar terreno peligroso porque la ofensa ya no era únicamente contra Ezequías, ni contra el pueblo, ya involucraba el bendito nombre de Dios.

Con sus palabras este hombre empezó a sembrar dudas en el pueblo. Comenzó a meter en sus mentes la idea que el rey de Asiria era aún más poderoso que el Dios de ellos. A pesar que trataron de reconvenirlo en cuanto a sus palabras, a él no le importaba injuriar delante de quien fuera. Pero el Rabsacés dijo: ¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras sólo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y beber su propia orina con vosotros? No me queda duda  que este hombre estaba hablando en serio. De frente les estaba diciendo que si llegaban a derrotarlos la humillación sería tan grande que a un el resultado de sus necesidades fisiológicas se comerían. Siguió diciéndoles: Escuchad la palabra del gran rey, rey de Asiria. Así dice el rey: que no os engañe Ezequías, porque él no os podrá librar de mi mano; ni que Ezequías os haga confiar en el Señor diciendo: Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria. (2Re 18:28-29). Y las palabras continuaban cada vez más fuertes e insistentes en lo mismo, nadie podrá librarlos de mi rey. En vs más adelante aquel hombre incluso comparó al Señor con los otros dioses al decir: ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de Hamat y Arfad? ¿Dónde están los dios de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Cuándo han librado ellos a Samaria de mi mano? ¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi mano, para que el Señor libre a Jerusalén de mi mano? Ante tanta vociferación el pueblo por orden del rey no contestó ninguna palabra. (2Re 18:33-36).

No podemos avanzar sin comprender bien lo que aquel hombre pretendía hacer con los habitantes del reino de Judá. Porque este aspecto nos involucra directamente a nosotros también. Dado que la confianza del pueblo estaba puesta en su Dios, lo que el jefe del ejército pretendía era que ellos perdieran por completo la fe en Él. Estaba poniendo a prueba lo que ellos en realidad creían. Mencionó un listado de dioses que los samaritanos tenían por dioses y que estos no habían podido librarlos. Ahora bien, si los judíos consideraban a Yahwéh al nivel de esos dioses por supuesto que estaban perdidos. Pero si ellos creían que Dios era verdadero y no podía ni siquiera compararse con ellos, entonces las posibilidades de salir del problema eran altas.

Segunda parte: la reacción del rey Ezequías al desafío de Senaquerib. En medio de esta serie de amenazas algo debía hacer el rey. Por supuesto que conocía la fama que tenían los asirios y sabían que aquella amenaza era muy seria. Tras lo visto en  otras naciones y conociéndose así mismo sabía que aquello ya había pasado del terreno material al espiritual en cuanto el nombre de Dios salió a luz. En 19:1 dice que Ezequías cuando oyó esto, rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. Además dice los versos siguientes que mandó un mensaje al profeta Isaías exponiéndole la situación. La respuesta del profeta a los siervos del rey fue: Así dice el Señor: No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiria han blasfemado. He aquí pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada (2Re 19:6b-7).

Esta parte es muy importante para nosotros, puesto que  aquí se ve la reacción natural de un hijo de Dios, clamar a Su Padre. Ante los problemas podemos tomar actitudes negativas. Podríamos pensar en darnos por vencidos sin haber peleado. Podemos simplemente renegar, o sentirnos derrotados, o dudar de Dios, o creer en lo que nos están diciendo. O bien adoptar una postura de humillación delante de Dios. Las palabras del profeta Isaías bien pueden consolar y curar nuestras heridas si estamos en una situación donde la salida no se ve tan fácil. Podemos oír esa voz del cielo que nos dice: NO TEMAS.

Pese a las palabras del profeta, las cosas no cambiaron de tónica. Otros mensajeros fueron a Ezequías con un nuevo mensaje: No te engañe tu dios en quien tu confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí, tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones, destruyéndolas por completo, ¿y tú serás librado? ¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva? Nuevamente los mensajeros estaban tratando de intimidarlos, recordándoles que otros pueblos habían confiado en sus dioses y en sus ejércitos pero en realidad no fueron rivales contra ellos.

Ezequías nuevamente recurrió al único lugar donde sabía que podría encontrar consuelo, la Presencia de Dios. Del v.15 al 19 la Biblia nos cuenta la preciosa oración que hizo delante de Dios. Ezequías dijo:

Oh Señor, Dios de Israel, que estas sobre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Señor, tu oído y escucha; abre, oh Señor, tus ojos y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo. En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, y han echado a sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y de piedra; por eso los han destruido. Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, oh Señor eres Dios.

Sin lugar a dudas, fue una preciosa oración la que salió del corazón de Ezequías. No cabe duda que entre más angustiados estamos, más sinceros podemos ser delante de Dios. La primera parte de la oración de Ezequías nos muestra la exaltación del nombre de Dios que él expresó. Luego le atribuye honra a su poder, y hay dos detalles de gran valor. Primero Ezequías deja claro que si bien es cierto aquellos reyes pudieron derrotar a otros pueblo, fue principalmente porque esos eran dioses falsos. Porque no eran el Dios verdadero. No eran más que simples esculturas de piedra y madera. Y en segundo lugar, Ezequías sintió que la ofensa no era contra él ni los habitantes de Judá sino contra Dios. Ezequías comprendió que aquel hombre estaba tratando de hacer dudar de Dios al pueblo. Por ello le pedía que se manifestara para que todos conocieran que Él era Dios. No pedía para que la victoria se le atribuyera a él, sino para que todos entendieran que no hay Dios como Yahwéh, que si salva y defiende a su pueblo.

Desenlace: la respuesta de Dios. Puedo asegurarte querido lector que estoy a punto de escribir lo que Isaías respondió a Ezequías y no dejo de estremecerme ante lo que Dios mandó a decir. El v.20 dice: Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de Israel: “lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado”. Es indudable que Dios vio la sinceridad de Ezequías, vio que lo que le dolía a él era que menospreciaran el Poder de Dios. Por ello su respuesta no se hizo esperar. Cuando Dios ve que nuestra búsqueda es darle la Gloria a Él, Dios nos responde.

Por razones de espacio no puedo escribir todo lo que Dios mandó a decirle pero amigo lector te invito a que leas los vs 21-34 para que descubras que contra Dios nada podemos hacer. Destaco algunos vs. El 31 dice: porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto. Por tanto, así dice el Señor acera del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella. Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad –declara el Señor. “Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David”.

Esas palabras finales son precisamente lo que inspiró este artículo. Dios defiende a sus hijos. La fidelidad de sus hijos es recompensada por el amor y el cuidado de Dios. Amigo que estás leyendo este artículo, no olvides esta respuesta de Dios: defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo. Dios te defenderá por amor de Su Santo y Bendito Nombre. Dios no se adormece delante de tus enemigos. Dios te guarda, te protege, te resguarda a tal punto que puedes estar seguro plenamente. El apóstol Pablo dijo: vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3:3). No sé exactamente que está amenazando tu vida, tu salud, tu familia, tu entorno, no sé exactamente que está haciéndote dudar de Dios, no sé qué pensamientos o que circunstancias están llevándote a pensar que Dios nada puede hacer por ti, pero a través de este artículo, te digo, Dios defenderá tu causa.

Adoptemos la actitud de Ezequías, una actitud de rendición, de humillación, adoptemos una actitud de impotencia delante de Dios y entonces veremos como Él pelea por nosotros. No permitamos que las dudas hagan nido en nuestra mente, no le demos lugar a las amenazas o las intrigas del enemigo y sigamos creyendo que Dios nos defiende. Vistámonos simbólicamente de cilicio y postrémonos delante del Señor, busquémoslo desesperadamente y en todo tiempo démosle la Gloria, y entonces y solo entonces podremos ver como Él nos levanta del lodo cenagoso.

El pasaje termina diciendo que el Ángel del Señor aquella noche hirió de muerte a ciento ochenta y cinco mil en el campamento enemigo, al amanecer solo cadáveres habían en aquel campamento y el rey de Asiria murió adorando a sus dios a manos de dos hombres que luego de matarlo huyeron de aquel lugar. A él sí que su dios no pudo advertirle de su amenaza  y menos pudo librarlo. Así que, no dejes de confíar que Dios defiende a sus hijos. Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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Dios no te ha olvidado (3ra Parte)

Dijimos que este articulo había sido motivado por la inquietud que teníamos con mi amigo respecto a que sí es necesario orar para que Dios responda a nuestro clamor o no. Hemos visto cuanto tiempo sufrió y las circunstancias adversas que enfrentó el pueblo de Israel. Vimos que tuvieron que exponer delante de Dios sus emociones y las causas de su dolor. Vimos que su clamor subió a Dios. Ahora es necesario responder la siguiente pregunta: ¿Cuál es la reacción de Dios cuando nos presentamos impotentes delante de Él y le clamamos? La respuesta está en el verso 24.

 24Oyó Dios su gemido, y se acordó Dios de su Pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y los tuvo en cuenta. (Éx 2:23-25)

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En este texto no puede ser mas que impresionante ver cómo reacciona Dios cuando su pueblo se humilla delante de Él y se presenta de forma transparente delante de Él. Ante las necesidades de Su pueblo Dios reacciona en cuatro formas: el verso dice que Dios: oyó, se acordó, miró y los tuvo en cuenta. Veamos una forma a la vez para comprender de mejor forma cómo actúa Dios y así mismo conocer más de su carácter.

Dios oyó su gemido

Dijimos previamente que el gemido del pueblo significaba que la expresión de sus sentimientos delante de Dios y la queja que presentaron a causa de su opresor. Que antes de clamar a Dios el pueblo primero expresó lo profundamente herido que se encontraba. Ahora ese es el punto esencial en nuestras oraciones para que puedan ser escuchadas, debemos expresarle a Dios nuestras emociones. Es decir, expresar con sinceridad cuan lastimados estamos. Dios escucha el gemido de aquella esposa que esta siendo abusada física y emocionalmente en su hogar. Dios escucha el clamor de un cónyuge que fue herido por una infidelidad. Dios oye el gemido de un hijo que ve a su madre o su padre desfallecer. Dios escucha el sollozo de aquel joven que ha sido herido por sus padres. Sea cual sea el gemir, Dios lo escucha. Por su puesto que Dios escucha nuestros lamentos. Él conoce nuestros sentimientos, nuestras aflicciones, Él lo conoce todo, pero nuestra expresión emocional es una muestra que nos estamos presentando delante de Él confiando en su consuelo. Has visto cómo muchas veces en momentos de dolor acudes a un amigo y su reacción es fría o indiferente, o apática. O simplemente no puede comprenderte porque no ha experimentado un dolor profundo como el que tu estas experimentando. No alcanza a entender la magnitud de tu dolor porque no lo conoce, pero Dios si lo conoce.

Él si es capaz de comprender lo que puedes estar pasando. Uno de mis pasajes Salmos favoritos es el Salmo 34. En él he encontrado muchas veces consuelo en tiempos de angustia. Aquí unos versos que refuerzan esta idea sobre que Dios escucha nuestro gemir a partir de este precioso Salmo. V.4 Busqué a Jehová, y el me oyó, y me libró de todos mis temores; V. 6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias. V. 15 Los ojos de Jehová están atentos sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. V.17 claman los justos y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Jeremías 33:3 es un texto bastante citado: Clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Nunca en nuestra mente puede pasar la idea que Dios no escucha nuestro clamor porque Dios si lo hace. Me encanta el v. 15, están atentos sus oídos al clamor de ellos. Dios oye cuando tu le expresas tus emociones y tus sensaciones.

Dios se acordó de su pacto

Este texto pareciera ser contradictorio respecto al carácter de Dios. Porque a simple vista podría parecer como si Dios olvidara las cosas que promete. Por su puesto que Dios no puede olvidarse de ninguna manera de cada promesa que ha hecho. Números 23:19 dice: Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿lo ha dicho Él, y no lo hará? ¿ha hablado, y no lo cumplirá? En el primer libro de Samuel esta idea se repite: También la Gloria de Israel [es decir Dios] no mentirá ni cambiará su propósito, porque Él no es hombre para que cambie de propósito (1Sa 15:29). Mal 3:6 dice: Porque yo, el Señor, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Las promesas de Dios son irrevocables (Ro 11:29), y otros pasajes que afirman que Dios no miente ni se arrepiente (cf. Ti 1:2; St 1:17). Pero entonces ¿por qué dice el texto que Dios se acordó del pacto realizado con Abraham, Isaac y Jacob? Veamos algunos comentarios respecto a esto. El comentario de la Biblia de estudio de las Américas dice que: en realidad, Dios no se había olvidado de su pueblo. Dios no se había olvidado del Pacto que había hecho con los patriarcas; la frase “se acordó” indica que Dios va comenzar a actuar y a cumplir las promesas de su pacto. Su Pacto, es decir, el pacto prometido a Abraham (Gn 12:1-3; 15:18-21; 17:3-8), Isaac (Gn 17:21), y Jacob (Gn 35:10-12).

Por otro lado J.A. Motyer comenta: Las oraciones del Pueblo de Dios desempeñan un papel tan importante que la Biblia sólo puede explicarlo usando términos que podamos entender. Es por eso que retrata al Dios que nunca se olvida como si fuera capaz de olvidar y representa nuestras oraciones como si tuvieran el maravilloso efecto de hacerle recordar. Nuestras oraciones son tan eficaces y agradables a sus oídos que Dios accede acomodar sus obras providencial, soberana y eterna a lo que nosotros podamos entender, como si dijera: ‘Ah, gracias por recordármelo’. Dios no se contradiría en sus escritos, por supuesto que no, pero podemos ver que Él esta en control de los tiempos. Él había dicho a Abraham que a la tierra prometida regresaría la cuarta generación, hasta que la pecaminosidad de los pueblos amorreos rebasara los limites de Su Paciencia entonces ellos volverían (Gn 15:16). Dios sabe lo que hace. No es que Él este improvisando. Pero nuestras oraciones como bien comenta Motyer activan el plan de Dios. Hacen que las cosas comiencen a suceder. Es como si Dios este diciendo que tu te recuerdes de lo que Él es capaz de hacer. Como vimos en el punto anterior, Él está atento a tus necesidades. El Salmo 121:3-4 nos da una idea mas clara respecto a que Dios no es ajeno a nosotros, dice: No permitirá que tu pie resbale, no se adormecerá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Dios no se permite distracciones con nosotros. No es como un padre que de pronto pierde de vista a su hijo en un parque o en un centro comercial. Confía en que Dios está pendiente de ti y esta llevándote por la ruta que Él ha trazado. Él esta llevando a cabo su plan y lo va cumplir (Cp. Fil 1:6). A pesar de nuestra infidelidad Dios cumple con sus promesas. Actúa indistintamente de nosotros.

En la próxima publicación continuaremos viendo la reacción de Dios cuando clamamos a Él. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

NO HAY PEOR CIEGO QUE… (2da. Parte)

En el articulo anterior vimos que somos reconocidos hijos de Dios cuando recibimos a Cristo como Señor y Salvador de nuestras vidas, cuando nos convencemos que nuestra vida pecaminosa necesita la Santidad del Hijo, cuando le cedemos nuestra voluntad a Su dominio.

En este articulo veremos que además somos constituidos hijos de Dios cuando reconocemos que Cristo es Dios. Cuando nuestra fe se fundamenta en Jesús. Pero no es una mera creencia en el Jesús histórico sino en el Jesús que es el hijo de Dios, que bajó del cielo, que fue engendrado por medio del Espíritu Santo en María, que creció y vivió entre nosotros. Que hizo posible la reconciliación de la humanidad con el Padre a través del sacrificio realizado en la Cruz. Que murió pero al tercer día resucitó de entre los muertos, ascendió al cielo y esta sentado a la Diestra del Padre Todopoderoso y un día volverá nuevamente por su iglesia. Necesitamos creer que este Jesús que vivió hace mas de dos mil años atrás, es el Mesías que las Escrituras prometieron, para poder disfrutar de los derechos que un hijo tiene delante de Su Padre.

Y en segundo lugar necesitamos reconocer a Jesús como Mesías porque al hacerlo, Él te reconoce delante del Padre.

 El cristianismo es una decpecadorisión que como hemos visto acarrea cambios en nuestras vidas. Y es por estos cambios tan drásticos que muchos no están dispuestos a venir a Jesús. Y cuando finalmente lo hacen no están dispuestos a mostrar que Jesús vive ahora en sus vidas. Se avergüenzan incluso de decir que son cristianos, no les gusta portar su Biblia, u orar para agradecer por sus alimentos cuando están rodeados de personas no creyentes. Se avergüenzan de decir que Cristo esta cambiando sus vidas, no lo honran, no lo reconocen en publico, no testifican de Él. Se avergüenzan de compartir el Evangelio con otros, olvidan contarle las Buenas Nuevas a quienes no han escuchado. El apóstol Pablo dijo: Porque no me avergüenzo del Evangelio porque es Poder de Dios para Salvación, y pese a ello algunos cristianos no dan a conocer a Jesús por temor al que dirán, por miedo a ser rechazados. El Evangelio es Poder de Dios, es algo que proviene de Dios con un fin especifico, Salvar a los que están muertos en sus delitos y pecados, por ende si viene de Dios no tengo que sentir ninguna clase de vergüenza, por el contrario, debo sentirme feliz de comunicar la verdad de Dios al mundo. Tristemente algunos cristianos olvidan que negar a Cristo es algo muy serio, que algo muy peligroso no reconocerlo delante de los demás, pues el mismo dijo:

 A cualquiera que me reconozca delante de los demás, yo también lo reconoceré delante de mi Padre que está en el cielo. Pero cualquiera que me desconozca delante de los demás, yo también lo desconoceré delante de mi Padre que esta en el cielo. (Mat. 10:32-33, NVI).

 Hace unos años vi una película donde un niño corrió con gran desespero a abrazar a un señor al que él llamaba padre, pero esto hombre ignoró completamente aquel gesto de amor. Al ver que el niño lo llamaba padre delante de sus amigos, él hizo oídos sordos, ignoró completamente aquellas bellas palabras, desechó las muestras de afecto que él le hizo, con mucha frialdad separó de sus piernas los brazos pequeños y llenos de amor de su hijo. Ante este momento incomodo, al chiquillo no le quedo otra alternativa mas que irse avergonzado, desilusionado y sobre todo muy triste. Incrédulo además de ver la actitud de su propio padre, estaba impávido de ver que aquel hombre había sido capaz de negarlo delante de los demás.

 Pensando en esto no puedo imaginarme cómo sería si delante de Dios, Cristo dijera que nunca me conoció. Cómo reaccionaría yo si CrisJesucristo judioto me ignorara completamente delante del Padre. Qué haría si cuando el Padre le preguntara si me conoce, Él respondiera que nunca me conoció, que es mas, siente vergüenza solamente de verme. Pero que alegre me llegaré a sentir si Él dijera que por supuesto que me conoce, que sabe quien soy, incluso me llama por mi nombre delante del Padre. Que gozo indescriptible llegaré a sentir si cuando me vea Él sabrá quien soy yo. Si a Él no le da pena decirle al Padre que yo soy Percy Palacios.

 Por estas dos razones necesitamos reconocer a Jesús como el Mesías esperado. Y lo necesitamos reconocer urgentemente, porque Él puede cambiar nuestra vida y regalarnos Vida Eterna. Mi propósito al escribir estos artículos es que tus ojos se abran, y que puedas ver la luz de Jesús. Que no sigas aferrado a una mentira, a una falsa enseñanza o que sigas negando que necesitas un cambio radical en tu vida. Además pretendo que al leer estos artículos ya no tengas ninguna excusa para continuar negando que Cristo es el Mesías.

Espera mañana la tercera parte de esta serie, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

UN MOMENTO DE LUCIDEZ

Y volviendo en sí, dijo: ¡cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
(Lucas 15:17)
 

mujer desesperadaEstoy casi seguro que todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos quedado con la mente en blanco. Máxime cuando estamos en situaciones de mucha tensión, de mucha ansiedad y estrés. Como aquel trabajador que esta sumergido en un mar de papeles, buscando algún documento que su jefe le esta exigiendo urgentemente para resolver un problema en la empresa. O aquella mujer que esta en medio de una crisis hogareña, con niños que lloran, comida que se le quema y puerta que tocan, y no sabe que hacer. O aquel joven que va retrasado rumbo a la universidad, en medio del trafico, sintiendo que no podrá llegar a su examen final y quisiera poder quitar todos los carros que están delante. O aquel hombre que ve como sus bolsillos están vacíos y tiene una familia que alimentar. En fin son muchas las situaciones caóticas que nos pueden llevar a perder los estribos. Que nos pueden desarmar y dejarnos paralizados. Pero, en medio de esos momentos de mucha tensión podemos tener también momentos de lucidez, momentos de sensatez, que pueden ser de escasos segundos pero son suficientes para cambiar el rumbo de nuestra vida.

Este es precisamente en el punto en que se encuentra el hijo prodigo en este versículo, teniendo un momento de lucidez. Ahí en medio de los cerdos, el mal olor, el chiquero, las incomodidades y los ruidos de estos porcinos, está viendo como se le abre el panorama de posibilidades para salir de la terrible situación en la que se encuentra. La primera frase es tan reveladora y tan clave para entender lo que sucedió antes y después de la vida de este joven, es en este justo momento que recobra algo que ya había perdido, la razón. En el verso 17 dice: y volviendo en sí [el hijo prodigo] empieza a tomar decisiones, empieza a notar que su vida no esta bien. Pero ¿Qué significa volver en sí? Si pudiéramos definirlo con nuestras palabras se puede decir que es: recapacitar sobre lo que estamos haciendo, volver a ubicarnos, retomar el equilibrio, tener claridad en nuestra mente, saber exactamente hacia donde queremos ir, re direccionar nuestra vida en el rumbo correcto.

el_hijo_prodigo_abandonado

Eso era lo que estaba haciendo el hijo prodigo, pensando con lucidez. Porque el despilfarro de dinero, la vida libertina y las malas decisiones que había tomado este joven lo habían llevado a la desgracia, él ya había perdido la noción del tiempo, había perdido la idea sobre lo que era bueno o malo. Él ya no era el mismo joven de hace unos años o meses atrás, ya no era el mismo joven que se levantaba a tomar su desayuno y hacer algunas tareas en la finca de su padre, o el hijo de papi que pedía y recibía solo con extender la mano, ya ni el brillo de su juventud aparecía en sus ojos, ya no quedaba ni el rastro de lo que había sido porque el pecado lo había desfigurado completamente.

Sabes, el pecado destruye, devasta, corrompe de tal manera nuestras vida que como si tuviéramos lepra y nuestro cuerpo se empieza a caer en pedazos, hasta desfigurarnos completamente. El autor del pecado nos hurta la paz, nos destruye la vida, nos mata las ilusiones. Nos hace que olvidemos de todos los valores que nuestros padres un día nos enseñaron, nos hace perder la dignidad como seres humanos, nos hace que dejemos de lado a Dios y nos volvamos en su contra, que grave error. El pecado solamente nos hace perder nuestra realidad. Nos hace que nos olvidemos que hay gente a nuestro alrededor deseando que volvamos en sí. El pecado hace que nos volvamos egoístas y no midamos el dolor que le causamos a los que nos aman. Borra nuestra sonrisa de los labios, nuestro corazón se empieza a marchitar como cuando una planta se esta muriendo. Pero el hijo prodigo reconsideró sus hechos en un momento de lucidez, pudo ver lo mal que estaba y recapacitó. Su estado espiritual, físico y económico debían cambiar, porque podían cambiar. Y supo a donde quería ir: a la casa de su padre– dijo dentro de si mismo- ahí deseaba volver. Quería volver al lugar de donde nunca debió haber salido, pudo decir.

pecador

Es inexplicable como reaccionamos cuando fallamos, porque generalmente cuando caemos en desgracia, lo que hacemos es huir del lugar menos indicado, nos alejamos de la familia. Y aunque ciertamente la familia sufre cuando fallamos, cuando hacemos lo incorrecto, cuando cometemos errores, sufren porque no esperaban sentir dolor por nuestra causa, también es verdad que sufren porque nos ven derrumbados, abatidos, y destruidos. No deseaban vernos en malas condiciones, por el contrario siempre habían deseado tenerte cerca y verte bien. La familia es un lugar de confort y seguridad del cual nunca deberíamos de huir.

Por ello si tu estas atravesando momentos de mucha tensión, si tu problema se ha agravado tanto, al punto que te sientes perdido, deprimido y agobiado, o si tu situación económica esta entrando en la categoría de ruina y estas empezando a tener malas ideas, o si tu relación con tus padres hizo que te fueras de casa, o si tu relación de pareja esta por destruirse porque ofendiste a tu cónyuge, o si tu relación con tu jefe ya es insostenible y estas pensando largarte y dejar tirado el trabajo, quiero darte estas Semillas de Fe para que puedas tener momentos de lucidez antes de seguir adelante:

1. Reconoce la condición en la que te encuentras y acepta que no es la mejor, porque ese no es el lugar que te corresponde. 2. Ya no te sigas lamentando por la calamidad en la que te encuentras y empieza a actuar con pie firme. 3. Pide perdón a tus seres queridos o aquellos a quienes has ofendido, por mas humillante que esto sea, hazlo. 4. Vuelve a tus principios, retoma el camino a través del arrepentimiento, recuerda que la Biblia dice: que si confesamos nuestros pecados, Él [Dios] es fiel y justo para perdonarnos. 5. Tira los harapos, no continúes guardando la ropa de tu inmundicia. 6. Y la mas importante de todas, vuelve a la senda de la justicia, a la senda que el Padre celestial ha trazado para ti. Vuelve a la casa de tu Padre eterno, a ese lugar de descanso, reposo y paz. Vuelve a los brazos de quien nunca te va juzgar pero quizás con dolor te va restaurar. Vuelve a ese lugar de donde nunca debiste salir. Vuelve a la casa del Dios del imposible. Por ello como siempre haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

arrepentido