SUFRAMOS POR CAUSAS JUSTAS

1Pedro 3:17 dice: pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad De Dios, que por hacer el mal“.

Tres grandes verdades destaco de este pasaje.

  1. Primera verdad: ningún cristiano está exento de problemas, o sufrimientos. No existe ninguno que pueda decir que vive sin problemas porque mentiría. Todos absolutamente todos, desde el pastor mas reconocido, hasta el hermano más desconocido, puede vivir tiempos de zozobra, y angustia. Por ello, si una persona dice: “ven a Cristo y Él acabará con todos tus problemas”, definitivamente no está siendo sincero. Está vendiendo humo. Porque Jesús mismo dijo: “en el mundo tendrán aflicciones…” Por tanto, que quede claro que mientras no estemos en presencia de Dios, siempre estaremos expuestos al sufrimiento y al dolor.

Sin embargo Pedro está diciendo que si has de sufrir que sea por una causa justa, y esa causa es Cristo. Pedro le escribió a una iglesia perseguida, una iglesia martirizada y alejada de casa. Le escribió a una iglesia que estaba siendo acusada injustamente por el gobernante en turno. Una iglesia que estaba sirviendo de chivo expiatorio de un crimen que no había cometido. De esa cuenta entonces, los sufrimientos eran inevitables.

Pero Pedro deja claro, que por esta clase de circunstancias si vale la pena sufrir. Porque Cristo no es una causa perdida, es la mejor causa que una persona puede seguir. Si tú eres misionero y estas siendo perseguido, te digo, estas sufriendo por hacer el bien. Si eres pastor y estas atravesando tiempos difíciles, animo, estas sufriendo por hacer el bien. Si eres líder y estas experimentado pruebas difíciles, sigue adelante porque es por una buena causa. Sin importar lo que hoy vivas, no te desanimes, Dios está contigo.

  1. Segunda verdad, la Soberanía De Dios es permisiva. Hay circunstancias que parecieran estar fuera del alcance de las manos De Dios, pero no es así. En la Biblia tenemos pasajes que nos demuestran de qué manera la Voluntad de Dios es permisiva. Tenemos el caso de Job, Dios permitió que Satanás lo hiriera con una serie de padecimientos, y no de cualquier tipo, pero en su tiempo lo restauró a causa de su fidelidad. Otro caso, el más importante, Nuestro Señor Jesucristo. Dios permitió que en su pasión el padeciera todo tipo de dolor, burlas, golpes, ofensas, escupitajos, etc., porque esa fue Su Voluntad. De no ser así, jamás hubiera dejado que alguien pudiera hacerle daño, o atentar contra la Vida de su Unigénito Hijo.

 En otras palabras estoy diciendo que Dios permite el sufrimiento de sus hijos si es esa su voluntad. Y no porque sea malo, o injusto, o despiadado, sino porque Él conoce que estas situaciones adversas sirven como crisol para purificar su fe (1Pe 1:6). Y quien más que Pedro para saberlo, pues Jesús mismo le advirtió que al igual que a Job, el diablo había pedido permiso para zarandearlo pero Jesús anticipadamente había orado para que la fe de Pedro no fallara y luego de pasada la prueba fortaleciera a sus hermanos (Lc 22:31-32) y todos sabemos cómo fue transformado Pedro, nada más que se volvió el líder principal de la iglesia primitiva.

Dios también puede permitir circunstancias sociales, puede permitir gobiernos rebeldes, abusivos, puede permitir dictadores como vemos en Latinoamérica y otros países, puede permitir malos gobernantes, puede permitir legisladores que defiendan a los animales pero permitan los abortos como recién ocurre en Chile. Puede permitir que se promulguen leyes que impulsen a los homosexuales a vivir a su manera, como lo vemos en USA y otros países que están a favor de este movimiento.

Dios permite todo eso no porque sea un flojo, o esté de acuerdo. Para nada, ni es flojo y para nada estará de acuerdo con tales aberraciones pues Él es un Dios tres veces Santo. Dios desea que todos los hombres vengan al arrepentimiento y al conocimiento de su verdad, pero esta opción tiene fecha de caducidad. Llegará un día, el día grande, donde Él les aplicara su Ley Justa a cada uno de aquellos que decidieron vivir bajo sus propias normas de conducta y entonces ahí será el lloro y crujir de dientes.

  1. Tercera verdad: también se puede sufrir por causas incorrectas. Así como se puede sufrir por causa del Señor Jesucristo, una buena causa como se dijo previamente, también se puede sufrir por causa de acciones pecaminosas. Es decir, se pueden sufrir las consecuencias de una vida desordenada, o pecaminosa. Judas sufrió por traicionar a Jesús. Ananías y Safira sufrieron por tratar de engañar al Espíritu Santo, en el A.T. vemos a Sansón sufriendo por incumplir su voto, y así tantos y tantos personajes que nos pueden servir de ejemplo que sufrieron las consecuencias de sus malas decisiones. Esto para Pedro es lo que considera causas por las cuales no vale la pena sufrir.

En conclusión, mientras estemos en esta tierra, el sufrimiento será parte de nuestras vidas. Dios puede permitir el sufrimiento en nuestras vidas, si es esa su voluntad. Y creyentes como no creyentes estamos expuestos a sufrir con la única gran diferencia que los creyentes saben que Cristo intercede por ellos, que el Espíritu Santo los consuela y no los deja huérfanos. Y sobre todo que un día ese sufrimiento terminará y se transformará en un gozo eterno cuando estemos en presencia de Dios.

Mi deseo es que si estas atravesando tiempos adversos, sean en Cristo y por Cristo y no a causa del pecado. Recuerda todo sufrimiento es temporal, un día el dolor se convertirá en gozo. La tristeza en alegría. Y la angustia en regocijo por toda la eternidad.

Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.  

 

 

EL CLAMOR DEL VIEJO ABRAHAM

Introducción

 ¿Has meditado alguna vez en la calidad del corazón del viejo Abraham? ¿Has pensando en cuánto se angustió su corazón al saber que Sodoma y Gomorra serían destruidas? Si no lo has hecho, déjame contarte muy brevemente algo que hizo Abraham al enterarse del plan que Dios tenía para aquellas ciudades.

      Dice la Biblia:

Entonces dijo Abraham: No se enoje ahora el Señor, y hablaré sólo esta vez; tal vez se hallen allí diez. Y Él respondió: No la destruiré por consideración a los diez. Y el Señor se fue tan pronto como acabó de hablar con Abraham; y Abraham volvió a su lugar. (Gn 18:32-33)

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El clamor del viejo por los pueblos pecadores

Abraham clamó a Dios por un par de ciudades donde el pecado había alcanzado los más altos niveles de ofensa contra Dios. Su conducta ya se había desbordado tanto, que no había más remedio para aquellas ciudades que ser destruidas. Cuando Dios le reveló sus planes a Abraham, de inmediato empezó a clamar para que Dios no destruyera aquellas ciudades. La petición de Abraham delante de Dios fue que si se hallaban cincuenta justos en las dos ciudades Dios desistiría de destruirlas, a lo que Dios aceptó. Sin embargo, Abraham, consciente de la realidad de los pueblos vecinos, bajó su petición de cincuenta justos, a cuarenta, luego a treinta, siguió con veinte y finalmente consideró que diez justos era mas probable que se encontraran. Tristemente es necesario decir que en ninguna de las dos ciudades existían esos diez justos que Abraham reclamaba. Mencioné el corazón de Abraham porque sin lugar a dudas era misericordioso. Estoy seguro que cualquiera de nosotros hubiera clamado a Dios para que las destruyera mas rápido, y no como Abraham que le pidió a Dios que no lo hiciera. Abraham tenía un corazón lleno de compasión sin duda alguna. Aún si las ciudades se salvaban, Abraham no olvidaba a su sobrino Lot.

Solo tres se salvaron por el clamor del viejo

De tal cuenta las dos ciudades con todos sus habitantes menos tres fueron destruidas. Solo Lot y sus dos hijas pudieron salvarse del juicio divino. Es decir que Dios destruyó las ciudades porque no se pudieron hallar ni diez justos en ellas. Pese al clamor del viejo Abraham, Dios cumplió su misión porque aquellas naciones estaban completamente corrompidas. Abraham clamó pero su intercesión fue infructuosa, pero solo en parte. Es verdad que las ciudades fueron destruidas porque habían olvidado a Dios, pero su sobrino e hijas todavía alcanzaron la misericordia de Dios. Tengo que dejar claro que las ciudades fueron destruidas porque no habían diez personas dignas de recibir misericordia y si tres se salvaron fue porque pese a todo aun no se habían corrompido tal como los habitantes de Sodoma y Gomorra lo habían hecho ya.

Ahora, cuando vemos fríamente los números tenemos que pensar que es escalofriante el hecho que en dos ciudades no se hallaran ni diez personas que fueran temerosas de Dios. Que entre todos los habitantes no hubiera diez personas que rindieran adoración verdadera al Dios Todopoderoso. Ante tal hecho debemos cuestionar también nuestra realidad, siglos después de aquel juicio divino: ¿qué pasaría si Dios nos enviará un mensajero para decir que destruirá nuestra nación si en ella no se hallan hombres y mujeres justos? O ¿Qué nuestro pueblo será destruido si en él ya no quedan suficientes personas que adoren a Dios? O si el mensaje fuera: dice el Señor que nuestro barrio o colonia serán destruidas porque ya no existen personas que vivan rendidos a los pies de Cristo. O peor aun, si Dios mandara a decir: “tu familia será borrada de la faz de la tierra porque han decidido darme completamente de sus vidas”. Verdaderamente sería atemorizante un mensaje así.

Por esa razón mi reflexión del pasaje me lleva a decir que: debemos clamar siempre a pesar de la oposición por todas aquellas naciones que aun no conocen a Cristo.

Clamemos pese a la oposición

Aún cuando muchos se oponen a las iglesias, a los servicios que se hacen en las calles, o se oponen a las reuniones de oración, o a las publicaciones evangelísticas en las redes sociales, la iglesia debe seguir clamando a Dios a favor de justos e injustos. Pues por el clamor de esos justos es que las ciudades no han sido destruidas. Es gracias a ese clamor es que aun muchos pueblos están en pie. El pueblo evangélico no es el opio de la sociedad como muchos han dicho, no es un estorbo, o un mal para la sociedad, al contrario, el pueblo de Dios, la iglesia de Cristo es columna y baluarte de cada lugar donde se encuentra. Es la luz que sigue iluminando a las naciones que viven en obscuridad. Gracias al clamor, la intercesión de la iglesia, su a adoración a Dios, es que la ira de Dios aún no se ha derramado sobre este mundo. Pese a que el mundo quiere sacar a Dios de sus vidas, es por la constante intercesión de la iglesia es que Dios no ha consumido a aquellos que aún no se postran delante del Señor Jesucristo.

Clamemos por las naciones que aun no conocen a Cristo

Ciertamente el clamor del viejo Abraham fue infructuoso porque las ciudades hacía mucho tiempo se habían olvidado de Dios, pero, nuevamente digo, fue infructuoso solo en parte por Lot y sus dos hijas se salvaron. Esto significa entonces que la iglesia no debe cesar de clamar a Dios por las naciones que aun no le conocen, porque al fin de al cabo, Dios llevará salvación. Hoy mas que nunca se necesita adoradores que sigan suplicando paz y perdón para aquellos que insisten en alejarse de Dios. La exhortación para todos aquellos que lean este articulo es que mientras aún estemos en esta tierra, no paremos de clamar a Dios para que Su Gracia infinita alcance a muchos pueblos que aún no han sido alcanzados. Para que los pueblos no dejen de lado a Dios. Así cuando sea buscados los justos para salvación de ciudades, se hallen no sólo 50 sino miles de millones de hombres y mujeres fieles a Dios. El pueblo de Dios debe seguir día y noche clamando para que Dios tenga misericordia aún de aquellos que no le temen y le rechazan. No podemos hacer mas que ser la sal y la luz de este mundo.

Así que mientras Jesucristo viene por su iglesia, hagamos lo posible por clamar a Dios y dejemos que Dios haga lo imposible por traer a Cristo a todos aquellos que aun no le conocen.

La granada y el pecado

Mi padre dice que el pecado que cometemos es como la explosión de una granada de mano. La granada explota y afecta a todos aquellos que están en un radio de 30m (así eran las que él conoció cuando prestó servicio militar no sabría decir si ya han cambiado). Es decir que todas las personas que estén dentro de un diámetro de 60m saldrían lastimadas o muertas. Principalmente sí quien la hace explotar no está más lejos que esa distancia. El pecado también afecta a quien lo comete principalmente, a la familia más cercana, y a la familia no tan cercana.

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Entonces dice: lo mejor que puedes hacer es no quitarle el seguro a la granada. Es más, mejor ni considerar tener una en tus manos. La antesala del pecado es la tentación, nadie peca si no se deja seducir primero por la tentación. Cuando te dejas seducir ya le has quitado el seguro a la granada, ya solo falta que te explote. Entonces lo mejor es no permitirse estar cerca, ni contemplar las posibilidades porque esa granada llamada pecado tiene más poder que una bomba atómica. Me despido diciéndote: haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

TODOS ESTAMOS EXPUESTOS DELANTE DE DIOS (1era Parte)

Introducción

Gran discusión se generó hace unos domingos en la iglesia por causa del tema que se compartió. “El pecado que no quedó oculto” fue el punto central de la clase. Hubieron diversas opiniones al respecto. Algunos opinaban a cerca de la severidad con la que Dios había actuado respecto a Acán y su familia. Les parecía que Dios había sido muy duro en la manera que los había juzgado. Otros decían lo contrario. Que Dios había actuado de acuerdo a su carácter justo. Que no había hecho más que lo que debía hacer. Que si Acán había desobedecido la ordenanza divina, Dios podía juzgarlo de acuerdo a ello. Otros opinaban que Dios pretendía sentar un precedente con la manera en que había juzgado la situación. Que Él deseaba dejar claro a todo el pueblo que no toleraría ningún tipo de desobediencia. No porque fuese tirano o algo similar, sino porque Él en su Omnisciencia sabe la repercusión que existe para Sus hijos cuando se contaminan con lo que a Él le desagrada. Dios conoce que la tendencia de quienes desobedecen sus mandamientos es ir en pos de dioses ajenos. En otras palabras, la desobediencia puede terminar en desviación del propósito divino.

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Sin embargo, hubo una opinión que me atrajo poderosamente la atención. Alguien comentó: que bueno que Dios ya no actúa de la misma manera que entonces, si no, cómo nos iría. Entonces de inmediato se me prendieron los focos en mi mente y me hice las siguientes preguntas: ¿Qué ocurriría si Dios nos expusiera delante de todos como lo hizo con Acán? ¿Cómo viviría la iglesia si Dios nos juzgara de la misma manera que lo hizo con él? ¿Cuántos asistentes tendría la iglesia si Dios revelara las verdaderas intenciones que hay en los corazones? ¿Cuántos estarían vivos aún? Entonces mi propósito en este articulo es hablar sobre tres puntos específicamente. Primero, cada pecado tiene consecuencias. Segundo, la Biblia desnuda nuestro interior para arrepentimiento (Dios conoce nuestro corazón). Tercero, Dios nos expondrá a todos en un día futuro pero hoy es paciente. Antes de desarrollar este articulo nos contextualizaremos sobre la situación de Acán, especialmente por aquellos que no conocen su historia.

Contexto

Acán y su familia eran parte de la nueva generación de israelitas que estaban próximos a ingresar a la tierra prometida. Pertenecía a la tribu de Judá (Jos 6:1). Acán es mencionado en la Biblia por desobedecer a Dios. Cada uno de los pasajes que citan su nombre menciona su falta (Josué 22:20; 1Cr 2:7). Pero ¿Qué hizo Acán? El pueblo de Israel como se ha dicho, habían iniciado la conquista de Canaán. Habían tomado ya la ciudad de Jericó y ahora se enfilaban a tomar su segunda ciudad, Hai. Sin embargo, Jehová había sido muy claro en cuanto a que podía y que no podía hacer su pueblo durante esta empresa. Dios les dijo: Y será la ciudad anatema a Jehová, con todas las cosas que están en ella; solamente Rahab la ramera vivirá, con todos los que estén con ella, por cuanto escondieron a los mensajeros que enviamos. Pero vosotros guardaos del anatema; ni toquéis, ni toméis alguna cosa del anatema, no sea que hagáis anatema el campamento de Israel, y lo turbéis. Más toda la plata y el oro, y los utensilios de bronce y de hierro, sean consagrados a Jehová, y entren en el tesoro de Jehová. He subrayado a propósito el numero de veces que Dios repite que tanto la ciudad como las cosas son consideradas para Él anatema.

Anatema tiene dos connotaciones opuestas, por un lado puede entenderse como ofrenda dedicada a Dios (Lc 21:5 “ofrendas volitivas”) como también puede significar maldición. El anatema es el botín que se obtiene de una guerra pero debe ser destruido completamente por considerarse maldito. Dios consideraba a Jericó una ciudad maldita, al igual que todo lo que estaba dentro de sus muros. Personas, cosas, animales, casas, todo, ante los ojos de Jehová era maldito. La razón la encontramos en Dt 9:4,5 Dios repite dos veces que aquellas ciudades, aun cuando son mas grandes y poderosas serán echadas por causa de su impiedad. Además para confirmar el pacto hecho a los patriarcas, Abraham, Isaac, y Jacob. La impiedad de Jericó y todas aquellas naciones era básicamente su veneración a dioses extraños y el culto que les rendían. Las practicas sexuales, así como también los sacrificios crueles de bebés primogénitos a sus dioses, eran algo detestable para Dios. Por eso y muchas otras practicas que no puedo ahondar en este articulo, Dios consideraba a aquellas ciudades como malditas y por esas practicas debían ser expulsados completamente de la tierra que Dios prometió a Israel. Israel no podía dejar a nadie de esas ciudades cohabitar con ellos para que no fueran desviados de Dios a causa de sus creencias. No podían emparentar, ni comulgar con ninguna de sus practicas. Debía vivir al margen de esos pueblos.

Después de todos estos antecedes descritos, es mas fácil entender lo grave del pecado de Acán. Dice la Biblia que Acán desobedeció a Dios tomando parte del botín y esto encendió la ira de Dios contra los hijos de Israel (Jos 6:1). En la antesala de la conquista de Hai, Acán trajo maldición a todo el pueblo. Su pecado trajo derrota a los ejércitos israelíes. Josué, el líder, contrariado por la derrota sufrida, y desconociendo lo que Acán había hecho, cuestionó a Dios: ¡Ah, Señor Jehová! ¿por qué hiciste pasar a este pueblo el Jordán, para entregarnos en las manos de los amorreos, para que nos destruyan? ¡Ojalá nos hubiéramos quedado al otro lado del Jordán! ¡Ay, Señor! ¿Qué diré, y que Israel ha vuelto la espalda delante de sus enemigos? (Jos 7:7,8). Entonces Dios le respondió: levántate, ¿por qué te postras así sobre tu rostro? Israel ha pecado, y aun han quebrantado mi pacto que yo les mandé; y también han tomado del anatema, y hasta han hurtado, han mentido, y aun lo han guardado en sus enseres (Jos 7:10).

En otras palabras, Israel había sido derrotado por la desobediencia de un hombre, Acán. Josué comenzó su labor detectivesca y rastreó dentro de todas las familias al responsable de tal pecado. Las investigaciones lo llevaron hasta la residencia de Acán. Confrontado por Josué, Acán confesó su falta: verdaderamente yo pecado contra Jehová el Dios de Israel, y así he hecho. Pues vi entre los despojos un manto babilónico muy bueno, y doscientos siclos (doscientas monedas) de plata, y un lingote de oro de peso de cincuenta siclos (medio kilo), lo cual codicié y tomé; y he aquí que esta escondido bajo tierra en medio de mi tienda, y el dinero debajo de ello (Jos 7:20,21). Lo único que restaba a Josué era encontrar el cuerpo del delito. Una vez encontrado, Dios emitió su sentencia. Acán debía ser ejecutado. Fue apedreado y quemado él, su familia y el objeto de su pecado (7:25). Y como venía siendo costumbre, levantaron un montón de piedras para sentar un precedente dentro de todo el pueblo de Israel. Ahora, ves el por qué de los comentarios diversos emitidos durante la clase dominical.

Veamos algunas conclusiones que podemos sacar para luego ver los siguientes puntos: un pecado cometido por un solo hombre afectó a todo el pueblo. Un pecado no confesado repercutió en el infractor y en toda la familia. Dios no pudo ser burlado por muy bien escondido que tuviera su pecado Acán. La condena no fue injusta dado que Dios había sido muy claro respecto a lo que Israel no debía hacer. Dios nunca es injusto cuando disciplina. Todo pecado siempre acarrea consecuencias. Cuando Dios nos confronta es correcto enfrentar nuestras faltas. En el siguiente articulo veremos los tres puntos mencionado en los prolegómenos, mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

REVELANDO A CRISTO DESDE LA PRIMERA EPISTOLA DE JUAN (2da. Parte)

Introducción

En el articulo anterior mostramos una de las evidencias mas contundentes que anulan la idea Arriana sobre que Cristo no es Dios. Vimos como el apóstol Juan muestra la eternidad y la preexistencia de Jesucristo tal como Dios. Además pudimos ver que Cristo no solamente es eterno sino que además tiene la potestad de dar eternidad a quienes ponen su fe en Él. Ahora, para continuar con esta apología de Cristo en contra de aquellos que niegan su Deidad, veremos algunos de sus atributos semejantes a los de Dios pues Él es Dios. Éste será un argumento más, para evidenciar que Cristo es la Segunda Persona de la Trinidad.1761

Primer atributo, Jesús es fiel

Dios Padre posee distintos atributos. Los teólogos han hecho una división entre los atributos comunicables de Dios y los atributos incomunicables. Dentro de los atributos comunicables existe otra clasificación. Wayne Grudem habla sobre atributos que describen el ser de Dios, atributos mentales, atributos morales, atributos de propósito y atributos sumarios. La veracidad o fidelidad de Dios se encuentra dentro del grupo de atributos mentales de Dios según lo que describe Grudem. La definición que nos dice es: la veracidad de Dios quiere decir que Él es el Dios verdadero, y que todo su conocimiento y palabras son a la vez verdad y la norma suprema de la verdad[1]. Uno de los conceptos que podemos resaltar de esta definición es que Dios fiel. Que todo el tiempo podemos confiar en Él porque no cambia. Cuando Dios promete algo se cumple, o en palabras del apóstol Pablo: porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la Gloria de Dios.

De igual forma Cristo es veraz. En Cristo podemos confiar. Sus promesas también son confiables. Sus palabras también son verdaderas. La evidencia que encontramos dentro de la Biblia lo comprueba. Jesús antes de sufrir la muerte lo anunció tres veces y esa palabra se cumplió. Prometió que el Espíritu Santo sería enviado luego que Él partiera al Padre y así fue. Dijo que habría persecuciones por Su causa y fue así en aquel tiempo y lo es así todavía. Anunció que no quedaría piedra sobre piedra del templo en Jerusalén y así fue. Estas son solo algunas de las evidencias que podemos decir, porque tal como dijo el apóstol Juan si se escribiera todo lo que hizo, los libros no cabrían en todo el mundo (Jn 21:25). Ahora, en la primer epístola de Juan también podemos observar versos que demuestran la veracidad de Cristo, su fidelidad como uno de sus atributos.

Jesús es fiel para perdonar nuestros pecados. En 1:9 dice: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Este verso revela el primer propósito que Cristo tuvo con su arribo al mundo, salvarlo de la condenación eterna. Es decir, que cuando una persona puede verse delante de la Santidad de Cristo como el mas vil de los pecadores, reconoce esa condición y se arrepiente, Jesús lo perdonará. De ninguna manera sería condenado sin antes tener la posibilidad de recibir el perdón de pecados. Cuando Jesús hablaba con Nicodemo le decía que Él no había venido para condenar al mundo sino para salvarlo (Jn 3:17). Cuando una persona no rechaza a Jesús, sino que lo recibe y cree en su nombre, Dios lo hace parte de la familia de la fe (Jn 1:12). Jesús vino para proveer la única posibilidad que tenemos las personas de poder acercarnos al Padre, Él mismo. Por eso en Juan 5:24 dijo: de cierto, de cierto os digo: el que oye mi Palabra, cree al que me envió tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Jesús es veraz, es fiel, y no miente. Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lc 19:10). Si confesamos nuestros pecados, Jesús es fiel y también es justo para perdonarnos. Él no quiere que las personas padezcan la ira de Dios. Él no busca personas que estén limpias de pecado, Él busca personas que reconozcan su condición y que vengan a Él, porque aquellos que se acercan no son rechazados (Jn 6:37). Su pasión y muerte buscaba que las personas pusieran su fe y su esperanza en ese sacrificio final para alcanzar la vida eterna.

Jesús es fiel para cumplir sus promesas. Jesús no solamente es fiel para perdonar nuestros pecados sino que también lo es para cumplir las cosas que Él nos ha prometido. En 5:14-15 dice: Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Recordemos que la centralidad de este escrito es la fidelidad de Cristo como uno de sus atributos y que nuestro objetivo es rebatir la postura de aquellos que niegan que Cristo es Dios. Digo esto porque ante la exposición que Juan hace respecto a la Deidad de Jesucristo parece poco probable que no alcancemos nuestro objetivo. Observa con atención que el apóstol dice: esta es la confianza que tenemos en Él. Es habitual que una persona confíe plenamente en algo o en alguien cuando esto es verdadero. Una persona no confía fácilmente en un medico charlatán –por ejemplo– o en la medicina de dudosa procedencia.

Tampoco las personas confían fácilmente en una persona que les ha mentido constantemente, o que les ha fallado un sinfín de veces, o que incumple sus promesas. Pero Juan está diciendo que existen una plena confianza porque Jesús es verdadero. Jesús dijo de sí mismo: yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino es por mí (Jn 14:6). Dijo también: y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8:32), hablando de sí también. Sume esto también: cuando Jesús habló de su muerte dijo que al tercer día resucitaría y Juan fue testigo fiel de su resurrección. Presenció la manifestación gloriosa del Hijo de Dios. No encontramos mentiras o contradicciones que nos lleven a no confiar en Él. Habiendo demostrado la fiabilidad de Él es necesario decir que cuando nosotros oramos de acuerdo a los propósitos de Dios o bajo Su Voluntad, podemos confiar que nos oye. A pesar que Dios es eterno, Él esta cerca de sus hijos. Cristo al igual que Dios no es ajeno a nuestras necesidades, no hace caso omiso a nuestros problemas o a no es ajeno a lo que transcurre en nuestra vida. Dios escucha, y no solo eso, dice el apóstol Juan que ya podemos dar por sentado que nuestras peticiones serán respondidas. Posiblemente no en la forma tal cual nosotros pedimos sino conforme a la sabiduría de Dios. En Cristo nuestras peticiones tienen eco. Él es fiel para responder nuestras peticiones. La clave es pedir de acuerdo a Su Voluntad. Pedir aquello que no es para satisfacer nuestras pasiones, o que sean para envanecernos. Todo cuanto pedimos debe dar Gloria a Dios.

Concluyo brevemente diciendo: Jesús no cambiará, Él es confiable y es veraz. Si aun no has puesto toda tu confianza en Él yo te invito a que lo hagas, no vas a arrepentirte. Jesús permanece fiel –dice Pablo–aunque fuéremos nosotros infieles, Él no puede negarse así mismo (2Ti 2:13). Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Wayne Grudem Teología sistemática (Miami: Editorial Vida, 2007), 201.

LA BURRA MARTINA (Conclusión)

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Resista los deseos de la carne

En la primera parte de este articulo, hablamos sobre las luchas que cada creyente tiene, dijimos que muchas veces la carne gana la batalla, explicamos que la carne es débil, nos arrastra, pero que tarde o temprano las facturas por nuestros actos pecaminosos se pagan. Así que en esta segunda parte permite hablar sobre como podemos enfrentar estas luchas constantes que tenemos. Permítame ofrecerle algunos breves consejos para ayudarlo con esa difícil tarea que es resistir los deseos de la carne.

  1. Comprenda que hemos muerto al pecado

El apóstol Pablo escribió: “Nosotros, que hemos muerto al pecado, ¿cómo podemos seguir viviendo en él? (Ro 6:2b)”. Lo que significa esto es, que un día Dios nos convenció por medio de su Santo Espíritu que el pecado nos había convertido en muertos vivientes. Aunque andábamos en este mundo nuestro espíritu estaba muerto por causa del pecado. Fue así que aceptamos el regalo de la vida que Dios nos ofrecía. Morimos al pecado y resucitamos para vida eterna aun sin que nuestro cuerpo muriera. Decidimos matar esa naturaleza pecaminosa porque entendimos que de esa manera ofendíamos a Dios. Si estamos unidos en la muerte de Cristo, resucitaremos en vida eterna.

  1. Entienda que el dominio del pecado ha sido roto

“Sabemos que nuestra vieja naturaleza fue crucificada con él para que nuestro cuerpo pecaminoso perdiera su poder, de modo que ya no siguiéramos siendo esclavos del pecado, porque el que muere queda liberado del pecado” (Ro 6:6-7). Antes de Cristo teníamos un amo, el diablo, quien nos dominaba, manejaba nuestra vida a su sabor y antojo, él prácticamente hacía de nosotros lo que deseaba. Nos convencía que satisfacer nuestros deseos era lo mejor para nosotros. Pero una vez Cristo se manifestó en nosotros ese dominio se terminó. Cristo rompió las cadenas que nos tenían atados a ese amo cruel. No podemos seguir obedeciendo a un amo que ya no tiene autoridad sobre nuestras vidas. Es como seguir trabajando para una empresa a la cual ya no pertenezco. Por ello en el mismo capitulo dice Pablo: “ustedes considérense muertos al pecado, pero vivos para Dios en Cristo Jesús. Por lo tanto, no permitan ustedes que el pecado reine en su cuerpo mortal, ni obedezcan a sus malos deseos” (Ro 6:11-12).

  1. Ofrezcan su cuerpo como instrumento de justicia a Dios

“No ofrezcan los miembros de su cuerpo al pecado como instrumentos de injusticia; al contrario, ofrézcanse mas bien a Dios como quienes han vuelto de la muerte a la vida, presentando los miembros de su cuerpo como instrumentos de justicia. Así el pecado no tendrá dominio sobre ustedes, porque ya no están sujetos bajo la ley sino bajo la gracia” (Ro 6:13-14). Como hemos dicho, esto se trata de decisiones. Una persona que entiende que ha muerto al pecado, que ya no existen ataduras con su antiguo amo, debe decidir que hacer con su cuerpo. Debe decidir si quiere utilizarlo para lo que es bueno o para lo que es malo. Quizás para ilustrarlo de mejor manera diría que es tal como si usted compre una súper computadora. Ella en sí misma es amoral, no posee moralidad alguna. Usted decide si la usa para trabajo, o la utiliza para ver pornografía. Puede aprovechar su rendimiento para su trabajo y sacarle todo el jugo a esa maquina, o puede degradar su mente viendo toda clase de basura. De la misma manera con su cuerpo. Usted decide si lo utiliza para alabanza del nombre de Dios o para vergüenza de usted mismo. Si no quiere que el pecado tenga dominio sobre usted presente su cuerpo para lo que es bueno y agradable a Dios.

  1. Ore y manténgase alerta

En el pasaje que citamos de Mateo, Jesús conocía que la carne es débil, que siempre esta indispuesta, siempre quiere hacer lo que gusta, por ello recomendaba que sus discípulos “velaran y oraran para que no entraran en tentación” (Mt 26:41a). Observe con cuidado que Jesús habla de tentación no de pecado. Que estén alertas y orando para ni siquiera caer en tentación. La tentación es la antesala del pecado. Nadie peca de inmediato, previo a hacerlo medita en su corazón. Desea, cavila, maquina las cosas y eso es la tentación. Cuando comienza a considerar que algo o alguien le dará satisfacción esta siendo tentado. Pero Jesús dice, estén alertas, cuando empiecen a darse cuenta que algo que no es bueno para ustedes los atrae demasiado mejor oren. Háblenle a Dios sobre sus debilidades porque de no hacerlo, cuando menos lo sientan estarán pecando. Por ello es necesario hacerse constantemente un auto análisis para observar cuando estamos a punto de caer en tentación. Y así de inmediato someternos a Dios. Eso me lleva a mi siguiente recomendación.

  1. Sométase todo el tiempo a Dios

Santiago 4:7 dice, “Así que sométanse a Dios. Resistan al diablo, y él huirá de ustedes”. No hay mejor forma que resistir los deseos de la carne cuando nos sometemos a Dios. Cuando le decimos a Dios que Él no permita que nuestros deseos pecaminosos germinen en nuestro corazón. Someterse a Dios es cederle todos los permisos a Él de nuestra vida. Es someter nuestro deseo sexual, someter nuestro deseo mundano, es someter nuestro orgullo, nuestro machismo o feminismo. Es someter nuestra boca, nuestra mano, nuestro cuerpo en general. Es someter nuestros pensamientos pecaminosos a Él. Una vez que estemos bajo la voluntad maravillosa y soberana de Dios al diablo será mas fácil resistirlo. Nada tendrá que hacer con nosotros cuando nos ve siendo obedientes a Dios. Por su puesto que siempre buscará las formas de hacernos caer pero le será imposible mientras sigamos bajo esa cobertura divina.

  1. Evalúe las consecuencias futuras

Finalmente, vuelvo a citar al apóstol Pablo en su carta a los Gálatas, “El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna” (Gal 6:8). No imagino cómo será el castigo eterno. Lo único que alcanzo a comprender es que la vida eterna será un regocijo. Será increíble poder estar en la presencia de Dios, frente a Cristo, rodeado de multitud de testigos, de hombres que fueron fieles a Dios que sacrificaron sus deseos terrenales y decidieron por los galardones celestiales. Y eso, eso si que me emociona. Evaluar las consecuencias futuras constantemente nos ayudará a saber que perdemos un gozo eterno por una “felicidad” temporal y francamente no vale la pena. La carne siega muerte, el espíritu segará vida eterna en Cristo Jesús. Por esa razón bien vale la pena decirle no a la carne por mas atractiva que parezca lo que esté delante de nosotros.

La burra Martina le dio batalla a su amo. Pasaron varios minutos antes que finalmente Martina obedeciera. No fue fácil porque sin que yo pudiera notarlo, aparecieron mas personas para ayudar a aquel hombre. Solo así Martina se quitó del camino.

7. Busca ayuda con hermanos maduros en la fe 

Lo cual también me lleva a decirte que cuando tú creas que no puedes mas con alguna situación, busca a hombres confiables, que sean espirituales, que sean amorosos y pídeles que te ayuden con esa tentación o ese pecado que esta estorbando tu vida. No dejes que un deseo te convierta en esclavo de una pasión.

Me despido, como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

LA BURRA MARTINA (1era Parte)

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Introducción

A lo largo de mi carrera laboral he tenido que viajar a muchos lugares. Esto me ha permitido ver muchas cosas, algunas curiosas y otras impresionantes. He podido disfrutar de bellos paisajes, amaneceres y atardeceres. He conocido a muchas personas también. De la misma manera he presenciado cosas graciosas. Por ejemplo, cierto día andando por un camino rural me encontré en una bifurcación, me confundí por algunos minutos porque no sabía exactamente cuál era el camino que debía tomar. No había un letrero que señalara mi lugar de destino, ni había tampoco alguna persona que me orientara hacia donde debía dirigirme. Pensé mucho antes de decidir porque no podía arriesgarme a tomar un camino equivocado ya que esto me representaría horas de trabajo perdidas. Decidí confiar en mi instinto y tomé por el camino de la derecha. Sin embargo no pude avanzar mas de 500 metros. Tenía otra dificultad.

Un campesino luchaba con su burra Martina que se había estacionado a mitad del camino (supe su nombre porque él así la llamaba). La tenía cargada con leña, y por mas que él la jalaba, ella simplemente se había parado. El campesino estaba consciente del peligro que corrían estando en el medio del camino, además que estorbaban a los viajeros (aunque no eran muchos), él la jalaba y la jalaba. Él quería que ella fuera hacia la derecha y ella parecía que por molestar tiraba hacia el otro lado. ¡Arre Martina! Le gritaba vez tras vez, y ella simplemente no obedecía. Por mas veces que él jalaba del lazo, igual numero de veces ella se resistía. Ella estaba empecinada en no ceder ante las órdenes de su amo. Me atrevo a decir que ella a propósito estaba dispuesta a contradecirlo. La burra Martina no obedecía a su amo. Mas bien parecía que ella era el amo del campesino. La fuerza de la burrita podía mas que la fuerza del campesino. La burra Martina no cedía un ápice, ni respetaba lo que su amo le insistía que hiciera.

 

Cada creyente tiene sus luchas individualmente

 Mientras mas observaba al campesino y a su burra Martina, más me identificaba con la situación. Mas pensaba en mí y en mis luchas. Mas comprendía que así es la vida espiritual de cada creyente, luchamos por ir hacia a un lugar pero tal parece que como Martina nuestro cuerpo no responde. Estoy seguro que la gran mayoría del tiempo estamos pensando en hacer las cosas que nos convienen pero a veces hacemos exactamente lo contrario. Deseamos ir en una dirección espiritual y nuestra carne se resiste a avanzar. El apóstol Pablo lo explicó de forma perfecta. Él dijo: No entiendo lo que me pasa, pues no hago lo que quiero, sino lo que aborrezco, (Ro 7:15 NVI). Por supuesto el apóstol Pablo no estaba en un pecado recurrente. Pero sí afirmaba que existen ocasiones en las que estás consciente sobre lo que debes hacer y no lo haces. Es como dice Santiago “el que sabe hacer lo bueno y no lo hace comete pecado” (St 4:17).

Repito, la gran mayoría de los creyentes verdaderos lucha contra sus deseos de pecar. Esta constantemente jalando hacia una dirección opuesta para no caer en la tentación. Su espíritu se resiste a hacer las cosas que la carne quiere, pero en este estira y encoje, muchas veces la pelea la gana su carne. El Señor Jesús les decía a sus discípulos en el Getsemaní: “Velad y orad, para que no entréis en tentación; el espíritu a la verdad esta dispuesto, pero la carne es débil” (Mt 26:41).

        La carne es débil

Así es, la carne es débil, la carne siempre esta queriendo sembrar para la carne misma. La carne siempre quiere auto satisfacer sus deseos. No existe ninguna persona que niegue que pecar es placentero. Por su puesto que lo es. En el momento que una persona peca satisface sus emociones, sus sentimientos, sus deseos mas profundos. Por unos instantes la persona que peca se siente satisfecho cuando le da al cuerpo lo que le pide. Pero lea con atención que dije, por unos instantes.

Déjeme darle unos ejemplos para explicarlo mejor. Cuando un hombre bebe licor, afirma que disfruta hacerlo, ríe con sus compañeros de juerga, bromea, se desinhibe, es capaz de conquistar mujeres, de bailar, es capaz de hacer cosas que sobrio jamás haría. Pero esa sensación le durará unas horas. El resto sentirá malestares estomacales, devolverá el estomago, estará mareado, perderá la consciencia, y no digamos la resaca del día siguiente. Su satisfacción será temporal. Lo mismo sucede con el hombre que desea a una mujer. La conquista, la seduce, siente como todas sus hormonas se alborotan en su cuerpo cuando la obtiene, y ni digamos el gran placer que sentirá si llega a tener relaciones sexuales con ella. Su cuerpo lo disfrutará. Por su puesto que ese momento será placentero. Pero las consecuencias posteriores pueden ser desastrosas.

      La factura se debe pagar

Satisfacer nuestros deseos carnales no trae consecuencias benéficas para nosotros. Todo lo contrario, nos garantiza que tarde o temprano nuestro cuerpo nos pasará la factura. Ya sea en forma de una enfermedad, como SIDA, cirrosis, o bien puede provocarnos hasta la muerte. Pero eso aun es lo menos que debe preocuparnos, porque la consecuencia mas seria es la espiritual. El apóstol Pablo a los Gálatas les dijo: “El que siembra para agradar a su naturaleza pecaminosa, de esa misma naturaleza cosechará destrucción; el que siembra para agradar al Espíritu, del Espíritu cosechará vida eterna” (Gal 6:8). Quiere decir entonces que existen dos maneras en las que una persona puede sembrar en su vida. Una es autosatisfaciendo sus impulsos y deseos pecaminosos. Y otra, sometiendo esos deseos al dominio del Espíritu Santo. En otras palabras yo decido si quiero que la fuerza de la carne me arrastre, o me opongo sometiéndome a la voluntad de Dios. En ambos casos tendremos una cosecha. Una cosecha de dolor o una cosecha de gozo. Entiendo que el apóstol Pablo esta diciendo que si bien el cuerpo jala para un lado y el espíritu quiere ir en otra dirección, lo correcto es no ceder. Lo sabio es no hacer lo que la carne me impulsa a hacer principalmente porque la factura que pagará la carne será muerte eterna para el espíritu.

En el siguiente artículo te daré algunas recomendaciones para no ceder ante los deseos de la carne. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.