LLAMADO PARA LLAMAR A OTROS

Lucas, el evangelista, nos cuenta que Jesús le dijo a Mateo o Leví, como también se le conoce: “Sígueme“. Al instante dice que se levantó y dejó la mesa de los tributos y lo siguió. Lo siguiente que nos cuenta es que Mateo ofreció un banquete al Señor donde además de los otros discípulos, también fueron invitados otros recaudadores de impuestos, amigos suyos. A simple vista esto no tiene nada de extraordinario. Al contrario, es lógico pensar que si una persona ofrece una cena a quienes debe invitar son sus amigos. Compañeros de trabajo, familia, etc.

Por supuesto esto no fue bien aceptado por todos. Especialmente por los fariseos y maestros de la Ley. Se escandalizaron a ver a un Rabino sentado con esta clase de gente a quienes se les consideraba de baja calaña, unos viles pecadores. Ante tal escándalo, Jesús hizo una de las declaraciones que a mi consideración particular es una de las más extraordinarias que he leído en la Biblia. Él les dijo: “No son los sanos los que necesitan médico sino los enfermos. No he venido a llamar a Justos sino a pecadores para que se arrepientan (Lc 5:31-32)“. Imagino la cara de frustración que pusieron aquellos hombres cuando el Señor dejó de manifiesto cuál era su labor en la tierra. De esto por lo menos 4 Semillas podemos Sembrar en nuestro corazón.

  1. Gracia irresistible. Cuando Jesús vio a Mateo, no leo ningún diálogo entre ellos. Solo una palabra: Sígueme. No sé qué mirada hizo el Señor pero Mateo no pudo resistirse a su voz. Cuando estamos cara con el Señor y nos llama, nadie puede resistirse a Él.
  2. Gratitud. La respuesta de Mateo al llamado del Señor fue un banquete ofrecido en Su honor. Imagino que Mateo no sabía qué hacer con ese gozo que sentía luego que el Señor lo llamó y en lo único que pensó fue ofrecerle un banquete. Una gran lección para nosotros, porque si bien no le podemos ofrecer un banquete, si podemos adorarle con nuestro servicio, obediencia, devoción, etc. El banquete de Mateo fue una expresión de adoración hacia el Maestro.
  3. Comisión. Mateo entendió que Jesús lo había perdonado. Comprendió que el Señor lo había traído de las tinieblas a La Luz. Solo él y el Señor sabían en que condición estaba su corazón cuando Jesús lo llamó. Y solo Mateo podía saber que necesidades tenían también sus compañeros de trabajo, por eso pensó que ellos también debían escuchar el mensaje de Cristo. Pensó que estando presentes en la cena ellos también podían ser llamados al arrepentimiento y experimentar lo que él estaba sintiendo. De igual manera nosotros estamos comisionados para llamar a otros. Familiares, amigos, compañeros de trabajo, de escuela, de universidad, etc., para que conozcan al Señor y experimenten lo que nosotros hemos experimentado.
  4. Reconciliación. Jesús lo tuvo claro desde antes de la fundación del mundo, Él venía a este mundo siendo Dios, para reconciliarnos con
    el Padre. Él sabía que la única manera en que su pueblo, y todos regresemos al Padre, era y es a través de Él. Las personas buscaban la forma de agradar a Dios para encontrarlo. Pero Jesús nos encuentra primero para luego poder agradar al Padre. Jesús vino con una misión que consumó en su muerte y resurrección. Hoy sigue llamando a pecadores, a enfermos espirituales. Él es el camino, la verdad y la vida y nadie va al Padre sino es por Cristo.

Me despido como siempre diciendo: Haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

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MEDICO CHARLATÁN

No sé cómo me sentiría si fuera donde el médico y él para no ofenderme o para no herirme, o hasta para no enojarme, en lugar de decirme que tengo cáncer me dijera que tengo una enfermedad común. Que en realidad lo que medico charlatantengo no es para preocuparme. Que con simples analgésicos estaré bien, sabiendo él, que en realidad me estoy muriendo. Quizás me sentiría enojado, y decepcionado, y hasta frustrado si en la agonía descubro la verdad. Porque él sabiendo la realidad, calló, mintió y no fue responsable para decírmela y por no llamar por su nombre a las cosas estoy padeciendo.

Es precisamente por eso que Dios a través de su Palabra nos examina y nos diagnostica de forma verdadera. Llama pecador a quien lo es. Y no solo eso, sino que también le dice cuan pecador es. Y aún va más allá, a cada afrenta del ser humano la llama por su nombre. Sea mentira, blasfemia, hipocresía, homosexualidad, envidia, odio, asesinato, etc. Él lo llama tal cual es. Y lo hace precisamente para que todos sepamos que Dios es justo. De esa cuenta al enfrentarlo nadie puede alegar ignorancia. Dios no oculta la verdad, o la disfraza o la suaviza para no herirme. Y no lo hace porque quiere que me de cuenta de mi condición, que confiese, me arrepienta y acepte la sanidad de mi alma a través de su perdón.Si Dios sabiendo la consecuencia que sufriré si no cambio, no me lo dice tal cual es, entonces Dios no sería justo y tampoco sería amor. Porque por su justicia somos juzgados. Y solo alguien que no ama a otra persona, prefiere ocultar, mentir o disfrazarle la verdad.

Por ello la Semilla de Fe que quiero sembrar en tu corazón es:

Predica el Evangelio no adulterado, el puro, sin mácula, tal cuál es. Y si ofende a más de uno, que bueno será porque entonces sabrás que estas predicando el kérigma de Dios. Si no ofende a nadie entonces deberás preocuparte porque entonces significa que ya has adulterado el mensaje. Además si tú conoces la verdad y no la dices o la disfrazas o la maquillas para no ofender serás como aquel medico charlatán que con su silencio mata a sus pacientes. Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

EL CLAMOR DEL VIEJO ABRAHAM

Introducción

 ¿Has meditado alguna vez en la calidad del corazón del viejo Abraham? ¿Has pensando en cuánto se angustió su corazón al saber que Sodoma y Gomorra serían destruidas? Si no lo has hecho, déjame contarte muy brevemente algo que hizo Abraham al enterarse del plan que Dios tenía para aquellas ciudades.

      Dice la Biblia:

Entonces dijo Abraham: No se enoje ahora el Señor, y hablaré sólo esta vez; tal vez se hallen allí diez. Y Él respondió: No la destruiré por consideración a los diez. Y el Señor se fue tan pronto como acabó de hablar con Abraham; y Abraham volvió a su lugar. (Gn 18:32-33)

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El clamor del viejo por los pueblos pecadores

Abraham clamó a Dios por un par de ciudades donde el pecado había alcanzado los más altos niveles de ofensa contra Dios. Su conducta ya se había desbordado tanto, que no había más remedio para aquellas ciudades que ser destruidas. Cuando Dios le reveló sus planes a Abraham, de inmediato empezó a clamar para que Dios no destruyera aquellas ciudades. La petición de Abraham delante de Dios fue que si se hallaban cincuenta justos en las dos ciudades Dios desistiría de destruirlas, a lo que Dios aceptó. Sin embargo, Abraham, consciente de la realidad de los pueblos vecinos, bajó su petición de cincuenta justos, a cuarenta, luego a treinta, siguió con veinte y finalmente consideró que diez justos era mas probable que se encontraran. Tristemente es necesario decir que en ninguna de las dos ciudades existían esos diez justos que Abraham reclamaba. Mencioné el corazón de Abraham porque sin lugar a dudas era misericordioso. Estoy seguro que cualquiera de nosotros hubiera clamado a Dios para que las destruyera mas rápido, y no como Abraham que le pidió a Dios que no lo hiciera. Abraham tenía un corazón lleno de compasión sin duda alguna. Aún si las ciudades se salvaban, Abraham no olvidaba a su sobrino Lot.

Solo tres se salvaron por el clamor del viejo

De tal cuenta las dos ciudades con todos sus habitantes menos tres fueron destruidas. Solo Lot y sus dos hijas pudieron salvarse del juicio divino. Es decir que Dios destruyó las ciudades porque no se pudieron hallar ni diez justos en ellas. Pese al clamor del viejo Abraham, Dios cumplió su misión porque aquellas naciones estaban completamente corrompidas. Abraham clamó pero su intercesión fue infructuosa, pero solo en parte. Es verdad que las ciudades fueron destruidas porque habían olvidado a Dios, pero su sobrino e hijas todavía alcanzaron la misericordia de Dios. Tengo que dejar claro que las ciudades fueron destruidas porque no habían diez personas dignas de recibir misericordia y si tres se salvaron fue porque pese a todo aun no se habían corrompido tal como los habitantes de Sodoma y Gomorra lo habían hecho ya.

Ahora, cuando vemos fríamente los números tenemos que pensar que es escalofriante el hecho que en dos ciudades no se hallaran ni diez personas que fueran temerosas de Dios. Que entre todos los habitantes no hubiera diez personas que rindieran adoración verdadera al Dios Todopoderoso. Ante tal hecho debemos cuestionar también nuestra realidad, siglos después de aquel juicio divino: ¿qué pasaría si Dios nos enviará un mensajero para decir que destruirá nuestra nación si en ella no se hallan hombres y mujeres justos? O ¿Qué nuestro pueblo será destruido si en él ya no quedan suficientes personas que adoren a Dios? O si el mensaje fuera: dice el Señor que nuestro barrio o colonia serán destruidas porque ya no existen personas que vivan rendidos a los pies de Cristo. O peor aun, si Dios mandara a decir: “tu familia será borrada de la faz de la tierra porque han decidido darme completamente de sus vidas”. Verdaderamente sería atemorizante un mensaje así.

Por esa razón mi reflexión del pasaje me lleva a decir que: debemos clamar siempre a pesar de la oposición por todas aquellas naciones que aun no conocen a Cristo.

Clamemos pese a la oposición

Aún cuando muchos se oponen a las iglesias, a los servicios que se hacen en las calles, o se oponen a las reuniones de oración, o a las publicaciones evangelísticas en las redes sociales, la iglesia debe seguir clamando a Dios a favor de justos e injustos. Pues por el clamor de esos justos es que las ciudades no han sido destruidas. Es gracias a ese clamor es que aun muchos pueblos están en pie. El pueblo evangélico no es el opio de la sociedad como muchos han dicho, no es un estorbo, o un mal para la sociedad, al contrario, el pueblo de Dios, la iglesia de Cristo es columna y baluarte de cada lugar donde se encuentra. Es la luz que sigue iluminando a las naciones que viven en obscuridad. Gracias al clamor, la intercesión de la iglesia, su a adoración a Dios, es que la ira de Dios aún no se ha derramado sobre este mundo. Pese a que el mundo quiere sacar a Dios de sus vidas, es por la constante intercesión de la iglesia es que Dios no ha consumido a aquellos que aún no se postran delante del Señor Jesucristo.

Clamemos por las naciones que aun no conocen a Cristo

Ciertamente el clamor del viejo Abraham fue infructuoso porque las ciudades hacía mucho tiempo se habían olvidado de Dios, pero, nuevamente digo, fue infructuoso solo en parte por Lot y sus dos hijas se salvaron. Esto significa entonces que la iglesia no debe cesar de clamar a Dios por las naciones que aun no le conocen, porque al fin de al cabo, Dios llevará salvación. Hoy mas que nunca se necesita adoradores que sigan suplicando paz y perdón para aquellos que insisten en alejarse de Dios. La exhortación para todos aquellos que lean este articulo es que mientras aún estemos en esta tierra, no paremos de clamar a Dios para que Su Gracia infinita alcance a muchos pueblos que aún no han sido alcanzados. Para que los pueblos no dejen de lado a Dios. Así cuando sea buscados los justos para salvación de ciudades, se hallen no sólo 50 sino miles de millones de hombres y mujeres fieles a Dios. El pueblo de Dios debe seguir día y noche clamando para que Dios tenga misericordia aún de aquellos que no le temen y le rechazan. No podemos hacer mas que ser la sal y la luz de este mundo.

Así que mientras Jesucristo viene por su iglesia, hagamos lo posible por clamar a Dios y dejemos que Dios haga lo imposible por traer a Cristo a todos aquellos que aun no le conocen.

CORAZONES DE DIAMANTE

Introducción

Los diamantes son sin lugar a dudas una de las piedras mas preciosas y mas costosas que existen en la faz de la tierra. Su valor las hace muy codiciables. Su valor es tan alto que hasta le ha costado la muerte, tanto a las personas que las extraen como a quienes las comercian e incluso a quienes los poseen. El diamante es una piedra singular. Por su belleza y valor es la piedra que usan la mayoría de los anillos que se les entregan a las novias. Algunos originales, otros imitación, pero sirve como símbolo de un compromiso en una pareja. Porque su valor representa que el compromiso es de mucho valor también. En cualquiera de sus formas o tamaños, los diamantes son bien remunerados.

La dureza del diamante

Pero no solo esa es la característica de los diamantes. También son reconocidos por ser el material natural mas duro que existe en la faz de la tierra. No hay ningún material mas duro que los diamantes. Mientras que hay materiales que con las uñas pueden ser rallados el diamante solo puede ser rallado por otro diamante. La dureza no es mas que la fuerza que los materiales oponen para ser penetrados, o desgastados, rallados o para ser cortados. El científico Friedrich Mohs estableció una escala para ubicar la dureza de los materiales, datando que el diamante es el mas duro de todos los materiales. También el geólogo austriaco August Karl Rosiwal determinó que el diamante es el elemento mineral que mas resiste a la penetración, desgaste, ralladura, o al corte. Es impresionante que un mineral que puede ser tan bello también posea esta particularidad de ser el material mas duro que existe.

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La dureza del corazón

El corazón del ser humano se parece a los diamantes. Porque por un lado puede irradiar belleza, por el otro también puede ser muy duro. Yo y estoy seguro que tu también, has escuchado la expresión: “que corazón mas bello el que tiene esa persona”. Y también hemos escuchado decir: “esa persona es de duro corazón”. Si, el corazón puede ser o muy bello o muy duro. En la Biblia hay un pasaje que me hizo reflexionar en esta característica del corazón. El profeta Zacarías escribió de parte de Dios: Pero no quisieron escuchar, antes volvieron la espalda, y taparon los oídos para no oír; y pusieron su corazón como diamante, para no oír La Ley ni las palabras que Jehová de los ejércitos enviaba por su Espíritu, por medio de los profetas primeros; vino, por tanto, gran enojo de parte de Jehová de los ejércitos (Zac 7:11,12). El contraste que el profeta hacía con estas palabras era que el pueblo había escuchado que Dios mandaba a que hicieran lo recto delante de sus ojos, que hicieran juicios de acuerdo a la verdad, que hicieran misericordia y fueron piadosos con sus hermanos; que no oprimieran a las viudas, ni a los huérfanos, tampoco al extranjero y a los pobres. Dios les pedía que no albergaran sentimientos malos en contra de su prójimo (Zac 7:8,11). Sin embargo como hemos leído, el pueblo no quiso escuchar. No prestó atención a las palabras de Dios. lejos de recibir en obediencia lo que Dios mandaba: dice que pusieron su corazón como diamante. ¿Entiendes por qué digo que los corazones pueden ser bellos pero también pueden ser duros como los diamantes?

Las consecuencias para un corazón endurecido

El pueblo de Israel tuvo la oportunidad de escuchar a un buen número de hombres que Dios levantó en aquellos tiempos. Jehová de los ejércitos los puso para que anunciaran palabras de arrepentimiento a Su pueblo. Estos profetas verdaderos eran los encargados de llamar a la cordura al pueblo. Les declaraban las palabras de La Ley, y les afirmaban que si obedecían a la voz de Dios, todo el tiempo recibirían Su favor. Pero de no hacerlo así también recibirían juicio divino. –A manera de paréntesis, enfatizo, ‘profetas verdaderos’ porque ellos si hablaban de parte de Dios, lo cual difiere abismalmente con los que hoy día se auto proclaman profetas y no anuncian nada mas que lo que las personas quieren oír.– Sin embargo –para continuar– el pueblo le volvió la espalda a Dios y no quisieron oír. Su corazón no permitía que la Palabra de Dios impactara en ellos. No porque no fuera poderosa sino porque ellos no deseaban escucharla. Nada peor que un corazón endurecido. Bien describió el apóstol Pablo en la carta a los romanos: Pero por tu dureza y por tu corazón no arrepentido, atesoras para ti mismo ira para el día de la ira y de la revelación del justo juicio de Dios (Ro 2:5).

Cada que el pueblo de Dios se negaba a escuchar las demandas de los profetas, mas se acercaban al cumplimiento del juicio divino. A veces cuando leemos someramente la Biblia pensamos que Dios es injusto y condena a la ligera al ser humano. Pero nada mas lejos de la verdad. Dios es paciente, tardo para airarse, grande en misericordia. Y anuncia lo que está por venir con mucho tiempo de antelación para dar oportunidad que las personas se arrepientan. Sin embargo, como dice Pablo, por la dureza de un corazón que no se arrepiente de sus malas obras, el ser humano va acumulando mas elementos que lo condenarán el día que Dios estableció para juzgar al mundo entero. Para un corazón duro y no arrepentido solo puede haber ira divina.

Las consecuencias son serias, y no son injustas, insisto en ello. Porque Dios no quiere que nadie se pierda, pero el hombre decide tomar caminos que le parecen agradables pero son caminos que los llevan a la muerte. Cada que alguien insiste en permanecer lejos de Dios acumula juicio sobre él.

Déjame mostrarte brevemente un ejemplo de un hombre que decidió oponerse a Dios y cuales fueron las consecuencias de sus acciones.

Faraón

El libro de Éxodo nos cuenta como Dios mandó Moisés para que liberara al pueblo de Israel. Le dijo a Moisés y a Aarón su hermano, que se presentaran delante del faraón y le dijeran que debía dejar ir al pueblo para que ofreciera sacrificio a Dios en el desierto. Sin embargo y pese a que pudieron salir el faraón tenían endurecido el corazón. Dios había dicho a Moisés que la empresa sería difícil porque Él mismo Dios endurecería el corazón de faraón (Éx 4:21). Y así fue, Dios multiplicó sus señales y sus maravillas delante de faraón pero este no entendió. No hizo caso a la voz de Dios y sufrió. Nueve plagas en verdad abrumadoras azotaron a Egipto y la décima fue en verdad aun mas dolorosa, pues todos los primogénitos de la tierra egipcia murieron, por supuesto, incluido el primogénito de faraón. Aun así , el faraón solo entendió parcialmente. Porque dejó ir al pueblo, pero luego intentó arremeter contra ellos nuevamente. De la misma manera también pagó las consecuencias cuando sucumbió con su ejercito en las aguas del Mar Rojo.

Similares consecuencias sufrieron otros personajes que decidieron resistirse al impacto de la voz de Dios. El pueblo de Israel se dividió. El reino del norte fue cautivo por los asirios y jamás volvieron a la tierra prometida. Y el reino del sur, como dice Zacarías fue esparcido con torbellino a naciones extrañas. La profecía encontró cumplimiento cuando Babilonia los exilió. Siempre que decidimos oponernos a la voz de Dios las consecuencias son devastadoras. Por la gran dureza de su corazón, –dijo Zacarías– convirtieron en desierto la tierra deseable (Zac 7:14b). Es decir toda la bendición que Dios les entregó desapareció por negarse a escuchar Su Palabra.

El impacto de la Palabra de Dios

Hemos dicho que solo un diamante es capaz de afectar a otro diamante. Es decir para tallar algo duro, solo algo igual, o mas duro puede lograrlo. Lo que intento decir es que la Palabra bendita de Dios es mas bella que los diamantes y mas poderosa también. Solo ella es capaz de quebrantar al corazón mas duro. Quiero usar una de las metáforas descritas por Jeremías para respaldar lo que digo. Dios le dijo a Jeremías: ¿No es mi palabra como fuego, dice Jehová, y como martillo que quebranta la piedra? (Je 23:29). En otras palabras dice Dios que su Palabra tiene suficiente poder para romper cualquier piedra por mas dura que sea. Aun puede quebrantar los corazones mas endurecidos que existen. Dios a través de la Biblia nos puede doblegar. No hay nada que esa bendita Palabra no pueda traspasar. Por ello el escritor de Hebreos la comparó con una espada de doble filo. Él dijo: la Palabra de Dios es viva y eficaz, y mas cortante que toda espada de dos filos; y penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón. Y no hay cosa creada que no sea manifiesta en su presencia; antes bien todas las cosas están desnudas y abiertas a los ojos de aquel a quien tenemos que dar cuentas (He 4:12,13).

Semillas de Fe

Entonces, ¿que debemos hacer?

La primer Semilla de Fe que quiero sembrar en ti es esta:

Escucha la Palabra de Dios pero hazlo creyendo

Dice también el escritor de Hebreos que a los antiguos no les aprovechó escuchar a Dios porque no acompañaron con fe lo que oían (He 4:2). Era como Jesús dijo: el que tenga oídos que oiga (Mt 11:15), crean lo que Dios tiene que decir, para que el Espiritu Santo los convenza de pecado, arrepentirse y así no acumular mas ira para el día venidero. Así como también para hacer de Jesús su Señor y Salvador. Su Juez Justo y su abogado.

La segunda Semilla de Fe es:

Ora para que Dios no permita que tu corazón sea endurecido

Nada mas lamentable que un corazón de diamante. El autor de Hebreos cuenta que el pueblo endureció su corazón ante Dios y como consecuencia Dios juró que toda aquella generación no entraría en su reposo (He 4:3). Dice también ahí que el reposo no era un reposo temporal sino eterno. Entiendes, las consecuencias para un corazón endurecido como hemos visto son severas. Por ello, mi invitación es que todos los días oremos para que nuestro corazón sea sensible a la voz de Dios. Que escuchemos lo que debe decirnos porque al hacerlo viviremos con gozo y paz en nuestro corazón. Y un corazón alegre, hermosea el rostro, y agrego, lo convierte en un rostro mas hermoso que un diamante.

La granada y el pecado

Mi padre dice que el pecado que cometemos es como la explosión de una granada de mano. La granada explota y afecta a todos aquellos que están en un radio de 30m (así eran las que él conoció cuando prestó servicio militar no sabría decir si ya han cambiado). Es decir que todas las personas que estén dentro de un diámetro de 60m saldrían lastimadas o muertas. Principalmente sí quien la hace explotar no está más lejos que esa distancia. El pecado también afecta a quien lo comete principalmente, a la familia más cercana, y a la familia no tan cercana.

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Entonces dice: lo mejor que puedes hacer es no quitarle el seguro a la granada. Es más, mejor ni considerar tener una en tus manos. La antesala del pecado es la tentación, nadie peca si no se deja seducir primero por la tentación. Cuando te dejas seducir ya le has quitado el seguro a la granada, ya solo falta que te explote. Entonces lo mejor es no permitirse estar cerca, ni contemplar las posibilidades porque esa granada llamada pecado tiene más poder que una bomba atómica. Me despido diciéndote: haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

REVELANDO A CRISTO DESDE LA PRIMERA EPISTOLA DE JUAN (3ra. Parte)

Introducción

 En el artículo anterior vimos el primer atributo de Jesucristo a partir de lo descrito por el apóstol Juan en su primera epístola. Vimos que Jesús al igual que Dios es Fiel. Su fidelidad es sinónimo de veracidad. Jesús es alguien veraz. Jesús de la misma manera que Dios no mienten, ni engañan. La confianza que depositamos en Dios Padre puede ser depositada de igual forma con Dios Hijo. Jesús es inmutable en sus propósitos de la misma manera que el Padre. Además de ello, ya que Jesús es Dios, también puede perdonar pecados como el Padre. Dicho sea de paso esta fue una de las razones por las cuales Jesús fue rechazado por las autoridades religiosas de su tiempo. Cuando Jesús sanaba y perdonaba pecados (Cp. Mc 2:5; Lc 7:48) las autoridades veían esto como un acto sacrílego. Consideraban que Jesús blasfemaba al perdonar pecados porque sabía que tal cosa solo el Padre podía hacerla. Sin embargo su Deidad le permitía hacerlo. Jesús es fiel para perdonar pecados dice el apóstol Juan (1Jn 1:9), y también es fiel para cumplir sus promesas (1Jn 5:14-15). En este articulo veremos otro atributo más de Cristo, Su Justicia. Este atributo revela la misma naturaleza que posee la primera persona de la Trinidad.

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Jesús es justo

 La Justicia de Cristo al igual que Su Fidelidad se develan en el vs 9 del capitulo 1. Jesús es tanto Fiel como Justo para perdonar y limpiar todos los pecados de aquellos que los confiesan a Él. Es precisamente esa es la condicional, confesar los pecados, el pasaje dice: si confesamos nuestros pecados Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. La justicia de Dios y la justicia de Cristo, se muestran bajo la humillación de todo ser humano que se arrepiente. El arrepentimiento proviene del vocablo metanoia y significa cambiar de manera de pensar, cambiar de actitud, cambiar de forma de vivir. Ese arrepentimiento llega en el momento que una persona reconoce que su vida es un completo fracaso. Cuando se da cuenta que no tiene paz, que la clase de vida que ha llevado es inútil, infructuosa, sin sentido.

Ahora, esto no sucede por casualidad o error. Para reconocer nuestra pecaminosidad hace falta encontrarse con Jesús. Jesús expone nuestra naturaleza pecadora. Te doy unos ejemplos: cuando Pedro se encontró con Jesús quedó expuesta su pecaminosidad. Él reconoció que Jesús era alguien sobre natural. En el relato de Lucas 5 dice que Pedro y otros hombres habían intentado pescar toda la noche, Jesús apareció en su barca, e intentaron pescar justo en el lugar que Jesús indicó, las redes casi no soportaban la enorme cantidad de peces que habían pescado por obedecer a Cristo. Ese milagro sorprendió tanto a Pedro que no tuvo mas opción que rendirse a sus pies. Dice Lucas 5:8 viendo esto Simón Pedro, cayó de rodillas ante Jesús, diciendo: Apártate de mí, Señor, porque soy hombre pecador. Él supo que Jesús era alguien distinto. Alguien que poseía cualidades completamente sobrenaturales. La sola presencia de Cristo hizo que Pedro entendiera que él era un pecador.

Un ejemplo más: cuando Jesús llegó a Capernaúm se encontró con un oficial del ejercito romano, si, leíste bien, un oficial del ejercito romano, no cualquier oficial, él era un centurión. Alguien que tenía a cargo a un centenar de soldados. Este hombre delante de Jesús se humilló y le rogó que sanase a uno de sus criados. Cuando Jesús le dijo: yo iré y le sanaré (Mt 8:7), aquel hombre quedó expuesto al igual que Pedro. Señor, –dijo el centurión– no soy digno de que entres bajo mi techo; solamente di la palabra, y mi criado sanará. Puedes verlo, ese oficial romano, con tanto poder, pudo haber obligado a Jesús, pero no fue así. Él reconoció que era indigno, es decir que no merecía que Jesús fuera con Él. El centurión comprendía que su pecaminosidad lo apartaba de Jesús. El encuentro con Cristo expuso el pecado del centurión y esto lo llevó al arrepentimiento.

Ambos fueron evidentemente pecadores confesos. Reconocieron a Cristo. Pedro y el centurión poseían orígenes distintos, uno era judío el otro romano. Además estaban en posiciones económicas distintas, uno era pescador y el otro era un oficial romano. Sin embargo ambos reconocieron su pecaminosidad delante de Jesús. Ambos indistintamente de su origen y clase fueron descubiertos por el Hijo de Dios. ¡Oh que gran bendición! El perdón de Cristo puede alcanzar a todo ser humano que confiesa delante de Él que es pecador y que se arrepiente de todo cuanto ha hecho. Jesús es Justo, y no hace acepción de personas. No diferencia entre origen y posición, su justicia es movida por la necesidad del pecador que se arrepiente. Confesarse indigno es reconocerse pecador.

Juan utilizó la palabra jómologeo para decir que aquellos que confiesan o admiten abiertamente sus faltas pueden ser perdonados. Este mismo vocablo es la raíz de homólogo, que significa: “semejante a otra cosa por tener en común con ella características referidas a su naturaleza, función o clase”. Cuando alguien confiesa sus pecados, esta diciendo que reconoce que su naturaleza es contraria a la naturaleza de Dios. Cuando un ser humano comprende que no puede perdonarse así mismo y reconoce que toda su vida le ha fallado a Dios y se humilla y pide perdón, es perdonado. Aunque el pasaje no habla de humillación en sí misma, se requiere vencer todo orgullo, toda vanidad para reconocer que existe pecado. Solamente de esa manera puede hallar reconciliación con Dios. Jesús es justo porque perdona a cualquier ser humano que se humilla y confiesa sus pecados. No importa clase, posición, origen, color, raza, nada, solo basta confesarse pecador.

Concluyo diciendo que Jesús es justo pero también su nombre es Justo Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; –dice el apóstol Juan– y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el Justo (1Jn 2:1), Jesús es justo para perdonar los pecados de quienes se arrepienten y también es un abogado justo que intercede por los Hijos de Dios cuando estos han fallado. Él juzga con justicia porque es Justo. Isa 9:7 dice: lo dilatado de su imperio y la paz no tendrán limite, sobre el trono de David y sobre su reino, disponiéndolo y confirmándolo en juicio y en justicia desde ahora y para siempre. El celo de Jehová de los ejércitos hará esto. Entonces, si Dios es Justo y Cristo es Dios, Cristo es Justo porque es parte de su esencia, negar tal cosa es simplemente no reconocer la evidencia que el mismo texto expone acerca de Jesucristo. Me despido diciéndote como siempre: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

TU AMOR A DIOS SE REFLEJA EN TU AMOR AL PROJIMO

Introducción

Escuché decir a un amigo que le sorprende ver cuanto se niegan las personas en aceptar lo que dice Dios en su Palabra. A lo que le respondí que eso no debería sorprenderle, porque durante todas las épocas de la historia siempre ha sido lo mismo. Los hombres no quieren saber de Dios y menos cuando lo que tiene que decirnos nos confronta y nos hace ver cuan miserables somos por causa de nuestra pecaminosidad. Cuando leemos la Biblia comprendemos cuan arraigada esta la maldad en nosotros. Conocemos cuan mentirosos somos, o cuantos malos sentimientos alberga nuestro corazón. Envidia, odio, rencor, y orgullo, por decir algunos de estos malos sentimientos.

Por ello, cuando no aceptamos lo que la Biblia dice, estamos desafiando la sabiduría de Dios. Y sabes, tendemos a ser retadores a Él porque siempre está presente en nuestro pensamiento la idea de que somos autosuficientes y que en verdad no necesitamos de nadie, menos de Dios. Nuestro ego y amor propio pueden mas que la sencillez que el Padre pone para que vivamos de acuerdo a su voluntad. A tal actitud se le llama orgullo o soberbia. En otras palabras, orgullo es anteponer mis deseos y mi voluntad ante la voluntad de Dios. Es creer que mi forma de ser y pensar es lo único que cuenta.

Una de las áreas en las que se puede hacer mas evidente este fenómeno del orgullo, es en el área de las relaciones interpersonales. Específicamente cuando se trata de pedir perdón o perdonar a otros es cuando se mide la cantidad de orgullo que existe en nuestros corazones. Ahí es cuando se denota la calidad de sentimientos que habitan en nosotros. El perdonar o pedir perdón desafía todo el orgullo que podemos llegar a sentir. En cualquier clase de relaciones con amigos, con vecinos, dentro del matrimonio, con nuestros hijos, con compañeros de trabajo y de colegio o universidad, existen dificultades, roces, o discusiones. Son prácticamente inevitables. Esto debido a que cuando dos personas con pensamientos distintos tratan de llegar a una acuerdo los orgullos no encuentran equilibrio fácilmente. Es hasta que ambos alcanzan un punto medio quedan satisfechos.

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Sin embargo, no existe ninguna ofensa por mayor que sea que no pueda perdonarse. La pregunta es ¿Cómo podemos perdonar cuando nos han ofendido? ¿Cómo se hace para aceptar las faltas, o las ofensas que nos han hecho? En realidad no existe ninguna formula mágica o humana para realizarlo. Al contrario, los sistemas sociales dicen que cuando alguien te ofende lo mas lógico es que cobres venganza. Que cuando alguien te ha ofendido no agaches la cabeza, que contraataques. Por eso vemos hoy día un mundo mas violento. No estamos dispuestos a dejar pasar ninguna ofensa y nos volvemos jueces y verdugos contra nuestros ofensores. La otra cara de la moneda es cuando somos nosotros los que ofendemos. Ahí sí que las cosas cambian, ahí sí que desearíamos que nada fuera tan gravoso, o que se resolviera con una simple mirada de gato con botas. Perdonar insisto no es fácil, pero es necesario. Y ya que no existen medios humanos para saber como debemos perdonar, leamos lo que Dios dice en su Santa Palabra.

En cierta ocasión Jesús contó una parábola (Mat 18:23-35) sobre un rey que tenía dos esclavos. Uno de ellos tenía una deuda imposible de pagarle a su rey. A causa de ello, el rey había decidido que la forma de cobrarle todo lo adeudado era venderlo como esclavo juntamente con su familia y todas sus posesiones, es necesario decir que aun así la deuda no podría cubrirse, pero el rey pensaba en la posibilidad de recuperar tan siquiera algo de su dinero. Desesperado aquel hombre suplicó postrado a su rey. Le imploró postrado en tierra que le perdonara aquella suma estratosférica. Tal actitud movió a misericordia a su rey y finalmente lo perdonó. Ahora pregunto ¿puedes imaginar que gran alivio sintió aquel hombre después que le fuera perdonada toda aquella deuda? Repito esa es una cara de la moneda, cuando somos nosotros los que ofendemos y recibimos perdón. Cuando somos nosotros quienes necesitamos que nos indulten de nuestras fallas y finalmente nos perdonan, aun cuando la falta es sumamente gigante. Ahora veamos la otra cara de la moneda, cuando nos toca a nosotros pedir perdón.

Siguiendo la narrativa dijimos que el rey tenía dos siervos. El primero es a quien le perdonaron la deuda y el otro era el consiervo de este. Resulta que este consiervo también tenía una deuda pero no era con el rey sino con el hombre absuelto. Pero no era una cantidad estratosférica, mas bien era una cantidad ridícula. Y también tuvo que pedir que se le permitiera tiempo para poder pagar la deuda. La gran diferencia fue que aquel hombre que había sido favorecido por su rey no tuvo la misma actitud que el monarca había tenido con él. Este mas bien tomaba del cuello a su consiervo y le exigía que le pagara. Aquel consiervo le rogaba, y le rogaba, pero este de forma negligente y sin sentimientos se negaba a aceptar las suplicas de su consiervo. Alcanzas a ver lo que intento decir. Cuando pedimos perdón deseamos escuchar casi de inmediato que todo esta bien. Pero cuando nos toca perdonar somos reacios para hacerlo. Nuestro corazón se torna duro, teso, tirano para absolver las faltas de otros. Tal como este siervo, suplicó y fue perdonado de una cantidad no menor también debía perdonar a su consiervo de una deuda ridícula. Sin embargo, él no fue capaz de perdonar. Hay una diferencia considerable entre un caso y otro, pero el orgullo para perdonar quedó manifiesto.

Ahora, como todo en esta vida tiene una recompensa buena o mala, aquel siervo malvado recibió la suya. Dice el pasaje que otros consiervos fueron a contarle al rey lo que había pasado y el rey tomó cartas en el asunto. Lo mandó a llamar y lo confrontó. Le dijo: siervo malvado, toda aquella deuda te perdoné, porque me rogaste. ¿No debías tu también tener misericordia de tu consiervo como yo tuve misericordia de ti? Y este es precisamente mi punto, ¿no deberíamos nosotros también tener la capacidad de perdonar a nuestros ofensores tal como Dios nos perdonó a nosotros? Si comparamos la deuda que Dios nos perdonó era como la del primer siervo, estratosférica. Impagable. Nadie podía ponerse a cuentas con Dios por mas bueno y por mas buenas obras que realizare en toda su vida. Era imposible para el hombre aplacar toda la ira de Dios con cualquier sacrificio humano. Sin embargo, a través de Cristo hemos sido perdonados. Nuestra fe en el Hijo Amado, nos permitió que Dios nos perdonara.

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Pongámoslo en el plano de nuestras relaciones personales. ¿Qué falta sufrida nos resulta imposible de perdonar? Quizás en esta vida nos han mentido, nos han engañado, nos han traicionado, nos fallaron, nos ofendieron, nos lastimaron, nos humillaron, nos defraudaron, etc., pero ¿no es exactamente lo mismo que nosotros hicimos con Dios durante toda nuestra vida? Y peores cosas podríamos decir, pero a pesar de eso, Dios nos perdonó toda aquella deuda que habíamos acumulado con Él. Entonces nuestra actitud no debería ser la del siervo malvado que pone en apuros a su semejante, sino mas bien debería ser la actitud del rey, la de perdonar a quienes nos han lastimado, a quienes nos han herido, nos han fallado, defraudado, o decepcionado. Sabes que el rey perdonó porque fue movido a misericordia, tal como Dios lo hizo con nosotros. Fue movido a misericordia cuando en realidad no estaba obligado a perdonarnos. Pero lo hizo por el puro afecto de Su Voluntad. Dios te perdonó y Dios me perdonó a mí por amor, por lo tanto nosotros debemos perdonar a quienes nos ofenden también por amor. Para reflejar que en nosotros está el mismo sentir de Dios debemos perdonar. Si deseamos que nuestro carácter refleje el mismo carácter de Dios el perdón es un excelente sinodal para comprobarlo.

Como dije supra la Biblia nos hace ver lo que hay en nuestro corazón. Y este pasaje como toda la Escritura es un buen parámetro para saber que hay dentro de nosotros. La Biblia es la apropiada balanza para saber hacia donde se inclina nuestro corazón. Debemos perdonar a quienes nos han ofendido tal como Dios nos perdonó a nosotros. Porque no se puede construir ninguna relación Sobrenatural sino empezamos por reparar las relaciones naturales. Recuerda que TU AMOR A DIOS SE REFLEJA EN TU AMOR AL PROJIMO.

Concluyo diciendo: si en este momento tú vives en medio de una situación en la que estas siendo desafiado a perdonar sea a quien sea, mi deseo es que SIN DUDARLO LO HAGAS, piensa que si no lo haces, en tu corazón desafías a Dios, porque estarías yendo contra su voluntad. Piensa en esto: ¿Cómo vas a recibir perdón tú de tus faltas si no eres capaz de perdonar a otros? La Biblia dice en Mat 6:14-15: Porque si perdonáis a los hombres sus ofensas, os perdonará también a vosotros vuestro Padre celestial; mas si no perdonáis a los hombres sus ofensas, tampoco vuestro Padre os perdonará vuestras ofensas. Entonces perdona. Acércate a Dios en oración y ruego para que el dolor de la ofensa sea desarraigado de tu corazón. Piensa que entre mas rápido perdones mas rápido se cerrará la herida que te provocaron y de igual forma, rápidamente empezará a sanar tu corazón. No te llenes de amargura y menos aun no dejes que empiecen a crecer raíces de resentimiento dentro de ti. Si verdaderamente Dios te importa, perdona, ama, olvida, ten compasión. Porque cuando lo hagas, entonces experimentarás ese amor de Dios que te saciará para siempre. Me despido como siempre diciéndote: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.