NO LO RECONOCIERON (Juan 1:11-12)

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Un día una Laurita hizo un largo viaje para llegar al pueblo vecino donde estaba la estación del tren. Debido a que, Emma, la hermana mayor volvía a casa luego de haber estado por varios años ausente. Pues desde muy pequeña, sus padres la mandaron a estudiar a otra ciudad.

Todos estaban emocionado por el regreso de Enma, al punto que, por muchas semanas en la casa de aquella familia no se hablaba más que de su regreso.  La emoción les invadía a todos, especialmente a aquella Laurita. Cuando finalmente llegó ese día, la niña estaba muy feliz, emocionada, e impaciente. Cuando el tren hizo su aparición, todos los que aguardaban expectantes por sus familiares y amigos se volcaron a las puertas en busca de ellos, de la misma forma que lo hizo la familia de Laurita.

De pronto, una joven desconocida se acercó a la familia de Laurita, quienes de inmediato la abrazaron y besaron. Cuando finalmente la soltaron Emma se acercó a la pequeña niña pero esta rechazó, tanto el abrazo como el beso que Enma intentó darle. Corrió despavorida hacia la mamá y le preguntó: ¿quién es esta señorita? ¿por qué no vino Emma? todos dieron una carcajada ante la pregunta inocente de la pequeña Laurita.

La niña simplemente no había conocido a su hermana Emma, probablemente  porque en su mente la imagen de su hermana era distinta, o quizás porque esperaba ver a la misma niña que había salido de casa. Sea por una o por otra razón, lo cierto es que el concepto que se había formado en su mente de la niña que salió de casa no le permitía reconocer a su hermana que volvía años después.

La Biblia dice en Juan 1:11-12, que: a los judíos, los hermanos, los compatriotas de Jesús les pasó algo similar también, el texto dice:

«A los suyo vino, y los suyos no le recibieron. Más a todos los  que le recibieron, a los que creen en su nombre, les dio potestad de ser hechos hijos de Dios». 

Por siglos se habló de la llegada de un Mesías, los judíos lo idealizaron como un caudillo, un revolucionario, un Rey montado a Caballo que llegaría para librarlos del imperio opresor. El concepto que tenían del Mesías esperado difería considerablemente de lo que vieron en Jesús. Un hombre que en lugar de ser guerrero era pacifico, que predicaba del arrepentimiento, llamaba a sus seguidores al amor y a la piedad. Que había nacido humildemente y se reunía con todos aquellos que eran despreciados por las mayorías. Sin embargo, ello no pudieron verlo por los mismos preconceptos que tenían acerca del Mesías. Sus ideas no les permitieron ver a Jesús como el Mesías.

Pasó antes, como ocurre también hoy, donde no pocos son los que por sus propios conceptos  no pueden ver a Jesús. Conceptos que por cierto son muy a conveniencia, y que les impide ver al Jesús de la Biblia. Les obstaculiza la mente y el corazón de tal manera que no pueden ver Salvador que puede librarlos de las garras del pecado y del castigo eterno. En vista de ello, quiero sembrar la siguiente Semilla de Fe en la buena tierra de tu corazón.

Semilla de Fe: PODEMOS CONOCER A JESÚS, UNICAMENTE A TRAVES DE LAS ESCRITURAS.

Para conocer a Jesús, debemos eliminar todo pre concepción que tengamos acerca de Él y dirigirnos hacia las Sagradas Escrituras. No hace nada más que ir a ellas. Ya que, como siempre digo: de pasta a pasta la Biblia revela al Mesías Redentor. A su obra salvífica, a su Poder Redentor, Su Ministerio de reconciliación con el Padre Celestial. No existe ninguna otra forma mejor que ir al Corazón de Dios revelado en la Biblia.  Y puedo asegurarte con plena seguridad y confianza que: una vez que Dios te revela al Hijo, encontrarás a Jesús, alcanzarás la Vida Eterna en su amor. Tal y como consigna Juan 17:3: «Y esta es la vida eterna, que te conozcan a ti el único Dios verdadero y a Jesucristo a quien Tú has enviado». Por tanto, busca a Jesús mientras puede ser hallado.

Mientras tú lo haces, yo me despido como siempre diciéndote: ¡haz tú lo posible y deja que Dios haga lo imposible! esto fue: Semillas de Fe.