DE ESTE LADO DE LA ETERNIDAD

Introducción

El concepto teológico: “el ya pero todavía no” clarifica en gran manera la realidad a la que estamos expuestos como pueblo de Dios. Nos expone cual es nuestro estatus como seguidores de Cristo de este lado de la eternidad. Nos pone de manifiesto cuales son las bendiciones que hoy hemos alcanzado y cuales aun todavía no podemos disfrutar. Sin embargo no todos los círculos evangélicos parecen comprenderlo y algunos ni siquiera lo conocen. De esa cuenta es que se escuchan demasiados sermones carentes de verdad bíblica y con el enfoque incorrecto. Dando a los oidores falsas presunciones producto de malas interpretaciones.

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El Reino de Dios inaugurado

La entrada de Cristo en la escena terrenal además de cumplimiento profético trajo también esperanza salvífica. Jesús abrió el telón a una nueva era cuando anunciaba: “El reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). De ahí en adelante la gran mayoría de sus discursos estuvieron basados en este tema. Sus parábolas, el cumplimiento profético como ya se ha dicho anteriormente se vieron envueltos bajo esta premisa: Dios esta cerca de su pueblo y de aquellos que estén dispuestos a depositar su fe en el Hijo de Dios.

La presencia de Jesús en la tierra abrió una puerta y mostró el camino que conduce a la comunión entre Dios y los seres humanos. Ahora ya no limitada solo para el pueblo judío, sino para todo aquel que en el Cree. Ahora, esto es precisamente lo que los teólogos llaman “el ya”. Es decir “ya” podemos gozar de las múltiples bendiciones que conlleva pertenecer al reino celestial. Podemos disfrutar de reconciliación con Dios, podemos tener una conversación abierta y sincera con Él. Podemos confiar en su cuidado, y gozar de su presencia en nuestros corazones porque ahora Él habita en nuestros corazones por medio del Santo Espíritu. Sabemos que en todas nuestras debilidades Él intercede por nosotros. Esas son de las grandes bendiciones que da pertenecer a ese Reino. O en palabras del Apóstol Pablo: ser ciudadano del Reino.

Lo ilustro así: como guatemalteco si deseo viajar a cualquier país mis beneficios son limitados. Si viajo a México por ejemplo, no puedo disfrutar de los mismos privilegios que un ciudadano mexicano. De la misma forma con un estadounidense. Aun si estoy en suelo americano, si camino por sus calles, aun si alquilara o comprara una casa por naturaleza no puedo tener las mismas garantías a menos claro esta, que me convierta en un ciudadano americano. De esa misma manera, cuando no conocía Cristo no pertenecía a su familia, aun siendo criatura de Dios no era ciudadano del Reino. Fue mas bien, hasta que decidí recibir el regalo de la salvación, arrepintiéndome de mis pecados y haciendo de Jesús mi Señor. Hasta ese momento entonces “ya” puedo contar con algunos de los beneficios o bendiciones anteriormente descritos. Pero ese “ya” me remite a este lado de la eternidad. En otras palabras disfruto desde el día que paso a formar parte de los hijos del Reino pero no de todo lo que Dios da.

Viviendo en un mundo caído

Como expuse anteriormente, el Reino de Dios se ha inaugurado, hemos entrado a una nueva dimensión de vida. Sin embargo “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de lo que Dios ha preparado para sus hijos. Lo explico así: la llegada de Jesús trajo muchos cumplimientos, trajo muchas bendiciones –aclaro que esto es para sus seguidores– pero hay circunstancias que todavía tenemos que afrontar mientras estemos de este lado de la eternidad. Quiere decir que “ya he sido perdonado” pero “todavía” tengo que seguir siendo perfeccionado. Porque “todavía” hay áreas de mi vida que no han sido plenamente resueltas. “Todavía” mentimos, “todavía” pecamos, “todavía” nos enfermamos, “todavía” sufrimos, “todavía” lloramos, “todavía” nos preocupamos, “todavía” lamentamos la perdida de un ser querido. “Ya” somos del reino pero “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de todas las bendiciones. Pertenecemos al Reino pero “todavía” estamos sufriendo de las consecuencias del mudo caído en el cual vivimos.

Es tal como si un escultor tenga programado abrir una exposición de sus obras. Tiene una fecha establecida. Mientras eso llega esta trabajando en sus esculturas. No puede abrir antes porque aun no esta listo. Sus obras están inconclusas. “ya” tiene fecha pero “todavía” no ha llegado el cumplimiento. En otras palabras, cada cristiano de este lado de la eternidad es una obra en proceso porque Dios ”todavía” esta perfeccionando. Todavía esta afinando la buena obra que empezó en nosotros y la culminará hasta el día de Jesucristo” (Fil 1:6). Disfruta “ya” de la comunión con Dios pero “todavía” no disfruta de la plenitud de esa bendición que será alcanzada hasta que esté en su presencia.

Las falsas predicaciones

En los prolegómenos dije que comprender este concepto del “ya” pero “todavía no” clarifica cual es el estatus en el que nos encontramos como seguidores comprometidos de Cristo. Porque al tenerlo claro, nos protegemos de falsas predicaciones. Nos protegemos de esa mentira que cada día escuchamos con mas frecuencia y rápidamente se esta propagando, esa que dice que: “Dios nos quiere sanos, Dios nos quiere felices, Dios nos quiere victoriosos, Dios nos quiere millonarios, Dios nos quiere libres del dolor, Dios no quiere que enfrentemos el luto, etc.”. Pero siempre cuando escucho afirmaciones así me pregunto: Si Dios quisiera en verdad todo eso, ¿Qué sentido tendría ir al cielo? ¿Qué sentido tendría que Cristo se haya ido a preparar moradas para nosotros? ¿Qué sentido tiene la Biblia diga: El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21:4-5)?

En el cielo todas las cosas serán hechas nuevas, y lo que hoy experimentamos en este lado de la eternidad no tienen comparación alguna con lo que experimentaremos en el cielo. Por ello es verdad que a Dios no le place ver el dolor del ser humano y por eso planeó antes de la creación del mundo que su Hijo viniera a este mundo, inaugurara su Reino y trajera salvación y vida eterna para sus hijos. Pero vamos en un proceso salvífico y perfeccionador, vamos avanzando hacia la meta donde nos espera un galardón preparado por Dios. Mientras eso llega nos toca enfrentar las diversas circunstancias de la vida, pero no solos porque tenemos la certeza “que Dios está con nosotros”.

Por tanto no nos dejemos llevar por esas falsedades que exponen los comerciantes de la fe, pues por dichas afirmaciones hay personas que prefieren abandonar la iglesia al ver que las falsas promesas hechas no alcanzan cumplimiento. Creámosle a Dios y a Su Palabra pero sobre todo comprendamos que es Soberano sobre todas las cosas y si Él quiere podemos sanar, podemos alcanzar múltiples bendiciones, porque ya pertenecemos al Reino de Su Amado Hijo. Y si debemos enfrentarlas hagámoslo con gozo para la Gloria de Su Nombre.

Me despido como siempre diciéndote: HAZ TU LO POSIBLE Y DEJA QUE DIOS HAGA LO IMPOSIBLE.

 

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Jesús exige una respuesta… El joven rico

«Jesús lo miró con amor y añadió: —Una sola cosa te falta: anda, vende todo lo que tienes y dáselo a los pobres, y tendrás tesoro en el cielo. Luego ven y sígueme. Al oír esto, el hombre se desanimó y se fue triste porque tenía muchas riquezas.»
‭‭Marcos‬ ‭10:21-22‬ ‭NVI‬‬

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El mensaje sigue siendo el mismo: “una cosa te hace falta… Despójate y sígueme” la respuesta que seguimos escuchando también es la misma: “NO puedo. No soy capaz de dejar TODO o ESO que es el tesoro de mi Corazón. No estoy preparado”. Aún muchos prefieren irse desanimados porque lo que Jesus pide dejar les resulta demasiado. Todavía se puede ver a quienes dicen NO ESTOY LISTO y prefieren continuar haciéndose tesoros en la tierra. Aún vemos a quienes piensan que sus tesoros terrenales son más valiosos que los tesoros celestiales.

Qué fácil sería seguir a Jesús si no se tuviera que renunciar a este mundo. Si no hubiera que dejar lo que estorba nuestro andar con Él. Hay todavía quien cree que puede andar bajo los placeres del mundo y seguir a Jesús. Hay quien cree todavía que el Evangelio es vivir bajo los estándares del mundo y bajo la ética del Reino de Dios. Hay quien piensa que puede llamarse “cristiano” y vivir como el mundo dicta.

Por eso es triste ver a esos comerciantes de la fe que venden un “evangelio light”. Esos quienes le venden a las personas ese “evangelio” de lo fácil, de lo todo está bien, ese “evangelio” que no exige ni despojo ni arrepentimiento. Están ofreciendo un falso evangelio. Están vendiendo un reino que no es para nada el Reino de Dios. Un Reino que no se compra sino que se recibe por Fe en Cristo. Ese Reino en el que ni se paga indulgencia para perdón de pecados ni se exige obras para entrar en Él. Ese Reino al que se entra por la puerta estrecha, ese por el que se pierde para ganar, ese por el que se llora para recibir, ese por el que ser ultimo te hace ser el Primero. Ese Reino que pide a los que anhelan ser grandes, hacerse los más pequeños. Ese por el que los perseguidos por causa de Cristo los llama bienaventurados.

Cristo nunca ocultó que por este Evangelio habría persecución, angustia, dolor, o tristezas, o muerte. No lo hizo. Jamás le garantizó a quien le dijo “sígueme” que no sufriría. Al contrario dijo: en el mundo tendréis aflicción pero confiad que Yo he vencido al mundo. Por ello otro mensaje que no anticipe eso, no tendríamos la certeza de reconocerlo como de parte de Dios.

Por ello digo: Cristo siempre exige una respuesta o me sigues bajo mis estándares o te apartas con tu riqueza y tu desánimo. Te enamoras del Reino y vendes todo lo que posees o sigues considerando más valioso el tesoro que has acumulado en la tierra.

Cristo siempre exige una respuesta ¿cuál será la tuya?

Súbitamente todo cambió (Conclusión)

En el articulo anterior vimos que para Hiroshima y Nagasaki la vida cambió súbitamente en el año 1945, que de igual manera fue en los días de Noé y de Lot, y que ambas referencias fueron usadas por Jesús para explicar que esas serían algunas de las señales que debían cumplirse para su segunda venida. También vimos que las condiciones en las que se encuentra la humanidad en el siglo XXI son tan similares a las de aquellos días.

Las señales anuncian el cumplimiento de su promesa

Lo que intento decir es que las condiciones están apropiadas para que súbitamente todo cambie. Para que el Señor venga por su iglesia. Para que el Señor arrebate a aquellos que dispusieron su corazón como Noé para no contaminarse y decidieron andar fielmente con Dios. Jesús vendrá. Mientras algunos estén celebrando orgías, o drogándose, o trabajando, cuidando sus niños, o mientras algunos estén en la universidad o manejando de regreso a casa, el Señor vendrá por los suyos. Él vendrá, por favor lea con atención estas palabras, y no tome en poco estos párrafos. El apóstol Pedro evocando las palabras de Jesús dijo: El Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada (2Pe 3:10). Un ladrón es un visitante inesperado e indeseado, alguien que no avisa cuando aparecerá. Así será la venida del Señor.

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El Señor mismo –afirma el apóstol Pablo– descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitaran primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con Él para siempre, (1Tes 4:16-17). Jesús dijo: La Señal del Hijo del Hombre aparecerá en el cielo, y se angustiarán todas las razas de la tierra. Verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes con poder y gloria. Y al sonido de la gran trompeta mandará a sus ángeles, y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, de un extremo al otro del cielo (Mt 24:30-31). No solamente seremos arrebatados sino que también seremos transformados. El apóstol Pablo: fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados (1Co 15:51-52).

Bellas palabras de vida y oportunidad

Que palabras tan esperanzadoras son estas, tanto para los que hemos creído como para los que aun no lo han hecho. Para los que hemos creído nos bendice saber que la Biblia dice que cuando creemos en Jesús, súbitamente pasamos de las tinieblas a la luz admirable de Cristo. Cuando ponemos la fe en el Hijo de Dios pasamos de muerte a vida. Al ser alcanzados por las misericordias de Dios pasamos de ser sus enemigos para convertirnos en Sus hijos. Por otro lado para los que no han creído también son esperanzadoras estas palabras porque como afirma el apóstol Pedro, no es que el Señor tarde en cumplir su promesa, según entienden algunos por tardanza. Mas bien, Él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan (2Pe 3:9). De la misma manera el apóstol Pablo dijo: Dios quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad (1Ti 2:4). Y ¿Cómo son alentadoras estas palabras? Porque como hemos dicho el Señor esta extendiendo Su Gracia a los que aun no le han conocido. Él sabe que su ira es fuego consumidor y esta dando la oportunidad para que las personas se arrepientan, recapaciten y reciban el regalo de la vida Eterna que se alcanza cuando se cree en Jesús. Dios quiere evitarle ese terrible castigo a los que aun no lo han reconocido como Salvador.

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Decide pronto y no tardes mas

No quiero entrar en detalles ni desviarme, pero diré que los fariseos simplemente no creían que con la llegada de Jesús a la tierra el Reino de Dios quedaba oficialmente inaugurado. Aun cuando estos hombres lo habían visto y oído no creían en Él. En el v.21b de Lucas 17 Jesús les dijo: dense cuenta que el reino de Dios esta entre ustedes. No esperen mas porque aquí estoy ya. En los días de Noé la gente no creyó que vendría aquella gran destrucción, vieron el arca y a Noé trabajando en ella y no se arrepintieron. Con Lot, los yernos y la esposa pensaron que Dios bromeaba, incluso Lot titubeó, pero esto no detuvo la voluntad de Dios y actuó.

Por lo tanto, debes entender que Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al abismo, metiéndolos en tenebrosas cavernas y reservándolos para el juicio. Tampoco perdonó al mundo antiguo cuando mandó diluvio sobre los impíos, aunque protegió a ocho personas, incluyendo a Noé, predicador de la justicia. Además, condenó a las ciudades de Sodoma y Gomorra, y las redujo a cenizas, poniéndolas como escarmiento para los impíos… todo esto demuestra –continua diciendo el apóstol Pedro– que el Señor sabe librar de la prueba a los que viven como Dios quiere, y reservar a los impíos para castigarlos en el día del juicio. Esto les espera sobre todo a los que siguen los corrompidos deseos de la naturaleza humana y desprecian la autoridad del Señor. A como yo lo veo están los que vivirán eternamente con Dios y los que vivirán, pero sufriendo eternamente sin Él. ¿Con quién deseas estar tú?

Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.