SEAMOS PORTADORES DE BUENAS NOTICIAS

Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey. (2Reyes 7:9).

 

Samaria por aquellos días vivía una gran hambruna. Sus habitantes sobrevivían a duras penas. Ben-adad, rey de Siria, había sitiado la ciudad de Samaria y esto provocó que los samaritanos no pudieran comerciar sus alimentos. La escases era tal que algunos de los habitantes se convirtieron en caníbales. Ciertas mujeres, por ejemplo,  convinieron comerse a sus hijos, y así lo hicieron solo en parte. Ya que una de ellas sacrificó a su hijo pero la otra lo escondió para no tener que comérselo (2Re 6:26-29), si, leyó bien, se comieron a un niño. Esta actitud nos muestra el grado de desesperación y necesidad que estaban experimentando.

En aquellos días habían cuatro leprosos que decidieron rendirse a los sirios. Llegaron a la conclusión que era mejor tratar de rendirse a ellos a seguir esperando la muerte a la entrada de la ciudad. Bien fuera que los sirios les perdonaran la vida o bien fuera que los mataran pero pensaron que valía la pena intentarlo. No tenían nada que perder y mucho que ganar. Se pusieron en marcha a media noche hacia el campamento enemigo, y su gran sorpresa fue que no encontraron a nadie. Dios había confundido a los sirios a través de sonidos como de un ejército numeroso. Los sirios pensaron que los hititas y los egipcios se habían aliado con el rey de Israel y huyeron atemorizados tratando de salvar sus vidas (2Re 7:3-7). Cuando los leprosos se dieron cuenta,

entraron en una tienda, y comieron y bebieron, y se llevaron de allí plata y oro y ropas, y fueron y lo escondieron; y volvieron y entraron en otra tienda y de allí también se llevaron botín, y fueron y lo escondieron (2Re 7:8).

Como diríamos coloquialmente: se sacaron el premio mayor de la lotería. Aquellos cuatro leprosos miserables, que salieron pensando en perder o ganar, terminaron ganando más de lo que suponían que podrían llegar a tener. Sin embargo el v.9 es el que ocupa mi reflexión en este escrito. Ya que la narración nos deja un dulce sabor de boca y grandes lecciones. Dice: Entonces se dijeron el uno al otro: No estamos haciendo bien. Hoy es día de buenas nuevas, pero nosotros estamos callados; si esperamos hasta la luz de la mañana, nos vendrá castigo. Vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia a la casa del rey (2Re 7:9).

Por lo menos tres semillas podemos sembrar en nuestros corazones de este relato.

  1. Compasión. La compasión es ese sentimiento de tristeza que una persona experimenta cuando ve que otra persona padece. Este sentimiento lo impulsa a aliviar el dolor o sufrimiento ajeno. La compasión es el deseo de remediar o evitar los sufrimientos de otros. Precisamente esto fue lo que sintieron los cuatro leprosos mientras se deleitaban con los bienes de los arameos. Al principio del v.9 ellos se dijeron entre sí: no estamos haciendo bien. Es decir: pensaron que no era justo disfrutar de todo aquel botín, mientras que la gente en Samaria padecía y moría a causa del hambre.

Sintieron compasión de sus compatriotas, pese a que los leprosos por Ley no podían integrar la sociedad de manera común, más bien debían vivir excluidos de ella. No podían generar ningún bien para subsistir. Dependían completamente de la bondad de los habitantes. Comían si sus familias les daban o si las personas se compadecían de ellos. Aunque por el estilo de vida de aquellos días, los samaritanos eran más bien egoístas y avaros. Por los relatos de otros profetas sabemos que se habían olvidado de la viuda y del huérfano, misma actitud supongo tenían con los necesitados. Sin embargo, los leprosos no actuaron igual. Ellos mostraron que quién más ha sufrido necesidad tiende a ser más generoso que quien nunca lo ha  experimentado.

Como pueblo de Dios y sin importar el estatus económico que poseamos, estamos llamados a ser compasivos. A dar siempre con generosidad. No podemos ser egoístas y llevar agua solo para nuestro molino. La iglesia primitiva es el claro ejemplo de cuan compasivos fueron unos con otros, ya que podemos leer varios relatos sobre como muchos de ellos estuvieron dispuestos a vender sus posesiones y que sirvieran para el bien común (ver Hch 4:36-37). Si conocemos las necesidades de otros demos con compasión. Demos para un misionero que está en otro país llevando a cabo la obra de Dios.

  1. Buenas Noticias. Luego de darse cuenta los leprosos que no era correcto saciarse de manera egoísta pensaron que aquel día era un día de buenas noticias, pero nosotros estamos callados se dijeron entre sí. Saber que los sirios ya no sitiaban más la ciudad eran buenas noticias. Todo el pueblo debía saber que sus verdugos ya no estaban amenazándoles. Por ello los leprosos sintieron que era urgente llevar la buena noticia al rey y a todos sus habitantes. Puedo imaginar el gozo, los festejos del pueblo al enterarse que su opresor ya no estaba más ahí. Imagino que no importaba si eran cuatro harapientos leprosos los que les daban la noticia lo importante era el mensaje y no el mensajero. Ellos al final de cuentas eran solo portadores de la bendición de saber que finalmente podrían comer.

Evangelio significa: “buenas nuevas o buenas noticias”. Pero, ¿por qué el Evangelio son Buenas Noticias? Porque aquel que se arrepiente de sus pecados, pide perdón y hace de Jesucristo Su Señor y Salvador ha pasado de muerte a vida. Recibe la buena noticia que toda la deuda que tenía con Dios por causa del pecado ha sido perdonada. Finalmente la ira que le aguardaba para el día final ha sido cancelada a través del sacrificio de Jesucristo.

Al entrelazar el pasaje de los leprosos y la definición que hemos dado del Evangelio la conclusión cae sola por su propio peso. Ya que la iglesia es la que ha sido llamada desde el primer día que el Espíritu Santo fue derramado sobre ella en el aposento alto a ser la portadora de las buenas noticias. Es la iglesia la que tiene que llevarle las Buenas Noticias de Salvación al mundo que esta sitiado por su pecado, que esta prisionero de sus pasiones, que está muriendo lentamente en sus delitos y pecados. La iglesia debe pensar como aquellos leprosos, vamos pues, ahora, y entremos a dar la noticia… y no solamente saciarse y deleitarse de manera egoísta.

Más bien debe tener ese sentido de urgencia, debe sentir compasión por todos aquellos que aún no conocen del Señor Jesucristo y anunciar que solo Él puede liberarlos de su opresión llámese como se llame. Debe estar consciente que no ha sido llamada a obstruir las buenas noticias, sino más bien a compartirlas. Debe ser portadora de buenas noticias. La Biblia dice que somos luz, y debemos alumbrar, debemos estar puesto en lo alto para que los hombres sean iluminados con el Evangelio. No podemos escondernos, no podemos callar, debemos hablar. TAMPOCO podemos envanecernos por ser portadores de buenas nuevas, porque como se dijo antes, somos solo portadores, el mensaje es lo que importa no el mensajero. Como escribió Sugel Michelen, somos mendigos diciéndole a otros mendigos donde hay pan.

 

  1. Dios es soberano. Los leprosos pudieron saciarse, los leprosos pudieron dar la noticia, el pueblo fue liberado, la profecía del hombre de Dios se cumplió por una sola razón, Dios es soberano sobre todas las cosas. Fue a causa de lo que Él le hizo a Ben-adad y a su ejército que aquella ciudad fue liberada de sus opresores. No podemos dejar pasar por alto ese hecho porque es el más importante de todos. Porque es a lo que la Biblia nos mueve siempre, a Dar la Gloria a Dios por Su magnífico poder, por Su fidelidad, por Su bondad y compasión. Porque a pesar de la maldad de Su pueblo, Él sigue obrando de acuerdo a su soberanía. Dios es soberano a pesar de ti y de mí. Él puede librarnos de cualquier situación adversa, puede obrar de acuerdo a sus planes y por eso siempre Él se lleva la Honra y la Gloria. Porque para Él no hay nada imposible. Lo que para el hombre no parece solucionarse, para Dios resulta posible. Por eso el apóstol Pablo escribió: A Él sea la Gloria en la iglesia y en Cristo Jesús por todas las generaciones, por los siglos de los siglos. Amén (Ef 3:21).

 Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

 

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