DIOS DEFIENDE A SUS HIJOS

Sé que el título de este articulo suena muy general y en realidad si lo es. Porque la Biblia nos muestra en múltiples pasajes que Dios defiende a sus hijos. Dios los guarda, los protege, pelea por ellos. Dice la Biblia que Él es escudo alrededor de nosotros. Que nos esconde bajo sus alas, y así podría seguir exponiendo tantas otras verdades que nos muestra al Padre celestial como fiel defensor de sus hijos.

Sin embargo, quiero centrarme en un pasaje en específico. Un pasaje donde podemos ver la Mano de Dios resguardando a uno de sus siervos. Veremos en tres partes lo maravilloso que es Dios y cómo actúa a favor de Su Pueblo. La primera parte la denominaremos: el desafío. La segunda la llamaremos: la reacción ante el desafío. Y finalmente al tercer acto le llamaremos: la respuesta de Dios.

Primera parte: el desafío. En el capítulo diecisiete del segundo libro de Reyes, se narra cómo finalmente después de tanta ofensa contra Dios, el ejecutó su juicio contra el reino del Norte. No quiero extenderme mucho en esa descripción, pero el pasaje cuenta que Salmanasar, rey de Asiria, sitió y conquistó Samaria. Llevándolos cautivos y dejando desolada toda aquella región. Nunca más volvieron a ser los mismos después de aquel terrible suceso, producto del abandono a Dios.

Años después Senaquerib rey de Asiria amenazó a Judá. Tomó algunas de sus ciudades, atemorizando a sus habitantes y a Ezequías quien era el rey en turno. Este humildemente accedió a darle tributo. La plata y el oro que se hallaba en la casa de Dios fue quitado de los muros y en los tesoros del rey para ser tributado ante su adversario. Sin embargo esto no sació la ambición del rey de Asiria y envió a tres personajes importantes, acuerpados por un gran ejército para desafiar al rey y su pueblo. El objetivo de esta visita no era otro más que amedrentar al rey y a los pobladores de Judá.

En vs.19-20 dice: “Digan ahora a Ezequías: Así dice el gran rey, el rey de Asiria: ¿Qué confianza es ésta que tú tienes? Tú dices (pero sólo son palabras vanas): Tengo consejo y poder para la guerra. Mas ahora, ¿en quién confías que te has rebelado contra mí? sin duda que las palabras del Rabsacés eran fuertes, desafiantes e intimidantes. Luego siguió diciéndoles que no estuvieran creyendo que Egipto podría librarlos de ellos porque Faraón y sus tropas no eran un rival digno contra ellos. Cada palabra que salía de su boca iba subiendo de tono. En v. 22 ya tocó un punto delicado pues él dijo: pero si me decís: Nosotros confiamos en el Señor nuestro Dios ¿no es Él aquel cuyos lugares altos y cuyos altares Ezequías ha quitado y ha dicho a Judá y a Jerusalén: Adoraréis delante de este altar en Jerusalén?  Como vemos empezó a tocar terreno peligroso porque la ofensa ya no era únicamente contra Ezequías, ni contra el pueblo, ya involucraba el bendito nombre de Dios.

Con sus palabras este hombre empezó a sembrar dudas en el pueblo. Comenzó a meter en sus mentes la idea que el rey de Asiria era aún más poderoso que el Dios de ellos. A pesar que trataron de reconvenirlo en cuanto a sus palabras, a él no le importaba injuriar delante de quien fuera. Pero el Rabsacés dijo: ¿Acaso me ha enviado mi señor para hablar estas palabras sólo a tu señor y a ti, y no a los hombres que están sentados en la muralla, condenados a comer sus propios excrementos y beber su propia orina con vosotros? No me queda duda  que este hombre estaba hablando en serio. De frente les estaba diciendo que si llegaban a derrotarlos la humillación sería tan grande que a un el resultado de sus necesidades fisiológicas se comerían. Siguió diciéndoles: Escuchad la palabra del gran rey, rey de Asiria. Así dice el rey: que no os engañe Ezequías, porque él no os podrá librar de mi mano; ni que Ezequías os haga confiar en el Señor diciendo: Ciertamente el Señor nos librará, y esta ciudad no será entregada en manos del rey de Asiria. (2Re 18:28-29). Y las palabras continuaban cada vez más fuertes e insistentes en lo mismo, nadie podrá librarlos de mi rey. En vs más adelante aquel hombre incluso comparó al Señor con los otros dioses al decir: ¿Acaso alguno de los dioses de las naciones ha librado su tierra de la mano del rey de Asiria? ¿Dónde están los dioses de Hamat y Arfad? ¿Dónde están los dios de Sefarvaim, de Hena y de Iva? ¿Cuándo han librado ellos a Samaria de mi mano? ¿Quiénes de entre todos los dioses de estas tierras han librado su tierra de mi mano, para que el Señor libre a Jerusalén de mi mano? Ante tanta vociferación el pueblo por orden del rey no contestó ninguna palabra. (2Re 18:33-36).

No podemos avanzar sin comprender bien lo que aquel hombre pretendía hacer con los habitantes del reino de Judá. Porque este aspecto nos involucra directamente a nosotros también. Dado que la confianza del pueblo estaba puesta en su Dios, lo que el jefe del ejército pretendía era que ellos perdieran por completo la fe en Él. Estaba poniendo a prueba lo que ellos en realidad creían. Mencionó un listado de dioses que los samaritanos tenían por dioses y que estos no habían podido librarlos. Ahora bien, si los judíos consideraban a Yahwéh al nivel de esos dioses por supuesto que estaban perdidos. Pero si ellos creían que Dios era verdadero y no podía ni siquiera compararse con ellos, entonces las posibilidades de salir del problema eran altas.

Segunda parte: la reacción del rey Ezequías al desafío de Senaquerib. En medio de esta serie de amenazas algo debía hacer el rey. Por supuesto que conocía la fama que tenían los asirios y sabían que aquella amenaza era muy seria. Tras lo visto en  otras naciones y conociéndose así mismo sabía que aquello ya había pasado del terreno material al espiritual en cuanto el nombre de Dios salió a luz. En 19:1 dice que Ezequías cuando oyó esto, rasgó sus vestidos, se cubrió de cilicio y entró en la casa del Señor. Además dice los versos siguientes que mandó un mensaje al profeta Isaías exponiéndole la situación. La respuesta del profeta a los siervos del rey fue: Así dice el Señor: No temas por las palabras que has oído, con las que los criados del rey de Asiria han blasfemado. He aquí pondré en él un espíritu, oirá un rumor y se volverá a su tierra; y en su tierra lo haré caer a espada (2Re 19:6b-7).

Esta parte es muy importante para nosotros, puesto que  aquí se ve la reacción natural de un hijo de Dios, clamar a Su Padre. Ante los problemas podemos tomar actitudes negativas. Podríamos pensar en darnos por vencidos sin haber peleado. Podemos simplemente renegar, o sentirnos derrotados, o dudar de Dios, o creer en lo que nos están diciendo. O bien adoptar una postura de humillación delante de Dios. Las palabras del profeta Isaías bien pueden consolar y curar nuestras heridas si estamos en una situación donde la salida no se ve tan fácil. Podemos oír esa voz del cielo que nos dice: NO TEMAS.

Pese a las palabras del profeta, las cosas no cambiaron de tónica. Otros mensajeros fueron a Ezequías con un nuevo mensaje: No te engañe tu dios en quien tu confías, diciendo: Jerusalén no será entregada en mano del rey de Asiria. He aquí, tú has oído lo que los reyes de Asiria han hecho a todas las naciones, destruyéndolas por completo, ¿y tú serás librado? ¿Acaso los libraron los dioses de las naciones que mis padres destruyeron, es decir, Gozán, Harán, Resef y a los hijos de Edén que estaban en Telasar? ¿Dónde está el rey de Hamat, el rey de Arfad, el rey de la ciudad de Sefarvaim, de Hena y de Iva? Nuevamente los mensajeros estaban tratando de intimidarlos, recordándoles que otros pueblos habían confiado en sus dioses y en sus ejércitos pero en realidad no fueron rivales contra ellos.

Ezequías nuevamente recurrió al único lugar donde sabía que podría encontrar consuelo, la Presencia de Dios. Del v.15 al 19 la Biblia nos cuenta la preciosa oración que hizo delante de Dios. Ezequías dijo:

Oh Señor, Dios de Israel, que estas sobre los querubines, sólo tú eres Dios de todos los reinos de la tierra. Tú hiciste los cielos y la tierra. Inclina, oh Señor, tu oído y escucha; abre, oh Señor, tus ojos y mira; escucha las palabras que Senaquerib ha enviado para injuriar al Dios vivo. En verdad, oh Señor, los reyes de Asiria han asolado las naciones y sus tierras, y han echado a sus dioses al fuego, porque no eran dioses, sino obra de manos de hombre, de madera y de piedra; por eso los han destruido. Y ahora, oh Señor, Dios nuestro, líbranos, te ruego, de su mano para que todos los reinos de la tierra sepan que sólo tú, oh Señor eres Dios.

Sin lugar a dudas, fue una preciosa oración la que salió del corazón de Ezequías. No cabe duda que entre más angustiados estamos, más sinceros podemos ser delante de Dios. La primera parte de la oración de Ezequías nos muestra la exaltación del nombre de Dios que él expresó. Luego le atribuye honra a su poder, y hay dos detalles de gran valor. Primero Ezequías deja claro que si bien es cierto aquellos reyes pudieron derrotar a otros pueblo, fue principalmente porque esos eran dioses falsos. Porque no eran el Dios verdadero. No eran más que simples esculturas de piedra y madera. Y en segundo lugar, Ezequías sintió que la ofensa no era contra él ni los habitantes de Judá sino contra Dios. Ezequías comprendió que aquel hombre estaba tratando de hacer dudar de Dios al pueblo. Por ello le pedía que se manifestara para que todos conocieran que Él era Dios. No pedía para que la victoria se le atribuyera a él, sino para que todos entendieran que no hay Dios como Yahwéh, que si salva y defiende a su pueblo.

Desenlace: la respuesta de Dios. Puedo asegurarte querido lector que estoy a punto de escribir lo que Isaías respondió a Ezequías y no dejo de estremecerme ante lo que Dios mandó a decir. El v.20 dice: Entonces Isaías, hijo de Amoz, envió a decir a Ezequías: Así dice el Señor, Dios de Israel: “lo que me has rogado acerca de Senaquerib, rey de Asiria, he escuchado”. Es indudable que Dios vio la sinceridad de Ezequías, vio que lo que le dolía a él era que menospreciaran el Poder de Dios. Por ello su respuesta no se hizo esperar. Cuando Dios ve que nuestra búsqueda es darle la Gloria a Él, Dios nos responde.

Por razones de espacio no puedo escribir todo lo que Dios mandó a decirle pero amigo lector te invito a que leas los vs 21-34 para que descubras que contra Dios nada podemos hacer. Destaco algunos vs. El 31 dice: porque de Jerusalén saldrá un remanente, y del monte Sion sobrevivientes. El celo del Señor de los ejércitos hará esto. Por tanto, así dice el Señor acera del rey de Asiria: El no entrará en esta ciudad, ni lanzará allí flecha alguna; tampoco vendrá delante de ella con escudo, ni levantará terraplén contra ella. Por el camino que vino, por él se volverá, y no entrará en esta ciudad –declara el Señor. “Porque defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo y por amor a mi siervo David”.

Esas palabras finales son precisamente lo que inspiró este artículo. Dios defiende a sus hijos. La fidelidad de sus hijos es recompensada por el amor y el cuidado de Dios. Amigo que estás leyendo este artículo, no olvides esta respuesta de Dios: defenderé esta ciudad para salvarla por amor a mí mismo. Dios te defenderá por amor de Su Santo y Bendito Nombre. Dios no se adormece delante de tus enemigos. Dios te guarda, te protege, te resguarda a tal punto que puedes estar seguro plenamente. El apóstol Pablo dijo: vuestra vida está escondida con Cristo en Dios (Col 3:3). No sé exactamente que está amenazando tu vida, tu salud, tu familia, tu entorno, no sé exactamente que está haciéndote dudar de Dios, no sé qué pensamientos o que circunstancias están llevándote a pensar que Dios nada puede hacer por ti, pero a través de este artículo, te digo, Dios defenderá tu causa.

Adoptemos la actitud de Ezequías, una actitud de rendición, de humillación, adoptemos una actitud de impotencia delante de Dios y entonces veremos como Él pelea por nosotros. No permitamos que las dudas hagan nido en nuestra mente, no le demos lugar a las amenazas o las intrigas del enemigo y sigamos creyendo que Dios nos defiende. Vistámonos simbólicamente de cilicio y postrémonos delante del Señor, busquémoslo desesperadamente y en todo tiempo démosle la Gloria, y entonces y solo entonces podremos ver como Él nos levanta del lodo cenagoso.

El pasaje termina diciendo que el Ángel del Señor aquella noche hirió de muerte a ciento ochenta y cinco mil en el campamento enemigo, al amanecer solo cadáveres habían en aquel campamento y el rey de Asiria murió adorando a sus dios a manos de dos hombres que luego de matarlo huyeron de aquel lugar. A él sí que su dios no pudo advertirle de su amenaza  y menos pudo librarlo. Así que, no dejes de confíar que Dios defiende a sus hijos. Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Anuncios

Hijos bajo el cuidado de la niñera digital (2da parte)

En el articulo anterior les relataba parte de la película: Manos Milagrosas, la historia de Ben Carson. Les conté sobre la enorme influencia que tuvo la madre de Ben y su hermano para que ellos aprovecharan su tiempo en la lectura. Asociamos esta idea con lo que el pueblo de Israel no hizo con la generación que entró a la tierra prometida. Dijimos que la generación posterior a Josué y Caleb no conoció a Dios. Cuestionábamos el hecho del por qué esta generación había dejado de seguir al Dios de Israel. Ahora veamos en este articulo parte de la respuesta a esos cuestionamientos planteados anteriormente. Empecemos por ver una hipótesis. Los padres no enseñaron a sus hijos a conocer y amar a Dios porque no tuvieron el tiempo para hacerlo.

LA CONQUISTA DE CANAÁN

La tarea principal que el pueblo de Israel llevó a cabo en su ingreso a Canaán fue la conquista de todas aquellas ciudades. No puedo ahondar en ello, pero si tengo que decir que el pueblo estuvo bastante ocupado en esta tarea. Batalla tras batalla, persecuciones a los enemigos, trazo de los linderos, establecimiento de las tiendas, era el diario vivir de los padres de aquella generación.

Esto me hace pensar que tanto esfuerzo, tanta dedicación por conquistar, construir, crear un patrimonio, les hizo olvidarse de una tarea indispensable, el cuidado y educación de sus hijos. Los padres hicieron una parte de su trabajo pero descuidaron otra indispensable, velar por el crecimiento espiritual de sus hijos. Recordemos que Dios ordenó a los padres en Dt 6:4,9 que debían cumplir con una tarea esencial en la vida de sus hijos. Ellos debían ser quienes enseñarían a las nuevas generaciones quién es Dios y qué representaba para su pueblo. Mientras comían o salían por el camino, o antes de acostarse debían hablarles sobre Dios. Incluso en las paredes y postes de la casa debían escribir sobre el amor de Dios.

Cuando leo esto pienso en nosotros. Estamos ocupados en nuestro trabajo, nuestras ocupaciones, negocios, etc., y nuestros hijos al igual que aquella generación están sin recibir nuestros cuidados, sin nuestra atención y sin nuestra guía espiritual. Estamos afanados construyéndoles un patrimonio material pero no estamos sentando las bases de su vida espiritual. Estamos alcanzando metas profesionales y personales pero estamos dejando de lado las necesidades mas importantes de nuestros hijos. Tanto papá y mamá son responsables de sus hijos. La ley de cada país los responsabiliza de su protección, su sustento, educación, etc., pero los principios bíblicos lo hacen responsable de su crecimiento espiritual. Hoy vemos que nuestros hijos se crían prácticamente solos. Los padres trabajamos mas de ocho horas al día, sin contar el tiempo que tomamos para distracciones y el tiempo que perdemos en el trafico. Hay padres que salen de casa mientras sus hijos aun duermen y cuando vuelven los encuentran ya dormidos. La identidad no se la estamos dando nosotros a nuestros hijos, sino lo que ve en las redes sociales, en el internet, en la televisión, en la calle, en el mundo que esta a su alrededor.

Por eso es valido hacerse las siguientes preguntas:

¿Quién es el encargado de cuidar a nuestros hijos? ¿La TV, el celular, la Tablet, la computadora, el internet? ¿El vecino, el amigo, la iglesia, o la escuela? ¡Ninguno! Los responsables somos los padres de familia.

familia-digital-imagens-para-facebook

Nuestros hijos son nuestra responsabilidad y no tenemos ninguna excusa para no velar por su cuidado. Tanta lejanía nos debería alarmar. Recientemente sonó en nuestros noticieros, periódicos, tv, la noticia del hijo de pastor “profeta/apóstol” quien era el autor intelectual de un secuestro. Lo culpaban de haber dañado la integridad de una niña de 16 años. Decían que él había organizado el secuestro, y se encargaba de pedir el precio del rescate. Repito la noticia sonó y fue escandalosa porque era hijo de un “pastor”. Las personas hacen mas escandalo cuando un evangélico da que hablar por algo malo, aunque nunca por lo bueno que hacen. Pero el punto no es ese, sino que, no se esperaba tal comportamiento de alguien que había sido criado supuestamente bajo el temor de Dios.

Sin duda alguna me hizo reflexionar, hice mis conjeturas y pensé que es posible que aquel “ministro de la fe” al igual que el pueblo de Israel, estuvo tan ocupado en su ministerio que descuidó a su familia. Que se afanó por cuidar otras ovejas y no se preocupó por velar el primer redil que tenía a su cargo, su propia familia. No estoy afirmando que sea así, pero, este ha sido un patrón entre las familias pastorales. Mucho ministerio, mucha iglesia, muchos cargos, muchos eventos y las familias descuidadas. Sin fin de hijos de pastores reniegan de la fe, porque se consideran huérfanos. Tuvieron un padre aplaudido en el pulpito pero prácticamente un desconocido en casa. Sin embargo, esto no solo aplica en la vida de las familias pastorales, también aplica en la vida de cualquier familia. Muchos logros, muchos títulos colgados en las paredes, mucho dinero en casa, muchos lujos pero no hay familias integradas. Cada uno vive en su rollo. Cada uno toma su teléfono celular, su computadora, su Tablet, o su televisión, y vive dentro del mismo lugar pero aislado en su propio mundo. Nuestros hijos están siendo enseñados y “educados por la niñera digital”.

Nadie hará el trabajo de los padres. Los maestros, la iglesia, la familia secundaria no hará el trabajo que le corresponde hacer a los papás. Queremos hijos educados, correctos, que no anden en maras ni en drogas, y sobre todo hijos que alaben a Dios pero no queremos invertir el suficiente tiempo en educarlos en las verdades de Dios. Deseamos hijos que no nos avergüencen pero no les hemos dado los elementos necesarios para que lo logren. Vivimos apartados de sus necesidades y sus problemas. No somos parte integral de sus vidas. Nuestros hijos no llegan a tenernos la suficiente confianza como para conocer sus temores.

Enfrentemos la crítica con sabiduría (2da. Parte)

En el articulo anterior vimos que la falta de visión y el celo ministerial o posicional son dos causas que acarrean críticas a los líderes de parte de sus seguidores.   Además vimos que estas dos causas generan dudas y problemas al punto que esto puede derivar en divisiones. En este artículo veremos otra de las causas que originan criticas al liderazgo por parte de sus seguidores.

Temor a los cambios

El temor a los cambios es sin lugar a dudas uno de los objetos que mas crítica genera dentro de los grupos, asociaciones, organizaciones e iglesias. Siempre que existe una idea nueva, o posibilidad de cambio, se sabe de antemano que estará sujeta a cuestionamientos, críticas e inquietudes por parte de los seguidores. Por lo general un cambio nunca es bien recibido. La sola idea de alterar o quitar algo de lo que se ha venido haciendo por años genera un gran desafío para los líderes. Antes de llevar a cabo un cambio, uno de los primeros obstáculos a franquear son las criticas. Surgen muchas preguntas tales como: ¿Por qué hemos de cambiar las cosas, si siempre lo hemos hecho así y nos ha funcionado? O: ¿Cuánto nos va costar estos cambios? ¿por qué cambiaremos si estamos bien así?

Girl before a white door in fear of the unknown

Andy Stanley dice que: “Cada vez que alguien trata de producir cambio, esto toca las inseguridades de aquellos que se habían acostumbrado a la forma en que son ahora las cosas, y siempre han sido”.[1] Sin embargo en un mundo tan cambiante y revolucionario, donde día con día los seres humanos se despiertan conociendo como la tecnología va cambiando desde lo más sofisticado hasta lo más común, no pensar en hacer cambios, es condenar a muerte los ministerios, las empresas, etc., que desean desarrollarse. “Quienes no permanezcan al tanto de los cambios rápidos –dice Hanz Fizel– pueden llegar a ser obsoletos”. [2] Pensemos en un medico obstetra que lleva años ejerciendo su profesión, y decide en pleno siglo XXI, no hacer uso del ultrasonido, sino que prefiere continuar evaluando a sus pacientes como se hacía hace 20 años atrás. O a ingenieros o arquitectos que no hacen uso de programas de computación como Autocad, o Civil, o Etabs, para llevar a cabo sus proyectos, seguramente que ambos profesionales estarán condenados al fracaso.

En las propuestas que se presentan, se critica las razones que promueven el cambio, se critica el hecho de que si son o no necesarios dichos cambios. El miembro de una iglesia local sabe que al momento de realizar cambios de cualquier tipo, será necesaria la inversión tanto de recursos económicos como recursos humanos y materiales. Y es en ese punto específicamente donde más duele a la hora de realizar los cambios. La falta de interés por participar y la falta de deseo de aportar generan grandes interrogantes. Las críticas a los cambios también ponen de manifiesto que dentro de las iglesias locales o grupos empresariales existe demasiado tradicionalismo. Es casi impensable pero es una realidad que la iglesia del siglo XXI o algunas empresas aun estén defendiendo los mismos errores cometidos por los fariseos en el tiempo de Jesús. Malcolm Smith respecto a los fariseos y su actitud tradicionalista dice que “los fariseos guardaban la ley para ser aceptados por Dios; sin que importe cuán justa sea la meta, no se puede llegar a Dios guardando los mandamientos y cumpliendo con las leyes ceremoniales.

odres-de-vino-filosofia-callejera-paradigmas

Fue contra esa forma de religión que Jesús pronunció sus más airadas palabras.[3] Esta actitud celosa de la ley se convirtió en fariseísmo[4]. De igual manera surge el legalismo, “el legalismo es una actitud. Aunque comprende el código, el motivo y el poder existen objetivamente, la actitud es enteramente subjetiva. Una actitud legalista va dirigida, desde luego, hacia un código dado. Su motivación está equivocada”. [5] En Lucas 5, Jesús cuenta una parábola en medio de un cuestionamiento sobre el ayuno que sus discípulos no realizan. En los versículos 37 en adelante dice:

37Ni echa nadie vino nuevo en odres viejos. De hacerlo así, el vino nuevo hará reventar los odres, se derramará el vino y los odres se arruinarán. 38Más bien, el vino nuevo debe echarse en odres nuevos. 39Y nadie que haya bebido vino añejo quiere el nuevo, porque dice: “El añejo es mejor.”

Debo aclarar que no profundizaré en este pasaje, pero si tomaré específicamente algunos detalles del mismo para comprender el tema de las criticas por temor a cambiar.

Jesús es un perfecto modelo de lideres que enfrentan criticas a causa de los cambios. Como es sabido, Jesús introdujo una enseñanza nueva, presentó las buenas nuevas del Reino, es decir el Evangelio de Dios. Sus acciones, sus palabras rápidamente encontraron eco delante de aquellos hombres que como citamos antes eran extremadamente tradicionalistas y apegados a la letra. Jesús ante los señalamientos que recibió en el contexto a este pasaje por parte de sus detractores, enseña que es necesario que exista una renovación de pensamiento. Nos enseña además, que no pueden existir al mismo tiempo, y el mismo lugar, una idea nueva y una mente cegada al cambio. Una idea nueva en una mente vieja son excluyentes. El vino nuevo, es decir la nueva enseñanza, no puede ser puesta en odres viejos, esto es, en personas tradicionalistas que se niegan a cambiar. No se puede porque las personas que se resisten al cambio no logran ver mas allá de las ideas del líder. No alcanza a ver hacia donde están apuntando los dirigentes. Su mente arcaica no les deja ver las ventajas de los cambios.

Jesús lo confirma esta explicación al final del vero 39, cuando dice: El añejo es mejor. “El v. 39 es un comentario sobre el ultra conservatismo, el tradicionalismo arraigado e inflexible de los fariseos y sus seguidores. Estaban constantemente diciendo: “Lo antiguo es bueno”. Bajo esa idea, rechazaban la enseñanza “nueva”, vivificante, fresca, de Jesús”.[6] En una mente aferrada al tradicionalismo no existe la posibilidad de cambios, “los religiosos tienen una pasión por lo antiguo. El problema de los fariseos era que todo lo de Jesús era tan absolutamente nuevo que, sencillamente, no lo podían asimilar. La mente acaba perdiendo la flexibilidad para aceptar ideas nuevas.[7]

Y así sucede hoy día. Los adultos y ancianos, aun piensan que los métodos antiguos para hacer iglesia siguen funcionando. Aun no han contemplado los cambios en la manera de pensar de las personas de este siglo a las del siglo pasado. Si bien es cierto que los cambios pueden ser graduales, moderados, lentos, deben hacerse y no continuar creyendo que debemos mantenernos bajo el perfil que años atrás. Por su puesto, hay asuntos que no son cambiantes, como la doctrina en el caso de la iglesia, o la integridad y los valores, en caso de las empresas. Pero si en cuanto a las metodologías, o maneras de llevar a cabo lo que deseamos. En conclusión en este tercer punto, siempre los cambios van a generar criticas, pero si apuntan al cumplimiento de la visión propuesta, no tienen porque detenerse. Lo mejor es que estos cambios no siempre sean de golpe, sino graduales para evitar dañar lo menos posible a los demás.

[1] Andy Stanley, Visioingeniería, Trad. Andrés Carrodeguas, (Editorial Unilit: Miami, Florida, USA, 2001), 153.

[2] Hans Finzel, Lideres competentes, (Editorial Las Américas: Puebla, México, 2005), 149.

[3] Malcolm Smith, Agotamiento espiritual, Trad. Luis Bernal Lumpuy (Miami FL.: Editorial Vida, 1990), 28.

[4] El Fariseísmo fue una respuesta ideológica que procuraba defender sus tradiciones y sus convicciones a costa de todo. Fue la manifestación extremista del cómo se sostenían los valores que Moisés había ordenado en la Ley.

[5] Charles C. Ryrie, La gracia de Dios, Trad. José Flores Espinosa (Grand Rapids, Michigan: Editorial Portavoz, 2011), 92.

[6] William Hendriksen, Comentario al Nuevo Testamento: Lucas, (Libros Desafío: Grand Rapids, Michigan, USA, 2002), 231.

[7] Willian Barclay, Comentario al nuevo testamento, tomo IV, 37

 

 

Dios vs los hijos de Amalec

Maravillado con la grandeza de Dios. Ver el océano y estar en el aire solo me hace pensar donde estaría el límite entre ambos. Si parece que se mezclan el color azul del cielo con el del océano. Nubes en medio pero: no logro distinguirlos. Cómo lo hace Dios o cómo lo hizo. Cómo puede el hombre surcar los aires y los océanos, sin reconocer que es Dios por encima de todo.

Leía los capítulos 13-14 del Libro de Números y pensaba ¿por qué aquellos 10 espías dudaron que Dios podían vencer con un soplo a los gigantes ámalecitas, porque no confiaron en que Él podía hacerlo?¿Por qué no oyeron a Caleb que les dijo que como bocado de pan se los tragarían?

Desde el aire miro que insignificante se ve todo lo que hay en el suelo. Pequeñas casas, corrijo miniaturas todas. Y entre mas alto estoy más pequeño se ve todo. Mas insignificante. Imagino que en el espacio en la nave espacial internacional aun mas pequeño se observa lo que hay en el mundo. Me pregunto ¿cómo es para Dios todo lo que para el hombre es gigante, invencible e inalcanzable si Él está por encima de todo? ¿Si Él puede sostener el mundo entero en la palma de Su Mano? Exacto. Es todo infinitamente pequeño.
Sigue leyendo