PONER A DIOS EN PRIMER LUGAR SIEMPRE TRAE RECOMPENSAS

En cierta ocasión un intérprete de la Ley le  preguntó al Señor Jesucristo: ¿Cuál era el principal mandamiento? Jesús le dijo: “Amarás al Señor tu Dios con todo tu corazón, y con toda tu alma, y con toda tu mente. Este es el grande y el primer mandamiento”, agregó el Señor (Mt 22:37-38).  De más está decirlo pero en todos los ambientes cristianos esta afirmación es muy conocida. Ahora bien, la experiencia nos muestra que a pesar de saberlo pocos verdaderamente lo ponemos en práctica, pues hay un dicho popular que reza: del dicho al hecho hay mucho trecho. Hay una gran distancia entre decirlo y vivirlo. Hablar no cuesta nada, hacer las cosas es lo verdaderamente complicado.

Decir: “amo a Dios por encima de todo lo demás” suena bonito, pero hacerlo es algo totalmente distinto. Cantamos: “te amo más que a mi vida”, pero pensándolo bien, ¿verdaderamente es así? Poner a Dios por encima de mi propio ego, por encima de mis gustos, mis ambiciones, mis pasiones, mi familia, mi trabajo, mis amigos, eso sí que es amarlo. Eso sí refleja que Cristo es el Señor de mi vida y que por encima de todo amo a Dios.

En la vida se nos presentan oportunidades donde debemos mostrar si eso es una realidad propia o si son solo frases trilladas. Por ejemplo, la “viuda de Sarepta”. Ella vivía precariamente. Dice la Biblia que además de ser viuda, tenía un hijo. Aunque no hay una descripción precisa, suponemos que su hijo era apenas un niño porque dependía de su madre. Lo cierto es que apenas sobrevivían. Además, por aquellos días no había llovido por mandato de Dios a causa de la idolatría del pueblo. Elías le declaró al rey Acab: vive el Señor, Dios de Israel, que ciertamente no habrá rocío de lluvia en estos años, sino por la palabra de mi boca”(1Re 17:1). Y así fue, dejó de llover por mucho tiempo, y como era de esperarse esto afectó cultivos, ganados, todo. La economía de los más pobres se vio afectada severamente a causa de la insensatez del gobernante en turno y los que le antecedieron.

Después de esto, Elías el profeta, estuvo un tiempo viviendo cerca del arroyo de Querit al oriente del Río Jordán. Ahí dice la Biblia que: cuervos lo alimentaban con pan y carne durante la mañana y la tarde (1Re 17:5-6). Fue hasta que el arroyo se secó que Elías nuevamente tuvo que mudarse a otro sitio. Dios le dijo que fuera a Sarepta, y que allí una viuda se encargaría de su sustento (1Re 17:9). Obedientemente dice en el v 10 que Elías hizo lo que Dios le mandó.

Y aquí entra en escena la tan conocida “viuda de Sarepta”. Cuando Elías se presentó con ella le dijo: “Te ruego que me consigas un poco de agua en un vaso para que yo beba. Cuando ella iba a conseguirla, la llamó y le dijo: te ruego que me traigas también un bocado de pan en tu mano. Pero ella respondió: vive el Señor tu Dios, que no tengo pan, sólo tengo un puñado de harina en la tinaja y un poco de aceite en la vasija y estoy recogiendo unos trozos de leña para entrar y prepararlo para mí y para mi hijo, para que comamos y muramos” (1Re 17:10-12). Si se musicalizara esta escena al estilo Hollywood seguramente oiríamos las notas de un violín triste y sombrío mientras ella le describe al profeta la desgracia en la que se encontraba. Puedo ver además al profeta Elías sintiendo gran compasión por aquella mujer mientras ésta le describía su situación. Quizás pensó, aquí no habrá pan y carne como lo hubo antes, pero estoy seguro que confiaba en lo que Dios le había dicho: “yo he mandado a una viuda de allí que te sustente” (1Re 9b).

Dice v.13: Entonces Elías le dijo: “No temas; ve, haz como has dicho, pero primero hazme una pequeña torta de eso y tráemela; después harás para ti y para tu hijo”. Si el profeta hubiera dicho solamente esto, estoy seguro que aquella mujer y nosotros también diríamos dentro de sí: “este profeta como que no me entendió, le estoy diciendo que ya no queda más que solo para una ración y me está pidiendo que le haga a él y luego que le prepare a mi hijo, ¿de dónde quiere que saque para todos?”. Pero bendito Dios que nos da las Semillas de Fe suficientes para que nosotros al igual que la viuda no tengamos temor pues dice v. 14 que él le dijo: “Porque así dice el Señor, Dios de Israel: “No se acabará la harina en la tinaja ni se agotará el aceite en la vasija, hasta el día en que el Señor mande lluvia sobre la faz de la tierra”. En ese momento la música del violín ya no se hubiera escuchado más. Casi imagino que se oiría una orquesta entera in crescendo triunfalista.

Fue en este preciso momento que aquella triste mujer tenía que tomar una decisión, debía decidir si ponía en primer lugar a Dios o no. Debía decidir si le creía al profeta o simplemente cocinaba, comía ella y su hijo y moría. Era ellos o el profeta de Dios. Al fin de al cabo él nunca se presentó como el profeta de Dios, posiblemente ella lo reconoció por su vestidura, pero, ella pudo dudar de sus palabras. Sin embargo, dice el v.15a que ella hizo: “conforme a las palabras de Elías”. En otras palabras, ella puso a Dios en primer lugar. Ella decidió creer que Dios cumpliría su promesa. Ella pudo pensar: así como ya no llovió por boca del profeta, así mismo la comida no escasearía en mi casa.

Dice la segunda parte del v.15 y el v.16, que: “ella, el profeta, y su hijo  comieron por muchos días. La harina de la tinaja no se acabó ni se agotó el aceite de la vasija, conforme a la palabra que el Señor había hablado por medio de Elías”. A este parte, seguramente la música que le pondríamos seria, un coro de ángeles dando gloria a Dios. La mujer puso en primer lugar a Dios y esto trajo recompensas. Dios fue primero que ella y su hijo y Dios la premió.

Quiero sembrar algunas Semillas de Fe en tu corazón.

  1. Humildad. Elías humildemente le pidió a la mujer que le sustentara. Vimos que cuando Elías llegó le dijo dos veces a la mujer: “te ruego me des agua” y “te ruego también que me traigas pan”. Pese a ser el hombre de Dios, profeta de Dios, no llegó imponente, no llegó soberbio, no llegó exigente con aquella mujer. Fue de manera sencilla, humilde a pedirle que lo alimentara. Si tú eres un misionero, un pastor, un siervo del Señor, aprende a pedir a tu iglesia enviadora, o a tus ofrendantes o a tu grey, con humildad. Nunca te impongas ante ellos o les exijas, porque recuerda que Dios es quien te envía y Dios es quien te sustenta.

 

  1. Obediencia. Elías sufrió las consecuencias de la falta de lluvia. Y aunque parecía inverosímil dos veces Dios le mostró que Él estaba en control de las cosas. Lo envió al arrollo y lo sustentó. Lo envió a Sarepta y también lo sustentó. Elias obedeció porque creía en Dios, confiaba en Él. Dios era primero que él mismo. No renegó porque lo envió a lugares incomodos, con personas extrañas, al contrario, obedeció al Señor todo el tiempo. De igual manera la mujer obedeció la voz del profeta. Hizo las cosas “conforme” a lo que le pidió. Si Dios está hablando a tu vida en este tiempo, y a ti te parece extraño lo que Él habla, no preguntes, solo obedece. Ni Elías ni la mujer cuestionaron las ordenes, y Dios los recompensó.

 

  1. Fe. Se necesita fe para creer que no llovió porque Elías lo dijo. Se necesita fe para creer que cuervos alimentaron a Elías con pan y carne. Se necesita fe para creer que Dios sustentaría la casa de aquella mujer. Se necesita fe para creer que las tinajas de harina y aceite no escaseaban. Se necesita fe para creer que Dios cumple todas sus promesas. No sé si por este tiempo te has estado cuestionando, si has estado dudando, si estas atravesando circunstancias donde estas cuestionando tu fe, pero yo te animo a que no dudes, Dios es el mismo de ayer, de hoy y lo será por la eternidad. Si Dios hizo maravillas antes, también las hará hoy de acuerdo a su voluntad.

 

  1. Soberanía. La viuda de Sarepta no tenía idea de lo que Dios había planeado para ella. No imaginaba que Dios había trazado un plan donde probaría si ella en verdad lo amaba más que a nadie en el mundo. Quizá ella estuvo orando por muchos días a causa de su necesidad, quizá Dios vio su desesperación, quizá Dios pensó hoy responderé a la súplica de esta mujer, en verdad no lo sé, pero lo que sí sé es que Dios le anticipó a Elías que ella lo sustentaría. Él ya sabía que habría de hacer. Lo mismo te digo a ti, hoy al igual que aquella mujer, al igual que Job, no sabes lo que Dios está planeando en el cielo para tu vida. No sabes que ha preparado Dios. No sabes como Dios probará tu fe. No sabes que está ocurriendo en la mente y en el corazón de Dios, pero lo que si debes saber que aun cuando tú lo desconozcas Dios es soberano por encima de todo, y que sus caminos son perfectos. Que sus planes son distintos a los tuyos. Sus planes son de bien y no de mal.

 

  1. Trabajo. Dios recompensó la fe de la viuda proveyéndole el sustento. Sin embargo dice el v.14 al final que Dios los sostendría hasta que la sequía terminara. Significa entonces que volvería llover y ella volvería a trabajar. Durante toda la crisis Dios la sostendría pero luego que terminara ella debía volver al trabajo. Debía seguir siendo la que sostendría a su hijo. Debía seguir esforzándose por sostener su casa. Me encanta Dios, porque sabe cómo buen Padre que debemos esforzarnos por nuestro sostenimiento. Como lo dijo el apóstol Pablo, “bueno es que no coma el que no trabaja”.

 

  1. Dios primero. Amar a Dios por encima de todo es fácil decirlo, vivirlo es totalmente distinto. Elías amó a Dios por encima de él mismo, fue obediente pese a las circunstancias adveras. La viuda también lo amó más que a ella misma y que a su propio hijo, dicho sea de paso, algo que no tan fácilmente puede hacer una madre. Pues sus hijos son su corazón mismo. Pero así lo hicieron. La experiencia con Dios nos lleva a que mostremos si es Él quien ocupa el primer lugar en nuestro corazón o no como lo hicieron ellos. Mi exhortación es a que pongamos al Señor como el centro de nuestra vida y todo lo demás vendrá por añadidura.

 

Me despido como siempre diciendo: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

TRABAJO DE TIEMPO COMPLETO CON POCA PAGA

En días recientes el presidente Jimmy Morales estuvo de gira por los Estados Unidos. Aprovechando su visita fue entrevistado por el New York Times, y sus declaraciones fueron motivo de gran controversia en varios sectores, especialmente dentro de los connacionales que se encuentra ilegales en aquel país. El entrevistador le pidió que comentara sobre la propuesta del presidenciable Donald Trump de construir un muro en la frontera con México. Y nuestro presidente, fiel a su antigua profesión, la de comediante, quiso bromear con el asunto y dijo: “si Donald Trump quiere construir un muro, yo le ofrezco mano de obra barata. Tenemos muy buena mano de obra y con gusto se lo construimos. Nos dice las medidas y tenemos la capacidad para hacerlo”. Con la fluidez de las redes sociales, de inmediato las reacciones llegaron. Las palabras de nuestro presidente causaron furor. Enojados varios sectores le exigieron una disculpa. Jimmy Morales, no tuvo mas alternativa que disculparse por sus palabras que según él fueron mal interpretadas.

cdc4afdbd475ecc1360eff2478193b36

La molestia ante las declaraciones del presidente eran justificadas. Ciertamente nuestros compatriotas y otros inmigrantes no ganan lo suficiente por el arduo trabajo que desempeñan es debido a las condición de inmigrantes ilegales en la que están. Su mano de obra si bien es cierto es barata no significa que sea despreciable. Hacen un duro trabajo pero se les paga mal. Todo el esfuerzo que realizan no es compensado justamente con su salario. El trabajo que realizan los ilegales es indispensable para la economía de la nación americana. Sin su trabajo aquel país no funcionaría aunque no sea bien pagado. No reciben el salario que en verdad merecería. Menos el reconocimiento que a pulso se han ganado.

El trabajo de las madres pasa por similares circunstancias. Es un trabajo de tiempo completo pero mal remunerado. Si empezáramos a contabilizar cada hora de esfuerzo que realiza una mujer desde el día en concibe a sus hijos, es un hecho que no habría dinero que pague tal trabajo. Las madres pasan trabajos desde que los primeros cambios hormonales hacen estragos en su cuerpo. Nauseas, vómitos, mareos, dolores de cabeza, son solo algunos de sus pesares. Sin mencionar que su cuerpo, motivo de su belleza externa, también sufre. Engorda, se deforma, y cambia drásticamente. Sus horarios de alimentación cambian, ahora ya no come tres veces al día, sino cada vez que desea. Todas sus horas de sueño se interrumpen, se trastornan por un bebé que le da guerra en el vientre. Repito, es un trabajo de tiempo completo pero mal remunerado.

Y así podemos continuar haciendo el recuento de las horas que las madres invierten en sus hijos. Me pregunto ¿Cuánto podríamos pagarle a las madres por las horas de labor de parto? Independientemente si es natural o por cesárea, ni el dolor que sufren al parir, ni el esfuerzo que hacen por dar a luz, ni la energía que invierten para resistir ese momento, podrían ser remunerados con ninguna moneda terrenal. Razón tenía el evangelista Juan al decir: cuando una mujer da a luz a un niño, ya no se acuerda de la angustia, por la alegría de que un niño haya nacido en el mundo (Jn 16:21), su pago es ver nacer a sus hijos bien. Es convertirse en madre.

Así es, el trabajo de las madres es un trabajo de tiempo completo pero mal remunerado, porque no le podemos pagar las horas que nos dedica como enfermera, o lo que nos receta como medico, tampoco podemos pagarles por sus horas como maestra, o cuando la hace de psicóloga. A una madre no podemos pagarle sus horas de dedicación, o su paciencia, su ternura, sus caricias, sus consejos y tampoco sus regaños. A nuestras madres no podemos pagarles su amor profundo e incondicional que sienten por nosotros. No hay forma de hacerlo. No tenemos como pagar una hora de cuidado, o tantas afrentas perdonadas, tantos disgustos, y tampoco podemos pagarles tanta bondad hacia nosotros.

Lo que sí debemos hacer es honrarlas tanto como a nuestros padre porque es un mandato de Dios que tiene promesas para nosotros. La única forma en que podemos intentar devolverles tanto amor es siendo hijos ilustres, buenos ciudadanos, y sobre todo, hijos de Dios que dan buen testimonio. La honra a nuestras madres es lo que mas satisfacción les da a su corazón. Aun si ya no están entre nosotros, la honra a su memoria también debe ser un fin que debemos perseguir. Nuestras madres no piden electrodomésticos el 10 de mayo aunque se los damos. Tampoco piden lujos aunque los merecen. Y menos piden dinero aunque debemos proveerles. Pero lo que si piden es que seamos hijos de bien. Con eso se dan por bien servidas, porque desde el día en que somos engendrados ellas procuran siempre nuestra protección y nuestra felicidad. Así que aunque no podemos pagar este trabajo que es de tiempo completo, procuremos llenar de honra a cada una de nuestras viejecitas y dedicarles no un día sino los 365 días que tiene el año para decirles: Feliz día mamá.

De parte de Semillas de Fe, FELICIDADES QUERIDAS MADRECITAS, QUE DIOS LES BENDIGA RICAMENTE Y RECUERDEN… HAGAN USTEDES LO POSIBLE Y DEJEN QUE DIOS HAGA LO IMPOSIBLE POR CADA UNA DE USTEDES.

 

EL AMOR DE PADRE QUE DAÑA A SUS HIJOS (Conclusión)

En el articulo anterior vimos la importancia que tiene ser padres que responsabilicen a sus hijos con tareas en casa. Además hablamos sobre la negligencia de los padres en la formación de sus hijos. Dijimos que los padres somos demasiado consentidores con nuestros hijos, que les impedimos que ellos se desarrollen y que se vuelvan diligentes. También mencionamos que podemos ser negligentes con nuestros hijos en áreas como la evasión de responsabilidades. Que generalmente somos los padres los que asumimos muchas de sus tareas y los eximimos de lo que les corresponde a ellos. Al igual somos negligentes en cuanto a la resolución de conflictos. Todo el tiempo estamos evitando que ellos sepan resolver sus propias situaciones difíciles. Que no les permitimos que aprendan a asumir las consecuencias de sus malas acciones. En este articulo veremos otro tipo de negligencia que cometemos con nuestros hijos. Específicamente a la hora de satisfacer sus necesidades y gustos. También daremos dos semillas para que sembremos y así sepamos que hacer en cada una de estas circunstancias. Dos principios básicos para ayudar a mejorar esta circunstancia. Y finalmente veremos una transcripción textual de doce reglas que escribiera el Departamento de Policía de Houston, Texas, dirigida a padres que quieren criar hijos delincuentes. Con esta referencia concluiremos esta serie de dos partes.

afbfc4ae-465e-44fb-b660-c77fe3e9b124

En cuánto a sus necesidades

        No existe un solo padre de familia que no salga todos los días motivado a trabajar por la remuneración económica. Si nos preguntaran si quisiéramos ir a trabajar sin paga, pocos diríamos que si. Todos trabajamos por el tema del dinero. Trabajamos por el dinero para satisfacer las necesidades de casa. Y por su puesto para darle a nuestros hijos todo lo que ellos quieran. Máxime si tuviste una infancia difícil tu deseo es que tus hijos no sufran como tú sufriste. Quieres comprarles todo. Les das todo a cambio de nada. No les exiges nada. Extienden la mano y les das. Nuestros hijos no aprenden el valor del esfuerzo, ni el valor del dinero. No aprenden el valor de ganarse lo que desean. Quieren un celular caro, ahí vas se los das. Quieren la nueva computadora, la tienen. Toda la ropa novedosa, la de moda, ahí estas dándosela. Pero el problema mas serio es que cuando pasas esas temporadas donde no puedes pagar todos los antojos de tus hijos. Ahí si que estarás en serios conflictos y meterás en conflictos a tus hijos. Cuando no puedas satisfacerles sus ambiciones ellos buscarán satisfacerlas por sus propios medios. Por eso vemos tantos jóvenes delinquiendo por un celular, por un par de zapatos, por algo común, porque no aprendieron a ganarse las cosas. Si nuestros hijos supieran cuanto cuestan las cosas no tendrían porque luego querer tenerlo a la fuerza.

Entonces ¿qué hacer ante esto? ¿Cómo podemos evitar que nuestros hijos se vuelvan parásitos? ¿Cómo hacemos para evitar que se autodestruyan? ¿Qué podemos hacer para que no lleguen a grandes siendo unos pareas sociales?

Quiero darte algunas semillas para ayudarte en tu quehacer de padre. Dos principios bíblicos para aplicar en la educación y formación de tus hijos.

  1. Disciplina a tus hijos, eso también es amarlos. He 12:5 dice: hijo mío, no tengas en poco la disciplina del Señor, ni te desanimes al ser reprendido por Él; porque el Señor al que ama, disciplina, y azota a todo el que recibe por hijo. Dios es un Padre que no desea ver el mal de sus hijos. No quiere ver a sus hijos destruidos, no quiere verlos convertidos en piltrafas humanas. Porque los ama también los disciplina. Los reprende por amor. Cuando ve que sus hijos se están perdiendo toma medidas drásticas para corregirlos. Si creemos que disciplinar a nuestros hijos es malo, estamos equivocados. La corrección es necesaria para el bienestar de nuestros hijos. Amar a nuestros hijos es corregirlos, re direccionarlos. Si dejo que hagan todo lo que quiere por amor a ellos mas bien estoy encaminándolo a que se destruyan.

Una madre le escribió una nota a su hijo que purgaba una condena de 20 años donde le decía: hijo yo debería purgar una condena de 40 años porque yo soy mas culpable que tu. Yo te descuidé, yo no te corregí, yo no supervisé a tus amistades. No te dediqué el tiempo necesario para escucharte. Yo también soy culpable porque todo el tiempo te dejé solo. Pensé que dejándote solo estarías mejor. No supe que ser indiferente a tus necesidades era mas perjudicial para ti. Nunca te puse reglas. Entiendes mi punto:

Nuestros hijos necesitan ser disciplinados en amor. Amarlos es corregirlos.

2. Muéstrales el camino hacia Dios. La Biblia dice: Y vosotros, padres, no provoquéis a ira a vuestros hijos, sino criadlos en disciplina e instrucción del Señor (Ef. 6:4). La semilla anterior trató el tema de la disciplina, ahora veamos el tema de la instrucción en el Señor. Ningún hijo sabrá como conducirse en sus vidas si no les damos las instrucciones precisas. Nosotros debemos decirles a nuestros hijos cuales son las reglas especificas que deben seguir. Hora de levantarse, acostarse, para hacer sus tareas, lo que puede o no puede hacer. Pero sobre todo, debemos instruirlos en el amor de Dios. El lugar donde maman la sabia de la verdad espiritual es en casa. Los padres deben instruir a sus hijos sobre el temor al Señor.

Es de vital importancia que los padres velen por la vida espiritual de sus hijos.

Una niña y su padre estaban un día en la iglesia mientras el pastor predicaba sobre la obediencia a Dios. Decía: la obediencia a Dios se revela en la manera como hacemos los pequeños deberes de nuestra vida diaria. Describió cuántos padres olvidan sus deberes espirituales en el hogar; cómo se retiran cada noche sin orar a Dios y por la mañana dejan de darles gracias por el reposo, protección y bendiciones del nuevo día. La pequeña, que escuchaba con mucha atención, moviendo su cabecita hacia el papá, susurró: “papá, ¿el pastor está hablando de ti?”. Esta sencilla pregunta traspasó el corazón del padre; no dijo nada, pero por la noche se arrodilló y confesó su pecado de negligencia, y pidió a Dios le ayudara a cumplir sus deberes como buen padre cristiano. Ves el punto: 

Somos los responsables de la vida espiritual de nuestros hijos.

La influencia espiritual de nuestros hijos condicionará la vida espiritual de nuestras futuras generaciones.

Un día le preguntaron a una anciana: ¿cuándo es la época idónea para instruir a nuestros hijos en el temor a Dios? a lo cual ella contestó: esa labor empieza 20 años antes que nazcan. Es decir que empieza desde que nosotros los padres nos rendimos a los pies de Cristo.

Si somos padres genuinamente cristianos también lo serán nuestros hijos.

Estas son solo dos semillas que te ayudaran para criar a tus hijos en amor y temor de Dios. Pero quiero además transcribirte “Doce reglas para criar hijos que lleguen a ser delincuentes” que redactó el Departamento de Policía de Houston, Texas.

  1. Dé a sus hijos todo lo que quiera desde niño. De esta manera crecerá pensando que las otras personas deben estar a su disposición.
  2. Cuando empiece a utilizar alguna que otra palabra “soez”, ríase. De este modo se creerá ser gracioso. También le alentará a emplear frases francamente obscenas más tarde.
  3. Nunca le enseñe nada de asuntos espirituales. Espere hasta que sea mayor, a que tenga 21 años, para que pueda decidir por sí mismo.
  4. Evite la palabra “malo” pensando que le daría un complejo de culpabilidad. Esto le preparará para que cuando más tarde sea detenido por alguna infracción contra la Ley, piense que la sociedad está en su contra y que es objeto de persecución.
  5. Recoja todo lo que deje por ahí desordenadamente, libros, zapatos, ropa, etc. Hágaselo todo, para que le sea mas fácil; más tarde imputará la responsabilidad a los demás.
  6. Déjele leer todo lo que quiera, no importa qué. Tenga cuidado de que el vaso y los cubiertos estén bien limpios, pero deje que su mente se llene de basura.
  7. Dispute frecuentemente con su esposa, su nuera de ustedes, delante de los hijos; de esta manera no quedarán sorprendidos cuando la casa, más tarde, se desmorone.
  8. Dele a su hijo todo el dinero que quiera. Que nunca tenga que trabajar para conocer su valor. ¿por qué han de ser para él las cosas tan difíciles como lo fueron para usted?
  9. Satisfágale en todo cuanto haga referencia a comida, bebida y confort. Procure que no haya estorbos para su satisfacción sensual. El no tenerla puede ocasionarle frustraciones dañosas.
  10. Póngase de lado de su hijo siempre que tenga conflictos con amigos, vecinos, profesores, policía. Todos ellos están contra su hijo.
  11. Cuando su hijo se meta en problemas de veras, excúsese diciendo: “era imposible hacer nada con este hijo”.
  12. Esté sobre aviso. Es muy probable que en la vida no le falten los sinsabores y las penas si procede según estas reglas.

Ciertamente mi padre no me enseñó a trabajar, pero tengo que destacar que a través de su vida y su ejemplo me ha dado grandes lecciones y sigue dándomelas hasta el día de hoy y yo las atesoro en mi corazón. Me enseñó valores morales y luego fue el artífice de mi conversión al Señor ya que durante todo un año me tuvo en oración constante hasta que el Padre me trajo a los pies de Cristo. Además el es mi inspiración y mi motivación para estudiar la carrera de Ingeniería Civil. Gracias a sus anécdotas aprendí lo importante que es nunca darse por vencido en la vida. Su entereza y su lucha constante me enseñaron a jamás bajar los brazos o rendirme. Es mi papá la fuente de inspiración para muchas de mis metas. Es a quien recurro cuando tengo dudas, cuando me encuentro en aprietos. Sé que en él siempre encontraré buenos consejos y tendré corrección cuando falle y apoyo cuando lo necesite. Verlo como se ha desarrollado dentro del liderazgo evangélico me inspira también a prepararme para ejercer cualquier ministerio que Dios me brinde con calidad y excelencia. Es mi padre el que constantemente nos dice que sirvamos al Señor con todo el corazón y con excelencia. Y como digo siempre: me conformaría con ser para mis hijos aunque sea el 25% de lo excelente padre que es él para mi. Porque es un tapizo mi padre.  En fin, sus enseñanzas necesitarían mas de un artículo para describirlas.

Así que, concluyo diciendo: entendamos que si amamos a nuestros hijos no podemos echarlos a perder con nuestra sobreprotección. No podemos destruirlos en el afán de amarlos. Procuremos hacer que nuestros hijos representen nuestros valores familiares ante la sociedad. Enseñémosles la verdad de Dios para que honren a sus padres y glorifiquen al padre. Dicen que a los niños chinos para evitarles que se conviertan en delincuentes les explican la vergüenza que harán pasar a sus padres. Eso condiciona la conducta de los muchachos. El trabajo es nuestro, es duro pero la alegría y la satisfacción son innumerables. Por lo tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

EL AMOR DE PADRES QUE DAÑA A SUS HIJOS (1era parte)

Introducción

El primer empleo que tuve no solo sirvió para darme mi primera experiencia laboral, sino también para darme una lección que debí recibir en casa. El patrón que tuve en dicho trabajo no tenía muchas consideraciones conmigo. A él no le importaba mi titulo universitario, mis notas, nada. Él ejerció su papel de patrono con mucha dureza. Aunque tengo que decir que muchas de sus llamadas de atención no fueron por intransigencia de él sino por negligencia mía. Yo era impuntual en mis horarios, además de olvidadizo con las tareas del siguiente día, era desordenado con las directrices que debía darle a mis subalternos. En fin, era un mal trabajador. En su momento, yo me enojaba, refunfuñaba, murmuraba, renegaba de todo, porque sentía que él era injusto. Pensaba que no debía aguantar esa situación y tenia deseos de renunciar. Pero luego reflexioné en todo y entendí que yo era el que estaba mal. Comprendí que él en realidad tenía razón en el 95% de las cosas y agradecí mas bien porque él estaba siendo paciente conmigo y me estaba brindando mi primera oportunidad laboral. Gracias a su forma de ser tan dura, y tan frontal aprendí a trabajar. Mejoré en muchas áreas laborales. Aprendí a trabajar como era debido. Hoy lejos de tener resentimiento estoy agradecido.

padresosbreprotectores

Dentro de mi reflexión en aquellos días llegué a una conclusión: “si mi padre me hubiera enseñado a trabajar con amor, no hubiera aprendido a hacerlo con dolor”. Suena poético, pero es una realidad. Hay enseñanzas que los padres deben darle a sus hijos con amor para que a futuro no tengan que aprenderlas en la vida con dolor. Vi hacia atrás y no recordaba muchos días en los cuales mis padres me asignaran tareas especificas y con las cuales fuera recompensado. Si no fui un mal estudiante y aparentemente eso era suficiente para ellos, pero no me recuerdo ayudando a sacar la basura, o barrer la casa, o trapear, o lavar los platos. No recuerdo ninguna exigencia de ese tipo. Las veces que intenté hacer algo con mi padre no soportaba que me hablara fuerte porque no le entendía y lo que hacía era renunciar. Así que no sabía trabajar. Por ello en esta primera oportunidad mi mejor salida era esa, renunciar. Solo que las circunstancias familiares y las necesidades económicas ya me condicionaban para hacerlo.

Negligencia parental

El punto que quiero tocar es ese principalmente: que los padres en nuestro afán de proteger a nuestros hijos por amor terminamos echándolos a perder. Si, leíste bien, nuestro amor de padres termina dañando a nuestros hijos. Nos volvemos tan consentidores que no les enseñamos cosas que aparentemente son simples pero que luego se vuelven importantes en la vida. No queremos ser duros con ellos, no deseamos ponerles reglas, evitamos que colaboren en casa, no les exigimos nada y por ende se crían a su placer y antojo. Hay personas que tienen una, o dos o hasta tres personas que los ayudan en los quehaceres de la casa, y con ello automáticamente impiden que sus hijos muevan un solo dedo. Pero veamos algunos de estos puntos por separado.

En cuanto a sus responsabilidades

Ciertamente nuestros hijos estudian (la gran mayoría) pero hasta en eso fallamos, porque son pocos los padres que dejamos que nuestros hijos hagan sus tareas solos mientras cursan los grados de primaria y secundaria. Les dejan fabricar un sistema solar, nuestros hijos se van a la cama y son los padres que están desvelándose haciéndoles los planetas, pintándoselos, ajustándoles cada uno en su lugar. La nota se la acreditan al niño pero el esfuerzo y el valor es de los padres. Más grandes, seguimos en el mismo plan, les dejan hacer algún tipo de trabajo como hornear un pastel, o tejer, o algo similar y ahí están las madrecitas tejiendo, horneando. Le dejan a los jóvenes hacer una estufa eléctrica (trabajo muy habitual de los colegios) y el que termina haciendo las conexiones es su papá mientras el joven anda en la calle con sus amigos. No les permitimos que ellos se desarrollen. Les hacemos el trabajo que les corresponde a ellos. Somos negligentes porque no les dejamos que ellos cumplan con sus responsabilidades.

No pensamos que a futuro nadie hará el trabajo que les corresponde. Por eso nuestros hijos no aprenden a trabajar porque no les enseñamos. No les asignamos tareas para responsabilizarlos.

Les evitamos que hagan algo aunque sea muy básico en casa. Piensen que al ser así de negligentes los dañamos, si reflexionas cuando no estés con tus hijos: Nadie irá a redactar la carta que la hija secretaria debe hacer. Ningún padre irá hacer la cirugía que le corresponde a su hijo (a menos que sea medico también… jeje). Ninguna madre o padre de familia irá a examinarse en la universidad por sus hijos. Es algo que deben resolver ellos mismos.

Esa es una de las razones por las cuales cuando entran a la universidad nuestros hijos fallan, porque no aprendieron a resolver esos problemas solos. Siempre estuvieron los padres haciéndoles las tareas que les competía a ellos. Aclaro, no estoy diciendo que no debemos apoyarlos. Ciertamente esa es nuestra función primordial, servir de apoyo y guía pero no ser sustitutos de sus responsabilidades. Tenemos que enseñarles a que cumplan con lo que a ellos les corresponde.

            En cuanto a la resolución de conflictos

Otro punto clave es Cuando tienen un problema muchas veces los aislamos, no dejamos que ellos aprendan a resolverlos solos. No entendemos que con toda esa sobre protección lo que estamos es atrofiándolos para sus desenvolvimiento futuro. Cuando tenemos un problema a quien recurrimos primero, a nuestros padres. Pero nuestros padres y nosotros ahora como padres debemos enseñarle a nuestros hijos a enfrentar sus dificultades. De nuevo es importante que nuestros hijos sientan apoyo en nosotros, que tengan la confianza para contarnos lo que sucede pero nuestra labor es solo aconsejar, orientar, pero no resolver todo. Ya me imagino yo llamando a mi madre o mi padre para que fueran hablar con mi patrón para que no me regañara por mis faltas. Definitivamente no, pero, cuando le conté a mi papá lo que sucedía me aconsejó que fuera mas cuidadoso, que apuntara las directrices, que procurara salir mas temprano para no ser impuntual. Pero no fue a hablar con él para que no me regañara. Nuestros hijos deben aprender a asumir sus responsabilidades. Si fallaron pues entonces no podemos evitarles las consecuencias sino apoyarlos para que las asuman.

Les cuento una anécdota más de mi experiencia personal. En cierta ocasión junto a dos amigos mas le mentimos al papá de uno de ellos respecto a un viaje que queríamos hacer. Nosotros deseábamos irnos en carro a otra ciudad pero sabíamos que no nos darían el carro para hacerlo entonces le mentimos a don Mingo diciéndole (el padre de mi amigo) que mi papá manejaría. Sabíamos que solo de esa manera obtendríamos el carro. Todo iba bien hasta que al volver tuvimos un accidente. Y todos se dieron cuenta que mi papá ni enterado estaba. Tuve que ir a pararme frente a don Mingo y ofrecerle una disculpa. No fue mi papá el que se disculpó sino que me obligó a que lo hiciera yo. Pero no siempre los padres son así. Hay padres que terminan pagando las fallas de sus hijos. Asumen la responsabilidad para que ellos no sufran. Pero eso lejos de ayudar los perjudica. El papá de un amigo terminó pagando la deuda de su hijo. El muchacho robó en su trabajo una suma aunque no era tan grande pero fue suficiente para que lo despidieran. No lo metían a la cárcel si pagaba lo robado. El hijo se disfrutó el dinero mientras su papá estaba matándose para juntar la plata.

En el siguiente articulo veremos el aspecto de las finanzas y las complacencias a nuestros hijos. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

Puede interesarte también nuestra serie:

https://semillaquedafrutoalcientoporuno.wordpress.com/2016/04/13/hijos-bajo-el-cuidado-de-la-ninera-digital-1era-parte/

https://semillaquedafrutoalcientoporuno.wordpress.com/2012/10/10/viviendo-irreprensibles-en-un-mundo-corrupto/

UN MOMENTO DE LUCIDEZ

Y volviendo en sí, dijo: ¡cuantos jornaleros en casa de mi padre tienen abundancia de pan, y yo aquí perezco de hambre!
(Lucas 15:17)
 

mujer desesperadaEstoy casi seguro que todos en algún momento de nuestras vidas nos hemos quedado con la mente en blanco. Máxime cuando estamos en situaciones de mucha tensión, de mucha ansiedad y estrés. Como aquel trabajador que esta sumergido en un mar de papeles, buscando algún documento que su jefe le esta exigiendo urgentemente para resolver un problema en la empresa. O aquella mujer que esta en medio de una crisis hogareña, con niños que lloran, comida que se le quema y puerta que tocan, y no sabe que hacer. O aquel joven que va retrasado rumbo a la universidad, en medio del trafico, sintiendo que no podrá llegar a su examen final y quisiera poder quitar todos los carros que están delante. O aquel hombre que ve como sus bolsillos están vacíos y tiene una familia que alimentar. En fin son muchas las situaciones caóticas que nos pueden llevar a perder los estribos. Que nos pueden desarmar y dejarnos paralizados. Pero, en medio de esos momentos de mucha tensión podemos tener también momentos de lucidez, momentos de sensatez, que pueden ser de escasos segundos pero son suficientes para cambiar el rumbo de nuestra vida.

Este es precisamente en el punto en que se encuentra el hijo prodigo en este versículo, teniendo un momento de lucidez. Ahí en medio de los cerdos, el mal olor, el chiquero, las incomodidades y los ruidos de estos porcinos, está viendo como se le abre el panorama de posibilidades para salir de la terrible situación en la que se encuentra. La primera frase es tan reveladora y tan clave para entender lo que sucedió antes y después de la vida de este joven, es en este justo momento que recobra algo que ya había perdido, la razón. En el verso 17 dice: y volviendo en sí [el hijo prodigo] empieza a tomar decisiones, empieza a notar que su vida no esta bien. Pero ¿Qué significa volver en sí? Si pudiéramos definirlo con nuestras palabras se puede decir que es: recapacitar sobre lo que estamos haciendo, volver a ubicarnos, retomar el equilibrio, tener claridad en nuestra mente, saber exactamente hacia donde queremos ir, re direccionar nuestra vida en el rumbo correcto.

el_hijo_prodigo_abandonado

Eso era lo que estaba haciendo el hijo prodigo, pensando con lucidez. Porque el despilfarro de dinero, la vida libertina y las malas decisiones que había tomado este joven lo habían llevado a la desgracia, él ya había perdido la noción del tiempo, había perdido la idea sobre lo que era bueno o malo. Él ya no era el mismo joven de hace unos años o meses atrás, ya no era el mismo joven que se levantaba a tomar su desayuno y hacer algunas tareas en la finca de su padre, o el hijo de papi que pedía y recibía solo con extender la mano, ya ni el brillo de su juventud aparecía en sus ojos, ya no quedaba ni el rastro de lo que había sido porque el pecado lo había desfigurado completamente.

Sabes, el pecado destruye, devasta, corrompe de tal manera nuestras vida que como si tuviéramos lepra y nuestro cuerpo se empieza a caer en pedazos, hasta desfigurarnos completamente. El autor del pecado nos hurta la paz, nos destruye la vida, nos mata las ilusiones. Nos hace que olvidemos de todos los valores que nuestros padres un día nos enseñaron, nos hace perder la dignidad como seres humanos, nos hace que dejemos de lado a Dios y nos volvamos en su contra, que grave error. El pecado solamente nos hace perder nuestra realidad. Nos hace que nos olvidemos que hay gente a nuestro alrededor deseando que volvamos en sí. El pecado hace que nos volvamos egoístas y no midamos el dolor que le causamos a los que nos aman. Borra nuestra sonrisa de los labios, nuestro corazón se empieza a marchitar como cuando una planta se esta muriendo. Pero el hijo prodigo reconsideró sus hechos en un momento de lucidez, pudo ver lo mal que estaba y recapacitó. Su estado espiritual, físico y económico debían cambiar, porque podían cambiar. Y supo a donde quería ir: a la casa de su padre– dijo dentro de si mismo- ahí deseaba volver. Quería volver al lugar de donde nunca debió haber salido, pudo decir.

pecador

Es inexplicable como reaccionamos cuando fallamos, porque generalmente cuando caemos en desgracia, lo que hacemos es huir del lugar menos indicado, nos alejamos de la familia. Y aunque ciertamente la familia sufre cuando fallamos, cuando hacemos lo incorrecto, cuando cometemos errores, sufren porque no esperaban sentir dolor por nuestra causa, también es verdad que sufren porque nos ven derrumbados, abatidos, y destruidos. No deseaban vernos en malas condiciones, por el contrario siempre habían deseado tenerte cerca y verte bien. La familia es un lugar de confort y seguridad del cual nunca deberíamos de huir.

Por ello si tu estas atravesando momentos de mucha tensión, si tu problema se ha agravado tanto, al punto que te sientes perdido, deprimido y agobiado, o si tu situación económica esta entrando en la categoría de ruina y estas empezando a tener malas ideas, o si tu relación con tus padres hizo que te fueras de casa, o si tu relación de pareja esta por destruirse porque ofendiste a tu cónyuge, o si tu relación con tu jefe ya es insostenible y estas pensando largarte y dejar tirado el trabajo, quiero darte estas Semillas de Fe para que puedas tener momentos de lucidez antes de seguir adelante:

1. Reconoce la condición en la que te encuentras y acepta que no es la mejor, porque ese no es el lugar que te corresponde. 2. Ya no te sigas lamentando por la calamidad en la que te encuentras y empieza a actuar con pie firme. 3. Pide perdón a tus seres queridos o aquellos a quienes has ofendido, por mas humillante que esto sea, hazlo. 4. Vuelve a tus principios, retoma el camino a través del arrepentimiento, recuerda que la Biblia dice: que si confesamos nuestros pecados, Él [Dios] es fiel y justo para perdonarnos. 5. Tira los harapos, no continúes guardando la ropa de tu inmundicia. 6. Y la mas importante de todas, vuelve a la senda de la justicia, a la senda que el Padre celestial ha trazado para ti. Vuelve a la casa de tu Padre eterno, a ese lugar de descanso, reposo y paz. Vuelve a los brazos de quien nunca te va juzgar pero quizás con dolor te va restaurar. Vuelve a ese lugar de donde nunca debiste salir. Vuelve a la casa del Dios del imposible. Por ello como siempre haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

arrepentido