DE ESTE LADO DE LA ETERNIDAD

Introducción

El concepto teológico: “el ya pero todavía no” clarifica en gran manera la realidad a la que estamos expuestos como pueblo de Dios. Nos expone cual es nuestro estatus como seguidores de Cristo de este lado de la eternidad. Nos pone de manifiesto cuales son las bendiciones que hoy hemos alcanzado y cuales aun todavía no podemos disfrutar. Sin embargo no todos los círculos evangélicos parecen comprenderlo y algunos ni siquiera lo conocen. De esa cuenta es que se escuchan demasiados sermones carentes de verdad bíblica y con el enfoque incorrecto. Dando a los oidores falsas presunciones producto de malas interpretaciones.

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El Reino de Dios inaugurado

La entrada de Cristo en la escena terrenal además de cumplimiento profético trajo también esperanza salvífica. Jesús abrió el telón a una nueva era cuando anunciaba: “El reino de Dios se ha acercado, arrepentíos y creed en el evangelio” (Mr 1:15). De ahí en adelante la gran mayoría de sus discursos estuvieron basados en este tema. Sus parábolas, el cumplimiento profético como ya se ha dicho anteriormente se vieron envueltos bajo esta premisa: Dios esta cerca de su pueblo y de aquellos que estén dispuestos a depositar su fe en el Hijo de Dios.

La presencia de Jesús en la tierra abrió una puerta y mostró el camino que conduce a la comunión entre Dios y los seres humanos. Ahora ya no limitada solo para el pueblo judío, sino para todo aquel que en el Cree. Ahora, esto es precisamente lo que los teólogos llaman “el ya”. Es decir “ya” podemos gozar de las múltiples bendiciones que conlleva pertenecer al reino celestial. Podemos disfrutar de reconciliación con Dios, podemos tener una conversación abierta y sincera con Él. Podemos confiar en su cuidado, y gozar de su presencia en nuestros corazones porque ahora Él habita en nuestros corazones por medio del Santo Espíritu. Sabemos que en todas nuestras debilidades Él intercede por nosotros. Esas son de las grandes bendiciones que da pertenecer a ese Reino. O en palabras del Apóstol Pablo: ser ciudadano del Reino.

Lo ilustro así: como guatemalteco si deseo viajar a cualquier país mis beneficios son limitados. Si viajo a México por ejemplo, no puedo disfrutar de los mismos privilegios que un ciudadano mexicano. De la misma forma con un estadounidense. Aun si estoy en suelo americano, si camino por sus calles, aun si alquilara o comprara una casa por naturaleza no puedo tener las mismas garantías a menos claro esta, que me convierta en un ciudadano americano. De esa misma manera, cuando no conocía Cristo no pertenecía a su familia, aun siendo criatura de Dios no era ciudadano del Reino. Fue mas bien, hasta que decidí recibir el regalo de la salvación, arrepintiéndome de mis pecados y haciendo de Jesús mi Señor. Hasta ese momento entonces “ya” puedo contar con algunos de los beneficios o bendiciones anteriormente descritos. Pero ese “ya” me remite a este lado de la eternidad. En otras palabras disfruto desde el día que paso a formar parte de los hijos del Reino pero no de todo lo que Dios da.

Viviendo en un mundo caído

Como expuse anteriormente, el Reino de Dios se ha inaugurado, hemos entrado a una nueva dimensión de vida. Sin embargo “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de lo que Dios ha preparado para sus hijos. Lo explico así: la llegada de Jesús trajo muchos cumplimientos, trajo muchas bendiciones –aclaro que esto es para sus seguidores– pero hay circunstancias que todavía tenemos que afrontar mientras estemos de este lado de la eternidad. Quiere decir que “ya he sido perdonado” pero “todavía” tengo que seguir siendo perfeccionado. Porque “todavía” hay áreas de mi vida que no han sido plenamente resueltas. “Todavía” mentimos, “todavía” pecamos, “todavía” nos enfermamos, “todavía” sufrimos, “todavía” lloramos, “todavía” nos preocupamos, “todavía” lamentamos la perdida de un ser querido. “Ya” somos del reino pero “todavía” no hemos alcanzado la plenitud de todas las bendiciones. Pertenecemos al Reino pero “todavía” estamos sufriendo de las consecuencias del mudo caído en el cual vivimos.

Es tal como si un escultor tenga programado abrir una exposición de sus obras. Tiene una fecha establecida. Mientras eso llega esta trabajando en sus esculturas. No puede abrir antes porque aun no esta listo. Sus obras están inconclusas. “ya” tiene fecha pero “todavía” no ha llegado el cumplimiento. En otras palabras, cada cristiano de este lado de la eternidad es una obra en proceso porque Dios ”todavía” esta perfeccionando. Todavía esta afinando la buena obra que empezó en nosotros y la culminará hasta el día de Jesucristo” (Fil 1:6). Disfruta “ya” de la comunión con Dios pero “todavía” no disfruta de la plenitud de esa bendición que será alcanzada hasta que esté en su presencia.

Las falsas predicaciones

En los prolegómenos dije que comprender este concepto del “ya” pero “todavía no” clarifica cual es el estatus en el que nos encontramos como seguidores comprometidos de Cristo. Porque al tenerlo claro, nos protegemos de falsas predicaciones. Nos protegemos de esa mentira que cada día escuchamos con mas frecuencia y rápidamente se esta propagando, esa que dice que: “Dios nos quiere sanos, Dios nos quiere felices, Dios nos quiere victoriosos, Dios nos quiere millonarios, Dios nos quiere libres del dolor, Dios no quiere que enfrentemos el luto, etc.”. Pero siempre cuando escucho afirmaciones así me pregunto: Si Dios quisiera en verdad todo eso, ¿Qué sentido tendría ir al cielo? ¿Qué sentido tendría que Cristo se haya ido a preparar moradas para nosotros? ¿Qué sentido tiene la Biblia diga: El enjugará toda lágrima de sus ojos, y ya no habrá muerte, ni habrá más duelo, ni clamor, ni dolor, porque las primeras cosas han pasado. Y el que está sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y añadió: Escribe, porque estas palabras son fieles y verdaderas” (Ap 21:4-5)?

En el cielo todas las cosas serán hechas nuevas, y lo que hoy experimentamos en este lado de la eternidad no tienen comparación alguna con lo que experimentaremos en el cielo. Por ello es verdad que a Dios no le place ver el dolor del ser humano y por eso planeó antes de la creación del mundo que su Hijo viniera a este mundo, inaugurara su Reino y trajera salvación y vida eterna para sus hijos. Pero vamos en un proceso salvífico y perfeccionador, vamos avanzando hacia la meta donde nos espera un galardón preparado por Dios. Mientras eso llega nos toca enfrentar las diversas circunstancias de la vida, pero no solos porque tenemos la certeza “que Dios está con nosotros”.

Por tanto no nos dejemos llevar por esas falsedades que exponen los comerciantes de la fe, pues por dichas afirmaciones hay personas que prefieren abandonar la iglesia al ver que las falsas promesas hechas no alcanzan cumplimiento. Creámosle a Dios y a Su Palabra pero sobre todo comprendamos que es Soberano sobre todas las cosas y si Él quiere podemos sanar, podemos alcanzar múltiples bendiciones, porque ya pertenecemos al Reino de Su Amado Hijo. Y si debemos enfrentarlas hagámoslo con gozo para la Gloria de Su Nombre.

Me despido como siempre diciéndote: HAZ TU LO POSIBLE Y DEJA QUE DIOS HAGA LO IMPOSIBLE.

 

¿A quién iremos?

Introducción.

Mucho se ha escrito sobre el apóstol Pedro antes y después de Cristo. Antes de la ascensión de Cristo se ha dicho que Pedro era un hombre impulsivo, que solía precipitarse ante las circunstancias, también se ha escrito sobre su traición y sobre lo amargamente que lloró cuando se dio cuenta de la falta cometida contra su Maestro. Además de todo ello también se ha escrito sobre las confesiones que hizo sobre Jesús. Pedro fue quien dijo que Jesús era el Cristo, el Hijo del Dios viviente (Mt 16:16), también fue Pedro quien dijo: “¿a quien iremos? Tú tienes palabras de vida eterna” (Jn 6:68). Y es precisamente sobre estas palabras de Pedro que quiero escribir en este articulo.

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Mis tres razones para hacerlo son: en primer lugar porque puedo observar que Jesús siempre exige una respuesta de parte de aquellos que desean seguirlo. En segundo lugar porque considero que la pregunta y la afirmación que Pedro hace, son de un valor incomparable, y que son oportunos para alimentar nuestra vida cristiana. Y finalmente quiero escribir acerca de esta confesión de Pedro porque percibo cuán importante es tener una relación personal con Cristo para continuar perseverando en la Fe en el Hijo de Dios. Con base en estas razones déjame exponerte este articulo basado en estas tres premisas. (1) Debemos seguir a Cristo por las razones correctas. (2) Debemos tener puesta nuestra absoluta confianza sólo en Él. (3) Debemos creer y conocer a Cristo para sostener una relación sana con Él.

  1. SIGAMOS A CRISTO POR LAS RAZONES CORRECTAS.

Antes que Pedro dijera Señor ¿a quién iremos? muchas cosas ocurrieron. Juan narra que hubo una gran multitud de personas que seguían a Jesús (Jn 6:1a). También  dice que Jesús se fue al otro lado del mar de Galilea (Jn 6:1b) y todos aquellos comenzaron a seguirle luego de ver todas las señales que realizaba en los enfermos (Jn 6:2). Tanta multitud y cercana la pascua, Jesús realizó el único milagro que aparece en los cuatro evangelios, la alimentación de miles de personas. Esto sin lugar a dudas provocó una reacción mas impetuosa de la multitud, lo cual motivó a Jesús a apartarse nuevamente hacia Capernaúm (Jn 6:5-16). Fue en ese traslado que Jesús aparece en medio de la oscuridad y de fuertes vientos caminando sobre el mar (Jn 6:17-21). Ya al día siguiente toda aquella multitud notó que Jesús no estaba mas entre ellos, y de inmediato decidieron buscar a Jesús hasta que lo encontraron y le preguntaron Rabí, ¿cuándo llegaste acá? (Jn 6:22-25), a manera de paréntesis digo, que mejor hubiese sido no hacer esa pregunta porque la respuesta de Jesús no fue nada simpática. Es más, estoy seguro que la respuesta del Señor tuvo que haberles provocado mucho vergüenza.

Jesús les dijo: “En verdad, en verdad os digo: me buscáis, no porque hayáis visto señales, sino porque habéis comido de los panes y os habéis saciado. Trabajad, no por el alimento que perece, sino por el alimento que permanece para vida eterna, el cual el Hijo del Hombre os dará, porque a éste es a quien el Padre, Dios, ha marcado con su sello” (Jn 6:26-27). He dicho que la premisa que debemos seguir a Cristo por los motivos correctos, y cómo se evidencia en la respuesta de Jesús, las personas ni siquiera buscaban a Jesús por las sanidades hechas a los enfermos, ni ese era un argumento suficiente para seguirlo. Mas bien, lo buscaban porque estaban interesados en saciar su hambre. Vieron en Jesús el fin de sus carencias materiales. Consideraron que si seguían a Jesús posiblemente nunca mas tendrían que volver a trabajar y que seguramente Él se encargaría de alimentarlos mientras permanecieran cerca de Él.

Sin embargo Jesús omniscientemente pone en evidencia sus verdaderas intenciones. Ellos lo buscan por la comida. No conformes exigen de Jesús señales para poder creer en Él. Desean que Jesús les compruebe de alguna manera que Él es quien dice ser. Traen a colación el “Pan del Cielo” que Dios envió a sus antepasados (Jn 6:30-31). De nuevo el tema de la comida, ¿por qué no preguntar sobre el agua de la roca, o del mar rojo, u otro ejemplo? ¿por qué necesariamente la comida? Como dije antes, Jesús ya había puesto en evidencia cuáles eran sus verdaderas intenciones. Esto provocó que Jesús se revelara así mismo como el Pan de Vida. Les explicó que Él era el verdadero pan del cielo, que había descendido del cielo para cumplir la voluntad de Dios, la cual era que ninguno de aquellos que Dios le entregaba en su mano se perdiera y que lo resucitara en el día final. Que la voluntad de Dios era que todo aquel que creyera en Jesús tenga vida eterna (Jn 6:32-40).

Aun así, narra Juan que el gentío murmuraban y se mostraban escépticos, cuestionando el origen de Jesús. De nuevo Jesús atisba sus pensamientos y les ordena a no murmurar. Y hace una fuerte declaración que es vital para entender que a Jesús no se le puede seguir por motivos equivocados. Él les dijo: “nadie puede venir a mí si no lo trae el Padre que me envió, y yo lo resucitare en el día final” (Jn 6:41-44). A partir de ahí Jesús contrasta el Maná recibido por Moisés y así mismo como el Pan de Vida. Les dice que existe una amplia diferencia entre comer aquel pan y comer el Pan de Vida. Si bien es cierto aquel pan sació temporalmente a quienes lo comieron, Cristo, el Pan de Vida, saciaría el hambre espiritual de manera permanente. Jesús invitaba a sus oyentes a que comieran su carne y bebieran su sangre para vivir eternamente. Los judíos se escandalizaron porque no entendían aquellas palabras. El mensaje lo tomaron de forma literal. Pensaban que era necesario convertirse en caníbales para disfrutar las bendiciones de las que Cristo les hablaba (Jn 6:45-59).

Fue precisamente esto lo que motivó que todos aquellos seguidores finalmente desistieran en seguir a Jesús. Dado que su motivos para seguir a Jesús eran errados y tampoco creían en Él verdaderamente, lo mas fácil fue abandonarlo. Pensaron que era demasiado lo que Jesús estaba pidiéndoles. El judío tenía claro que Dios prohibía comer carne humana y tampoco les permitía beber sangre. Pero Jesús no hablaba en términos literales. Jesús hablaba en términos expiatorios. En términos de aceptar su Pasión y hacerla parte de ellos. Fue tal como les dijo alguna vez a sus discípulos Jacobo y Juan, cuando le pidieron sentarse al lado de Él cuando estuviera en Gloria (Mc 10:37-39).

Quizás pudiéramos preguntarnos ¿por qué Jesús no les aclaró sus palabras? En primer lugar porque fue el mismo Jesús quien dijo que a Él vendrían aquellos a quienes el Padre le enviara. Es decir que nadie viene a Cristo si el Padre no lo trae. Similares palabras dijo Juan antes en 1:12-13, a los que reciben a Jesús y creen en Su Nombre, se les da el derecho de convertirse en hijos de Dios, pero estos no nacen por voluntad o merito humano, ni por su propia voluntad, al contrario, nacen por voluntad enteramente de Dios. O como dijo Pablo a la iglesia de Roma: no depende del que quiere ni del que corre, sino de Dios que tiene misericordia” (Ro 9:16). Y en segundo lugar porque como ya se ha enfatizado, estas personas ni creían ni seguían a Jesús por los motivos correctos. Ellos solo buscaban satisfacer su hambre.

Entonces para cerrar esta primer premisa, déjame sembrarte las siguientes Semillas de Fe.

Primero, agradece e intercede. No podemos asegurar en qué se basa Dios para atraernos a Cristo, pero si ya tu eres parte de esta gran familia de la Fe, puedes dar gracias a Dios por ello y responderle en amor y servicio a Él. Además, estas llamado a orar e interceder por aquellos que aun no le conocen y no son sus hijos, para que Él tenga misericordia de ellos y los atraiga con su amor y su Santo Espíritu a Su Hijo y los resucite en el día postrero.

Segundo, sigue a Jesús por quien es Él. Hoy día se predica mucho en nombre de Dios, pero esto no significa que sea algo que provenga de Él. Es decir, que muchos pastores e iglesias tienen el mote de cristianas pero no predican a Cristo. Crean cortinas de humo, ofrecen sanidades, milagros, ofrecen tantas cosas que no son mas que cebos para cazar a las presas y llenar templos. Es por ello que hay muchas personas que salen de las iglesias peor de cómo entraron. Porque hubo quien les prometió mentiras, cosas que en verdad no se cumplirían y quedan tan decepcionados que ven a Jesús como alguien que en verdad no es. La Teología de la Prosperidad por ejemplo, ofrece cambios de economía, vende la fe, etc., negando la verdad del Evangelio. Despluma a las víctimas y no presenta a Cristo tal como es. Por ello debemos seguir a Jesús por quien es Él. El pan de vida que descendió del cielo y vino para no perder a nadie y resucitarlos en el día final.

Es verdad Aquellas personas no pudieron ver en Jesús al Mesías porque no les fue revelado. Pero el Padre sí revela al Hijo y tu puedes seguirlo porque sabes que Él es aquel que descendió del cielo para darte vida eterna.

En el siguiente articulo veremos las otras dos premisas, mientras tanto, haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

 

REVELANDO A CRISTO DESDE LA PRIMERA EPISTOLA DE JUAN (2da. Parte)

Introducción

En el articulo anterior mostramos una de las evidencias mas contundentes que anulan la idea Arriana sobre que Cristo no es Dios. Vimos como el apóstol Juan muestra la eternidad y la preexistencia de Jesucristo tal como Dios. Además pudimos ver que Cristo no solamente es eterno sino que además tiene la potestad de dar eternidad a quienes ponen su fe en Él. Ahora, para continuar con esta apología de Cristo en contra de aquellos que niegan su Deidad, veremos algunos de sus atributos semejantes a los de Dios pues Él es Dios. Éste será un argumento más, para evidenciar que Cristo es la Segunda Persona de la Trinidad.1761

Primer atributo, Jesús es fiel

Dios Padre posee distintos atributos. Los teólogos han hecho una división entre los atributos comunicables de Dios y los atributos incomunicables. Dentro de los atributos comunicables existe otra clasificación. Wayne Grudem habla sobre atributos que describen el ser de Dios, atributos mentales, atributos morales, atributos de propósito y atributos sumarios. La veracidad o fidelidad de Dios se encuentra dentro del grupo de atributos mentales de Dios según lo que describe Grudem. La definición que nos dice es: la veracidad de Dios quiere decir que Él es el Dios verdadero, y que todo su conocimiento y palabras son a la vez verdad y la norma suprema de la verdad[1]. Uno de los conceptos que podemos resaltar de esta definición es que Dios fiel. Que todo el tiempo podemos confiar en Él porque no cambia. Cuando Dios promete algo se cumple, o en palabras del apóstol Pablo: porque todas las promesas de Dios son en Él Sí, y en Él Amén, por medio de nosotros, para la Gloria de Dios.

De igual forma Cristo es veraz. En Cristo podemos confiar. Sus promesas también son confiables. Sus palabras también son verdaderas. La evidencia que encontramos dentro de la Biblia lo comprueba. Jesús antes de sufrir la muerte lo anunció tres veces y esa palabra se cumplió. Prometió que el Espíritu Santo sería enviado luego que Él partiera al Padre y así fue. Dijo que habría persecuciones por Su causa y fue así en aquel tiempo y lo es así todavía. Anunció que no quedaría piedra sobre piedra del templo en Jerusalén y así fue. Estas son solo algunas de las evidencias que podemos decir, porque tal como dijo el apóstol Juan si se escribiera todo lo que hizo, los libros no cabrían en todo el mundo (Jn 21:25). Ahora, en la primer epístola de Juan también podemos observar versos que demuestran la veracidad de Cristo, su fidelidad como uno de sus atributos.

Jesús es fiel para perdonar nuestros pecados. En 1:9 dice: Si confesamos nuestros pecados, Él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados, y limpiarnos de toda maldad. Este verso revela el primer propósito que Cristo tuvo con su arribo al mundo, salvarlo de la condenación eterna. Es decir, que cuando una persona puede verse delante de la Santidad de Cristo como el mas vil de los pecadores, reconoce esa condición y se arrepiente, Jesús lo perdonará. De ninguna manera sería condenado sin antes tener la posibilidad de recibir el perdón de pecados. Cuando Jesús hablaba con Nicodemo le decía que Él no había venido para condenar al mundo sino para salvarlo (Jn 3:17). Cuando una persona no rechaza a Jesús, sino que lo recibe y cree en su nombre, Dios lo hace parte de la familia de la fe (Jn 1:12). Jesús vino para proveer la única posibilidad que tenemos las personas de poder acercarnos al Padre, Él mismo. Por eso en Juan 5:24 dijo: de cierto, de cierto os digo: el que oye mi Palabra, cree al que me envió tiene vida eterna; y no vendrá a condenación, mas ha pasado de muerte a vida. Jesús es veraz, es fiel, y no miente. Él vino a buscar y a salvar lo que se había perdido (Lc 19:10). Si confesamos nuestros pecados, Jesús es fiel y también es justo para perdonarnos. Él no quiere que las personas padezcan la ira de Dios. Él no busca personas que estén limpias de pecado, Él busca personas que reconozcan su condición y que vengan a Él, porque aquellos que se acercan no son rechazados (Jn 6:37). Su pasión y muerte buscaba que las personas pusieran su fe y su esperanza en ese sacrificio final para alcanzar la vida eterna.

Jesús es fiel para cumplir sus promesas. Jesús no solamente es fiel para perdonar nuestros pecados sino que también lo es para cumplir las cosas que Él nos ha prometido. En 5:14-15 dice: Y esta es la confianza que tenemos en Él, que si pedimos alguna cosa conforme a su voluntad, Él nos oye. Y si sabemos que Él nos oye en cualquiera cosa que pidamos, sabemos que tenemos las peticiones que le hayamos hecho. Recordemos que la centralidad de este escrito es la fidelidad de Cristo como uno de sus atributos y que nuestro objetivo es rebatir la postura de aquellos que niegan que Cristo es Dios. Digo esto porque ante la exposición que Juan hace respecto a la Deidad de Jesucristo parece poco probable que no alcancemos nuestro objetivo. Observa con atención que el apóstol dice: esta es la confianza que tenemos en Él. Es habitual que una persona confíe plenamente en algo o en alguien cuando esto es verdadero. Una persona no confía fácilmente en un medico charlatán –por ejemplo– o en la medicina de dudosa procedencia.

Tampoco las personas confían fácilmente en una persona que les ha mentido constantemente, o que les ha fallado un sinfín de veces, o que incumple sus promesas. Pero Juan está diciendo que existen una plena confianza porque Jesús es verdadero. Jesús dijo de sí mismo: yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino es por mí (Jn 14:6). Dijo también: y conoceréis la verdad, y la verdad os hará libres (Jn 8:32), hablando de sí también. Sume esto también: cuando Jesús habló de su muerte dijo que al tercer día resucitaría y Juan fue testigo fiel de su resurrección. Presenció la manifestación gloriosa del Hijo de Dios. No encontramos mentiras o contradicciones que nos lleven a no confiar en Él. Habiendo demostrado la fiabilidad de Él es necesario decir que cuando nosotros oramos de acuerdo a los propósitos de Dios o bajo Su Voluntad, podemos confiar que nos oye. A pesar que Dios es eterno, Él esta cerca de sus hijos. Cristo al igual que Dios no es ajeno a nuestras necesidades, no hace caso omiso a nuestros problemas o a no es ajeno a lo que transcurre en nuestra vida. Dios escucha, y no solo eso, dice el apóstol Juan que ya podemos dar por sentado que nuestras peticiones serán respondidas. Posiblemente no en la forma tal cual nosotros pedimos sino conforme a la sabiduría de Dios. En Cristo nuestras peticiones tienen eco. Él es fiel para responder nuestras peticiones. La clave es pedir de acuerdo a Su Voluntad. Pedir aquello que no es para satisfacer nuestras pasiones, o que sean para envanecernos. Todo cuanto pedimos debe dar Gloria a Dios.

Concluyo brevemente diciendo: Jesús no cambiará, Él es confiable y es veraz. Si aun no has puesto toda tu confianza en Él yo te invito a que lo hagas, no vas a arrepentirte. Jesús permanece fiel –dice Pablo–aunque fuéremos nosotros infieles, Él no puede negarse así mismo (2Ti 2:13). Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Wayne Grudem Teología sistemática (Miami: Editorial Vida, 2007), 201.

REVELANDO A CRISTO DESDE LA PRIMERA EPISTOLA DE JUAN (1era. Parte)

Introducción

La primera carta de Juan al igual que toda la Biblia esta centrada en Jesucristo el hijo unigénito de Dios. En ella podemos conocer mucho del carácter divino de Cristo. Sin embargo, aun existen grupos que discuten si Cristo es Dios o no. Evidentemente los grupos que niegan la deidad de Cristo pasan por alto lo que Juan nos dice en sus epístolas y lo que la Biblia en su panorama general también dice acerca de Él. El apóstol Juan los describe como herejes. Juan dice también que aquellos que no confiesen que Cristo viene de Dios poseen el espíritu del anticristo (1Jn 4:3b) así como también poseen espíritu de error (1Jn 4:6b). Los grupos detractores afirman que Jesús es simplemente creación de Dios. Que el no es Dios. Que Cristo al ser creado por Dios esta subordinado a Él.

Cristo reunião

Estas afirmaciones comenzaron con Arrio (¿250-336?) y fueron discutidas en el Concilio de Nicea en el año 325 d.C. donde fueron declaradas como herejías. Aun cuando fue exonerado en el año 335 en el concilio de Tiro, tras su muerte en el concilio de Constantinopla en el año 381 Arrio fue declarado anatema. Tristemente la doctrina arriana tuvo eco en la historia y aun perdura en algunas sectas como los mormones y los testigos de Jehová, quienes no creen que Jesucristo es Dios. Además que afirman que Jesús no ha existido desde siempre.

Esta serie de artículos tiene como fin exponer los atributos de Cristo semejantes a los atributos de Dios pues es Dios. Nuestra base de exposición será la primera epístola de Juan. Veremos de Cristo su eternidad, su santidad, su fidelidad, su justicia, y su naturaleza divina. Además veremos lo que Juan nos dice sobre su encarnación, su obra redentora, la centralidad del Evangelio que existe en Él y sobre los mandatos que pidió que sus seguidores debían seguir. Finalmente mostraremos como en la epístola queda manifiesto que Jesús es Dios.

CRISTO ES ETERNO

De la misma forma que lo hace en el Evangelio que lleva su nombre, Juan comienza la primera epístola hablando sobre la eternidad de Jesús. En 1:1-2 dice:

Lo que era desde el principio, lo que hemos oído, lo que hemos visto con nuestros ojos, lo que hemos contemplado, y palparon nuestras manos tocante al Verbo de vida (porque la vida fue manifestada, y la hemos visto, y testificamos, y os anunciamos la vida eterna, la cual estaba con el Padre, y se nos manifestó);

Empecemos por responder la pregunta ¿A qué se refiere Juan cuando dice lo que era desde el principio? Según Alfred Tuggy la palabra griega de la cual es traducido principio es arcé y significa, lo que es primero, fuente de origen, punto de partida, soberanía. Desde la concepción filosófica, esta palabra es un nuevo inicio en una secuencia temporal. Se usa para describir el material primario del cual evoluciona todo, concepto similar expresa Juan al decir: Todas las cosas por él fueron hechas, y sin Él nada de lo que ha sido hecho, fue hecho (Jn 1:3). El apóstol Pablo también escribió: porque en Él fueron creadas todas las cosas, las que hay en los cielos y las que hay en la tierra, visibles e invisibles; sean tronos, sean dominios, sean principados, sean potestades; todo fue creado por medio de Él y para Él (Col. 1:16).

En la LXX este concepto se relaciona con tiempo primigenio. Entonces el Verbo, es decir Cristo, ha existido exactamente como Dios lo ha hecho. Cristo se hizo perceptible a los discípulos pero es eternamente preexistente, ya que es Dios mismo quien aquí se da a nosotros. Antes de la creación de todo el mundo, y todo cuanto conocemos Cristo ya existía. Juan también escribió: en el principio ya existía el Verbo, y el verbo estaba con Dios, y el verbo era Dios. Él estaba con Dios en el principio (Jn 1:1-2 NVI). Concluimos diciendo, que sí aceptamos que toda la Biblia es inspirada por Dios en la epístola de Juan las evidencias respecto a la preexistencia de Cristo son irrefutables.

CRISTO ES LA FUENTE DE LA VIDA ETERNA

Hemos visto que Jesús preexistía antes de todo lo que conocemos, es decir antes de la creación. Una evidencia que Jesús es eterno. Ahora, es necesario decir que Cristo no solamente es eterno sino que además Él es la fuente de la vida eterna. En 2:25 dice:

Y esta es la promesa que Él nos hizo, la vida eterna.

En los versos anteriores a esta declaración se nos dice que Jesús promete la vida eterna a aquellos que celosamente guardan las palabras de Cristo. De hacerlo así permanecerán en Cristo, y también en el Padre. Ahora para permanecer en Él hay que ser parte de la familia de Dios. En otras palabras la fe en Jesucristo es la llave que abre la puerta para una vida de eternidad con Él. En el contexto inmediato al pasaje, la epístola dice que en Jesús no hay mentira, que Él es la luz y por tanto no hay tinieblas en Él. Al pensar que en Jesús hay vida eterna porque lo ha prometido podemos tener la certeza y la garantía que así es. Él lo prometió y así será. El apóstol Juan puede afirmar tal promesa porque él estuvo presente en el momento que lo dijo. Sumado a esto, la manifestación o la prueba que Dios nos da respecto a que hay vida eterna es Jesucristo en 5:11, Juan nos dice:

Y el testimonio es éste: que Dios nos ha dado vida eterna, y esa vida está en su Hijo, el que tiene al Hijo, tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, no tiene la vida (NVI).

Cristo mismo es la señal indiscutible que existe vida eterna. Que ha existido, que todo fue creado por Él y además Él puede dar vida, porque todas las cosas subsisten por su causa (Jn 1:3). Juan sigue diciendo que todo aquel ser humano que ponga su fe en el Hijo recibe departe de Dios vida eterna porque la vida eterna procede de Jesús. Aquellos que no son reconocidos por Dios como hijos no tienen la vida eterna. Por mas que crean conocerlo, y saber algo sobre Él no tienen la vida eterna. Porque la fuente eterna de la vida es Jesús. Sume a esto que Jesús nos revela al Padre, nos da entendimiento para que conozcamos al Dios verdadero. Y estamos con el verdadero –afirma Juan– con su Hijo Jesucristo. Éste es el Dios verdadero y la vida eterna (1Jn 5:20 NVI). ¡Oh que gran verdad! Jesús es Dios verdadero, Jesús es eterno, y Jesús es la vida eterna. Cierro con uno de mis pasajes favoritos para apuntalar esta gran verdad Juan escribió: y esta es la vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a Jesucristo a quien, has envidado (Juan 17:3).

Aplicación:

Tras esta primera evidencia sobre la eternidad de Jesús, mi deseo es: que si tu querido lector, aun no has reconocido a Jesucristo como Señor de tu vida y aun no es Él tu salvador, este día reconozcas tu necesidad de perdón de pecados. Que en este día puedas reconocer que sin Él estas encaminándote a tener otra clase de vida eterna, de dolor, de sufrimiento. Sin Cristo nuestro destino final será lamentable. Mi deseo es que ese no sea tu destino final, al contrario, al igual que Dios mi deseo es que vengas a vida eterna con Cristo. Deseo que examines tu vida y pienses en cuanto puedes perder si Cristo no mora en ti. Si tienes dudas al respecto escríbeme o déjame un comentario.

Súbitamente todo cambió (Conclusión)

En el articulo anterior vimos que para Hiroshima y Nagasaki la vida cambió súbitamente en el año 1945, que de igual manera fue en los días de Noé y de Lot, y que ambas referencias fueron usadas por Jesús para explicar que esas serían algunas de las señales que debían cumplirse para su segunda venida. También vimos que las condiciones en las que se encuentra la humanidad en el siglo XXI son tan similares a las de aquellos días.

Las señales anuncian el cumplimiento de su promesa

Lo que intento decir es que las condiciones están apropiadas para que súbitamente todo cambie. Para que el Señor venga por su iglesia. Para que el Señor arrebate a aquellos que dispusieron su corazón como Noé para no contaminarse y decidieron andar fielmente con Dios. Jesús vendrá. Mientras algunos estén celebrando orgías, o drogándose, o trabajando, cuidando sus niños, o mientras algunos estén en la universidad o manejando de regreso a casa, el Señor vendrá por los suyos. Él vendrá, por favor lea con atención estas palabras, y no tome en poco estos párrafos. El apóstol Pedro evocando las palabras de Jesús dijo: El Señor vendrá como un ladrón. En aquel día los cielos desaparecerán con un estruendo espantoso, los elementos serán destruidos por el fuego, y la tierra, con todo lo que hay en ella, será quemada (2Pe 3:10). Un ladrón es un visitante inesperado e indeseado, alguien que no avisa cuando aparecerá. Así será la venida del Señor.

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El Señor mismo –afirma el apóstol Pablo– descenderá del cielo con voz de mando, con voz de arcángel y con trompeta de Dios, y los muertos en Cristo resucitaran primero. Luego los que estemos vivos, los que hayamos quedado, seremos arrebatados junto con ellos en las nubes para encontrarnos con el Señor en el aire. Y así estaremos con Él para siempre, (1Tes 4:16-17). Jesús dijo: La Señal del Hijo del Hombre aparecerá en el cielo, y se angustiarán todas las razas de la tierra. Verán al Hijo del Hombre venir sobre las nubes con poder y gloria. Y al sonido de la gran trompeta mandará a sus ángeles, y reunirán de los cuatro vientos a los elegidos, de un extremo al otro del cielo (Mt 24:30-31). No solamente seremos arrebatados sino que también seremos transformados. El apóstol Pablo: fíjense bien en el misterio que les voy a revelar: No todos moriremos, pero todos seremos transformados, en un instante, en un abrir y cerrar de ojos, al toque final de la trompeta. Pues sonará la trompeta y los muertos resucitarán con un cuerpo incorruptible, y nosotros seremos transformados (1Co 15:51-52).

Bellas palabras de vida y oportunidad

Que palabras tan esperanzadoras son estas, tanto para los que hemos creído como para los que aun no lo han hecho. Para los que hemos creído nos bendice saber que la Biblia dice que cuando creemos en Jesús, súbitamente pasamos de las tinieblas a la luz admirable de Cristo. Cuando ponemos la fe en el Hijo de Dios pasamos de muerte a vida. Al ser alcanzados por las misericordias de Dios pasamos de ser sus enemigos para convertirnos en Sus hijos. Por otro lado para los que no han creído también son esperanzadoras estas palabras porque como afirma el apóstol Pedro, no es que el Señor tarde en cumplir su promesa, según entienden algunos por tardanza. Mas bien, Él tiene paciencia con ustedes, porque no quiere que nadie perezca sino que todos se arrepientan (2Pe 3:9). De la misma manera el apóstol Pablo dijo: Dios quiere que todos sean salvos y lleguen a conocer la verdad (1Ti 2:4). Y ¿Cómo son alentadoras estas palabras? Porque como hemos dicho el Señor esta extendiendo Su Gracia a los que aun no le han conocido. Él sabe que su ira es fuego consumidor y esta dando la oportunidad para que las personas se arrepientan, recapaciten y reciban el regalo de la vida Eterna que se alcanza cuando se cree en Jesús. Dios quiere evitarle ese terrible castigo a los que aun no lo han reconocido como Salvador.

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Decide pronto y no tardes mas

No quiero entrar en detalles ni desviarme, pero diré que los fariseos simplemente no creían que con la llegada de Jesús a la tierra el Reino de Dios quedaba oficialmente inaugurado. Aun cuando estos hombres lo habían visto y oído no creían en Él. En el v.21b de Lucas 17 Jesús les dijo: dense cuenta que el reino de Dios esta entre ustedes. No esperen mas porque aquí estoy ya. En los días de Noé la gente no creyó que vendría aquella gran destrucción, vieron el arca y a Noé trabajando en ella y no se arrepintieron. Con Lot, los yernos y la esposa pensaron que Dios bromeaba, incluso Lot titubeó, pero esto no detuvo la voluntad de Dios y actuó.

Por lo tanto, debes entender que Dios no perdonó a los ángeles cuando pecaron, sino que los arrojó al abismo, metiéndolos en tenebrosas cavernas y reservándolos para el juicio. Tampoco perdonó al mundo antiguo cuando mandó diluvio sobre los impíos, aunque protegió a ocho personas, incluyendo a Noé, predicador de la justicia. Además, condenó a las ciudades de Sodoma y Gomorra, y las redujo a cenizas, poniéndolas como escarmiento para los impíos… todo esto demuestra –continua diciendo el apóstol Pedro– que el Señor sabe librar de la prueba a los que viven como Dios quiere, y reservar a los impíos para castigarlos en el día del juicio. Esto les espera sobre todo a los que siguen los corrompidos deseos de la naturaleza humana y desprecian la autoridad del Señor. A como yo lo veo están los que vivirán eternamente con Dios y los que vivirán, pero sufriendo eternamente sin Él. ¿Con quién deseas estar tú?

Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

VIVE BIEN TU JUVENTUD, DISFRUTA TU VEJEZ

Un escritor dijo: “desde que nacemos, comenzamos a morir”, tenía razón. Cada día que pasa nos acercamos más y más a la muerte. Al día en que partiremos de este mundo. La Palabra de Dios dice: que el hombre como la hierba son sus días, florece como la flor del campo, que pasó el viento por ella, y pereció, y su lugar no se conocerá más (Sal 103:15-16), por la mañana esta verde y por la tarde se seca, es como neblina que aparece por un poco de tiempo y después se desvanece (St 4:14), es tan corta que pasa delante de nosotros como un sueño. Se va como agua entre nuestras manos. Casi sin notarlo nuestros años imberbes se han ido.

Cuando los seres humanos llegamos a la ancianidad, como yo, empezamos a cuestionarnos respecto a muchas cosas, nos preguntamos ¿qué hemos hecho en la vida o con nuestra vida? ¿cuál ha sido el fruto de nuestro recorrido por este mundo? ¿Cuál o cuáles fueron nuestros logros durante todos estos años? ¿Cumplimos o no, nuestras metas? ¿Qué cosas hicimos bien y qué cosas hicimos mal?

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Para algunos las respuestas pueden darle tranquilidad a su vejez pero para otros su vejez puede ser un verdadero suplicio. Algunos vivieron bien su juventud, su etapa adulta y ahora pueden respirar un ambiente apacible, mientras que otras personas se pasaron su vida despilfarrando su dinero, su tiempo, se sumergieron en todos los placeres que este mundo ofrece y jamás pensaron en sembrar para cuando llegaran a la vejez –es una pena realmente– y ahora padecen. Entonces me pregunto: ¿Qué debe hacer una persona para alcanzar una vejez agradable, feliz, y en paz?

Primero, debe aprovechar sus días mozos. Cuando el vigor, la energía y la vida es plena, debe forjarse con buena preparación académica, intelectual, y física. Construir un futuro a través del estudio, el trabajo y la dedicación. Trazarse metas a futuro y alcanzarlas. Construir una vida integra, para ganar confianza futura. Ser una persona ética y moralmente confiable. Tristemente algunas personas consideran el estudio como algo que no es indispensable y se aventuran en la vida sin ningún tipo de interés por crecer intelectualmente, y por supuesto que esto resta posibilidades en su vida futura. O van por la vida negociando su integridad y los resultados en la vez son de dolor. Erigen negocios, empresas o bienes pero de manera dudosa y eso más es un peligro para la vejez que una posibilidad de paz futura.

Segundo, construir una buena familia. Una persona necesita la ayuda de una buena familia en su vida. Dios creó al hombre y pensó que no era bueno que estuviera solo, le creó su ayuda correcta, y lo puso para que juntos fueran la base de la sociedad. Un hombre que cría, educa, corrige, y conduce a su familia por el camino correcto, tiene grandes posibilidades que en su vejez sus hijos no lo abandonen como sucede en muchos casos. Al contrario provocará que su familia siga considerándolo el patriarca de la familia. Le permitirá complacerse de sus hijos, nietos, o bisnietos porque estuvo dispuesto a sembrar prosperidad familiar desde su juventud. Y digo grandes posibilidades, porque existen casos de padres que han dado todo por su familia, han entregado vida y esfuerzo por forjar el futuro de sus hijos, pero lamentablemente muchos de los hijos no corresponden al amor y dedicación de sus padres y los olvidan.

Pero padres, que en su juventud no educaron bien a sus hijos, o no le dedicaron tiempo a su familia, o abusaron del poder que tuvieron sobre ellos, o fueron irresponsables con suplir las necesidades básicas, no pueden esperar mucho en el futuro de sus hijos, tienen muy pocas probabilidades de vivir una vejez sosegada. Es mas seguro que en el ocaso de su vida serán abandonados en asilos, o no los buscaran en la vejez, o sus hijos se despreocuparan de ellos, los dejaran pasar hambre, soledad, enfermedad y dejaran que se mueran en el olvido. No gozarán del respeto, cuidado y amor de los suyos.

Tercero y mas importante, tome sabias decisiones. Cada una de nuestras decisiones tiene repercusiones, temporal y eternamente. Las decisiones son irreversibles, permanecerán con nosotros el resto de nuestra vida. La decisión mas relevante que un ser humano debe tomar es aceptar a Jesucristo como el Señor y Salvador de su vida. Debe aceptar el regalo de la Salvación y la Vida Eterna que Él le ofrece. Esa si que es la mas grande y sublime decisión que debe tomar. Pues tiene repercusiones eternas. Razón tuvo el predicador al escribir: acuérdate, pues, de tu Creador en los días de tu juventud, antes que vengan los días malos, y se acerquen los años en que digas: no tengo en ellos placer; antes que se oscurezcan el sol y la luz, la luna y las estrellas, y las nubes vuelvan tras la lluvia (Ec 12:1-2).

Los jóvenes deben tomar cartas en el asunto, porque muchas de sus decisiones influirán para vivir en paz posteriormente. Debe entender que lo que se hace en la juventud sí importa. Por supuesto puede y debe disfrutar su vida pero no haga nada físico, moral o espiritual que pueda impedirle disfrutar de la vida cuando sea viejito. Ser joven es emocionante, pero la emoción de la juventud puede convertirse en un gran obstáculo para acercarse a Dios si centra su vida en placeres pasajeros en lugar de los valores eternos. Por ello, ponga sus capacidades al servicio de Dios cuando todavía tiene toda la energía para hacerlo. No desperdicie su vida en actividades malas, insignificantes, que puedan convertirse en malos hábitos y hacerlo insensible a lo sublime de Dios.

Concluyo diciendo: una vida sin Dios producirá una persona en su vejez, amargada, solitaria, y sin esperanza. Una vida centrada en Dios por el contrario, será plena, hará que esos años malos como dice el texto, esos días en los que las incapacidades, las enfermedades, y los impedimentos no sean barreras que nos impidan disfrutar de nuestra vida anciana pues Dios y nuestra familia estará con nosotros. Busque a Dios ahora. Y como dijo un escritor: “los árboles mueren de pie” y así de pie, con la cabeza levantada morirá aquel hombre que en su juventud y en la vejez reconozca que Dios ha sido su ayuda, su guía, y su guardador en todo. Aquel hombre que viva íntegramente. La vejez no puede ser una etapa difícil si sembramos bien desde nuestra juventud.

Escrito por mi padre, Alfonso Palacios Vasquez, (70 años).

 

 

EL EFECTO QUE PRODUCE EN MI VIDA LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL


CORDERO DE DIOS

Introducción

La figura que sobre sale en la primera parte del capitulo uno del Evangelio de Juan es: Juan el Bautista. Juan El Bautista fue el último de los profetas, apartado de la sociedad elitista, lejos de la hipocresía y con mucho valor para señalar los pecados que el pueblo cometía. Señaló las injusticias y los excesos de algunos hombres, como el adulterio de Herodes, a quien constantemente le señalaba que no le era lícito estar viviendo con Herodías la mujer de su hermano. Sumergido en su mundo asceta, ermitaño y solitario, Juan constantemente llamaba al arrepentimiento por medio de su predicación, pedía que aquellos que verdaderamente estaban arrepentidos dieran evidencia de ello. Señaló, también, el juicio contra aquellos que se mostraban falsamente piadosos, les aseguró que sobre ellos ya pesaba la condena por no ser genuinos.

 El testimonio de Juan El Bautista

Y así en el capitulo 1, Juan El Bautista aparece dando testimonio sobre la llegada de Jesús (Juan 1:19-27). Él anuncia que en poco tiempo llegará uno que es mayor que él. Ante esta declaración, el Bautista es cuestionado por los sacerdotes y levitas a petición de los fariseos (v.24). Juan no se adjudicó el título de Mesías, por el contrario, afirmó que su bautismo era distinto al bautismo que el Hijo de Dios realizaría (v.26). Además de no adjudicarse el titulo mesiánico, Juan reconoció cual era su posición respecto a Cristo. Él afirmó que Jesús era tan superior a él que ni aun se consideraba digno de desatar la correa de su calzado (v.27).

 La máxima declaración de Juan El Bautista

De todas las verdades que Juan declaró y anunció, la mayor declaración profética que hizo ocurrió en un día en el que hacía lo que acostumbraba hacer todos los días, un día aparentemente normal. Dice la Biblia que un día en el que Juan predicaba y bautizaba en el Río Jordán, de inmediato quedó conmocionado, atónito cuando reconoció al Mesías que se aproximaba a donde él estaba. Sus ojos se le llenaron de regocijo al ver que la profecía finalmente se cumplía. Al verlo Juan dijo: “He aquí el Cordero de Dios, que quita el pecado del mundo” (Juan 1:29). Con estas palabras Juan anunciaba, primero que Jesús representaba al Cordero Pascual, segundo que quien lo preveía para sacrificio era Dios, y tercero, su efecto sobre la humanidad era limpiarla de pecado.

Juan el Bautista

 Jesús el Cordero Pascual

¿Por qué Jesús es el Cordero Pascual? Recordemos que los corderos eran los animales que se acostumbraba sacrificar en el día de la Pascua judía. La Pascua era una remembranza de lo acontecido en Egipto. Recordaba al pueblo como Dios los había librado de la opresión que vivieron cuando eran esclavos de Faraón. La sangre del cordero rociada en los dinteles y en los postes de las casas donde habitaron sus antepasados fue la que impidió que el ángel de la muerte entrara en sus hogares y matara a los primogénitos de las familias. El cordero que sacrificaban las familias los representó y los cubrió de la maldición que cayó sobre todos los hijos primogénitos de los egipcios. Entonces lo que Juan esta anunciando es que Jesús es el Cordero que Dios sacrificaría a favor del mundo. Jesús es el Cordero Pascual que se sacrificaría a favor de toda la humanidad. En lugar que cada ser humano pecador de la tierra muera, Dios proveyó la ofrenda que evitaría la muerte de la humanidad a causa de su maldad. Jesús es el vicario (sustituto) que Dios da como ofrenda a favor de todo el mundo para reconciliarnos con Él.

 La Sangre del Cordero Pascual nos limpia de pecado

Además Juan anuncia que este Cordero no solo será la ofrenda pascual a favor del mundo sino que también su sacrificio permitirá que los pecados de los seres humanos sean quitados. El apóstol Pablo dice en la carta a los Romanos que: la paga del pecado es muerte (Ro. 6:23a) es decir que la recompensa que los hombres merecen recibir por su condición pecaminosa es la muerte eterna. En la pascua la sangre del cordero sacrificado los libraría de morir físicamente, pero con la Sangre de Cristo la muerte que se evita es, la eterna. Los seres humanos necesitan ser lavados por medio de la Sangre de Cristo para poder tener Vida Eterna. Los pecados de los hombres no se quita con sacrificios humanos, o con ofrendas, o con cualquier clase de obra bien intencionada, solo la Sangre de Cristo nos limpia de pecados. El apóstol Pablo también dice lo siguiente en la Carta a los Romanos.

Siendo justificados gratuitamente por su gracia, mediante la redención que es en Cristo Jesús, a quien Dios puso como propiciación por medio de la fe en su sangre, para manifestar su justicia, a causa de haber pasado por alto, en su paciencia, los pecados pasados, con la mira de manifestar en este tiempo su justicia, a fin de que él sea justo, y el que justifica al que es de la fe de Jesús, (Ro. 3:24-26).

 Parafraseando ambos pasajes, el de Juan 1:29 y Romanos 3, diremos: Jesús es el Cordero que Dios proveyó gratuitamente por medio de su infinita Gracia para emancipar a las personas del yugo del pecado. Dios justifica a los pecadores a través de la Sangre que derramó Jesús, el Cordero Pascual, que Dios mismo entregó para sustitución de los hombres. Que en lugar que los seres humanos muriéramos por causa del pecado, Dios entregó a Cristo para sustituirnos a los que creyéramos en Él. La humanidad debe poner su fe en esta sangre derramada para que sus pecados les sean quitados. Dios en su gran amor y paciencia manifiesta su justicia, pasa por alto nuestras faltas, los pecados que cometimos en el pasado para que podamos ver que Él es Justo y que además nos vuelve justos al poner la fe en Cristo su Hijo.

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El amor de Dios es demasiado grande, porque sabiendo que no existe nada que pueda acercarnos a Él, ofrendó el Cordero –perfecto por cierto– que es Su Hijo, lo sacrificó a favor de nosotros, nos limpió de pecado y nos hizo aceptos delante de Él. Finalizó la enemistad que existía entre los pecadores y Él. Pablo dice: Estando ya justificados en la Sangre, por Él seremos salvos de la ira, (Ro. 5:9). ¡Oh que Grande Amor el de Dios Padre! Quien no pide sacrificio sino obediencia. Quien en su infinita Gracia, gratuitamente nos da Vida Eterna por la Fe en Su Hijo, ese es EL EFECTO EN MI VIDA DE LA SANGRE DEL CORDERO PASCUAL.

Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.