SUFRAMOS POR CAUSAS JUSTAS

1Pedro 3:17 dice: pues es mejor padecer por hacer el bien, si así es la voluntad De Dios, que por hacer el mal“.

Tres grandes verdades destaco de este pasaje.

  1. Primera verdad: ningún cristiano está exento de problemas, o sufrimientos. No existe ninguno que pueda decir que vive sin problemas porque mentiría. Todos absolutamente todos, desde el pastor mas reconocido, hasta el hermano más desconocido, puede vivir tiempos de zozobra, y angustia. Por ello, si una persona dice: “ven a Cristo y Él acabará con todos tus problemas”, definitivamente no está siendo sincero. Está vendiendo humo. Porque Jesús mismo dijo: “en el mundo tendrán aflicciones…” Por tanto, que quede claro que mientras no estemos en presencia de Dios, siempre estaremos expuestos al sufrimiento y al dolor.

Sin embargo Pedro está diciendo que si has de sufrir que sea por una causa justa, y esa causa es Cristo. Pedro le escribió a una iglesia perseguida, una iglesia martirizada y alejada de casa. Le escribió a una iglesia que estaba siendo acusada injustamente por el gobernante en turno. Una iglesia que estaba sirviendo de chivo expiatorio de un crimen que no había cometido. De esa cuenta entonces, los sufrimientos eran inevitables.

Pero Pedro deja claro, que por esta clase de circunstancias si vale la pena sufrir. Porque Cristo no es una causa perdida, es la mejor causa que una persona puede seguir. Si tú eres misionero y estas siendo perseguido, te digo, estas sufriendo por hacer el bien. Si eres pastor y estas atravesando tiempos difíciles, animo, estas sufriendo por hacer el bien. Si eres líder y estas experimentado pruebas difíciles, sigue adelante porque es por una buena causa. Sin importar lo que hoy vivas, no te desanimes, Dios está contigo.

  1. Segunda verdad, la Soberanía De Dios es permisiva. Hay circunstancias que parecieran estar fuera del alcance de las manos De Dios, pero no es así. En la Biblia tenemos pasajes que nos demuestran de qué manera la Voluntad de Dios es permisiva. Tenemos el caso de Job, Dios permitió que Satanás lo hiriera con una serie de padecimientos, y no de cualquier tipo, pero en su tiempo lo restauró a causa de su fidelidad. Otro caso, el más importante, Nuestro Señor Jesucristo. Dios permitió que en su pasión el padeciera todo tipo de dolor, burlas, golpes, ofensas, escupitajos, etc., porque esa fue Su Voluntad. De no ser así, jamás hubiera dejado que alguien pudiera hacerle daño, o atentar contra la Vida de su Unigénito Hijo.

 En otras palabras estoy diciendo que Dios permite el sufrimiento de sus hijos si es esa su voluntad. Y no porque sea malo, o injusto, o despiadado, sino porque Él conoce que estas situaciones adversas sirven como crisol para purificar su fe (1Pe 1:6). Y quien más que Pedro para saberlo, pues Jesús mismo le advirtió que al igual que a Job, el diablo había pedido permiso para zarandearlo pero Jesús anticipadamente había orado para que la fe de Pedro no fallara y luego de pasada la prueba fortaleciera a sus hermanos (Lc 22:31-32) y todos sabemos cómo fue transformado Pedro, nada más que se volvió el líder principal de la iglesia primitiva.

Dios también puede permitir circunstancias sociales, puede permitir gobiernos rebeldes, abusivos, puede permitir dictadores como vemos en Latinoamérica y otros países, puede permitir malos gobernantes, puede permitir legisladores que defiendan a los animales pero permitan los abortos como recién ocurre en Chile. Puede permitir que se promulguen leyes que impulsen a los homosexuales a vivir a su manera, como lo vemos en USA y otros países que están a favor de este movimiento.

Dios permite todo eso no porque sea un flojo, o esté de acuerdo. Para nada, ni es flojo y para nada estará de acuerdo con tales aberraciones pues Él es un Dios tres veces Santo. Dios desea que todos los hombres vengan al arrepentimiento y al conocimiento de su verdad, pero esta opción tiene fecha de caducidad. Llegará un día, el día grande, donde Él les aplicara su Ley Justa a cada uno de aquellos que decidieron vivir bajo sus propias normas de conducta y entonces ahí será el lloro y crujir de dientes.

  1. Tercera verdad: también se puede sufrir por causas incorrectas. Así como se puede sufrir por causa del Señor Jesucristo, una buena causa como se dijo previamente, también se puede sufrir por causa de acciones pecaminosas. Es decir, se pueden sufrir las consecuencias de una vida desordenada, o pecaminosa. Judas sufrió por traicionar a Jesús. Ananías y Safira sufrieron por tratar de engañar al Espíritu Santo, en el A.T. vemos a Sansón sufriendo por incumplir su voto, y así tantos y tantos personajes que nos pueden servir de ejemplo que sufrieron las consecuencias de sus malas decisiones. Esto para Pedro es lo que considera causas por las cuales no vale la pena sufrir.

En conclusión, mientras estemos en esta tierra, el sufrimiento será parte de nuestras vidas. Dios puede permitir el sufrimiento en nuestras vidas, si es esa su voluntad. Y creyentes como no creyentes estamos expuestos a sufrir con la única gran diferencia que los creyentes saben que Cristo intercede por ellos, que el Espíritu Santo los consuela y no los deja huérfanos. Y sobre todo que un día ese sufrimiento terminará y se transformará en un gozo eterno cuando estemos en presencia de Dios.

Mi deseo es que si estas atravesando tiempos adversos, sean en Cristo y por Cristo y no a causa del pecado. Recuerda todo sufrimiento es temporal, un día el dolor se convertirá en gozo. La tristeza en alegría. Y la angustia en regocijo por toda la eternidad.

Me despido como siempre diciéndote: haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.  

 

 

EL MENSAJE DE LA CRUZ: VERGÜENZA O SALVACION

Introducción

En plena “Semana Santa” como es conocida esta fecha, el mundo cristiano se manifiesta de acuerdo a sus creencias. Una gran parte de ese mundo cristiano, el tradicional, como todos los años, expresa su fe a través del sacrificio, la representación procesional, los alimentos típicos de la época, su folklore y sobre todo, con el cumplimiento doloso de obras penitentes para redimirse delante de Dios de todas sus culpas. La otra parte del mundo cristiano, se muestra impávido ante la fecha. Pocos son los que expresan de alguna forma lo que para ellos representa la semana de la Pasión de Cristo. De ahí en mas, la gran mayoría ni siquiera observa con reflexión lo que representa para su fe, los hechos que ocurrieron hace mas de dos mil años.

La Pascua Judía

La fiesta de la Pascua judía era una fiesta que hacía recordar a los judíos el día en que Dios tuvo misericordia de ellos y los sacó de Egipto. Representa la obra portentosa de Dios sobre una nación que sufrió esclavitud, crueldad y amargura. Era por tanto, menester de los padres contar a sus hijos todo lo que Dios había hecho por ellos. Las diez plagas, la protección en el desierto, la desobediencia del pueblo, el establecimiento de la Ley Moral, y Ceremonial de Dios, la conquista de los pueblos, etc., eran muchas de las historias que se narraban en el seno de los hogares, para recordar cuán bondadoso es Dios y cuán grande es Su Misericordia a favor de los que a Él le place favorecer.

Sin embargo en el contexto de nuestro tiempo, ni se recuerda en la familia, ni se reflexiona en los círculos eclesiales. De alguna manera no fomentamos ni la observación, ni la reflexión sobre los hechos que fundamentan nuestra fe. Olvidamos o no repensamos el sacrificio de Cristo en la Cruz a la luz de lo que significa para nuestra fe. Alfonso Ropero escribió:

“El cristianismo nació al pie de una cruz, de la sangre y del agua que manaban del costado de Cristo, y creció y se extendió bajo la sombra de esa cruz y de esa agua. De esa muerte y de esa vida. De esa muerte que es vida y de esa vida que es muerte. Ni en los tiempos de calma está la Iglesia libre de tormentas”.[1]

Entonces es significativo para nosotros preguntarnos ¿Cuál es el mensaje que percibimos hoy desde la Cruz? ¿Es vergüenza o es salvación? ¿Lo comprendemos tal como lo comprendían los primeros cristianos? O ¿Está tan secularizada la Cruz que ya no es motivo de reflexión para el pueblo evangélico y el mundo en general? ¿Representa la Cruz lo mismo que simbolizó en el presente de Cristo? ¿Sigue retándonos a renunciar a todo, incluso a nosotros mismos, con tal de ganar a Cristo? ¿Cómo deberíamos proclamar su mensaje a un mundo que ya no se escandaliza con la Cruz? Empecemos por conocer el trasfondo histórico de la cruz.

La Cruz en la historia

El primer lugar a donde debemos dirigirnos para comprender el mensaje de la Cruz es a la historia. Necesitamos saber, como ha sido concebida la cruz desde el principio de este movimiento que ha trastornado al mundo entero. Todos los humanismos han chocado con la cruz –dice José Luis Martín Descalzo– para los romanos, una “religión de la cruz” era algo antiestético, indigno, perverso.[2] Entre los judíos, esta forma de ejecución se consideraba especialmente abominable por las palabras de Dt 21:3: el colgado es maldito de Dios. “La cruz tiene todo lo que un torturador perverso y sádico podría pedirle a una forma de ejecución”.[3] Cicerón, el poeta romano se refirió a ella como “la mas cruel y abominable de las torturas” y dijo que “la propia ‘cruz’ debería estar lejos, no solo del cuerpo de cualquier ciudadano romano, sino también de sus pensamientos, sus ojos y sus oídos (Pro Rabirio perduellionis 5.16). Jesús el crucificado, era tan repugnante que se consideraba un atentado contra las buenas costumbres hablar sobre el tema. Una imagen antigua que unos niños para ridiculizar a uno de sus compañeros que profesaba ser cristiano: describe a un crucificado con cabeza de burro y tiene una inscripción que reza: Alexámeno adora a su Dios. Bien hace Martín Descalzo al decir que: “la cruz no figuraba por aquel entonces en tronos ni coronas. No era signo de triunfo en las batallas o en las iglesias. Connotaba, por el contrario, escarnio, vergüenza, irrisión”.[4] Aun los gentiles veían a todo crucificado con el mas completo desdén –dice John MacArthur– y era una escena tan obscena que en la sociedad no era correcto hablar de la crucifixión. La cruz era símbolo de vergüenza y sufrimiento.[5]

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La Cruz del sufrimiento

Morir crucificado hemos dicho que era un insulto degradante, y la idea de adorar a un individuo que había muerto crucificado era absolutamente inimaginable. De esa cuenta es que hoy no valoramos el mensaje de la Cruz. Ya no vemos a nadie morir crucificado, y a causa de ello no nos impactamos como en aquel entonces. Hoy día cualquiera se cuelga una cruz, la besa, hace una señal como símbolo protector, la pone encima de su cabecera, pero de ninguna manera comprende que esa Cruz representa el amor sufriente de Cristo por quienes se dedicaron a despreciarlo. Con el paso de los siglos, hemos aprendido a evitar el escándalo de la cruz con lo mas hábil de las técnicas: acostumbrándonos a ella o convirtiéndola en signo de triunfo o sentimentalismo –apunta Descalzo–. La hemos colocado en lo alto de tronos y coronas, en las torres de templos, en los escotes de las señoras. La hemos bañado en oro y adornado de orfebrería.[6] No le hemos dado el verdadero sentido que tuvo en tiempos primitivos.

Por eso al principio dije, la iglesia no esta reflexionando en los fundamentos de su fe. No observa con atención la razón de lo que cree. No alcanza a comprender la dimensión de lo que representa esta fecha. Pedro intentó reprender a Cristo cuando les dijo que habría de padecer en una cruz (Mc 8:32). Tres veces anunció su padecimiento voluntario en manos de los sacerdotes y escribas y que al tercer día resucitaría (Mc 8:31; 9:30,32; 10:32,34). No hubo mas que silencio a sus palabras, los discípulos no comprendían sus palabras y tampoco se atrevían ha preguntarle. Moltmann escribió: “Hasta los discípulos de Jesús huyeron todos de la cruz de su Maestro. Los cristianos que no experimentan la sensación de tener que huir de este Crucificado, es que no han comprendido todavía con suficiente radicalidad”.[7]

La Cruz tiene un significado en la cual solo los cristianos pueden hablar de ella de un modo positivo, y ello solo por la redención que Jesús consiguió a través de ella. Deberíamos hablar de la Cruz, con tal actitud que al hacerlo nuestros cuerpos se estremecieran. La Cruz representó para Cristo el punto donde se consumaría la obra superlativa de amor del Padre. Martín Descalzo cita al padre De Lubac dice:

Cristo no vino para realizar la obra de la encarnación. La Palabra se hizo carne para llevar a cabo la obra de la redención. El misterio de Cristo también es nuestro misterio. Lo que ocurrió en la Cabeza debe también suceder en los miembros: encarnación, muerte y resurrección, es decir: arraigo, desarraigo y transformación. Una vida no es auténticamente cristiana sino contiene este triple riesgo.[8]

En palabras de la Biblia, diríamos algo semejante a los que apuntaba Lubac:

Si el mundo os aborrece, sabed que a mi me ha aborrecido antes que a vosotros. Si fuerais del mundo, el mundo amaría lo suyo; pero porque no sois del mundo, antes yo os elegí del mundo, por eso el mundo los aborrece. (Jn 15:18,19). También dijo Jesús a sus discípulos: Estas cosas os he hablado, para que no tengáis tropiezo. Os expulsaran de las sinagogas, y aun viene la hora cuando cualquiera que os mate, pensará que rinde servicio a Dios. Y harán esto porque no conocen al Padre ni a mí (Jn 16:1,3).

El sufrimiento esta reservado para los cristianos que portan pese a su oprobio la Cruz de Cristo. Jesús no ocultó tal cosa, fue explicito al padecer la crucifixión: Porque si en el árbol verde hacen estas cosas, ¿en el seco, qué no se hará? (Lc 23:31). Es verdad se puede hablar en sentido favorable por lo que Cristo hizo pero no excluye de ninguna forma el sufrimiento que representa aquel a quien por cierto ni si quiera muchos alzaron la vista para verlo. Dios mismo muestra sufrimiento en la Cruz. La Cruz muestra al Dios que se hizo humano y al Dios que sufre por la muerte de Su Hijo. En Jesús Dios es también crucificado y muere. [9] El sufrimiento, la vergüenza, el dolor y el repudio de la cruz por tanto merece una respuesta de aquellos a quienes se les predica su mensaje.

La cruz merece una respuesta: salvación o locura

El apóstol Pablo se presentó delante de la iglesia de Corinto con un mensaje que no fue recibido con mucho entusiasmo. Mas bien fue un mensaje que obligaba a responder a favor o en contra. Fue despectivo, vergonzoso y blanco fácil para el rechazo. En 1Co 1:18 Pablo escribió: Porque la Palabra de la Cruz es locura a los que se pierden; pero a los que se salvan, esto es, a nosotros, es poder de Dios. Dos grupos se distinguen como los receptores de este mensaje, los que se salvan y los que se pierden. Esto exige una respuesta para quienes oyen, perderse o salvarse. Pablo no se guardó nada de su mensaje pese a que este no era en ninguna forma nada atractivo como se ha dicho. Predicó bajo el poder del Espíritu Santo, no con sabiduría humana sino con poder de Dios. Con temor y temblor anunció el testimonio de Dios, no fue por excelencia de palabras y tampoco se propuso cosa alguna mas que conocer a Jesucristo y a este crucificado. No buscó suavizar el mensaje, no buscó una forma menos hiriente y tampoco buscó una forma que lo hiciera popular o light. No se vio obligado a forzar a nadie persuadiéndolo a través de palabras vacías. Al contrario como John Macarthur ha dicho: “la verdad sin barniz, sin tergiversación, ni modificación, inevitable, es que el Evangelio es en verdad difícil de creer. Es mas, si se deja sin ayuda al pecador, le es absolutamente imposible”.[10]

Bien dice Martín Descalzo:

“la gran tentación de los cristianos es ésta: como el mundo moderno no digiere la cruz, hagámosle un Cristo “ad usum delphinis”; suavicémoslo, ofrezcámosle un Jesús al que pueda entender, tal vez acepte un Cristo despojado de sangre y de todo elemento sobre natural; démosle un Maestro que les sea “útil” para mejorar la superficie de este mundo, aunque tengamos que arrancarle lo que le caracteriza; sirvamos una fe digerible; hagamos como el profesor que ofrece como solución a los problemas no la que sabe que es la correcta, sino aquella que sus alumnos desean y esperan; adaptémonos a la mentalidad de los hombre de hoy, aunque, al hacerlo, dejemos de darles el oxigeno que precisamente ellos necesitan.

La iglesia post-moderna, esa del consumismo, esa de la mercadotecnia, esa de la movida por el éxito de los números y las masas, no ha comprendido que el mensaje de la Cruz no necesita ser suavizado, limitado ni menos aligerado. Es locura para algunos, a los que no comprenden su mensaje y también es salvación para los que creen. Es paradójico desde la concepción de Dios, necesitas perder tu vida para salvarla. Renunciar para conseguir. Perder para ganar. Morir para vivir. Perderlo todo para ganarlo todo. El mensaje es escandaloso, pero nunca nadie que aceptó tal verdad se negó a negarse a sí mismo. El poder de Dios por la Palabra de la cruz es lo que salva a las personas.

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Lo que Pablo dice a los corintios es que el evangelio choca con nuestras emociones, choca contra nuestra mentalidad, choca con nuestras relaciones personales,[11] y por eso exige una respuesta. Los mártires se decantaron por la cruz de Cristo. La aceptaron en sus vidas, fueron oprobio ante el mundo, no negaron su mensaje y así lo comunicaron. Pablo dijo a Timoteo: pero el Espíritu dice claramente que en los postreros tiempos algunos apostatarán de la fe, escuchando espíritus engañadores y a doctrinas de demonios (1Ti 4:1). También le dijo: también debes saber esto: que en los postreros días vendrán tiempos peligrosos. Porque habrá hombres amadores de sí mismos, avaros, vanagloriosos, soberbios, blasfemos, desobedientes a los padres, ingratos… (2Ti 3:1,2a) y puntualizó: porque vendrá tiempo cuando no sufrirán la sana doctrina, sino que teniendo comezón de oír, se amontonarán maestros conforme a sus concupiscencias, y apartaran la verdad del oído y se volverán a las fabulas (2Ti 4:3,4).

Ahora la gran pregunta es: ¿qué decides tú? Aceptas su mensaje o lo rechazas. ¿Será el mensaje de la Cruz locura o salvación para ti?¿Aceptarás la verdad por cruda que sea esta o te irás en pos de aquellos que predican light, y te dicen lo que tu quieres oír y no lo que necesitas saber? Entonces si quieres valorar lo que esta fecha conmemora, reflexiona sobre el mensaje que sigue dando Nuestro Señor Cristo, si quieres ir en pos de Mí, niégate a ti mismo, toma tu cruz y sígueme. Me despido diciéndote como siempre: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible. 

[1] Alfonso Ropero B. Mártires y perseguidores, Pág. 21

[2] José Luis Martín Descalzo, Vida y Ministerio de Jesús de Nazareth, Pág. 678.

[3] Robert H. Stein, Jesús el Mesías: un estudio de la vida de Cristo, Pág. 289.

[4] José Luis Martín Descalso, Pág. 680.

[5] John MacArthur, Difícil de creer, Pág. 40 de la versión e-book.

[6] Martín Descalzo, 679,

[7] Jurgen Moltmann, El Dios crucificado.

[8] Descalzo, Pág. 684.

[9] Alfonso Ropero, Mártires y perseguidores, Pág. 22.

[10] John MacArthur, Difícil de Creer, Pag. 32.

[11] Ibíd. 44.

Dios no te ha olvidado (Conclusión)

Dijimos en el articulo anterior que Dios es capaz de escuchar nuestro clamor, que Él está cercano a nosotros y escucha nuestro clamor, nuestros gemidos. Dios se inclina para escucharnos. Además dijimos que Dios no es que se haya olvidado de nosotros en medio de nuestro sufrimiento sino mas bien Él permite que nosotros participemos del proyecto que Él ha trazado para nuestra vida. Dios no puede olvidarse de nosotros y no se olvida. Cuando oramos los planes se empiezan a desarrollar. Dios no improvisa, tiene todo bajo su Soberana Voluntad. Entonces miremos las últimas dos acciones que Dios llevó a cabo con su pueblo. Miró a sus hijos y los tuvo en cuenta o los conoció como dice la versión Reina-Valera del 60.

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Dios miró a los hijos de Israel

Esta expresión es importante. Estoy seguro que la gran mayoría que entiende que Dios es omnipresente sabe que Él puede verlo todo. Dios en su grandeza puede observar todo lo que sucede en nuestras vidas. Pero la expresión miró a los hijos de Israel, va mas allá de hojear. Va mas allá de solo pasar la vista rápidamente. Esto no es como cuando vas en el carro y todo pasa delante de ti de forma rápida que no te permite ver los detalles cuidadosamente. Dios miró indica que con detenimiento observó a Su Pueblo. Incluye conocer la situación. Saber exactamente que esta ocurriendo con detenimiento. A los ojos de Dios no se le escapa nada. Algunos ejemplos de ello es: Cuando Dios creó la tierra y todo lo que en ella hay vio que era bueno tal como un artista observa cuidadosamente que ni uno solo de sus detalles quedara imperfecto. Cuando Moisés se acercó a la zarza que ardía Dios lo vio (Ex 3:4), Dios vio a los ninivitas arrepentirse de sus malas acciones y les perdonó (Jonás 3:10), ya en el Nuevo Testamento el mismo Señor Jesucristo dijo respecto a nuestra oración en secreto: que el Padre que ve en secreto te recompensará.

El Señor Jesús siendo Dios, veía las intenciones de los corazones de las personas, veía lo que habría de acontecer, veía las necesidades del Pueblo y tenía misericordia de ellos (Mt 14:14). Vio a Natanael cuando estaba debajo de la higuera (Jn 1:47). Es decir toma tus necesidades muy en serio. Les presta atención. Atiende tu suplicas. Tiene esa capacidad sobre natural que a cada uno de sus hijos los puede ver y atender. Mateo 7:11 dice: pues si vosotros siendo malos, sabéis dar buenas dadivas a vuestros hijos, ¿cuánto mas vuestro Padre que está en los cielos dará buenas cosas a los que le piden? Dios ha visto cada momento en el que te has ocultado de todos los demás, Él ha visto como te has encerrado y has llorado. Ha visto cuantas veces has intentado tomar medidas para huir de tus problemas. Él sabe de que tienes necesidad antes que le hables pero mira con atención y conoce que es lo mejor para tu vida. Así que no pienses que estas solo porque no es así.

Dios los tuvo en cuenta (los conoció RV60)

Dios oyó, se acordó de Su Pacto, los miró y finalmente dice el texto que Dios los tuvo en cuenta. Las veces que en la Biblia se habla de conocer se esta refiriendo a tener intimidad con alguien. Adán conoció a su mujer (Gn 4:1) es decir entró en una intimidad profunda, personal, de mutuo acuerdo. Dios entró en una relación intima y personal con sus hijos desde que el clamor subió delante de Él. No que antes no lo tuviera sino que vino a respaldar sus emociones. Puedes pensar en el tiempo en que pasaron en una situación donde prácticamente pensaron que Dios se había olvidado de ellos.

Donde prácticamente no sintieron la presencia de Dios cercana a ellos. Dios los tuvo en cuenta para no dejarlos desamparados. Dios los tuvo en cuenta para que pudieran experimentar desde aquel Su Presencia de ellos atendiendo todas sus necesidades. En Éx 3:7-8 dice: y el Señor dijo: ciertamente he visto la aflicción de mi pueblo que está en Egipto, y he escuchado su clamor a causa de sus capataces, pues estoy consciente de sus sufrimientos. Y he descendido para librarlos de mano de los egipcios, y para sacarlos de aquella tierra a una tierra buena y espaciosa, a una tierra que mana leche y miel… Dios no se apartó de ellos como no se ha apartado de nosotros. Dios sabe como van a terminar las cosas, porque Él conoce nuestros caminos. Conoce nuestros valles obscuros y nuestros oasis.

Dios conoce cuales son nuestras ansiedades, que nos lastima, que nos hace llorar y que nos hace reír. Dios nos conoce porque Él nos ha formado, nos ha trazado un plan de vida. Dios busca tener una relación intima y personal con sus hijos. Ese es el carácter de Dios, un carácter de amor, cuidado, de bondad, de protección, de consuelo y sanidad. Dios venda las heridas de los corazones mas lastimados y heridos. Los hace nuevas criaturas (2Cor 5:17), Él hace las cosas nuevas (Ap 21:5). Al Pueblo lo hizo su nación, lo llevó a la tierra prometida, le dio un nuevo principio. Le dio una nueva oportunidad. Igual con nosotros, pese a todo lo que podamos estar atravesando, o hayamos pasado, Dios es un Dios de oportunidades. Capaz de hacer de la nada algo espectacular.

Dios escucha por supuesto que escucha y sobre todo actúa. Reacciona a nuestras peticiones. Nos lleva en un proceso sanador y de a poco va sacando lo mejor de nosotros mismos. ¿Sí debemos orar? Por supuesto que si. Dios está ahí y entre mas dependamos de él, más veremos como Su Poder se perfecciona en nuestra debilidad. Dios es especialista en misiones imposibles. Y siempre responderá de acuerdo a lo que Él considera mejor para nosotros. Así que clama que Dios atenderá y sobre todo nunca va dejarte solos. Recuerda Emanuel: Dios con nosotros. Y así concluimos esta serie de articulo, entendiendo que Dios no es ajeno a nuestro clamor, Él puede sentir y llevar a cabo su maravillo plan.

Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

Dios no te ha olvidado (3ra Parte)

Dijimos que este articulo había sido motivado por la inquietud que teníamos con mi amigo respecto a que sí es necesario orar para que Dios responda a nuestro clamor o no. Hemos visto cuanto tiempo sufrió y las circunstancias adversas que enfrentó el pueblo de Israel. Vimos que tuvieron que exponer delante de Dios sus emociones y las causas de su dolor. Vimos que su clamor subió a Dios. Ahora es necesario responder la siguiente pregunta: ¿Cuál es la reacción de Dios cuando nos presentamos impotentes delante de Él y le clamamos? La respuesta está en el verso 24.

 24Oyó Dios su gemido, y se acordó Dios de su Pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y los tuvo en cuenta. (Éx 2:23-25)

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En este texto no puede ser mas que impresionante ver cómo reacciona Dios cuando su pueblo se humilla delante de Él y se presenta de forma transparente delante de Él. Ante las necesidades de Su pueblo Dios reacciona en cuatro formas: el verso dice que Dios: oyó, se acordó, miró y los tuvo en cuenta. Veamos una forma a la vez para comprender de mejor forma cómo actúa Dios y así mismo conocer más de su carácter.

Dios oyó su gemido

Dijimos previamente que el gemido del pueblo significaba que la expresión de sus sentimientos delante de Dios y la queja que presentaron a causa de su opresor. Que antes de clamar a Dios el pueblo primero expresó lo profundamente herido que se encontraba. Ahora ese es el punto esencial en nuestras oraciones para que puedan ser escuchadas, debemos expresarle a Dios nuestras emociones. Es decir, expresar con sinceridad cuan lastimados estamos. Dios escucha el gemido de aquella esposa que esta siendo abusada física y emocionalmente en su hogar. Dios escucha el clamor de un cónyuge que fue herido por una infidelidad. Dios oye el gemido de un hijo que ve a su madre o su padre desfallecer. Dios escucha el sollozo de aquel joven que ha sido herido por sus padres. Sea cual sea el gemir, Dios lo escucha. Por su puesto que Dios escucha nuestros lamentos. Él conoce nuestros sentimientos, nuestras aflicciones, Él lo conoce todo, pero nuestra expresión emocional es una muestra que nos estamos presentando delante de Él confiando en su consuelo. Has visto cómo muchas veces en momentos de dolor acudes a un amigo y su reacción es fría o indiferente, o apática. O simplemente no puede comprenderte porque no ha experimentado un dolor profundo como el que tu estas experimentando. No alcanza a entender la magnitud de tu dolor porque no lo conoce, pero Dios si lo conoce.

Él si es capaz de comprender lo que puedes estar pasando. Uno de mis pasajes Salmos favoritos es el Salmo 34. En él he encontrado muchas veces consuelo en tiempos de angustia. Aquí unos versos que refuerzan esta idea sobre que Dios escucha nuestro gemir a partir de este precioso Salmo. V.4 Busqué a Jehová, y el me oyó, y me libró de todos mis temores; V. 6 Este pobre clamó, y le oyó Jehová, y lo libró de todas sus angustias. V. 15 Los ojos de Jehová están atentos sobre los justos, y atentos sus oídos al clamor de ellos. V.17 claman los justos y Jehová oye, y los libra de todas sus angustias. Jeremías 33:3 es un texto bastante citado: Clama a mí y yo te responderé y te enseñaré cosas grandes y ocultas que tú no conoces. Nunca en nuestra mente puede pasar la idea que Dios no escucha nuestro clamor porque Dios si lo hace. Me encanta el v. 15, están atentos sus oídos al clamor de ellos. Dios oye cuando tu le expresas tus emociones y tus sensaciones.

Dios se acordó de su pacto

Este texto pareciera ser contradictorio respecto al carácter de Dios. Porque a simple vista podría parecer como si Dios olvidara las cosas que promete. Por su puesto que Dios no puede olvidarse de ninguna manera de cada promesa que ha hecho. Números 23:19 dice: Dios no es hombre, para que mienta, ni hijo de hombre, para que se arrepienta. ¿lo ha dicho Él, y no lo hará? ¿ha hablado, y no lo cumplirá? En el primer libro de Samuel esta idea se repite: También la Gloria de Israel [es decir Dios] no mentirá ni cambiará su propósito, porque Él no es hombre para que cambie de propósito (1Sa 15:29). Mal 3:6 dice: Porque yo, el Señor, no cambio; por eso vosotros, oh hijos de Jacob, no habéis sido consumidos. Las promesas de Dios son irrevocables (Ro 11:29), y otros pasajes que afirman que Dios no miente ni se arrepiente (cf. Ti 1:2; St 1:17). Pero entonces ¿por qué dice el texto que Dios se acordó del pacto realizado con Abraham, Isaac y Jacob? Veamos algunos comentarios respecto a esto. El comentario de la Biblia de estudio de las Américas dice que: en realidad, Dios no se había olvidado de su pueblo. Dios no se había olvidado del Pacto que había hecho con los patriarcas; la frase “se acordó” indica que Dios va comenzar a actuar y a cumplir las promesas de su pacto. Su Pacto, es decir, el pacto prometido a Abraham (Gn 12:1-3; 15:18-21; 17:3-8), Isaac (Gn 17:21), y Jacob (Gn 35:10-12).

Por otro lado J.A. Motyer comenta: Las oraciones del Pueblo de Dios desempeñan un papel tan importante que la Biblia sólo puede explicarlo usando términos que podamos entender. Es por eso que retrata al Dios que nunca se olvida como si fuera capaz de olvidar y representa nuestras oraciones como si tuvieran el maravilloso efecto de hacerle recordar. Nuestras oraciones son tan eficaces y agradables a sus oídos que Dios accede acomodar sus obras providencial, soberana y eterna a lo que nosotros podamos entender, como si dijera: ‘Ah, gracias por recordármelo’. Dios no se contradiría en sus escritos, por supuesto que no, pero podemos ver que Él esta en control de los tiempos. Él había dicho a Abraham que a la tierra prometida regresaría la cuarta generación, hasta que la pecaminosidad de los pueblos amorreos rebasara los limites de Su Paciencia entonces ellos volverían (Gn 15:16). Dios sabe lo que hace. No es que Él este improvisando. Pero nuestras oraciones como bien comenta Motyer activan el plan de Dios. Hacen que las cosas comiencen a suceder. Es como si Dios este diciendo que tu te recuerdes de lo que Él es capaz de hacer. Como vimos en el punto anterior, Él está atento a tus necesidades. El Salmo 121:3-4 nos da una idea mas clara respecto a que Dios no es ajeno a nosotros, dice: No permitirá que tu pie resbale, no se adormecerá el que te guarda. He aquí, no se adormecerá ni dormirá el que guarda a Israel. Dios no se permite distracciones con nosotros. No es como un padre que de pronto pierde de vista a su hijo en un parque o en un centro comercial. Confía en que Dios está pendiente de ti y esta llevándote por la ruta que Él ha trazado. Él esta llevando a cabo su plan y lo va cumplir (Cp. Fil 1:6). A pesar de nuestra infidelidad Dios cumple con sus promesas. Actúa indistintamente de nosotros.

En la próxima publicación continuaremos viendo la reacción de Dios cuando clamamos a Él. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

DIOS NO TE HA OLVIDADO (1era Parte)

23Y aconteció que pasado mucho tiempo, murió el rey de Egipto. Y los israelitas hijos de Israel gemían a causa de la servidumbre, y clamaron; y su clamor, a causa de su servidumbre, subió a Dios. 24Oyó Dios su gemido, y se acordó Dios de su Pacto con Abraham, Isaac y Jacob. 25Y miró Dios a los hijos de Israel, y los tuvo en cuenta. (Éx 2:23-25)

Introducción

imagesEn una conversación reciente con uno de mis mejores amigos discutíamos sobre algunos temas que tienen que ver con la oración. Específicamente sobre cuánto influye o cuánto puede llegar a influir nuestra oración para que Dios actúe. O que sí
verdaderamente nuestra oración puede cambiar algo o puede hacer que Dios decida sobre algo que oremos en especifico. Si es necesario orar o no, porque indistintamente a todo Dios ya tiene establecido un Plan Eterno para cada uno. Mi respuesta inmediata fue que al orar estamos mostrando nuestra total y absoluta dependencia de Dios. Que aun cuando Dios tiene un plan, orar es depender de Él, porque Él lo conoce lo que ha planeado pero nosotros no conocemos la senda por la cual nos esta guiando. A partir de ese día en mí quedaron muchas preguntas, muchas inquietudes. Pero Dios que es rico en Misericordia me ha ayudado para comprender más acerca de este tema de la oración. A través de reflexionar en algunos pasajes quiero presentarte algunas conclusiones a las que he llegado, confiando que éstas sirvan para darte fe, y confianza en que Dios no te ha olvidado.

Contextualizándonos

Es necesario que contextualicemos el pasaje que hemos tomado como base. Brevemente recordemos que el pueblo de Israel había llegado a Egipto a causa de la hambruna que azotaba a la región (1,876 a.C.). José, quien era segundo al mando de todo el imperio solo por debajo de faraón mandó a traer a su familia para preservar el linaje de los hijos de Jacob (cf. Gn 45:5). Un total de setenta personas se ubicaron en las tierras de Gosén, lugar designado para que el pueblo hebreo realizara sus actividades habituales y que gozaran del beneficio de aquella tierra fructífera (cf. Gn 46). Luego que José muriera (1,804 a.C.) la nación ya se había desarrollado abundantemente. En el censo practicado posterior a su salida de Egipto se contabilizaba un total de 603,550 hombre de 20 años para arriba, (Nm 1:46) lo que supone un total de 2 millones de hebreos contando a hombres, mujeres y niños. Este crecimiento poblacional, mas la llegada de un nuevo Faraón provocaron grandes cambios en Egipto. El nuevo gobernante sentía amenazado su imperio a causa de tal número de extranjeros en sus dominios. Olvidó quién había sido José y acusó de posibles rebeliones a la nación hebrea por lo cual optó por someterlos a base de duros trabajos y oprimiéndoles fuertemente a labores propias de esclavos (cf. Éx 1:7-11).

Enfrentando una larga espera

El v. 23 dice que había pasado mucho tiempo, y el pueblo era oprimido fuertemente. Pero ¿Cuánto tiempo es mucho tiempo? Para responderlo hagamos una breve cronología de los hechos. Moisés fue el instrumento utilizado por Dios para llevar a cabo Su plan redentor. Nació en el año 1,526 a.C., a la edad de 40 años mató a un egipcio y huyó a Madián (1,486 a.C.), lugar donde se estableció, se casó con Séfora y se convirtió en pastor de ovejas. A la edad de 80 años (1,446 a.C.) Dios se le apareció en la zarza ardiente y lo llamó para que llevara a cabo la misión de su vida (Éx 3:1-2). Es decir entonces que entre la muerte de José (1804 a.C.) y el surgimiento de Moisés (1,446 a.C.) transcurrieron casi 358 años. Ese era el tiempo aproximado que el Pueblo de Dios había pasado de ser libre a esclavo. De gozar de los beneficios del imperio a sufrir la crueldad de su opresión. De ser libre para adorar a su Dios a ser reprimido y vasallo de la dureza del nuevo imperio.

En la vida existen situaciones así, donde pasamos súbitamente de un estado a otro. De una condición sosegada a otra caótica. Por ejemplo, un día podrías pasar de ser el empleado de confianza de una gran empresa a ser un desempleado más. Podrías pasar de gozar de una vida saludable a estar hospitalizado a causa de una enfermedad terminal. Podrías pasar de estar viviendo cómodamente en tu hogar y de pronto estar viviendo en la calle a causa de un desastre natural. Podrías gozar de la plenitud familiar a enfrentarte a la perdida de un ser querido. La vida es así. Da tantas vueltas, y a veces tan de golpe, que parece que no podemos ni meter las manos ante estos cambios abruptos.

Enfrentando un prolongado sufrimiento

La espera no solo había sido larga sino que también había sido dolorosa. Como se ha mencionado antes, el nuevo Faraón no había tenido las mismas consideraciones que sus antecesores. Había sometido a esclavitud a todos los extranjeros en sus tierras. Los esclavos hebreos y foráneos diariamente debían producir materiales para las construcciones egipcias. Era intolerable su condición. No habían días festivos, no habían días para congregarse y adorar como Pueblo a Dios. No habían motivos para celebrar nada. No habían tiempos de refrigerio. No había tiempo para reposar tranquilamente. Como esclavos no podían disfrutar de una buena alimentación:

Los pobres esclavos no recibían nunca alimentos ricos en albúmina, como carne y leche fresca. “Los hombres semejaban por ello esqueletos vivientes y lo mismo sucedía con las mujeres, cuyas figuras daban lástima, con sus pechos hundidos y sus vientres hinchados. Los niños padecían raquitismo. Eran como ascetas, aquejados por mil dolencias: parásitos intestinales, disentería, escorbuto, úlceras y pústulas…” La salud no era algo que debiera tomarse en cuenta, si moría un esclavo habían suficientes esclavos mas para reemplazarlo.[1]

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Cada día que pasaba resentían los malos tratos a los que estaban sometidos. La opresión egipcia era inmisericorde, no había interrupciones. Sus oídos constantemente eran ensordecidos por los fuertes latigazos en sus espaldas. Como tatuajes en sus espaldas estaban las huellas de los azotes que a diario recibían. Surco sobre surco se observaba en sus lomos lastimados.

El látigo fue desde la más remota antigüedad el símbolo de la potestad suprema. Se empleaba para hacer cumplir las leyes de los dioses. En Egipto fue así, y lo mismo sucedió en Grecia y Roma. Antiquísima es la costumbre de pegar a los esclavos. Y el terrible látigo debió de ser inventado especialmente para este fin. El látigo de los egipcios constaba de cinco correas de cuero, que llevaban unas bolas de metal en sus extremos. La sangre brotaba ya al primer azote.[2]

Visto a través de esta óptica, podemos ver que 358 años son muchos años de dolor y sufrimiento. Son muchos años de padecimiento, de tristeza, amargura, desesperación y frustración. Es mucho tiempo, tanto, que la muerte era la mejor de las salidas a continuar viviendo bajo ese tormento.

Hemos visto que el pueblo hebreo enfrentó mucho dolor y por largo tiempo, en este articulo a penas hemos visto lo que vivió el pueblo, en la siguiente parte veremos que hizo y cuál fue el resultado de sus acciones. Mientras tanto haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.

[1] http://www.historiayarqueologia.com/profiles/blogs/la-cruel-vida-de-los-esclavos-en-el-antiguo-egipto

[2] Ibíd.

DIOS SATISFACE NUESTRAS INSATISFACCIONES

Introducción

consumismoEl siglo XXI se ha caracterizado por su alto nivel de consumismo. Cada día vemos en la televisión o en la calle propaganda publicitaria de miles de productos que según las empresas mercadotécnicas nosotros tenemos que comprar porque los necesitamos. Y a partir de ahí nos endeudamos con tarjetas de crédito, gastamos mas de lo que podemos pagar, nos trazamos metas en función de la compra de tal o cual cosa. Nos dicen que necesitamos usar tal marca de ropa para vernos mas delgados, o mas bellos o mas altos o mas bajos, etc. Nos tratan de convencer de usar tal tipo de zapatos para poder adelgazar o para vernos mejor, o que tenemos que comprar tal tipo de carro, o producto de cocina, o de limpieza, en fin todo el tiempo están tratando de persuadirnos que si no tenemos estas cosas nosotros estamos incompletos, vacíos, y fuera de moda. Pregunto ¿pueden a caso las cosas materiales satisfacer nuestras necesidades internas?

Lo material no satisface lo interno

Existen muchas razones por las que el hombre puede estar insatisfecho en su vida. Quizás porque no ha alcanzado sus metas, o quizás porque ha llegado a cierta edad y no ha logrado obtener lo que había pensado que lograría a esa edad. Pudiera ser que la insatisfacción es porque las cosas que tienen no son las que desearía tener o no son como las hubiera deseado. Puede estar insatisfecho porque mira su alrededor y no encuentra contentamiento en lo que ya ha alcanzado. Son tantas las razones por las que una persona puede estar frustrada con sí misma.

En ese sentido, algunos se creen toda esa información publicitaria que les dice que necesitan comprar cierto producto para satisfacerse. Lo cierto es que son horas, o días, o meses para darse cuenta que lo que compraron solo provocó cierta satisfacción temporal. Que aun cuando lo disfrutaron momentáneamente el corazón sigue estando vacío. Por otro lado, algunas personas piensan que teniendo una casa, o teniendo un carro nuevo, o casándose, o teniendo un hijo, u obteniendo títulos académicos, y logros personales podrán ser felices. Centran su vida por alcanzar todo esto y el resultado sigue siendo el mismo, están vacíos dentro de su corazón. Siguen sintiendo insatisfacción personal, siguen experimentando la misma necesidad en sus vidas.

Insatisfaccion

Ninguna persona puede lograr a través de estas cosas encontrar la verdadera satisfacción personal para sus vidas. Ve a las estrellas de Hollywood, hoy casadas con una persona, al mes con otra, aseguran que han encontrado al amor de su vida y esa emoción dura un par de meses. No pueden hacer felices a nadie porque ellos no lo son. Vemos las grandes mansiones que se compran, llenas de lujos pero están vacías, no hay quien las habite, quienes la disfrutan son los empleados, porque los dueños a penas y tienen el tiempo para vivir en ellas. De igual manera con las colecciones de autos y motos, no hay manera que todo esto los satisfaga. Ni la cantidad de cirugías que se hacen, o los cientos de drogas que ingieren, nada puede satisfacerlos porque nada de eso esta diseñado para satisfacer la verdadera necesidad del ser humano.

Tres semillas de Fe para los insatisfechos

  1. El verdadero deleite se encuentra en Dios, el Salmo 37:4-5 dice: Deléitate así mismo en Jehová y el concederá las peticiones de tu corazón. Deleitarse no es otra cosa mas que satisfacerse en algo, en este caso, se puede decir que el hombre encontrará satisfacción plena cuando conozca a Dios. No existe nada que pueda satisfacer al hombre, lo hemos afirmado previamente, y no existe porque lo único que si puede satisfacernos es el conocimiento de Dios. Conocer a Dios es sencillamente un motivo de regocijo, es una razón de vivir, es encontrar propósito en la vida. En Dios hay paz, alegría, hay gozo, hay amor y justicia. En Dios se puede encontrar misericordia y compasión. En Dios hay esperanza y propósito. En Él hay razones por las cuales merece vivir. El efecto de buscar deleite en Dios es que Él concederá las peticiones del corazón. En otras palabras, primero busquemos a Dios, conozcámoslo, y lo otro llegará. El problema es que muchos queremos estas cosas y dejamos a Dios en segundo plano, y Dios ha ordenado que en el corazón del hombre Él debe ser el primero.
  1. El verdadero deleite se encuentra en vivir para Dios, una muestra de vivir satisfechos en Dios es cuando no importan las circunstancias de nuestra vida, nosotros siempre podemos alabar a Dios. No importa si tenemos hambre, o frio, o tristeza o dolor, o necesidad, o estemos bien o mal económicamente, en Dios podemos estar satisfechos porque lo tenemos a Él en nuestra vida y vivimos por y para Él. Dos ejemplos de satisfacción en vivir para Dios son (1) el profeta Habacuc y (2) el apóstol Pablo. El profeta escribió una preciosa declaración de confianza y gozo en Dios, él dijo: Aunque la higuera no florezca, ni en las vides haya fruto, aunque engañe el producto del olivo y los campos no produzcan alimento, aunque se acaben las ovejas del redil y no haya vacas en los establos, con todo, yo me alegraré en Jehová y me gozaré en el Dios de mi salvación. (Hab 3:17-18).   Palabras similares dijo el apóstol Pablo, reconociendo que su vida encontraba regocijo en Jesucristo, las circunstancias no     condicionaban su regocijo, las cosas tampoco, las carencias eran iguales a la abundancia, porque todo era un segundo plano. Pablo dijo: Sé vivir con estrechez y sé también tener abundancia. Para estar saciado como para pasar hambre, para tener abundancia como para padecer necesidad, en todo y por todo he aprendido el secreto: ¡Todo lo puedo en el que me fortalece!
  1. El verdadero deleite se encuentra en hacer la voluntad de Dios, otra manera de estar satisfecho en lo personal es haciendo la voluntad de Dios. Los hombres sufrimos cuando confiamos mas en nuestras propias decisiones que cuando buscamos hacer la voluntad de Dios. Él sabe las cosas que son necesarias y provechosas para nosotros, pero nosotros siempre estamos contradiciendo sus mandatos. Queremos hacer siempre lo que nosotros pensamos y sacamos a Dios de la ecuación. Por eso estamos siempre insatisfechos. Pero cuando hacemos la voluntad de Dios aun las cosas mas difíciles pueden parecer llevaderas. Jesús mismo dijo estas palabras respecto al deleite que es hacer la voluntad de Dios. Les dice Jesús: mi comida es que yo haga la voluntad del que me envió y termine su obra. Los discípulos le pedían a Jesús que comiera, y Él les respondió con esas palabras, que nos enseñan que a pesar que padezcamos carencias por hacer la voluntad de Dios, o suframos hambre o sed, o escasez económica, siempre será deleitante hacer lo que Dios nos pide que hagamos. La comida es un deleite, es un placer, para Jesús era placentero acabar la obra del Padre, porque a eso fue llamado. Los cristianos debemos hacer las cosas con gusto, con deleite y satisfacción. Servir y hacer la voluntad de Dios no tienen porque ser una carga pesada. Al contrario tiene que ser una razón para gozarnos en Dios.

deleite en Dios

Conclusión:

La próxima vez que sientas que existe un vacío en tu corazón, busca a Dios, acércate a Él. Dios quiere llenar tu vida, quiere saciar tu necesidad, Él quiere que tu encuentres satisfacción en su amor. Se que los problemas seguirán posiblemente, pero estando en Dios, lo repito, todo parece mas ligero por muy pesado que lo sea. Me despido como siempre diciéndote: Haz tu lo posible y deja que Dios haga lo imposible.